Publicado: Jue Nov 30, 2006 3:16 am
por Falls
Pronto estuvo emplazada la grúa y lista para levantar el primer vagón. Se pasaron las cadenas en torno a este. La maniobra comenzó. Las cadenas se tensaron: el vagón vaciló imperceptiblemente. Chirriaron las cadenas y toda la pesada armazón.
"Puf-puf", hacia la grúa. El volante giraba. El joven "banof" mirando la operación, ni siquiera pestañeaba.
Como un terrón de azúcar entre las puntas de una pinza, el vagón se alzó del suelo. El joven alemán, admirado, abrió la boca y luego sonrió.

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Se vio bascular la grúa. Lentamente, el brazo recorrió una trayectoria majestuosa, y la enorme maquina, ante el asombro general, se tumbo como una jirafa herida. En el momento de tocar el suelo resonó una sorda explosión, que hizo acudir de todas partes a los obreros dispersos.
-¡Ay, señor…! ¡Sabotaje! ¡Sabotaje!- gritaba el joven "banof", ciego de ira, al capataz-.

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Despéjeme todo eso inmediatamente-añadió
"Eso" era ahora todo lo que no se había podido quitar antes mas la mole de la grúa atravesada en la vía.
El capataz empezaba a hartarse.
-¿Despejar?- le dijo -. ¿Con qué? ¿Con hilo bramante? Ahora hace falta otra grúa para llevarme esa. Y una mayor, de cincuenta toneladas esta vez. ¿Comprende?
Luego fue a reunirse con su gente, mientras que el "banof", a punto de llorar, meditaba sobre la situación.
Hay que reconocerlo. Estuvo a la altura de las circunstancias, y para ser su primera actuación, superó a Weissmüller. Después de haber pasado veinte minutos en la cabina telefónica, de donde salio sudando a chorros, consiguió que le enviaran una grúa de cincuenta toneladas. No quedaba mas que esperarla. El convoy "Apfelkern" esperaba también.

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Sin embargo, todo acabó por llegar. Cuando la grúa de cincuenta toneladas hizo majestuosamente su entrada en la estación de Saint-André, el joven "banof", abalanzándose sobre el capataz a su descenso del tren, le espetó la pregunta que le había hecho al anterior, la pregunta de siempre:
-¿Cuánto tiempo?
-No crea que tardará tres horas, se lo aseguro. Aun trabajando de noche, no habremos terminado antes de mañana, ya anochecido.

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-¡Es imposible!- gritó el alemán.
-¿Imposible? Lo que es imposible es ir más deprisa.
-Le doy veinticuatro horas- declaró el joven.
El capataz se encogió de hombros y no se tomó la molestia de seguir discutiendo.
-Vamos con ello- dijo a sus hombres.
El emplazamiento de la grúa comenzó.
En los taludes florecidos de amapolas, a ambos lados del convoy, había comenzado una vida de camping. Los hombres se habían puesto primero a hacer la colada, y la ropa tendida se secaba en la pradera. Luego se quitaron las botas y estaban todos con el pecho al aire tendidos en la hierba, como sus camisas, tomando baños de sol.


Fuente texto: René Clément y Colette Audry. Traducido del francés y condensado del libro "Bataille du rail", publicado por el Comptoir Français de Diffusión, París. (Gran crónica de la IIª Guerra Mundial de Reader´s Digest, Tomo 3 página 119)
Fuente imágenes: Capturas de la película "La bataille du rail" de René Clément



La historia es un poco más larga, resume prácticamente toda la película pero lo dejaré aquí pues nos hacemos una idea más o menos clara de lo que fue esta lucha que mantuvo el pueblo francés contra el invasor, quizá supieron defender mejor el pais que su propio ejercito.

Saludos.