Publicado: Mié Dic 06, 2006 3:43 am
por Capitan Miller
A las buenas.
Aunque no soy militar intentaré responder desde un punto de vista propio militar y racional. Sí, sí, a veces no son cualidades excluyentes.
En primer lugar tener en cuenta que en una decisión táctica o estratégica hay decenas de factores que intervienen en ella, y no sólo la suerte materializada en meteorología, por ejemplo. Ante una orden como la de Hitler de resistir creo que se deberían analizar meticulosamente los argumentos que apoyan la orden, y no sólo la obediencia ciega ni la fé absoluta en la visión estratégica del líder. De igual modo también se deberían analizar los argumentos en contra de la orden con la misma objetividad. Y ya que estamos hablando de una decisión que pude ser meditada un tiempo razonable, y no una elección sobre el terreno del campo de batalla cuando se tiene al enemigo a unos metros de distancia, no veo nada en contra de pararse a pensar un poco antes de decidir si la orden recibida es fruto de un delirium tremens o de la reencarnación de Anibal.
En resumen, la orden de Hitler de resistir era un error, confiar en el puente aéreo de la Luftwaffe otro error (adobado con la fanfarronada de Goering), pensar que iban a desplegarse divisiones procedentes de Francia en apoyo del cerco una fantasía (¿iban a traer los carros de combate volando para llegar a tiempo?)... y así una detrás de otra.
Creo que un comandante seguro de si mismo y con la amplitud de miras y capacidad de decisión que se le deben suponer a quien está al cargo de todo un ejército no habría obrado como lo hizo Paulus. Habría hecho un último brindis a la salud del Tio Adolf y habría buscado una manera de romper el cerco antes de que ello hubiera sido imposible. Aunque sólo hubiera sido para salvar un número limitado de unidades habría quedado algo que salvar para después reagruparse y, como se suele decir, vivir un día más para combatir un día más. Además, si Paulus hubiera realizado un intento de salida con todo lo que hubiera tenido en la mano les habría supuesto a los rusos un dolor de cabeza añadido al intento de ruptura desde el sur por parte de Manstein. Pero sin Paulus dando trabajo y limitándose a decir -sí, mi Fuhrer- el intento de Manstein no podría pasar de eso, de un genial y esforzado intento de salvar los muebles.
Tal vez luego hubiera tenido que responsabilizarse en Berlín por lo sucedido y asumir las consecuencias, pero eso ya queda para la pasta de que está hecho cada uno. Los hay que prefieren tener siempre la carita lavada ante los jefes y les importa un bledo lo que les pasé a sus subordinados y están los que se preocupan de hacer bien su trabajo y que los de abajo también tengan el derecho a salir vivos de una escabechina. Desde luego el sí que salió bien, no como los miles de prisioneros muertos en el largo camino a siberia.
Saludos.