Publicado: Lun Feb 07, 2011 6:10 pm
El mayor cañón jamás construido tuvo una carrera operacional de 13 días, durante los cuales disparó 48 proyectiles. Requería 25 vagones de equipo, 2.000 hombres y seis semanas para ser emplazado, por lo que difícilmente un arma semejante volverá a entrar en acción.
Con sus enormes dimensiones, su ingente peso y su devastadora potencia de fuego, el 80-cm K (E) entró en acción una sola vez. Destinado a eliminar las potentes fortificaciones de la línea Maginot, al iniciarse la campaña de 1940 la pieza todavía se encontraba en fase de construcción en los talleres Krupp de Essen; pero, de todas formas, el ejército alemán no precisó de él para salvar el obstáculo que representaba dicha línea. Así, cuando concluyeron todas las pruebas de balística en Hillersleben y las operativas en Rugenwalde, el cañón y sus sirvientes no tenían asignada ninguna misión. Se necesitaba un objetivo para justificar los trabajos y las fatigas de su preparación y la de sus artilleros, pero en Europa no existía ninguna fortificación digna de tal potencia destructiva, ya que los dos sistemas defensivos más importantes, la línea Maginot y las defensas de los Sudetes, estaban en manos alemanas. Parecía que el 80-cm K (E) “Schwere Gustav” (el pesado Gustavo), como había sido bautizado, se había vuelto superfluo incluso antes de haber llegado a abrir fuego.
En los primeros meses de 1941 apareció un objetivo potencial sobre las mesas del estado mayor alemán: Gibraltar. Los planes preveían el asalto de la fortaleza situada en la boca del Mediterráneo para impedir el acceso aliado a este mar interno, pero, al mantenerse España como no beligerante, se había de obtener el permiso del general Franco para el paso de las tropas que iban a efectuar el ataque. La planificación del asalto (denominado “Operación Félix”) llegó al punto en que los paracaidistas y las tropas de planeadores iniciaron intensos entrenamientos pero, mientras tanto, la entrevista entre Franco y Hitler tuvo lugar con resultados negativos, dadas las excesivas peticiones del dictador español, y la pretendida invasión de Gibraltar fue suspendida. Otro potencial objetivo del “Gustav” que se evaporaba.
En la segunda mitad de 1941, tras la inesperada invasión de la Unión Soviética (operación “Barbarroja”) un nuevo teatro de operaciones pareció ofrecer posibilidades al 80-cm K (E). A principios de 1942, el ejército alemán había realizado considerables avances en territorio de la URSS y alcanzó las vías de acceso a la península de Crimea. Delante de los alemanes se alzaba la base naval de Sebastopol, que podía servir como puerto y base logística para los ejércitos invasores del frente meridional. En realidad, el deseo de tal base no estaba muy justificado, pero atraía a los planificadores operacionales alemanes por el hecho de que Sebastopol era un puerto fuertemente protegido. En torno del perímetro de la ciudad existía una larga cadena de fortificaciones, algunas de las cuales databan de la guerra de Crimea, 1854-56, pero otras eran bastante más modernas, y cerca de la costa se apostaban numerosas baterías defensivas. El lugar parecía ideal para una operación de sitio al viejo estilo, seguida de un ataque central, que daría al mundo una idea de la potencia del ejército alemán. Pronto, las relativamente ligeras tropas que avanzaban por la península crimeana fueron reforzadas por más contingentes, y los planificadores comenzaron a rastrear Europa en busca de piezas de artillería sobre vía férrea para formar un tren de asedio al estilo tradicional.
Durante siglos había sido tarea de la artillería de sitio bombardear la fortaleza asediada hasta obligar a los defensores a rendirse o abrir una brecha a través de la cual pudieran irrumpir las tropas de asalto. Los alemanes decidieron repetir tal procedimiento en gran escala. De los lugares más remotos de Europa afluyeron piezas de artillería de todos los tipos y calibres, desde pequeños cañones de campaña hasta gruesos obuses de fechas anteriores a la primera guerra mundial. Algunos eran de origen alemán, pero otros eran viejas armas capturadas, y a ellos se añadieron los modernos embellecedores de los cohetes de artillería y las piezas de calibre superpesado. En esta categoría entraban los morteros móviles de 60 cm conocidos como Karl-Gërat, y se constató que el efecto propagandístico podía coronarse con el primer empleo del “Schwere Gustav”.
Con sus enormes dimensiones, su ingente peso y su devastadora potencia de fuego, el 80-cm K (E) entró en acción una sola vez. Destinado a eliminar las potentes fortificaciones de la línea Maginot, al iniciarse la campaña de 1940 la pieza todavía se encontraba en fase de construcción en los talleres Krupp de Essen; pero, de todas formas, el ejército alemán no precisó de él para salvar el obstáculo que representaba dicha línea. Así, cuando concluyeron todas las pruebas de balística en Hillersleben y las operativas en Rugenwalde, el cañón y sus sirvientes no tenían asignada ninguna misión. Se necesitaba un objetivo para justificar los trabajos y las fatigas de su preparación y la de sus artilleros, pero en Europa no existía ninguna fortificación digna de tal potencia destructiva, ya que los dos sistemas defensivos más importantes, la línea Maginot y las defensas de los Sudetes, estaban en manos alemanas. Parecía que el 80-cm K (E) “Schwere Gustav” (el pesado Gustavo), como había sido bautizado, se había vuelto superfluo incluso antes de haber llegado a abrir fuego.
En los primeros meses de 1941 apareció un objetivo potencial sobre las mesas del estado mayor alemán: Gibraltar. Los planes preveían el asalto de la fortaleza situada en la boca del Mediterráneo para impedir el acceso aliado a este mar interno, pero, al mantenerse España como no beligerante, se había de obtener el permiso del general Franco para el paso de las tropas que iban a efectuar el ataque. La planificación del asalto (denominado “Operación Félix”) llegó al punto en que los paracaidistas y las tropas de planeadores iniciaron intensos entrenamientos pero, mientras tanto, la entrevista entre Franco y Hitler tuvo lugar con resultados negativos, dadas las excesivas peticiones del dictador español, y la pretendida invasión de Gibraltar fue suspendida. Otro potencial objetivo del “Gustav” que se evaporaba.
En la segunda mitad de 1941, tras la inesperada invasión de la Unión Soviética (operación “Barbarroja”) un nuevo teatro de operaciones pareció ofrecer posibilidades al 80-cm K (E). A principios de 1942, el ejército alemán había realizado considerables avances en territorio de la URSS y alcanzó las vías de acceso a la península de Crimea. Delante de los alemanes se alzaba la base naval de Sebastopol, que podía servir como puerto y base logística para los ejércitos invasores del frente meridional. En realidad, el deseo de tal base no estaba muy justificado, pero atraía a los planificadores operacionales alemanes por el hecho de que Sebastopol era un puerto fuertemente protegido. En torno del perímetro de la ciudad existía una larga cadena de fortificaciones, algunas de las cuales databan de la guerra de Crimea, 1854-56, pero otras eran bastante más modernas, y cerca de la costa se apostaban numerosas baterías defensivas. El lugar parecía ideal para una operación de sitio al viejo estilo, seguida de un ataque central, que daría al mundo una idea de la potencia del ejército alemán. Pronto, las relativamente ligeras tropas que avanzaban por la península crimeana fueron reforzadas por más contingentes, y los planificadores comenzaron a rastrear Europa en busca de piezas de artillería sobre vía férrea para formar un tren de asedio al estilo tradicional.
Durante siglos había sido tarea de la artillería de sitio bombardear la fortaleza asediada hasta obligar a los defensores a rendirse o abrir una brecha a través de la cual pudieran irrumpir las tropas de asalto. Los alemanes decidieron repetir tal procedimiento en gran escala. De los lugares más remotos de Europa afluyeron piezas de artillería de todos los tipos y calibres, desde pequeños cañones de campaña hasta gruesos obuses de fechas anteriores a la primera guerra mundial. Algunos eran de origen alemán, pero otros eran viejas armas capturadas, y a ellos se añadieron los modernos embellecedores de los cohetes de artillería y las piezas de calibre superpesado. En esta categoría entraban los morteros móviles de 60 cm conocidos como Karl-Gërat, y se constató que el efecto propagandístico podía coronarse con el primer empleo del “Schwere Gustav”.