Publicado: Mar Jul 17, 2007 2:16 am
por Bitxo
Stalin tenía muy claro que iba a ganar la guerra en cuanto los alemanes se atascaron de mala manera ante Moscú. Incluso si hubiesen capturado la capital, el gobierno se hubiese instalado en los Urales para proseguir la contienda. Lo importante es que les habían frenado y desgastado de tal manera que ya no podían los alemanes lograr la derrota del Ejército Rojo. Si bien es cierto que la gestión -incluso microgestión, análoga a la de Hitler- de Stalin de la guerra fue patética, lo cual otorgó más tiempo a sus enemigos, el Ejército Rojo y toda la Unión Soviética disponía de recursos humanos y materiales más que suficientes para alcanzar la victoria, al contrario que Alemania. A Stalin sólo le hacía falta tiempo y lo encontró a base de una sangría brutal, sí, en sus filas, pero insuficiente para vencerle. Para postre Hitler se equivocó en el eje principal de su ofensiva, lo cual, paradójicamente, le dió un éxito inicial arrollador, pero que resultaba pan para hoy y hambre para mañana. Hitler debió centrarse en acaparar todo el cereal del sur y el petróleo del Caúcaso, cosa que hizo demasiado tarde y mal. Ni tan siquiera logró evitar que se le pasara el tiempo de destrozar los campos petrolíferos rusos, confuso entre impedir el traslado de este a través del Volga (Stalingrado) y pretender mantenerlos productivos para él en una futura conquista más que improbable. Destruyendo al menos los pozos petrolíferos de Bakú (80% de la producción rusa del momento) con su Luftwaffe, justo antes de que esta dejara de reinar en los cielos soviéticos, habría herido seriamente la economía rusa y la movilidad de su Ejército. Pero se obsesionó en capturarlos "vivos", y mientras esperaba ese último golpe, se obcecó en taponar el Volga y lograr un doble golpe económico y político en Stalingrado. Pero, aún en el caso de que hubiese logrado capturar los pozos, en el caso aún más improbable si cabe de que lo hubiese hecho sin que los rusos los cegasen como ya ocurrió en los que se llegaron a capturar, los alemanes hubiesen tenido que realizar la también improbable tarea del traslado del crudo hasta alguna refinería rumana. Sin el dominio del mar negro los alemanes apenas disponían de medios terrestres para el transporte. Y aún con el dominio de este mar, no disponían de suficientes petroleros en el Danubio para ello, pues los que habían estaban saturados con el crudo del Ploesti.
Con todo esto, Alemania lo tenía muy mal para sostener una guerra larga y económica. No hubo una planificación adecuada para ello porque ni siquiera esperaban que la guerra se les escapara de las manos. La improvisación pudo parecer brillante merced el estado catatónico de su enemigo en el Este, pero no dejaba de rendir tributo a aquello de que la "llama que brilla con doble intensidad dura la mitad de tiempo". En cuanto al oeste más de lo mismo: ni siquiera hubo una producción previsora de submarinos para estrangular la economía inglesa pese al buen fruto recogido en la PGM. Los alemanes titubearon demasiado, asustados por el embrollo que habían montado y sin saber qué hacer, sin entender que occidente preferiría, como ya había demostrado en el pasado inmediato, el inmenso mercado ruso, tan ávido de ponerse al día, al resurgimiento de un poderoso Imperio Central que amenazase todas las rutas y dominase, por tanto, la política europea. Al igual que con Stalin, a Hitler se le había permitido todo mientras fuese una fuente de ingresos, en lugar de problemas. Tratar de romper este juego le llevaría al invariable resultado de la derrota: Alemania tenía la guerra perdida en el mismo instante en que atacó a Polonia. Eso sí, consiguió que Europa dejara de ser el ombligo del mundo y resultó ser un catalizador para los EUA y la URSS. Todo un regalo para ellos.