Publicado: Mié Jun 04, 2008 2:30 pm
Entro tarde en el debate y, la verdad, sin mucho tiempo para ello, así que iré al grano, a lo que más me ha llamado la atención, y no prometo nuevas respuestas, al menos en breve.
Como estoy seguro de haber mencionado en algún otro hilo -y por supuesto es mi punto de vista-, Francia y Gran Bretaña mostraron debilidad en Münich por varias razones:
En primer lugar eran imperios rivales, cuya rivalidad, especialmente en el Mediterráneo, había ocasionado la política de no intervención en la GCE. Para los ingleses, italianos y alemanes, la España franquista suponía una simplificación de su política así como de su geoestrategia, pues restaba fuerza a Francia en el Mediterráneo, siendo para esta más complicada la defensa de sus intereses en la zona al dificultar su comunicación con las colonias africanas. Para Francia, temerosa del rearme alemán y necesitada, por tanto, de mantener el eje Londres-París, dicha actitud hacia la República española resultó un mal menor.
En segundo lugar, la política de aislamiento político, que no comercial, hacia la URSS, dentro de la cual resultaba conveniente el acuerdo tanto con Alemania como Polonia principalmente, propició a la larga que Stalin llevara a cabo su propia política de pacificación con Alemania, cosa de la que se percató con antelación la diplomacia estadounidense.
En tercer lugar, la política agresiva de Italia conllevó una complicación añadida al laberinto del Mediterráneo y en África, donde la defensa de los intereses británicos supuso la pérdida de un antiguo aliado. Para Italia, pese al choque de intereses en Austria o el Brennero (ahora mismo no estoy seguro de escribirlo bien y voy con prisas), un acercamiento a Alemania resultaba conveniente para debilitar a franceses y británicos.
En cuarto lugar, la ambición, especialmente francesa, tras el fin de la PGM, propició un alejamiento de los EUA de los asuntos europeos tras ver cómo sus intentos de sacar fruto del pastel comercial fueron bloqueados por los intereses galos.
Cabría recordar una serie de asuntos:
Pese a la política de acercamiento de la República de Weimar a Francia, que quedó truncada por Hitler, los franceses se guardaban mucho no ya de peligrar su alianza con los británicos, si no de que Alemania prosiguiera con sus aspiraciones en sus fronteras orientales. No es que los sucesivos gobiernos de Weimar hablasen de un lebensraum, pero, obviamente, la problemática con Polonia era la misma antes de que Hitler llegase al poder. Y es que a Francia no le interesaba para nada una Alemania poderosa, y menos aún tras varias guerra con esta. Tanto es así que, desalentada por la estrategia inglesa de acercamiento a Alemania con el doble propósito de acotar tanto a la URSS como a Francia, esta decidió a acercarse a Stalin pese a haber sido el máximo exponente del cordón sanitario, resultando ser la máxima valedora de Polonia hasta que esta también se acercó a Alemania ya con Hitler en el poder.
La política de acercamiento o de pacificamiento, si se prefiere este término por razones de higiene, responde no sólo al deseo de acotar tanto a Francia como a la URSS, si no a la más temprana percepción del peligro de guerra y la consecuente necesidad de ganar tiempo para el rearme. Esto es algo que todos tuvieron muy claro en Münich, y queda recogido en los informes de la diplomacia checa. Lo que no tuvieron claro los alemanes fue que una cosa era sacrificar Checoslovaquia y otra Polonia, lo que suponía la doble amenaza de una expansión territorial que amenazase la comunicación de la metrópolis inglesa con sus colonias, y de la tasa de reclutamiento así como de los intereses comerciales. De hecho la ocupación de Polonia supuso casi en la práctica el fin de la aspiración británica a controlar en la medida de los posible el avispero balcánico.
La política de acercamiento -o pacificamiento, como se desee ver- de la URSS a Alemania no fue visto como el producto de un equívoco en las relaciones exteriores británicas -ya excluyo a los franceses pues estos sí trataron, en última instancia, acercarse a Stalin-, si no como un certero peligro a sus intereses. Esto también sería visto así por Stalin, el cual trató de equipararse a Hitler, siendo bloqueado por este que no podía permitirse una URSS poderosa que acabar volviéndose contra él en cuanto cambiasen los vientos. Tanto es así que británicos y franceses estuvieron muy a punto de embarcarse en una guerra contra la URSS por Finlandia, y pese a estar ya en guerra con Alemania. Hoy día sabemos que la inteligencia británica colaboró o, cuanto menos, hizo la vista gorda, con las operaciones de la inteligencia alemana en apoyo de los finlandeses, los cuales les premiaron con datos precisos acerca del RKKA.
Un sinfín de familias sufrieron la inestabilidad política española. Yo mismo podría poner a mi abuelo materno como ejemplo, si bien el caso entra ya en la época del régimen franquista. Cuando se habla de la República española, o de la de Weimar, algunos olvidad que era un sistema de gobierno, no un partido político, ni tan siquiera una única ideología. Tanto es así que incluso se olvidan casos como la matanza de Casas Viejas.
La República española no era, pues, una dictadura de partido único, era un sistema democrático sujeto a las tensiones revolucionarias, venidas de un extremo u otro de los idearios del momento, y que se enfrentaba, además, a graves apuros económicos y estructurales que venían desde siglos atrás, así como a un desánimo general desde la pérdida de las últimas colonias en ultramar. Paradójicamente, o no tanto, la joven democracia española fue sacrificada en aras de estratagemas malabaristas en lugar de aprovechar la crisis de la insurrección en aras de reactivar a un futuro aliado, que no una posterior amenaza. Cuando algunas naciones importan demasiado, su miopía hacia las que no parecen importar tanto acarrea consecuencias funestas, como la diversificación de estrategias de dominación del evidente futuro enemigo o un totalitarismo nefasto no ya para los más elementales derechos humanos, si no incluso para el conveniente desarrollo de un país que podría haber aportado algo más que wolframio a Europa.
Por último, y pese a que este no es el lugar adecuado, respecto al inciso sobre la guerra de Irak o Afganistán, diré que por supuesto corresponde al interés de controlar las eternas rutas comerciales de occidente a Asia, así como el petróleo. No obstante también corresponde al deseo de continuar el cerco a Rusia, sin permitir que China ocupe su lugar. La política de la UE, a diferencia de la EUA, resulta más ambivalente dado el interés de acercarse lo máximo posible a una Rusia necesaria por sus recursos naturales, así como de ganarse los inmensos mercados, ruso y chino. En este marco, la UE se comporta como la típica potencia emergente que trata de desligarse, dentro de lo razonable, del apadrinamiento de los EUA en busca de su propia solvencia. Es ley de vida. De todas formas, hablar hoy día de la UE es todavía prematuro, dada la complejidad del entramado de intereses propios de cada nación integrante, por no hablar de los diferentes discursos de consumo interno.
Como estoy seguro de haber mencionado en algún otro hilo -y por supuesto es mi punto de vista-, Francia y Gran Bretaña mostraron debilidad en Münich por varias razones:
En primer lugar eran imperios rivales, cuya rivalidad, especialmente en el Mediterráneo, había ocasionado la política de no intervención en la GCE. Para los ingleses, italianos y alemanes, la España franquista suponía una simplificación de su política así como de su geoestrategia, pues restaba fuerza a Francia en el Mediterráneo, siendo para esta más complicada la defensa de sus intereses en la zona al dificultar su comunicación con las colonias africanas. Para Francia, temerosa del rearme alemán y necesitada, por tanto, de mantener el eje Londres-París, dicha actitud hacia la República española resultó un mal menor.
En segundo lugar, la política de aislamiento político, que no comercial, hacia la URSS, dentro de la cual resultaba conveniente el acuerdo tanto con Alemania como Polonia principalmente, propició a la larga que Stalin llevara a cabo su propia política de pacificación con Alemania, cosa de la que se percató con antelación la diplomacia estadounidense.
En tercer lugar, la política agresiva de Italia conllevó una complicación añadida al laberinto del Mediterráneo y en África, donde la defensa de los intereses británicos supuso la pérdida de un antiguo aliado. Para Italia, pese al choque de intereses en Austria o el Brennero (ahora mismo no estoy seguro de escribirlo bien y voy con prisas), un acercamiento a Alemania resultaba conveniente para debilitar a franceses y británicos.
En cuarto lugar, la ambición, especialmente francesa, tras el fin de la PGM, propició un alejamiento de los EUA de los asuntos europeos tras ver cómo sus intentos de sacar fruto del pastel comercial fueron bloqueados por los intereses galos.
Cabría recordar una serie de asuntos:
Pese a la política de acercamiento de la República de Weimar a Francia, que quedó truncada por Hitler, los franceses se guardaban mucho no ya de peligrar su alianza con los británicos, si no de que Alemania prosiguiera con sus aspiraciones en sus fronteras orientales. No es que los sucesivos gobiernos de Weimar hablasen de un lebensraum, pero, obviamente, la problemática con Polonia era la misma antes de que Hitler llegase al poder. Y es que a Francia no le interesaba para nada una Alemania poderosa, y menos aún tras varias guerra con esta. Tanto es así que, desalentada por la estrategia inglesa de acercamiento a Alemania con el doble propósito de acotar tanto a la URSS como a Francia, esta decidió a acercarse a Stalin pese a haber sido el máximo exponente del cordón sanitario, resultando ser la máxima valedora de Polonia hasta que esta también se acercó a Alemania ya con Hitler en el poder.
La política de acercamiento o de pacificamiento, si se prefiere este término por razones de higiene, responde no sólo al deseo de acotar tanto a Francia como a la URSS, si no a la más temprana percepción del peligro de guerra y la consecuente necesidad de ganar tiempo para el rearme. Esto es algo que todos tuvieron muy claro en Münich, y queda recogido en los informes de la diplomacia checa. Lo que no tuvieron claro los alemanes fue que una cosa era sacrificar Checoslovaquia y otra Polonia, lo que suponía la doble amenaza de una expansión territorial que amenazase la comunicación de la metrópolis inglesa con sus colonias, y de la tasa de reclutamiento así como de los intereses comerciales. De hecho la ocupación de Polonia supuso casi en la práctica el fin de la aspiración británica a controlar en la medida de los posible el avispero balcánico.
La política de acercamiento -o pacificamiento, como se desee ver- de la URSS a Alemania no fue visto como el producto de un equívoco en las relaciones exteriores británicas -ya excluyo a los franceses pues estos sí trataron, en última instancia, acercarse a Stalin-, si no como un certero peligro a sus intereses. Esto también sería visto así por Stalin, el cual trató de equipararse a Hitler, siendo bloqueado por este que no podía permitirse una URSS poderosa que acabar volviéndose contra él en cuanto cambiasen los vientos. Tanto es así que británicos y franceses estuvieron muy a punto de embarcarse en una guerra contra la URSS por Finlandia, y pese a estar ya en guerra con Alemania. Hoy día sabemos que la inteligencia británica colaboró o, cuanto menos, hizo la vista gorda, con las operaciones de la inteligencia alemana en apoyo de los finlandeses, los cuales les premiaron con datos precisos acerca del RKKA.
Un sinfín de familias sufrieron la inestabilidad política española. Yo mismo podría poner a mi abuelo materno como ejemplo, si bien el caso entra ya en la época del régimen franquista. Cuando se habla de la República española, o de la de Weimar, algunos olvidad que era un sistema de gobierno, no un partido político, ni tan siquiera una única ideología. Tanto es así que incluso se olvidan casos como la matanza de Casas Viejas.
La República española no era, pues, una dictadura de partido único, era un sistema democrático sujeto a las tensiones revolucionarias, venidas de un extremo u otro de los idearios del momento, y que se enfrentaba, además, a graves apuros económicos y estructurales que venían desde siglos atrás, así como a un desánimo general desde la pérdida de las últimas colonias en ultramar. Paradójicamente, o no tanto, la joven democracia española fue sacrificada en aras de estratagemas malabaristas en lugar de aprovechar la crisis de la insurrección en aras de reactivar a un futuro aliado, que no una posterior amenaza. Cuando algunas naciones importan demasiado, su miopía hacia las que no parecen importar tanto acarrea consecuencias funestas, como la diversificación de estrategias de dominación del evidente futuro enemigo o un totalitarismo nefasto no ya para los más elementales derechos humanos, si no incluso para el conveniente desarrollo de un país que podría haber aportado algo más que wolframio a Europa.
Por último, y pese a que este no es el lugar adecuado, respecto al inciso sobre la guerra de Irak o Afganistán, diré que por supuesto corresponde al interés de controlar las eternas rutas comerciales de occidente a Asia, así como el petróleo. No obstante también corresponde al deseo de continuar el cerco a Rusia, sin permitir que China ocupe su lugar. La política de la UE, a diferencia de la EUA, resulta más ambivalente dado el interés de acercarse lo máximo posible a una Rusia necesaria por sus recursos naturales, así como de ganarse los inmensos mercados, ruso y chino. En este marco, la UE se comporta como la típica potencia emergente que trata de desligarse, dentro de lo razonable, del apadrinamiento de los EUA en busca de su propia solvencia. Es ley de vida. De todas formas, hablar hoy día de la UE es todavía prematuro, dada la complejidad del entramado de intereses propios de cada nación integrante, por no hablar de los diferentes discursos de consumo interno.