Publicado: Mié Jun 04, 2008 8:57 pm
Que yo sepa Roosevelt sentía una mayor simpatía por personajes como Giral, Azaña o Prieto que por cualquiera de los insurgentes. Otro dato es que su embajador en España, Claude Bowers, se llevaba la mar de bien con el gobierno republicano. El por qué de su postura idéntica a la inglesa no se puede explicar con la mera aficción de los estadounidenses al aislacionismo. Lo digo porque no deja de resultar curioso que, pese a que el acta de neutralidad de 1935 no se aplicaba a las guerras civiles, se impidió la venta de aviones a la república por parte de la Glenn L. Martin Co., pero, en cambio, se vendió gasolina -que no era considerada un material bélico- al bando insurgente por parte de la Texaco. Probablemente, el problema de fondo corresponda a la propia afirmación de Roosevelt: Lo molesto de este país es que sin el bloque petrolero no es posible ganar una elección. Y con él no se puede gobernar. Y todos sabemos la inclinación de dicho bloque.
En Gran bretaña las simpatías hacia la República española estuvieron divididas. Los laboristas, pese a que les escandalizaba el, para ellos, excesivo socialismo de Caballero -por no hablar de lo que podían pensar de los anarquistas o comunistas-, sentían afecto por la República. No olvidemos el envío de una comisión para el estudio de la sublevación de los mineros de 1934, y que esta comisión dio la razón a la izquierda española en su defensa del comportamiento de estos mineros, acusados de la violación de monjas y hasta de arrancar los ojos a varios niños.
En cambio los conservadores pensaban que las cosas irían mejor en España si gobernaba una mano firme. Así que, en general, los ingleses se creían las historias acerca del terror insurgente si eran laboristas, o las del terror rojo si eran conservadores. No fue eso, realmente, lo que motivó la actuación inglesa. Además de la mencionada geoestrategia destinada al cerco y domesticación de Francia, los fuertes intereses económicos en la zona jugarían un papel muy importante en el gobierno de Baldwin, muy bien apoyado por las élites del país. Hay que añadir, además, que los ingleses pensaron en un rápido desenlace y no en tres años de sangrienta extenuación.
Y para terminar, en cuanto al "terror rojo" habría que concretar. No es lo mismo hablar de una región que de otra. En el norte el ímpetu revolucionario no fue tan fuerte como en el este o el sur. Pero, en cualquier caso, lo cierto es que el gobierno republicano perdió el control político necesario tanto como para hacer frente a la sublevación como para controlar las oleadas revolucionarias de un mundo campesino o fabril que se sentía legitimizado y confiado en hacer frente a esa sublevación por sus propios medios, logrando así su aspiración política. Dicho esto, tan sólo me queda por señalar que fue la propia sublevación la que provocó esa pérdida de control al no poder confiar el gobierno en supeditar las diferentes unidades militares o policiales a según qué mandos de dudosa lealtad.
En Gran bretaña las simpatías hacia la República española estuvieron divididas. Los laboristas, pese a que les escandalizaba el, para ellos, excesivo socialismo de Caballero -por no hablar de lo que podían pensar de los anarquistas o comunistas-, sentían afecto por la República. No olvidemos el envío de una comisión para el estudio de la sublevación de los mineros de 1934, y que esta comisión dio la razón a la izquierda española en su defensa del comportamiento de estos mineros, acusados de la violación de monjas y hasta de arrancar los ojos a varios niños.
En cambio los conservadores pensaban que las cosas irían mejor en España si gobernaba una mano firme. Así que, en general, los ingleses se creían las historias acerca del terror insurgente si eran laboristas, o las del terror rojo si eran conservadores. No fue eso, realmente, lo que motivó la actuación inglesa. Además de la mencionada geoestrategia destinada al cerco y domesticación de Francia, los fuertes intereses económicos en la zona jugarían un papel muy importante en el gobierno de Baldwin, muy bien apoyado por las élites del país. Hay que añadir, además, que los ingleses pensaron en un rápido desenlace y no en tres años de sangrienta extenuación.
Y para terminar, en cuanto al "terror rojo" habría que concretar. No es lo mismo hablar de una región que de otra. En el norte el ímpetu revolucionario no fue tan fuerte como en el este o el sur. Pero, en cualquier caso, lo cierto es que el gobierno republicano perdió el control político necesario tanto como para hacer frente a la sublevación como para controlar las oleadas revolucionarias de un mundo campesino o fabril que se sentía legitimizado y confiado en hacer frente a esa sublevación por sus propios medios, logrando así su aspiración política. Dicho esto, tan sólo me queda por señalar que fue la propia sublevación la que provocó esa pérdida de control al no poder confiar el gobierno en supeditar las diferentes unidades militares o policiales a según qué mandos de dudosa lealtad.