Publicado: Dom Sep 23, 2007 11:48 pm
(...)
[ El ruido de las explosiones era terrible, pero más terrible era la incertidumbre de no saber si nos encontrábamos en un distrito ya ocupado por los rusos. Al menos era un respiro haber llegado sanos y salvos a la esquina de la VossStr / Hermann Göring Str. Estábamos alcanzando el Tiergarten y por fin el edificio que ocupaba la Jefatura de Vuelos junto a la Siegessaeule, que aún estaba en manos de los alemanes aunque el mismo eje Este / Oeste se encontraba bajo el fuego enemigo.
El Arado 96 que se había puesto a nuestra disposición se encontraba en un "Splitterbox". Ver que este aparato hubiera aterrizado aquí, en estas circunstancias ya era de por sí algo increíble En efecto, el artífice de semejante hazaña era el mismo piloto con el que habíamos volado Greim y yo a Gatow días atrás. Ahora volvíamos a encontrarnos en una situación similar, el avión sólo tenía dos plazas, pero debíamos salir los tres de allí. Rápidamente nos informaron de la situación, aún quedaban 400 metros del eje libres de embudos de granadas, si bien tal situación podía cambiar en segundos. En cualquier caso, que el despegue tuviera éxito dependía exclusivamente de la suerte.
Los focos antiaéreos del enemigo se proyectaban sobre el eje. A pesar de ello, el Arado podría despegar del suelo sin ser visto. En efecto, despegamos, volamos dirección Brandemburger Tor. El Carro de la Victoria del Brandemburger Tor se elevaba como una silueta negra en el haz de luz de los focos enemigos. Pasamos por encima justo cuando el enemigo nos descubrió. De pronto el cielo se cubrió de balas trazadoras.
Ascendimos lo más rápido posible y a unos 700 metros de altitud alcanzamos una capa de nubes que nos ponía a salvo, al menos de la artillería antiaérea. Al pasar las nubes encontramos el cielo, claro e iluminado sólo por la luna. A salvo, pusimos rumbo a Rechlin. Al mirar hacia abajo pude ver cómo el brillo plateado de los Maerkische Seen cambiaba con el resplandor rojo de los pueblos en llamas, abrasados por las bombas, bordeados por las carreteras de la guerra y desolación.
Sobre las 3.00 am. aterrizamos en Rechlin, donde fuimos recibidos por los hombres del "Führeungsstab" que aún estaban allí. Tiritando y destrozados interiormente por lo vivido salimos del avión y tocamos tierra firme. El aire era frío y el cielo estaba despejado. Respiré profundamente, pero incluso aquí aun se percibía el olor a quemado y a "hundimiento".
Acabadas sus conversaciones el Feldmarschall von Greim con el Stab en Rechling, volamos a Pöln, con el objeto de entrevistarnos con el Gran Almirante Dönitz. Tras una breve estancia en Pöln fuimos a Dobbin para ver al Feldmarschall Keitel.
La pequeña "Blücher" que había elegido con cautela, era un aparato muy manejable y con gran visibilidad. Por ello, este tipo de avión podía asegurarnos superar esta travesía. En el estado en que se encontraba von Greim, era yo quien debía pilotar. Evitaba volar cerca de las carreteras o vías de ferrocarril, que eran el objetivo continuo de los cazas enemigos. Mas que volar, gateaba a mínima altura, de bosque en bosque, tratando de rodear los bordes donde nos protegía la sombra de los árboles. Saltaba encima de los arbustos y vallas para escapar de los cazas enemigos. En algunos trayectos tuvimos que cambiar el avión por un automóvil, pero esto tampoco nos garantizaba que fuera menos peligroso pues continuamente debíamos parar y refugiarnos. Nos despedimos de Keitel y volvimos a Lübeck. Fue esa noche, la del 30 de abril al 1ú de mayo cuando escuchamos en la radio la noticia de la muerte de Hitler y la constitución de un nuevo gobierno bajo la presidencia de Dönitz. De modo que Plön era de nuevo nuestro objetivo.
Alcanzamos el cuartel general de Dönitz pero nuestra estancia allí sólo duró unas breves horas. Greim estaba ansioso por regresar y volver con sus hombres en Böhmen. Volamos con una DO 217 a Königsgraetz, pero en el camino von Greim sufrió un fuerte ataque de fiebre a consecuencia de sus heridas, lo que afectaba gravemente a su corazón. Cuatro días pasamos en Königsgraetz donde el Feldmarschall estuvo indispuesto a causa de la fiebre, mientras los acontecimientos se precipitaban en Alemania por minutos. Por fin el 7 de mayo bajó la fiebre y von Greim recobró las fuerzas para actuar, cuando nos llegó, mas que la noticia, el rumor de la Capitulación para el día 9 de mayo.
Greim antes de tomar una decisión al respecto, y en relación con la capitulación tanto en lo personal como en lo referente a sus hombres, quería entrevistarse con Kesselring. De modo que rápidamente nos pusimos en marcha, las fuerzas de Greim eran pocas pero suficientes para volar. Volamos con dos aviones a Graz y desde allí a Zell am See, donde suponíamos que debía estar Kesselring.
Fue un vuelo tranquilo, hermoso; la paz que sentía en el aire contrastaba violentamente con los turbulentos acontecimientos vividos, cuando sobrevolábamos los Alpes. Era el 8 de mayo cuando aterrizamos en Zell am See y tuvimos ocasión de conocer la noticia de la firma de la rendición incondicional. Ya no tenía sentido que von Greim regresara con sus tropas. Lo llevé al hospital militar de Kitzbuehl, pues su estado no mejoraba. Al llegar a la puerta del hospital entraban los norteamericanos en la ciudad y el hundimiento para nosotros. Habíamos sido vencidos. ]
(...continúa...)
[ El ruido de las explosiones era terrible, pero más terrible era la incertidumbre de no saber si nos encontrábamos en un distrito ya ocupado por los rusos. Al menos era un respiro haber llegado sanos y salvos a la esquina de la VossStr / Hermann Göring Str. Estábamos alcanzando el Tiergarten y por fin el edificio que ocupaba la Jefatura de Vuelos junto a la Siegessaeule, que aún estaba en manos de los alemanes aunque el mismo eje Este / Oeste se encontraba bajo el fuego enemigo.
El Arado 96 que se había puesto a nuestra disposición se encontraba en un "Splitterbox". Ver que este aparato hubiera aterrizado aquí, en estas circunstancias ya era de por sí algo increíble En efecto, el artífice de semejante hazaña era el mismo piloto con el que habíamos volado Greim y yo a Gatow días atrás. Ahora volvíamos a encontrarnos en una situación similar, el avión sólo tenía dos plazas, pero debíamos salir los tres de allí. Rápidamente nos informaron de la situación, aún quedaban 400 metros del eje libres de embudos de granadas, si bien tal situación podía cambiar en segundos. En cualquier caso, que el despegue tuviera éxito dependía exclusivamente de la suerte.
Los focos antiaéreos del enemigo se proyectaban sobre el eje. A pesar de ello, el Arado podría despegar del suelo sin ser visto. En efecto, despegamos, volamos dirección Brandemburger Tor. El Carro de la Victoria del Brandemburger Tor se elevaba como una silueta negra en el haz de luz de los focos enemigos. Pasamos por encima justo cuando el enemigo nos descubrió. De pronto el cielo se cubrió de balas trazadoras.
Ascendimos lo más rápido posible y a unos 700 metros de altitud alcanzamos una capa de nubes que nos ponía a salvo, al menos de la artillería antiaérea. Al pasar las nubes encontramos el cielo, claro e iluminado sólo por la luna. A salvo, pusimos rumbo a Rechlin. Al mirar hacia abajo pude ver cómo el brillo plateado de los Maerkische Seen cambiaba con el resplandor rojo de los pueblos en llamas, abrasados por las bombas, bordeados por las carreteras de la guerra y desolación.
Sobre las 3.00 am. aterrizamos en Rechlin, donde fuimos recibidos por los hombres del "Führeungsstab" que aún estaban allí. Tiritando y destrozados interiormente por lo vivido salimos del avión y tocamos tierra firme. El aire era frío y el cielo estaba despejado. Respiré profundamente, pero incluso aquí aun se percibía el olor a quemado y a "hundimiento".
Acabadas sus conversaciones el Feldmarschall von Greim con el Stab en Rechling, volamos a Pöln, con el objeto de entrevistarnos con el Gran Almirante Dönitz. Tras una breve estancia en Pöln fuimos a Dobbin para ver al Feldmarschall Keitel.
La pequeña "Blücher" que había elegido con cautela, era un aparato muy manejable y con gran visibilidad. Por ello, este tipo de avión podía asegurarnos superar esta travesía. En el estado en que se encontraba von Greim, era yo quien debía pilotar. Evitaba volar cerca de las carreteras o vías de ferrocarril, que eran el objetivo continuo de los cazas enemigos. Mas que volar, gateaba a mínima altura, de bosque en bosque, tratando de rodear los bordes donde nos protegía la sombra de los árboles. Saltaba encima de los arbustos y vallas para escapar de los cazas enemigos. En algunos trayectos tuvimos que cambiar el avión por un automóvil, pero esto tampoco nos garantizaba que fuera menos peligroso pues continuamente debíamos parar y refugiarnos. Nos despedimos de Keitel y volvimos a Lübeck. Fue esa noche, la del 30 de abril al 1ú de mayo cuando escuchamos en la radio la noticia de la muerte de Hitler y la constitución de un nuevo gobierno bajo la presidencia de Dönitz. De modo que Plön era de nuevo nuestro objetivo.
Alcanzamos el cuartel general de Dönitz pero nuestra estancia allí sólo duró unas breves horas. Greim estaba ansioso por regresar y volver con sus hombres en Böhmen. Volamos con una DO 217 a Königsgraetz, pero en el camino von Greim sufrió un fuerte ataque de fiebre a consecuencia de sus heridas, lo que afectaba gravemente a su corazón. Cuatro días pasamos en Königsgraetz donde el Feldmarschall estuvo indispuesto a causa de la fiebre, mientras los acontecimientos se precipitaban en Alemania por minutos. Por fin el 7 de mayo bajó la fiebre y von Greim recobró las fuerzas para actuar, cuando nos llegó, mas que la noticia, el rumor de la Capitulación para el día 9 de mayo.
Greim antes de tomar una decisión al respecto, y en relación con la capitulación tanto en lo personal como en lo referente a sus hombres, quería entrevistarse con Kesselring. De modo que rápidamente nos pusimos en marcha, las fuerzas de Greim eran pocas pero suficientes para volar. Volamos con dos aviones a Graz y desde allí a Zell am See, donde suponíamos que debía estar Kesselring.
Fue un vuelo tranquilo, hermoso; la paz que sentía en el aire contrastaba violentamente con los turbulentos acontecimientos vividos, cuando sobrevolábamos los Alpes. Era el 8 de mayo cuando aterrizamos en Zell am See y tuvimos ocasión de conocer la noticia de la firma de la rendición incondicional. Ya no tenía sentido que von Greim regresara con sus tropas. Lo llevé al hospital militar de Kitzbuehl, pues su estado no mejoraba. Al llegar a la puerta del hospital entraban los norteamericanos en la ciudad y el hundimiento para nosotros. Habíamos sido vencidos. ]
(...continúa...)