Publicado: Jue Mar 19, 2015 7:26 pm
Pregunta 2583
- Buenas, Sasha, le traigo un poco de schnapps de mi reserva personal para que me los guarde en la nevera.
-@#~~€¬@|€¬~€¬€
- No me sea malhablado y traiga ese jamoncito con un vino del Rhin.
-@#}{][{¬€€~###@|@|@.
- Le voy a lavar la boca con jabón, Sasha. Ese juramento no se debe pronunciar bajo techo y encima en viernes.
Trae mal fario. Traiga sal.
- Aquí tiene. El jamón está perfectamente curado.
- No es para eso, es para tirarla sobre mis hombros hacia atrás, para espantar a los malos espíritus que conjura con su mal humor.
- ¡Y le parece que no está justificado! ¡Cuando Herr Grognard me envió su telegrama de aviso ¡ya estaba dentro de la nevera! ¡Se bebió cinco botellas de 1912! ¡Una cosecha irrepetible!
- Algo picada.
- ¿Qué?
- Que le engañaron. Debería darme las gracias. ¿O cree que no sé lo del negocio que tiene vendiendo digestivos y remedios contra la resaca?
- Esto...
- Sabe, esta discusión me recuerda algo que sucedió terminada la guerra por mi tierra.
-¿Y qué fue? ¿Se le escapó el gato?
- El gato, el perro y media familia, pero se está más tranquilo. En fin. Me refiero a uno de los pocos buques de guerra que quedaron en una de las armadas de los vencidos. Los vencedores, como es normal, se los repartieron como parte de compensación y éste correspondió a un enemigo secular.
- Ya estamos, especifique.
- Digamos que en los últimos tres siglos han sido varias las veces que se han enfrentado, aunque desde que se fundó el país vencido sólo han sido dos veces.
-Me vale.
- Bien. La dotación del buque, con su capitán al frente fueron embarcados y se les marcó un rumbo específico bajo vigilancia de marineros y oficiales de la armada a los que iba destinado el nuevo buque. Llegaron tres días después al puerto, pero los nuevos dueños del buque no eran capaces de hacerse con él por una enorme tormenta que zarandeaba al barco cosa fina y a sus escoltas también. El oficial al mando no tuvo mejor idea que ordenar echar el ancla, pero se rompió y el buque quedó a merced del mar. El mismo oficial, con numerosas objeciones por parte de sus subordinados, entregó el mando al antiguo oficial que mandaba el buque, que empleó un método de su armada para acercarse al puerto maniobrando entre campos de minas que aún quedaban por limpiar.
- Sangre fría, el muchacho.
- Cuando sale el sol, salen remolcadores, le tiran los cables para remolcarlo y... se rompen.
- Ya son ganas.
- Como le digo. El oficial al mando aceptó la sugerencia del antiguo capitán y el buque entró por sus propios medios. Cuando dispararon los lanzacabos nadie los recogió, así qué tuvo que botar una de sus lanchas para recoger los cabos y quedar anclado. Ese mismo día, otro buque recogió a la tripulación y la devolvió a la patria.
- Curiosa historia.
- Cierto. Tal vez fuera el último gran buque esa armada de los vencidos que superó la mitad del siglo. Me gustaría saber su nombre y el que tuvo en su nueva armada. Al que lo acierte, le invita a un poco más de ese excelente jamón y un vino de su elección. Guárdeme ese schnapps para poder bebérmelo yo.
- Buenas, Sasha, le traigo un poco de schnapps de mi reserva personal para que me los guarde en la nevera.
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- No me sea malhablado y traiga ese jamoncito con un vino del Rhin.
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- Le voy a lavar la boca con jabón, Sasha. Ese juramento no se debe pronunciar bajo techo y encima en viernes.
Trae mal fario. Traiga sal.
- Aquí tiene. El jamón está perfectamente curado.
- No es para eso, es para tirarla sobre mis hombros hacia atrás, para espantar a los malos espíritus que conjura con su mal humor.
- ¡Y le parece que no está justificado! ¡Cuando Herr Grognard me envió su telegrama de aviso ¡ya estaba dentro de la nevera! ¡Se bebió cinco botellas de 1912! ¡Una cosecha irrepetible!
- Algo picada.
- ¿Qué?
- Que le engañaron. Debería darme las gracias. ¿O cree que no sé lo del negocio que tiene vendiendo digestivos y remedios contra la resaca?
- Esto...
- Sabe, esta discusión me recuerda algo que sucedió terminada la guerra por mi tierra.
-¿Y qué fue? ¿Se le escapó el gato?
- El gato, el perro y media familia, pero se está más tranquilo. En fin. Me refiero a uno de los pocos buques de guerra que quedaron en una de las armadas de los vencidos. Los vencedores, como es normal, se los repartieron como parte de compensación y éste correspondió a un enemigo secular.
- Ya estamos, especifique.
- Digamos que en los últimos tres siglos han sido varias las veces que se han enfrentado, aunque desde que se fundó el país vencido sólo han sido dos veces.
-Me vale.
- Bien. La dotación del buque, con su capitán al frente fueron embarcados y se les marcó un rumbo específico bajo vigilancia de marineros y oficiales de la armada a los que iba destinado el nuevo buque. Llegaron tres días después al puerto, pero los nuevos dueños del buque no eran capaces de hacerse con él por una enorme tormenta que zarandeaba al barco cosa fina y a sus escoltas también. El oficial al mando no tuvo mejor idea que ordenar echar el ancla, pero se rompió y el buque quedó a merced del mar. El mismo oficial, con numerosas objeciones por parte de sus subordinados, entregó el mando al antiguo oficial que mandaba el buque, que empleó un método de su armada para acercarse al puerto maniobrando entre campos de minas que aún quedaban por limpiar.
- Sangre fría, el muchacho.
- Cuando sale el sol, salen remolcadores, le tiran los cables para remolcarlo y... se rompen.
- Ya son ganas.
- Como le digo. El oficial al mando aceptó la sugerencia del antiguo capitán y el buque entró por sus propios medios. Cuando dispararon los lanzacabos nadie los recogió, así qué tuvo que botar una de sus lanchas para recoger los cabos y quedar anclado. Ese mismo día, otro buque recogió a la tripulación y la devolvió a la patria.
- Curiosa historia.
- Cierto. Tal vez fuera el último gran buque esa armada de los vencidos que superó la mitad del siglo. Me gustaría saber su nombre y el que tuvo en su nueva armada. Al que lo acierte, le invita a un poco más de ese excelente jamón y un vino de su elección. Guárdeme ese schnapps para poder bebérmelo yo.