Publicado: Jue Feb 21, 2008 2:10 am
Gracias por el entusiasta estímulo, y espero les agrade la música anexa.
Sección central del tríptico "Grosstadt" (Gran ciudad) realizado entre 1927 y 28 por Otto Dix (1891-1969). Es una evocación del período de Gershwin (1898-1937).
SITUACIÓN POSTERIOR A LA TOMA DEL PODER POR EL NACIONALSOCIALISMO.
El nacionalsocialismo hitleriano erigió la idea de una "comunidad nacional" o "comunidad del pueblo" como estandarte fundamental, tras la cual debía alinearse toda la nación alemana. Coherente con ello, una vez en el poder se verificó un veloz proceso de supresión y coordinación de todas las fuerzas e instituciones políticas, sociales y culturales. Consecuentemente, para imponer la ideología oficial por medio del terror, el nazismo se valió de un monopolio absoluto de la dirección de todos los medios de comunicación masiva como la prensa, el cine y fundamentalmente la radio, alcanzando a través de ellos a todas las expresiones culturales y artísticas, incluida la música.
Así fue como el totalitarismo nazi además de la carrera armamentista, se ocupó de establecer un absoluto control dictatorial sobre todas las formas o expresiones culturales. Todas ellas, además, eran consideradas únicamente como un medio y no como un fin: el medio era la manipulación y la propaganda. La música no escapó a este plan, y el jazz tampoco, ya que justamente en esos años era la música que bailaba "frenética y salvajemente" la juventud aria, corriendo serios riesgos de ver corrompida su "pureza".
Desde antiguo, la música había tenido para los alemanes especial importancia, tradición a la que también adscribieron los nazis, que pretendieron apropiarse del legado musical de los clásicos y los románticos, y utilizarlo en beneficio propio. Es evidente que la escueta y enfermiza visión nazi de lo que podía ser considerado música válida para la formación de la "comunidad del pueblo", se diferenciaba irreconciliablemente con el verdadero espíritu de aquéllos movimientos.
En la misma Alemania, tan sólo años atrás, había nacido la música atonal, y a los compositores clásicos se sumaban los estandartes del modernismo: Arnold Schoenberg, Alban Berg, Paul Hindemith, y entre otros, Kurt Weill -que incluso comenzaba a incorporar a sus obras elementos jazzísticos. Sin embargo, luego de la subida al poder de Hitler, la creciente y siempre productiva cultura musical alemana quedó totalmente paralizada: todo lo que tuviera siquiera un toque "moderno" o innovador era declarado manifiestamente contrario a la nueva ideología imperante, y debía ser erradicado. Así fue prohibida la música atonal, estigmatizada como símbolo manifiesto del desorden, y todo aquello que no se ajustara a los rígidos cánones de lo clásico y lo romántico.
Así como compositores de la talla y el nombre de Stravinsky, Hindemith, Schoenberg y Berg fueron prohibidos, y muchos de ellos tuvieron que emigrar de la Alemania nazi, no es difícil imaginar el destino del jazz en tales condiciones: su origen negro, su aire moderno y la simpatía que desde el inicio había despertado entre los judíos, lo convirtieron en un blanco fácil de atacar para los encargados de la limpieza y purificación cultural del Tercer Reich.
Para los nazis, tanto negros como judíos eran "subespecies irremediablemente inferiores de la raza humana", por lo que rápidamente esa música judeo-negroide despertó el alerta de los encargados de la purificación cultural y, más específicamente, musical.
(continúa)
Salu-2
Sección central del tríptico "Grosstadt" (Gran ciudad) realizado entre 1927 y 28 por Otto Dix (1891-1969). Es una evocación del período de Gershwin (1898-1937).
"Bean's Self Portrait" por Coleman Hawkins y Duke Ellington, 1962
SITUACIÓN POSTERIOR A LA TOMA DEL PODER POR EL NACIONALSOCIALISMO.
El nacionalsocialismo hitleriano erigió la idea de una "comunidad nacional" o "comunidad del pueblo" como estandarte fundamental, tras la cual debía alinearse toda la nación alemana. Coherente con ello, una vez en el poder se verificó un veloz proceso de supresión y coordinación de todas las fuerzas e instituciones políticas, sociales y culturales. Consecuentemente, para imponer la ideología oficial por medio del terror, el nazismo se valió de un monopolio absoluto de la dirección de todos los medios de comunicación masiva como la prensa, el cine y fundamentalmente la radio, alcanzando a través de ellos a todas las expresiones culturales y artísticas, incluida la música.
Así fue como el totalitarismo nazi además de la carrera armamentista, se ocupó de establecer un absoluto control dictatorial sobre todas las formas o expresiones culturales. Todas ellas, además, eran consideradas únicamente como un medio y no como un fin: el medio era la manipulación y la propaganda. La música no escapó a este plan, y el jazz tampoco, ya que justamente en esos años era la música que bailaba "frenética y salvajemente" la juventud aria, corriendo serios riesgos de ver corrompida su "pureza".
Desde antiguo, la música había tenido para los alemanes especial importancia, tradición a la que también adscribieron los nazis, que pretendieron apropiarse del legado musical de los clásicos y los románticos, y utilizarlo en beneficio propio. Es evidente que la escueta y enfermiza visión nazi de lo que podía ser considerado música válida para la formación de la "comunidad del pueblo", se diferenciaba irreconciliablemente con el verdadero espíritu de aquéllos movimientos.
En la misma Alemania, tan sólo años atrás, había nacido la música atonal, y a los compositores clásicos se sumaban los estandartes del modernismo: Arnold Schoenberg, Alban Berg, Paul Hindemith, y entre otros, Kurt Weill -que incluso comenzaba a incorporar a sus obras elementos jazzísticos. Sin embargo, luego de la subida al poder de Hitler, la creciente y siempre productiva cultura musical alemana quedó totalmente paralizada: todo lo que tuviera siquiera un toque "moderno" o innovador era declarado manifiestamente contrario a la nueva ideología imperante, y debía ser erradicado. Así fue prohibida la música atonal, estigmatizada como símbolo manifiesto del desorden, y todo aquello que no se ajustara a los rígidos cánones de lo clásico y lo romántico.
Así como compositores de la talla y el nombre de Stravinsky, Hindemith, Schoenberg y Berg fueron prohibidos, y muchos de ellos tuvieron que emigrar de la Alemania nazi, no es difícil imaginar el destino del jazz en tales condiciones: su origen negro, su aire moderno y la simpatía que desde el inicio había despertado entre los judíos, lo convirtieron en un blanco fácil de atacar para los encargados de la limpieza y purificación cultural del Tercer Reich.
Para los nazis, tanto negros como judíos eran "subespecies irremediablemente inferiores de la raza humana", por lo que rápidamente esa música judeo-negroide despertó el alerta de los encargados de la purificación cultural y, más específicamente, musical.
(continúa)
Salu-2
