Publicado: Jue Feb 21, 2008 7:16 pm
Afiche de 1925 publicitando una premiere musical
Count Basie y su Orquesta - Corner Pocket
CAMINO A LA "PURIFICACIÓN"
Aparentemente no hay constancias o registros respecto de la opinión que del jazz tenía Hitler, al menos en forma explícita. De todos modos, siguiendo sus valores raciales y su fanatismo por Wagner -contrario a cualquier modernismo en las artes, por un lado, y por otro que el jazz era considerado un producto judeo-negroide, es fácil adivinar o conjeturar que esta música debía merecer todo su desprecio.
Hitler tuvo dos consejeros vinculados con la instrumentación de una política cultural: Joseph Goebbels, quien fue Ministro de Propaganda, y Alfred Rosenberg.
Este último tempranamente fundó, en 1929, la "Liga para el Combate por la Cultura Alemana", dedicada a la defensa de los valores alemanes a través de la preservación de la raza, el arte y la erudición (repárese en los términos castrenses utilizados para denominar esta "institución", en especial, la palabra combate; bien podría decirse que combate y cultura constituyen, en realidad, un oxímoron).
Esta Liga fundada por Rosenberg, fue el antecedente inmediato de lo que luego, ya en el poder, fue la "Cámara para la Cultura del Reich" (fundada en 1933), que tenía a su vez distintas áreas, la que nos interesa aquí es la "Cámara para la Música del Reich". Estas dependencias estaban bajo el directo mando de Goebbels, que odiaba el jazz abiertamente, de lo que sí hay numerosos registros documentales.
Esta "Cámara para la Música del Reich" fue la encargada de clasificar toda forma musical existente, realizar listas de músicos, de compositores, de empresarios, de obras, de salas de conciertos, cafés, lugares de baile, y toda otra medida que pueda imaginarse que posibilitara controlar exhaustivamente la producción musical.
Además de los factores que ya mencionamos -su origen negro, la simpatía entre los judíos, su aire "moderno" - hubo varios motivos adicionales que hicieron que el jazz no permaneciera a salvo de los dictadores. En primer lugar, el espíritu propio del estilo, que propiciaba el desarrollo de las posibilidades individuales de los músicos involucrados en su ejecución (es decir, la improvisación, la posibilidad que tiene el ejecutante en un contexto jazzístico de componer ahí, mientras toca, en el momento) y, sobre todo, el aire de rebeldía y libertad que había marcado al jazz desde su misma génesis, en virtud de sus antecedentes musicales: en un principio, en sus formas más rudimentarias y básicas, era la música de los esclavos o hijos directos de esclavos del sur de los Estados Unidos, recién liberados a fines del siglo diecinueve, y que recién a partir de esta nueva música podían expresarse públicamente con ciertas libertades.

Contraportada del "Catálogo de Música Swing de Brunswick" de 1936 (Swing Music en calle Adolfo Hitler Nº 36)
Por otro lado, los dictadores nazis veían el baile en tanto pasatiempo como una cuestión realmente grave de la que había que ocuparse, tanto musical como socialmente. Desde el punto de vista musical, el estilo Swing era una feroz agresión al ideal de la supremacía aria, desde el momento en que lo consideraban "una atroz mezcla de elaboraciones judías con el depravado y selvático colorido de la música negra".
De hecho, el jazz era denominado por los nazis como "música negra", y no podía tolerarse que la juventud bailara al ritmo de una música que era considerada tan degradante y carente de todo valor estético.
Desde el punto de vista social, la cuestión tenía a su vez dos aristas. Por un lado, si bien el Swing había alcanzado en Europa un nivel de popularidad asombroso, la gran masa de jóvenes que acudían a los salones de baile y que conocían las coreografías de las danzas respectivas (fox-trot, jitterbugg, shimmys, charleston), como así también las letras en inglés de las canciones que escuchaban, pertenecían a las clases media y media-alta. Esto último chocaba de plano con la idea de una "comunidad del pueblo", totalmente uniforme y controlada, que preferiblemente debía reunirse alrededor de expresiones musicales folclóricas, que representaran el "verdadero espíritu alemán".
Finalmente, el baile era censurable en cuanto constituía un peligroso medio para la "depravación sexual". El reporte oficial sobre un festival en Hamburgo en febrero de 1940 es por demás ilustrativo con claridad: "...los bailarines daban un espectáculo desagradable. Ninguna de las parejas bailaban normalmente; había sólo swing, y del peor. En ocasiones dos muchachos bailaban con una chica sola; en otras varias parejas formaban un círculo abrazándose, saltando, batiendo las palmas, incluso refregándose las partes posteriores de la cabeza unos con otros... Cuando la banda tocaba una rumba, los bailarines entraban en éxtasis salvaje. Todos se juntaban alrededor y cantaban los coros en inglés. La banda tocaba números cada vez más violentos; ninguno de los músicos se encontraba ya sentado, todos se movían en el escenario compulsivamente, como animales salvajes...".
En este contexto, el jazz fue prohibido y erradicado de la vida pública, al igual que los artistas plásticos post-expresionistas, los exponentes de la escuela BAUHAUS, la música atonal, cualquier manifestación poética que no se ajustara a los rígidos límites de la métrica tradicional, y toda otra forma artística que pudiera ser calificada de "moderna".
(continúa)
Salu-2
