Publicado: Lun Nov 27, 2006 10:46 am
por Mikhailovna
Holaaa, chicos,

No sabía muy bien donde poner estos artículos; me parece un tema demasiado serio para ubicarlo en "curiosidades". Es cierto que dichos artículos están salpicados de hechos curiosos, pero los estragos que hicieron la cocaína, las anfetas y la morfina en los combatientes de cualquier bando no los considero en absoluto anecdóticos. Miles de soldados regresaron a casa con otra "carga" añadida a sus neurosis:drogodependencia.


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La morfina, alcaloide principal del opio (éste contiene en peso alrededor de un 10% de morfina), fue a partir de 1860 administrada en masa y sin apenas control a los combatientes heridos, aprovechando su notable poder analgésico. Resultó así de gran utilidad en los campos de batalla de la Guerra de Crimea (1854-56) y en la Guerra de Secesión de los EE.UU. (1861-65), si bien se calcula que a su final ésta última dejó tras de sí unos 45.000 morfinómanos. Esta sustancia fue utilizada tanto por sus propiedades antálgicas como para luchar contra la fatiga y la depresión. La utilización abusiva de la morfina se extendió rápidamente durante y después de estas guerras, reemplazando muy pronto al láudano y a las pastillas tebaicas.

El control y el comercio de las drogas (y por ende, de los beneficios económicos que asocia) fueron también detonante de otros conflictos bélicos. Ejemplo de ello son las Guerras del Opio habidas entre China e Inglaterra (1839-42, 1856-58, ésta en colaboración con Francia, y 1859-60).
En la campaña de 1866, en la que Prusia derrotó a Austria, y en la Guerra Franco-prusiana de 1871, muchos oficiales, extenuados por la fatiga, se sostenían merced a inyecciones de morfina. Por aquel entonces se ignoraba que su abuso produjera deterioro físico y dependencia, haciendo su empleo indiscriminado que, en vez de recuperar a los soldados heridos y enfermos, apareciera en ellos la temida morfinomanía, proceso que por aparecer inicialmente entre los excombatientes franceses y alemanes fue mal llamado "enfermedad del soldado, enfermedad del ejército, mal militar o morfinomanía del excombatiente".

El propio canciller de Prusia Otto von Bismark (1815-1898), fue una de las víctimas de la morfina. Al final de la guerra unos la abandonaron pero otros muchos persistieron en su toxicomanía. Curiosamente, este hecho no fue objeto de comunicación científica alguna por parte de los médicos militares, siendo probable que temieran parecer irresponsables al anteponer razones de eficacia a las consecuencias individuales que de su administración pudieran derivarse a medio plazo.

En Alemania, el médico Theodor Aschenbrandt procedió a realizar unas observaciones clínicas sobre un batallón de artillería bávara en el curso de unas maniobras en otoño de 1883. Prescribiendo una dosis de veinte gotas de una solución de cocaína al 5%, constató un sorprendente incremento de la energía de los soldados y una mejoría de su resistencia. A pesar de estos resultados, W. Golden Mortimer insistiría constantemente sobre la indispensable distinción entre la coca y la cocaína.

En 1886, inspirándose en una bebida comercializada en Atlanta llamada "Soda Fountain" (compuesta por cocaína mezclada con alcohol y aromatizantes), el oficial de la caballería norteamericana John Styth Pemberton comenzó a vender un producto elaborado a base de hojas de coca y cola de nueces, bajo la marca "Coca-Cola", asegurando que se trataba de "una bebida intelectual y sin alcohol". Distribuida como un refresco agradable, natural, tonificante cerebral y remedio para las afecciones nerviosas, Pemberton vendió en 1891 sus derechos a un farmacéutico, Asa Griggs Candler, por 2.000 dólares. La publicidad de finales de siglo presentaba la "Coca-Cola" como un "tónico cerebral de mucho valor y cura para todas las afecciones nerviosas: dolor de cabeza, neuralgia, histeria, melancolía, etc.".
A partir de la morfina calentada en ácido acético se descubrió en la Inglaterra de 1874 la diacetilmorfina, junto a otros ésteres morfínicos como la acetilcodeína o la acetilmorfina. La acción analgésica de la diacetilmorfina fue evidenciada en el año 1890 por el químico alemán Heinrich Dreser, jefe del laboratorio de farmacología de la Friedrich Bayer & Co, comercializándose desde este casa con el nombre de heroína (del alemán heros, un antiguo héroe griego considerado como un semidiós a causa de sus hazañas). Se indicó en la medicina del momento como tratamiento de determinadas patologías pulmonares, en especial la tuberculosis, estableciéndose una analogía entre la acción reguladora de la heroína sobre el pulmón y la que la digital ejercía sobre el corazón. Creyéndose que no era adictiva y dado que los resultados con ella obtenidos parecían mejores que los de la morfina, se aplicó con prontitud en el tratamiento del dolor de las heridas causadas por la guerra. La promoción de la heroína en el mercado farmacológico rivalizó en el tiempo con la de la del ácido acetilsalicílico (aspirina), registrada oficialmente por la misma Bayer en febrero de 1899.