Publicado: Lun Nov 27, 2006 10:54 am
He borrado un mensaje anterior, escrito mientras estaba un poco "caliente". Ahora, con más tranquilidad, varias cosas:
1. Mis conocimientos sobre el tema son más amplios de los que quisiera, tanto por motivos profesionales como familiares. Otro tanto, mis conocimientos farmacológicos, al menos según el juicio de mis profesores y de mis jefes. Pero, que yo sepa, no es preciso presentar el CV en el foro. Si alguien lo desea, que lo solicite con un mensaje privado.
2. Respeto los conocimientos de Mikhailova sobre el tema. Sólo señalarle que vemos aspectos diferentes del tema. Comprenderás que no es lo mismo internos en instituciones hospitalarias que ambulatorios.
3. Lamento si el vocabulario no gusta. Soy el primer partidario del uso correcto, pero discrepo con el que se usa habitualmente, por motivos etimológicos. No me gusta usar vocablos traducidos. Pero es opinión personal.
4. Sobre la SGM, es cierto que se consumieron drogas, pero (salvo el alcohol) no en el grado que en posteriores conflictos. Los testimonios así lo indican El uso de anfetaminas fue frecuente, pero sobre todo en grupos muy concretos: por ejemplo, sí hay testimonios que indican que las anfetaminas se usaron por la casi totalidad de los pilotos ingleses del mando de cazas durante el verano en "la batalla de Inglaterra", para intentar aguantar. Sin embargo, los síntomas psicóticos no fueron tan frecuentes (aunque tal vez se incluyesen como "fatiga de combate") al menos, repito, según los testimonios.
5. Sin embargo, los combatientes de la SGM no iban a la guerra "flipados". Por ejemplo, citas que se consumieron 70 u 80 millones de dosis de anfetaminas para el ejército inglés. Las cuentas son sencillas: son unas 300.000 dosis semanales, es decir, no bastarían ni para las supuestas necesidades (tres dosis semanales por soldado) de un ejército. Con semejantes montantes no es difícil que haya adictos, y en bastante número. Pero la adicción a anfetaminas no parece que haya sido un problema de salud pública tras la guerra (o al menos no he encontrado referencias). Hubo trastornos mentales, desde luego, pero es muy difícil atribuirlos al abuso de dichas sustancias y no a la guerra en sí.
6. Sí hubo un buen número de adictos a la morfina tras la guerra, suficientes como para que se creasen redes de producción y distribución de la sustancia. Hasta tal punto que la Nalorfina (un antagonista) fue sintetizada como una especie de "bala mágica" contra la adicción (fracasó). Y desde luego, la "morfinomanía" es bastante anterior. Basta con revisar las repetidas prohibiciones de los emperadores chinos. En el siglo XIX fue una plaga en ciertos ambientes acomodados europeos y artistas como Edgar Allan Poe, Browning o Baudelaire lo sufrieron. No hay cifras seguras, pero parece que tras la guerra de secesión norteamericana hubo cientos de miles de casos de "enfermedad del soldado" (adicción a la morfina) en Estados Unidos. En cualquier caso, nada que ver con lo que ocurrió a partir de los sesenta. Pero, insisto, al morfina no se distribuñia libremente, pero el fácil acceso era irremediable si se suministraba en los botiquines de emergencia.
7. No dudo de la peligrosidad del alcohol (ni de otras drogas). Ya dije lo terrible de sus efectos. Hasta un 10% de los niños nacidos en la antigua URSS sufren retraso mental por la adicción materna. Pero, repito, una cosa es que sea peligroso, otra cosa que fuese socialmente aceptado. La borrachera semanal ha sido una costumbre anglosajona hasta hace muy poco, y es notorio que Churchill y Stalin eran alcohólicos que consumían enormes cantidades. De hecho, Churchill parece que dio muestras de deterioro mental, directamente atribuible al alcohol, a partir de 1942 (si no antes). Pero en una sociedad donde el líder es un notorio bebedor difícilmente se puede impedir a los soldados que beban (lo que por otra parte, hacían en sus casas). En Estados Unidos además tienen esa mezcla hipócrita de alcoholismo y abstinencia, pero esa es otra.
Creo que podrás coincidir conmigo en estos aspectos. Discrepo por completo en lo de la manipulación, no discrepo en que se haya tratado de silenciar lo ocurrido. Al fin y al cabo, es justicia poética, pues fueron anglosajones los que introdujeron (por la fuerza) el opio en China, lucharon por su monopolio, y favorecieron su cultivo en Birmania. La pena es que lo pagan los de siempre, los de la calle, no los políticos que lo hicieron, ni sus familias.
Saludos
1. Mis conocimientos sobre el tema son más amplios de los que quisiera, tanto por motivos profesionales como familiares. Otro tanto, mis conocimientos farmacológicos, al menos según el juicio de mis profesores y de mis jefes. Pero, que yo sepa, no es preciso presentar el CV en el foro. Si alguien lo desea, que lo solicite con un mensaje privado.
2. Respeto los conocimientos de Mikhailova sobre el tema. Sólo señalarle que vemos aspectos diferentes del tema. Comprenderás que no es lo mismo internos en instituciones hospitalarias que ambulatorios.
3. Lamento si el vocabulario no gusta. Soy el primer partidario del uso correcto, pero discrepo con el que se usa habitualmente, por motivos etimológicos. No me gusta usar vocablos traducidos. Pero es opinión personal.
4. Sobre la SGM, es cierto que se consumieron drogas, pero (salvo el alcohol) no en el grado que en posteriores conflictos. Los testimonios así lo indican El uso de anfetaminas fue frecuente, pero sobre todo en grupos muy concretos: por ejemplo, sí hay testimonios que indican que las anfetaminas se usaron por la casi totalidad de los pilotos ingleses del mando de cazas durante el verano en "la batalla de Inglaterra", para intentar aguantar. Sin embargo, los síntomas psicóticos no fueron tan frecuentes (aunque tal vez se incluyesen como "fatiga de combate") al menos, repito, según los testimonios.
5. Sin embargo, los combatientes de la SGM no iban a la guerra "flipados". Por ejemplo, citas que se consumieron 70 u 80 millones de dosis de anfetaminas para el ejército inglés. Las cuentas son sencillas: son unas 300.000 dosis semanales, es decir, no bastarían ni para las supuestas necesidades (tres dosis semanales por soldado) de un ejército. Con semejantes montantes no es difícil que haya adictos, y en bastante número. Pero la adicción a anfetaminas no parece que haya sido un problema de salud pública tras la guerra (o al menos no he encontrado referencias). Hubo trastornos mentales, desde luego, pero es muy difícil atribuirlos al abuso de dichas sustancias y no a la guerra en sí.
6. Sí hubo un buen número de adictos a la morfina tras la guerra, suficientes como para que se creasen redes de producción y distribución de la sustancia. Hasta tal punto que la Nalorfina (un antagonista) fue sintetizada como una especie de "bala mágica" contra la adicción (fracasó). Y desde luego, la "morfinomanía" es bastante anterior. Basta con revisar las repetidas prohibiciones de los emperadores chinos. En el siglo XIX fue una plaga en ciertos ambientes acomodados europeos y artistas como Edgar Allan Poe, Browning o Baudelaire lo sufrieron. No hay cifras seguras, pero parece que tras la guerra de secesión norteamericana hubo cientos de miles de casos de "enfermedad del soldado" (adicción a la morfina) en Estados Unidos. En cualquier caso, nada que ver con lo que ocurrió a partir de los sesenta. Pero, insisto, al morfina no se distribuñia libremente, pero el fácil acceso era irremediable si se suministraba en los botiquines de emergencia.
7. No dudo de la peligrosidad del alcohol (ni de otras drogas). Ya dije lo terrible de sus efectos. Hasta un 10% de los niños nacidos en la antigua URSS sufren retraso mental por la adicción materna. Pero, repito, una cosa es que sea peligroso, otra cosa que fuese socialmente aceptado. La borrachera semanal ha sido una costumbre anglosajona hasta hace muy poco, y es notorio que Churchill y Stalin eran alcohólicos que consumían enormes cantidades. De hecho, Churchill parece que dio muestras de deterioro mental, directamente atribuible al alcohol, a partir de 1942 (si no antes). Pero en una sociedad donde el líder es un notorio bebedor difícilmente se puede impedir a los soldados que beban (lo que por otra parte, hacían en sus casas). En Estados Unidos además tienen esa mezcla hipócrita de alcoholismo y abstinencia, pero esa es otra.
Creo que podrás coincidir conmigo en estos aspectos. Discrepo por completo en lo de la manipulación, no discrepo en que se haya tratado de silenciar lo ocurrido. Al fin y al cabo, es justicia poética, pues fueron anglosajones los que introdujeron (por la fuerza) el opio en China, lucharon por su monopolio, y favorecieron su cultivo en Birmania. La pena es que lo pagan los de siempre, los de la calle, no los políticos que lo hicieron, ni sus familias.
Saludos