Publicado: Mié Nov 29, 2006 10:39 am
por Mikhailovna
Como decíamos ayer... :lol:

Hace unos días,estando en casa de unos amigos surgió un tema sobre comportamientos y cambio de roles. Puse como ejemplo un experimento clásico en psicología: "El Experimento de la Cárcel de Stanford", y como una tiene(a veces) una memoria a prueba de bombas, pues me acordé de ti, Jac, y de este debate nuestro sobre conductas humanas inimaginables en personas -de bien- que te lleva a plantearte qué y quiénes somos realmente.

Como decía, este experimento llevado a cabo por el psicólogo Zimbardo (una autoridad en psicología social) fue todo un hallazgo psicológico en su tiempo. Demostró como personas, aparentemente buenas, se convirtieron en auténticos sádicos cuando se les puso en un entorno propenso a ello...un entorno penitenciario.

El experimento de la prisión de Stanford demuestra lo rápidamente que las personas pueden cambiar de rol y adoptar un consenso social objetivo compartido.

Zimbardo estaba interesado en identificar los factores que llevaban a las prisiones a ser lugares violentos y degradados. Por lo tanto, simuló un entorno de prisión en los sótanos del departamento de psicología de la universidad de Stanford y reclutó voluntarios (varones) para participar en un estudio de la vida en prisión. Nueve jóvenes fueron asignados al azar al papel de prisioneros; a los otros nueve se les asignó el papel de guardianes. Aunque Zimbardo pretendía que el experimento durara dos semanas, tuvo que abandonar tras sólo cinco días puesto que aquellos a los que se les asignó el rol de guardianes se volvieron más y más agresivos y exhibieron una remarcable habilidad para atormentar, explotar y deshumanizar a los que les había tocado el rol de prisioneros. En contraste, los prisioneros se volvieron apáticos y mostraron graves problemas psicológicos.


...los nueve elegidos fueron arrestados frente a sus familias y vecinos por algunos de los otros quince seleccionados que, vestidos de policía, los esposaron y condujeron con las cabezas cubiertas a una prisión en un sótano lleno de cámaras que permitían controlar el experimento. Una vez allí, lo único que debían hacer los supuestos guardias era vigilar a los nuevos presos sin utilizar la violencia física.
Los psicólogos que habían planificado el experimento durante meses bajo las órdenes del doctor en Psicología Philip Zimbardo pudieron ver el primer evento digno de mención a los dos días de iniciado el experimento, cuando estalló un pequeño motín que fue rápidamente controlado por los guardias. A partir de ese momento las tácticas agresivas, las humillaciones y la deshumanización de los presos fueron en aumento y los psicólogos debieron recordar a los guardias que no podían utilizar la violencia. Durante las noches, cuando los guardias suponían que los psicólogos dormían, obligaron a sus prisioneros a limpiar los baños con las manos desnudas, colocaron bolsas en sus cabeza, los desnudaron y los forzaron a simular actos sexuales. Cuando estaban fuera de la prisión los guardias se comportaban normalmente, pero cuando volvían al interior molestaban constantemente a los "presos".
Quienes habían preparado el experimento estaban maravillados con la velocidad a la que obtenían resultados. Familiares de los jóvenes, un cura y varios psicólogos más se acercaron a conocer la experiencia. El crescendo continuó cadencioso hasta el quinto día, cuando la novia -también psicóloga- del director del experimento se acercó a ver cómo iba el trabajo de su pareja. Después de inspeccionar lo que ocurría allí logró, a gritos, detener todo el experimento y que se liberara a los jóvenes. Aún faltaban 9 días para que se cumplieran las dos semanas previstas de encierro y ya habían sido liberados cinco "prisioneros" debido al estrés.
Según el doctor Zimbardo, quien actualmente dirige los estudios sobre prisiones de la Universidad de Stanford, el experimento fue un éxito en cuanto a la información que se obtuvo y un fracaso al mismo tiempo, al decepcionar a todos con la condición humana. Desde entonces no se repiten pruebas de este tipo


La conclusión principal a la que llegó el doctor Zimbardo fue: "No es que hayamos puesto una manzana podrida en un buen cajón. Pusimos manzanas buenas en un cajón podrido. El cajón corrompe todo lo que toca". O por decir lo mismo de otra manera, "yo soy yo y mis circunstancias". La conclusión parece servir para desestimar la pregunta, aquí simplificada, sobre si el hombre es esencialmente malo o bueno. Al parecer el hombre puede ser ambas cosas, pero las conductas esperables de una persona pueden cambiar mucho en un entorno amigable (supongamos un concierto de música clásica) y otro en el que se premia la falta de escrúpulos (como en una cárcel). Puede parecer una extrapolación algo ingenua, pero tal vez el ejemplo sirva para comprender cómo es que las sociedades tienden cada vez más hacia el egoísmo y la competencia, probablemente porque el entorno (o las circunstancias) estimulan y premian esos comportamientos, lo que, a su vez, refuerza el sistema. Y con un país que impone los peores cajones a otros, es probable que muchas manzanas más sigan pudriéndose... y degollando.

Te pongo un par de enlaces; el segundo es todo el desarrollo del experimento paso a paso,con fotos, videos, discusiones,etc. No tiene desperdicio.

Espero que esto te aclare un poco más tus dudas...tan humanas. :wink:

Un besote fuerte.


http://es.wikipedia.org/wiki/Experiment ... e_Stanford

http://www.prisonexp.org/spanish/slide21s.htm