Publicado: Mié Nov 29, 2006 10:42 am
Por completo de acuerdo con lo que indicas. Tan sólo quisiera hacer algunos comentarios.
Por de pronto, desde lo limitado de mis conocimientos sobre psicología, discrepo con el Cpt. Miller sobre la comparación con los blindados, creo que Bitxo está mucho ma´s acertado.
Cuando uno intenta racionalizar una situación de angustia, un método muy socorrido es buscar una "escapatoria". No quiero decir con eso huir, sino algo que se pueda hacer para evitar la destrucción. Ante un tanque, ante un hoplita, siempre cabe alguna reacción: si no se le puede vencer, se podrá huir, o podrá rendirse.
Ya sé que la realidad no es así. Uno no puede huir de un tanque, y el levantar las manos muchas veces sólo sirve para facilitar la puntería al contrario. Pero no estoy hablando de hechos, sino de lo que uno piensa que podría hacer.
Hay otros casos en los que uno no puede hacer nada (al menos individualmente) pero en los que también cabe una "escapatoria". El ejemplo clásico es el combate naval. Un cualquier crucero de la época podía llevar hasta un millar de tripulantes, pero sólo unos pocos ven al enemigo, el resto está en compartimentos cerrados en los que la única información que tienen es el ruido de las explosiones o el efecto cercano de las explosiones. Pero en esos sitios, lo que sí tiene es mucho trabajo que hacer: el pañolero o el maquinista, durante un combate, tiene muchas cosas inmediatas en las que pensar.
Sin embargo, hay una situación en la que eso no es posible: la artillería. Durante un bombardeo artillero lo único que puede hacer un soldado es agazaparse y esperar a que acabe. Puede intentar esconderse mejor, pero nada más. Que la metralla le respete o no es simplemente cuestión de suerte… y de tiempo. Y, peor aún, el bombardeo probablemente seguirá de un asalto. Por testimonios que he leído, la artillería enemiga era especialmente odiada… y temida.
Los bombardeos aéreos no son sino una exageración de ese efecto. Uno no puede luchar contra un avión, no puede huir de un avión, no puede rendirse a un avión. Durante el bombardeo no puede sino esconderse y esperar a que termine. Un problema añadido de esos bombardeos es que muchas veces afectan a unidades que no estaban expuestas al fuego o, peor aún, a civiles menos habituados aún a ello. Un civil en una ciudad alemana podía esperar ser bombardeado sólo una o dos veces en toda la guerra… pero ese bombardeo sería una experiencia infernal. Y, antes o después, le tocaría.
Mi abuelo relata una experiencia de este tipo. Durante la guerra civil estaba buscando espárragos silvestres (el hambre, ya se sabe) en un campo que a veces se usaba para instrucción. Vio que llegaban aviones, y pudo refugiarse en una cueva próxima, donde el riesgo que corría era pequeño. Sin embargo, el tener que aguantar ahí el bombardeo, sacudido por las explosiones cercanas, lo describe como aterrador, mucho más que los tres o cuatro bombardeos con los que "apechugó" durante la guerra.
Ahora, algunos detalles:
- Como se ha indicado, el efecto de los bombardeos muchas veces es moral y no material. Hay un caso en el que fue el ruido el arma principal: el biplano Hs 123. Este era un avión de asalto, antecesor del Ju-87 Stuka, pero con un armamento bastante limitado: dos ametralladoras de 7,92 mm y bombas ligeras. Sin embargo, cuando volaba muy cerca del suelo, el sonido de su motor radial se "acoplaba" (es decir, se producía una interferencia positiva) provocando un ruido muy potente que parecía el fuego de una ametralladora cercana. En al menos una ocasión, en Polonia, una unidad de Hs 123 que había agotado su munición dispersó a los atacantes provocando este ruido.
- Otro ejemplo clásico de este ruido fue Normandía. Los alemanes describen como durante el día el ruido de la imponente aviación aliada sonaba como "un panal de avispas enfurecidas".
- En otras ocasiones, se buscó expresamente el efecto psicológico de las bombas. No se suele recordar que un componente muy importante de la ofensiva de bombardeos del Bomber Command fueron los bombarderos Mosquito. No me refiero a los usados para marcar el blanco (los Pathfinder) ni a la escolta de cazas nocturnos, sino a los bombarderos. Todas las noches en las que se podía volar se enviaba, además de la fuerza de bombarderos pesados, un gran número de aviones Mosquito contra otros blancos, llevando una bomba de una o dos toneladas. Se enviaban aviones aislados o, como mucho, veinte aviones contra cada blanco, pero el objetivo era, por una parte, confundir a las defensas. Pero por otra (sobre todo), el que algunos blancos fuesen atacados casi todas las noches (especialmente el Ruhr, y Berlín durante el invierno), que la alarma antiaérea interrumpiese el descanso, y que la explosión de las bombas, aparte de lso caños que causase (escasos por la mínima precisión) "recordase" a los asediados el riesgo que corrían.
- Para acabar, hubo una campaña de bombardeos con efectos morales demoledores: la de bombardeos estratégicos sorbe Japón. Tras un comienzo titubeante, a comienzos de la primavera de 1945 se lanzaron incursiones incendiarias de efectos demoledores. No sólo por los daños físicos: aunque hubo cientos de miles de víctimas, estos eran apenas una fracción de la población atacada (raramente las víctimas llegaban al 10% de la población de las zonas arrasadas). Pero los supervivientes quedaron en la miseria y sin refugio. Y los pobladores de las grandes ciudades, incluso las no atacadas, comenzaron a huir masivamente al campo, con lo que la producción industrial se hizo caótica. Al final de la guerra los norteamericanos empezaron a lanzar octavillas avisando que una ciudad sería atacada en los próximos días, y el efecto fue aún peor: los civiles comprendieron que la guerra estaba perdida (si pueden avisar es que estamos en la impotencia) y huyeron de esas ciudades. Tras las bombas atómicas la aparición de un único avión norteamericano hacía que toda la población se refugiase como podía.
Saludos
Por de pronto, desde lo limitado de mis conocimientos sobre psicología, discrepo con el Cpt. Miller sobre la comparación con los blindados, creo que Bitxo está mucho ma´s acertado.
Cuando uno intenta racionalizar una situación de angustia, un método muy socorrido es buscar una "escapatoria". No quiero decir con eso huir, sino algo que se pueda hacer para evitar la destrucción. Ante un tanque, ante un hoplita, siempre cabe alguna reacción: si no se le puede vencer, se podrá huir, o podrá rendirse.
Ya sé que la realidad no es así. Uno no puede huir de un tanque, y el levantar las manos muchas veces sólo sirve para facilitar la puntería al contrario. Pero no estoy hablando de hechos, sino de lo que uno piensa que podría hacer.
Hay otros casos en los que uno no puede hacer nada (al menos individualmente) pero en los que también cabe una "escapatoria". El ejemplo clásico es el combate naval. Un cualquier crucero de la época podía llevar hasta un millar de tripulantes, pero sólo unos pocos ven al enemigo, el resto está en compartimentos cerrados en los que la única información que tienen es el ruido de las explosiones o el efecto cercano de las explosiones. Pero en esos sitios, lo que sí tiene es mucho trabajo que hacer: el pañolero o el maquinista, durante un combate, tiene muchas cosas inmediatas en las que pensar.
Sin embargo, hay una situación en la que eso no es posible: la artillería. Durante un bombardeo artillero lo único que puede hacer un soldado es agazaparse y esperar a que acabe. Puede intentar esconderse mejor, pero nada más. Que la metralla le respete o no es simplemente cuestión de suerte… y de tiempo. Y, peor aún, el bombardeo probablemente seguirá de un asalto. Por testimonios que he leído, la artillería enemiga era especialmente odiada… y temida.
Los bombardeos aéreos no son sino una exageración de ese efecto. Uno no puede luchar contra un avión, no puede huir de un avión, no puede rendirse a un avión. Durante el bombardeo no puede sino esconderse y esperar a que termine. Un problema añadido de esos bombardeos es que muchas veces afectan a unidades que no estaban expuestas al fuego o, peor aún, a civiles menos habituados aún a ello. Un civil en una ciudad alemana podía esperar ser bombardeado sólo una o dos veces en toda la guerra… pero ese bombardeo sería una experiencia infernal. Y, antes o después, le tocaría.
Mi abuelo relata una experiencia de este tipo. Durante la guerra civil estaba buscando espárragos silvestres (el hambre, ya se sabe) en un campo que a veces se usaba para instrucción. Vio que llegaban aviones, y pudo refugiarse en una cueva próxima, donde el riesgo que corría era pequeño. Sin embargo, el tener que aguantar ahí el bombardeo, sacudido por las explosiones cercanas, lo describe como aterrador, mucho más que los tres o cuatro bombardeos con los que "apechugó" durante la guerra.
Ahora, algunos detalles:
- Como se ha indicado, el efecto de los bombardeos muchas veces es moral y no material. Hay un caso en el que fue el ruido el arma principal: el biplano Hs 123. Este era un avión de asalto, antecesor del Ju-87 Stuka, pero con un armamento bastante limitado: dos ametralladoras de 7,92 mm y bombas ligeras. Sin embargo, cuando volaba muy cerca del suelo, el sonido de su motor radial se "acoplaba" (es decir, se producía una interferencia positiva) provocando un ruido muy potente que parecía el fuego de una ametralladora cercana. En al menos una ocasión, en Polonia, una unidad de Hs 123 que había agotado su munición dispersó a los atacantes provocando este ruido.
- Otro ejemplo clásico de este ruido fue Normandía. Los alemanes describen como durante el día el ruido de la imponente aviación aliada sonaba como "un panal de avispas enfurecidas".
- En otras ocasiones, se buscó expresamente el efecto psicológico de las bombas. No se suele recordar que un componente muy importante de la ofensiva de bombardeos del Bomber Command fueron los bombarderos Mosquito. No me refiero a los usados para marcar el blanco (los Pathfinder) ni a la escolta de cazas nocturnos, sino a los bombarderos. Todas las noches en las que se podía volar se enviaba, además de la fuerza de bombarderos pesados, un gran número de aviones Mosquito contra otros blancos, llevando una bomba de una o dos toneladas. Se enviaban aviones aislados o, como mucho, veinte aviones contra cada blanco, pero el objetivo era, por una parte, confundir a las defensas. Pero por otra (sobre todo), el que algunos blancos fuesen atacados casi todas las noches (especialmente el Ruhr, y Berlín durante el invierno), que la alarma antiaérea interrumpiese el descanso, y que la explosión de las bombas, aparte de lso caños que causase (escasos por la mínima precisión) "recordase" a los asediados el riesgo que corrían.
- Para acabar, hubo una campaña de bombardeos con efectos morales demoledores: la de bombardeos estratégicos sorbe Japón. Tras un comienzo titubeante, a comienzos de la primavera de 1945 se lanzaron incursiones incendiarias de efectos demoledores. No sólo por los daños físicos: aunque hubo cientos de miles de víctimas, estos eran apenas una fracción de la población atacada (raramente las víctimas llegaban al 10% de la población de las zonas arrasadas). Pero los supervivientes quedaron en la miseria y sin refugio. Y los pobladores de las grandes ciudades, incluso las no atacadas, comenzaron a huir masivamente al campo, con lo que la producción industrial se hizo caótica. Al final de la guerra los norteamericanos empezaron a lanzar octavillas avisando que una ciudad sería atacada en los próximos días, y el efecto fue aún peor: los civiles comprendieron que la guerra estaba perdida (si pueden avisar es que estamos en la impotencia) y huyeron de esas ciudades. Tras las bombas atómicas la aparición de un único avión norteamericano hacía que toda la población se refugiase como podía.
Saludos