Publicado: Vie Jul 11, 2008 2:38 pm
por Bitxo
Prosigo con Merridale y su libro "La guerra de los ivanes". Lo siguiente refiere ya a una vez finalizada la guerra:

(...) La bebida constituiría también el principal remedio para otro dolor de carácter más universal: la conmoción y el trauma que siguieron a la guerra. Apenas hubo reconocimiento oficial en lo relativo a los efectos psicológicos de la guerra, y casi no lo hubo en absoluto en el caso concreto de la afección que hoy se conoce como transtorno por estrés postraumático. Por una parte, todo el mundo tenía pesadillas. El país entero había sufrido, incluso los niños. Para complicar aún más las cosas, aquella violencia, aunque nueva en su escala y vehemencia, no carecía de precedentes en un país que había vivido tanto la guerra civil como la represión estatal a lo largo de varias décadas. No estaba claro dónde había que trazar la línea divisioria entre la conmoción, la depresión y el agotamiento que todo el mundo sentía, y el verdadero trastorno psíquico. Los médicos seguían dejando constancia de casos de contusión, y asímismo respondían a los problemas más agudos con diagnósticos de neurosis, esquizofrenia y manía que abarrotaban los despachos de los hopitales. Pero era poco probable que se tratara a los veteranos del estrés del combate. Puede que se les diera vitaminas, y en casos extremos hasta se les podía encerrar, pero a la mayoría se les instaba a pensar en su deber y a seguir con su vida. La locura comportaba un verdadero estigma, y cualquier clase de dependencia se trataba como debilidad.

Aún así, los médicos conscientes observaban y tomaban nota de cambios que el dogma oficial era incapaz de explicar. Durante unos meses tras el final de la guerra se produjo un aumento de los problemas de tensión arterial, de los transtornos digestivos e incluso de las enfermedades coronarias; pero era fácil descartar estos transtornos como efectos universales de la vida en tiempo de guerra. Por otra parte, los hospitales de la posguerra a los que se enviaba a los pacientes resultaban tan poco acogedores, y los tratamientos tan inciertos, que a partir de 1946 el número de pacientes descendió con rapidez. (...)