Publicado: Mié Nov 02, 2011 4:47 pm
por Domper
Probando, probando

History of the Royal Navy in the 20th Century. Anthony Preston. Ed. Presidio, 1987 (1)

Las maniobras de 1921

Los experimentos efectuados en 1920 y 1921 supusieron un cambio de dirección estratégica. Hasta entonces había sido la supremacía numérica la que había determinado la superioridad naval británica, pero los grandes programas de construcción naval emprendidos por Estados Unidos y Japón significaban que la Navy no podría confiar en la superioridad numérica en el futuro. Solo la superioridad tecnológica y el adiestramiento podrían garantizar el dominio del mar.

Durante el periodo entre 1812 y 1914 la Navy acogió con entusiasmo las innovaciones técnicas: la propulsión a vapor, la nueva artillería, la telegrafía sin hilos, los acorazados monocalibre y la aviación habían encontrado un hueco en el arsenal británico. Pero esta carrera tecnológica había estado jalonada con fiascos y desastres. Los desastres del Captain, el Victoria o el Geryon pesaban sobre los hombros del Almirantazgo. Menos llamativa pero más ominosamente, los muelles estaban llenos de barcos revolucionarios cuyo desempeño bélico había sido malo o nulo. Si la Royal Navy se equivocaba al diseñar sus nuevos buques, la superioridad numérica ya no acudiría al rescate.

Jutlandia había sido el aviso: la modernísima Home Fleet, a pesar de contar con información sobre las intenciones alemanas gracias a la ruptura de sus códigos, y a disponer de aviación de reconocimiento, fue incapaz de derrotar a la inferior flota alemana, sufriendo pérdidas mucho mayores. El mismo Beatty pudo ser una víctima cuando el Lion estuvo a punto de estallar. Beatty ordenó investigar las deficiencias de sus buques, pero las exigencias de la guerra impidieron profundizar.

Las negociaciones del Tratado de Limitación de Armamentos Navales de Washington resultaron ser el fulminante. Independientemente de lo que se negociase, decenas de barcos anticuados serían desguazados. Era el momento de probar lo que funcionaba, y lo que no.

Las pruebas en buques viejos no fueron tranquilizadoras, demostrando que lo de Jutlandia no había sido un hecho aislado. Los barcos británicos eran muy vulnerables a las armas enemigas, y sería preciso emprender diseños completamente diferentes.

Por otra parte, el estudio de las fuentes alemanas sobre Jutlandia mostraba que había sido el fracaso de los proyectiles y torpedos británicos el principal factor que permitió el escape de la HSF. Esos fallos se habían debido a unas pruebas hechas con criterios economicistas, en una época en la que cada proyectil contaba en la carrera de armamentos. Ahora había montañas de munición sobrante, que el tratado dejaría sin valor ¿qué hacer con todos esos proyectiles de 305 y 343 mm?



A pesar de la salomónica decisión de Churchill sobre la aviación naval, la recién nacida RAF seguía siendo una amenaza. Hasta 1919 habían sido los cañones de la flota los que habían mantenido el Imperio. Pero la sorprendente victoria de Somalia había ilusionado al gobierno, que veía en el avión la herramienta colonial por excelencia: barata, efectiva y de fácil despliegue. Nadie tuvo en cuenta que los guerreros somalíes nunca habían visto un avión, y que posteriores campañas podrían no ser tan fáciles.

Paradójicamente, el avión podría ser lo que devolviera a la Royal Navy su papel en el control del Imperio. Si fácil era desplegar unas docenas de aviones en Irak, aun más fácil sería enviar un portaaviones, que en pocos días podría resolver cualquier crisis colonial. Parece que la sugerencia de Beatty a Churchill sobre el papel colonial de los portaaviones fue decisiva para que la Navy conservase sus aeronaves. Pero ahora habría que estudiar el papel real de los aviones en una guerra futura.



Los resultados de las pruebas no dejaban dudas: cualquier acorazado de la época era vulnerable a los proyectiles convertidos en bombas perforantes (2). Pero solo si era alcanzado. Incluso contra buques estáticos, apenas un 20% de las bombas lanzadas impactaron ¿y contra un barco navegando a toda máquina y maniobrando?

Fue la genialidad del Almirante Madden la que dio con la respuesta. Usar bombas pesadas contra un barco tripulado era inaceptable, debido al riesgo que sufriría la dotación. Podrían usarse barcos radiocontrolados, pero la técnica de la época no permitiría simular un buque real. Pero ¿era necesario usar bombas pesadas? La balística de las bombas fumígenas de 20 libras era parecida, y era improbable que un barco moderno sufriese daños graves con ellas

El defectuoso HMS Agincourt, candidato para el desguace, fue el elegido. Se desmontaron las torres y toda la superestructura salvo el puente blindado, y se añadieron planchas de blindaje en cubierta. Sobre ella se colocó una tarima de madera gruesa. El Agincourt, con una dotación reducida, podría intentar eludir los ataques aéreos.

Los primeros bombardeos resultaron un fracaso. Ninguno de los ataques efectuados por aviones aislados (aunque cada uno de ellos llevaba ocho bombas) consiguió tocarlo. En ataques en vuelo rasante, a menos de 500 pies de altura, apenas un 5% de las bombas alcanzaron al barco. Los ataques en formación fueron algo mejores, pero nunca se consiguió más de un 7% de impactos. Además, desde esa altura las bombas ni siquiera consiguieron atravesar la tarima de madera. A nadie se le escapaba que si los aviones atacantes hubiesen llevado una única bomba pesada, y se hubiesen tenido que enfrentar a fuego antiaéreo, el Agincourt hubiese escapado indemne.

Las pruebas con torpedos resultaron mejores: un 10% de los lanzados pararon bajo el buque (3), y si el ataque era con dos formaciones (en una táctica de “yunque y martillo”) se podía esperar que un de cada tres torpedos lanzados impactase. Pero los torpederos de la época eran aviones lentos y pesados, enormemente vulnerables a los cazas y a las defensas antiaéreas. El aerotorpedero podría ser la solución, pero solo a largo plazo.

El capitán Bell Davies, protagonista del primer derribo en combate, encontró la solución. Cansado de fracasos, propuso lanzar bombas desde un Buzzard en picado. Su avión solo podía llevar dos bombas de prácticas, pero bastó: la precisión pasó del 5% al 30%. Las bombas en caída vertical, además, tenían mucha más energía, y podrían perforar la cubierta blindada.

La otra gran cuestión era la capacidad de un buque moderno para defenderse de los atacantes. Las pruebas con blancos remolcados mostraron que los aviones rasantes o los torpederos eran alcanzados con facilidad ¿y los bombarderos en picado? De nuevo Bell Davies mostró la respuesta: tomó un DH.9 con un blanco remolcado y se lanzó en picado sobre el HMS Orion. La maniobra estuvo cerca de ser letal para él al no poder recuperar el picado y tener que saltar en paracaídas. Pero ni un solo proyectil tocó el blanco.

Parecía tenerse la respuesta: una combinación de bombarderos en picado y torpederos podrían hundir a cualquier buque enemigo en alta mar. Las maniobras de 1921 fueron el nacimiento del portaaviones como buque principal de las escuadras.




En esta entrega muestro los resultados de unas maniobras a lo grande en la que se probase si los aviones funcionaban o no. En esa época todas las pruebas se hicieron con blancos estáticos, por lo que los marinos pensaron que estaban “amañadas” y que sus barcos podrían escapar. Pero ¿y ante un ataque en picado? Los Buzzard no sé si picaban bien, pero los poco posteriores Curtiss Hawk lo hacían perfectamente, e inspirarían a Udet para sus bombarderos en picado.

Notas:

(1) El libro es real pero este capítulo, no.

(2) Esa conversión es una forma sencilla de fabricar bombas perforantes, y la usaron los japoneses contra los norteamericanos en Pearl Harbor.

(3) Los torpedos de prueba estaban regulados para pasar bajo el casco, y tenían aire comprimido en la cabeza para poder ser recuperados.

Saludos