Publicado: Lun Nov 14, 2011 9:31 pm
Tormenta
El Almirantazgo. 29 de Diciembre de 1936
El ministro de marina Samuel Hoare y el almirante Chatfield esperan en la sala, mientras entran el almirante Backhouse, comandante de la Home Fleet, el Almirante Sinclair, director de Inteligencia Naval, los Contraalmirantes Lyster y Ramsay, Quinto Lord del Mar y comandante de la Flota de Instrucción, y al Comodoro Fraser, director de aprovisionamiento de la flota (1).
Hoare toma la palabra – Caballeros, disculpen la urgencia, pero tenemos una grave crisis entre manos. Aunque no hemos revelado que el Southampton ha sido torpedeado, los periodistas se han enterado de alguna forma que no ha sido un accidente. En el parlamento ya ha habido una interpelación. El Primer Ministro me ha solicitado una valoración técnica del asunto, por ello me dirijo a ustedes. Ante todo, Comodoro Fraser ¿qué sabemos del Southampton?
Fraser - Sobrevivió por los pelos, y podría tratarse de una pérdida constructiva total (2). Un torpedo alcanzó al barco a la altura de la torre B. La explosión no fue demasiado potente, y los daños en primera instancia fueron moderados, pero el pañol de líquidos inflamables de agrietó e inundó la proa de gasolina de aviación. Unos segundos después se produjo la segunda explosión, seguida de un incendio de las cargas de cordita de la torre A. La proa quedó casi partida, lo sorprendente es que el barco haya sobrevivido.
Hoare – Se trataba de uno de los cruceros más modernos de la flota ¿no puede resistir un torpedo?
Fraser – No necesariamente, excelencia. Las últimas clases de cruceros de la Royal Navy se han diseñado más para su construcción en gran número que para resistir daños en combate. Con todo, pocos cruceros pueden sobrevivir a un torpedo en un pañol, y el Southampton lo ha hecho. Además los daños se produjeron a causa del combustible de aviación del hidroavión. Habrá que evaluar más detenidamente lo ocurrido, pero tendríamos que considerar desembarcar los hidroaviones de los cruceros de la flota.
Hoare – Ha hablado varias veces de un torpedo ¿tenemos la seguridad?
Chatfield – Excelencia, el Almirante Sinclair (3) nos podrá informar.
Sinclair – Excelencia, hemos interceptado comunicaciones entre un submarino italiano, el Glauco, y Supermarina, en las que se citaba el ataque al crucero republicano Libertad. Tras la noticia del ataque al Southampton Supermarina ordenó a todos sus submarinos en España la vuelta a la base, y destituyó al capitán Corvetti y al almirante Vladimiro Pini. Ha sido un accidente, y los italianos se han quedado más preocupados todavía que nosotros.
Chatfield – Después del toque del año pasado, cuando amenazamos con cerrarles el paso por Suez, parecía que entraban en razón, pero esos tipos han vuelto a las andadas. El Kaiser se dedicaba a la diplomacia del cañonero, estos se han pasado a la del torpedo…
Hoare - ¿Estos?
Sinclair - Excelencia, también ha participado la marina alemana. Uno de sus submarinos torpedeó a un submarino republicano.
Hoare – Ya veo. Bueno, tengo que presentar una propuesta al Primer Ministro Chamberlain. Pero ante todo, y para saber a que atenernos. Ya conocen los últimos acontecimientos ¿a dónde llevarán? ¿creen que habrá guerra?
Chatfield – Es lamentable pero creo que sí, que habrá guerra. Alemania, Italia y Japón son cada vez más agresivos. Cada pocos meses Hitler descubre un nuevo tratado que violar, o un vecino al que exprimir, para luego hacer promesas de ser lo suficiente. Mussolini ha intervenido ya en tres países vecinos. Y las actividades de Japón en China son todo menos benéficas. Son jugadores de cartas, cargando cada vez más la apuesta. Antes o después, alguien, o sea, nosotros, les pediremos que enseñen sus cartas. Y entonces habrá guerra.
Sinclair – Yo también lamento estar de acuerdo con el almirante. Habrá guerra, y pronto. Y creo que mis compañeros están de acuerdo – Todos asienten.
Hoare – Y ustedes ¿creen que habrá forma de evitarla?
Sinclair – Por medios pacíficos, no. Si Francia e Inglaterra cooperan y derrotan a Alemania en alguna crisis, por ejemplo en España, puede. Pero no lo aseguraría, chafarle la nariz a Mussolini no quiere decir que Japón se de por aludido. Incluso es posible que cualquier acción decidida por nuestra parte desencadenase la guerra.
Hoare – Eso me temía, y lo mismo piensan en el número 10. Temo ahora la respuesta a la pregunta ¿estamos preparados para una guerra?
Chatfield – Rotundamente, no. Las restricciones de los últimos años han menoscabado nuestra capacidad operativa. Barcos que tendrían que haber entrado en servicio hace tres o cuatro años siguen en las gradas. El entrenamiento se resiente. Tenemos pocos buques, gracias a lo de Washington. No tendríamos problemas para derrotar a Alemania o Italia, al menos, en superficie. No garantizo lo mismo con Japón. Y si la marina está mal, me temo que el ejército o la fuerza aérea estén aun peor. Nuestros colegas franceses tampoco andan bien, como vimos durante al crisis de Renania.
Hoare – Y para la marina ¿qué sería mejor? ¿desencadenar la guerra al menor pretexto, o ganar tiempo?
Chatfield – Excelencia, el Contraalmirante Lyster tiene algo que decirnos.
Lyster – Excelencia, yo recomendaría ganar tiempo. Porque creo que tenemos el arma de la victoria en nuestras manos, pero todavía no está madura.
Hoare – ¿Se refiere a los dichosos portaaviones? No quisiera tener un lío en el Parlamento como el de hace dos años.
Lyster – Me refería a ellos, excelencia. Tras las maniobras de 1934 hemos repetido ejercicios similares a menor escala. Y han sido concluyentes: por lo general, una fuerza dotada de portaaviones derrotará a quien no los tenga. Y a medida que mejora la capacidad de los aviones, la balanza se desequilibra más y más. Los acorazados siguen siendo necesarios, pero la próxima guerra, si la hay, puede ser la que vea su final.
Hoare – Ni Alemania ni Italia tienen portaaviones ¿por qué no forzar una decisión ahora?
Lyster – Porque no estamos preparados. Tenemos portaaviones, pero pocos y viejos. Los dos Ark Royal entrarán en servicio este año, pero los cuatro Illustrious se retrasarán por lo menos hasta 1939. Hasta entonces no habremos sustituido en las cubiertas los biplanos por los nuevos monoplanos de altas prestaciones. Por ello, recomendaría ganar tiempo.
Hoare – Entiendo. Y mientras ¿podríamos dar un susto a los italianos? ¿tal vez una demostración aérea?
Chatfield – No lo recomendaría. Tenemos un arma, pero nuestros rivales también pueden tenerla. Parece que sus intenciones van por construir muchos acorazados y pocos portaaviones, pero no vale la pena alertarles. Si hay que advertirles, mejor hacerlo con acorazados. Para espistar.
Hoare – Buena idea. Por otra parte, ustedes creen que habrá guerra. Siento decirles que soy de la misma opinión. Y comparto su sensación de falta de disposición. Ustedes no lo han nombrado, pero me preocupa mucho el crecimiento de las armas submarinas alemana e italiana. Si va a haber guerra, preferiría que estuviésemos preparados. Almirante Chatfield, desearía que confeccionasen un plan de rearme acelerado. Y que Dios nos asista.
Esta conversación parece muy lúcida pero ¿seguro que en 1936 no las veían venir? En esas fechas la Royal Navy inició un plan muy ambicioso de modernización, que debía incluir nada menos que nueve acorazados modernos y siete portaaviones en pocos años (y el correspondiente cortejo de cruceros, destructores y demás). Francia hizo lo mismo. A medida que la implicación alemana e italiana en España crecía, más seguros estaban los dirigentes en Francia e Inglaterra de lo que se les venía encima. Solo el recuerdo de las trincheras les hizo aferrarse a una última esperanza de paz, que en Munich se acabaría.
Notas:
(1) A Fraser lo conocemos. Es el segundo protagonista de la WWII que aparece en estas líneas.
(2) Pérdida constructiva total es cuando las averías son tan graves que no vale la pena repararlo.
(3) Tal vez sea el que hizo más por la derrota de Hitler, descontando a Churchill, Roosevelt y Stalin. Era el director de la Inteligencia Naval y del MI6, y fue quien puso en marcha, por iniciativa personal, el departamento criptográfico de Bletchley Park.
Saludos
El Almirantazgo. 29 de Diciembre de 1936
El ministro de marina Samuel Hoare y el almirante Chatfield esperan en la sala, mientras entran el almirante Backhouse, comandante de la Home Fleet, el Almirante Sinclair, director de Inteligencia Naval, los Contraalmirantes Lyster y Ramsay, Quinto Lord del Mar y comandante de la Flota de Instrucción, y al Comodoro Fraser, director de aprovisionamiento de la flota (1).
Hoare toma la palabra – Caballeros, disculpen la urgencia, pero tenemos una grave crisis entre manos. Aunque no hemos revelado que el Southampton ha sido torpedeado, los periodistas se han enterado de alguna forma que no ha sido un accidente. En el parlamento ya ha habido una interpelación. El Primer Ministro me ha solicitado una valoración técnica del asunto, por ello me dirijo a ustedes. Ante todo, Comodoro Fraser ¿qué sabemos del Southampton?
Fraser - Sobrevivió por los pelos, y podría tratarse de una pérdida constructiva total (2). Un torpedo alcanzó al barco a la altura de la torre B. La explosión no fue demasiado potente, y los daños en primera instancia fueron moderados, pero el pañol de líquidos inflamables de agrietó e inundó la proa de gasolina de aviación. Unos segundos después se produjo la segunda explosión, seguida de un incendio de las cargas de cordita de la torre A. La proa quedó casi partida, lo sorprendente es que el barco haya sobrevivido.
Hoare – Se trataba de uno de los cruceros más modernos de la flota ¿no puede resistir un torpedo?
Fraser – No necesariamente, excelencia. Las últimas clases de cruceros de la Royal Navy se han diseñado más para su construcción en gran número que para resistir daños en combate. Con todo, pocos cruceros pueden sobrevivir a un torpedo en un pañol, y el Southampton lo ha hecho. Además los daños se produjeron a causa del combustible de aviación del hidroavión. Habrá que evaluar más detenidamente lo ocurrido, pero tendríamos que considerar desembarcar los hidroaviones de los cruceros de la flota.
Hoare – Ha hablado varias veces de un torpedo ¿tenemos la seguridad?
Chatfield – Excelencia, el Almirante Sinclair (3) nos podrá informar.
Sinclair – Excelencia, hemos interceptado comunicaciones entre un submarino italiano, el Glauco, y Supermarina, en las que se citaba el ataque al crucero republicano Libertad. Tras la noticia del ataque al Southampton Supermarina ordenó a todos sus submarinos en España la vuelta a la base, y destituyó al capitán Corvetti y al almirante Vladimiro Pini. Ha sido un accidente, y los italianos se han quedado más preocupados todavía que nosotros.
Chatfield – Después del toque del año pasado, cuando amenazamos con cerrarles el paso por Suez, parecía que entraban en razón, pero esos tipos han vuelto a las andadas. El Kaiser se dedicaba a la diplomacia del cañonero, estos se han pasado a la del torpedo…
Hoare - ¿Estos?
Sinclair - Excelencia, también ha participado la marina alemana. Uno de sus submarinos torpedeó a un submarino republicano.
Hoare – Ya veo. Bueno, tengo que presentar una propuesta al Primer Ministro Chamberlain. Pero ante todo, y para saber a que atenernos. Ya conocen los últimos acontecimientos ¿a dónde llevarán? ¿creen que habrá guerra?
Chatfield – Es lamentable pero creo que sí, que habrá guerra. Alemania, Italia y Japón son cada vez más agresivos. Cada pocos meses Hitler descubre un nuevo tratado que violar, o un vecino al que exprimir, para luego hacer promesas de ser lo suficiente. Mussolini ha intervenido ya en tres países vecinos. Y las actividades de Japón en China son todo menos benéficas. Son jugadores de cartas, cargando cada vez más la apuesta. Antes o después, alguien, o sea, nosotros, les pediremos que enseñen sus cartas. Y entonces habrá guerra.
Sinclair – Yo también lamento estar de acuerdo con el almirante. Habrá guerra, y pronto. Y creo que mis compañeros están de acuerdo – Todos asienten.
Hoare – Y ustedes ¿creen que habrá forma de evitarla?
Sinclair – Por medios pacíficos, no. Si Francia e Inglaterra cooperan y derrotan a Alemania en alguna crisis, por ejemplo en España, puede. Pero no lo aseguraría, chafarle la nariz a Mussolini no quiere decir que Japón se de por aludido. Incluso es posible que cualquier acción decidida por nuestra parte desencadenase la guerra.
Hoare – Eso me temía, y lo mismo piensan en el número 10. Temo ahora la respuesta a la pregunta ¿estamos preparados para una guerra?
Chatfield – Rotundamente, no. Las restricciones de los últimos años han menoscabado nuestra capacidad operativa. Barcos que tendrían que haber entrado en servicio hace tres o cuatro años siguen en las gradas. El entrenamiento se resiente. Tenemos pocos buques, gracias a lo de Washington. No tendríamos problemas para derrotar a Alemania o Italia, al menos, en superficie. No garantizo lo mismo con Japón. Y si la marina está mal, me temo que el ejército o la fuerza aérea estén aun peor. Nuestros colegas franceses tampoco andan bien, como vimos durante al crisis de Renania.
Hoare – Y para la marina ¿qué sería mejor? ¿desencadenar la guerra al menor pretexto, o ganar tiempo?
Chatfield – Excelencia, el Contraalmirante Lyster tiene algo que decirnos.
Lyster – Excelencia, yo recomendaría ganar tiempo. Porque creo que tenemos el arma de la victoria en nuestras manos, pero todavía no está madura.
Hoare – ¿Se refiere a los dichosos portaaviones? No quisiera tener un lío en el Parlamento como el de hace dos años.
Lyster – Me refería a ellos, excelencia. Tras las maniobras de 1934 hemos repetido ejercicios similares a menor escala. Y han sido concluyentes: por lo general, una fuerza dotada de portaaviones derrotará a quien no los tenga. Y a medida que mejora la capacidad de los aviones, la balanza se desequilibra más y más. Los acorazados siguen siendo necesarios, pero la próxima guerra, si la hay, puede ser la que vea su final.
Hoare – Ni Alemania ni Italia tienen portaaviones ¿por qué no forzar una decisión ahora?
Lyster – Porque no estamos preparados. Tenemos portaaviones, pero pocos y viejos. Los dos Ark Royal entrarán en servicio este año, pero los cuatro Illustrious se retrasarán por lo menos hasta 1939. Hasta entonces no habremos sustituido en las cubiertas los biplanos por los nuevos monoplanos de altas prestaciones. Por ello, recomendaría ganar tiempo.
Hoare – Entiendo. Y mientras ¿podríamos dar un susto a los italianos? ¿tal vez una demostración aérea?
Chatfield – No lo recomendaría. Tenemos un arma, pero nuestros rivales también pueden tenerla. Parece que sus intenciones van por construir muchos acorazados y pocos portaaviones, pero no vale la pena alertarles. Si hay que advertirles, mejor hacerlo con acorazados. Para espistar.
Hoare – Buena idea. Por otra parte, ustedes creen que habrá guerra. Siento decirles que soy de la misma opinión. Y comparto su sensación de falta de disposición. Ustedes no lo han nombrado, pero me preocupa mucho el crecimiento de las armas submarinas alemana e italiana. Si va a haber guerra, preferiría que estuviésemos preparados. Almirante Chatfield, desearía que confeccionasen un plan de rearme acelerado. Y que Dios nos asista.
Esta conversación parece muy lúcida pero ¿seguro que en 1936 no las veían venir? En esas fechas la Royal Navy inició un plan muy ambicioso de modernización, que debía incluir nada menos que nueve acorazados modernos y siete portaaviones en pocos años (y el correspondiente cortejo de cruceros, destructores y demás). Francia hizo lo mismo. A medida que la implicación alemana e italiana en España crecía, más seguros estaban los dirigentes en Francia e Inglaterra de lo que se les venía encima. Solo el recuerdo de las trincheras les hizo aferrarse a una última esperanza de paz, que en Munich se acabaría.
Notas:
(1) A Fraser lo conocemos. Es el segundo protagonista de la WWII que aparece en estas líneas.
(2) Pérdida constructiva total es cuando las averías son tan graves que no vale la pena repararlo.
(3) Tal vez sea el que hizo más por la derrota de Hitler, descontando a Churchill, Roosevelt y Stalin. Era el director de la Inteligencia Naval y del MI6, y fue quien puso en marcha, por iniciativa personal, el departamento criptográfico de Bletchley Park.
Saludos