Publicado: Dom Dic 11, 2011 12:17 am
Viejas glorias
History of the Royal Navy in the 20th Century. Anthony Preston. Ed. Presidio, 1987 (1)
Las modernizaciones
El programa de expansión naval de 1937 llevó al límite la capacidad constructiva de los astilleros británicos. Aunque se construyeron nuevas gradas y se ampliaron las existentes, las instalaciones estaban sobrecargadas por los encargos de la Royal Navy. Por otra parte, los diversos ejercicios habían mostrado la vulnerabilidad de la flota a los ataques aéreos. Había necesidad urgente de buques de gran capacidad antiaérea, cuya entrega podría demorarse, por lo que se decidió la transformación de varios tipos de barcos construidos durante la década anterior.
La mayor parte de los cruceros previos a la clase County se habían diseñado para operar con la flota en acciones contra la flota alemana, por lo que aunque su armamento era respetable, la autonomía era limitada, y eran inadecuados para las misiones de control del mar (1). El casco y maquinaria de la mayoría de estos barcos estaba en buen estado, lo que los convertía en candidatos para una reconstrucción.
Como armamento se seleccionó el nuevo cañón de 4,5 pulgadas (115 mm), que suplía al de 4,7 pulgadas (120 mm) en el tiro de superficie, y al de 4 pulgadas (102 mm) como antiaéreo. Este cañón era un arma moderna, que podía cargarse en cualquier grado de elevación, al contrario que el cañón de 4’ (2), de buenas prestaciones y elevada cadencia de fuego, pero que sufrió problemas de desarrollo, especialmente en los sistemas que permitían su acople a sistemas mecánicos de control de tiro. En 1937 se habían solucionado las dificultades iniciales y la producción alcanzó buen ritmo, por lo que se decidió rearmar con él las unidades más antiguas.
Las primeras unidades en ser modernizadas fueron varios cruceros ligeros de la numerosa clase ‘C’ (3), que pasaron a formar la clase Calcutta. La urgencia hizo que la reconstrucción fuese limitada: se sustituyó el mástil de trípode de proa por uno de celosía, en el que se instalaron posteriormente radares de descubierta. Se instalaron directores de tiro de gran elevación, y el armamento fue sustituido por dos montajes simples y dos dobles de 115 mm, más 8 cañones Vickers de 40 mm (llamados pom pom) en un montaje cuádruple y en dos dobles. Entre 1937 y 1939 fueron convertidas seis unidades, que prestaron servicio de primera línea los primeros tres años de la guerra. Su uso intensivo causó gran desgaste a la maquinaria, por lo que a partir de 1943 las unidades supervivientes pasaron a la reserva o fueron transferidas a marinas aliadas. Aunque la reconstrucción no se consideró enteramente satisfactoria, la experiencia adquirida se demostró muy valiosa.
El segundo grupo de cruceros clase ‘C’ reconstruidos, la clase Colombo, aprovechó las lecciones de los barcos anteriores. Se modificó el puente aumentando su capacidad. El armamento, aunque era solo de seis cañones de 115 mm en tres montajes dobles, tenía mejores arcos de tiro. El armamento secundario se potenció, pasando a ser de 16 cañones de 40 mm. Fueron los primeros barcos en ser equipados con el nuevo cañón Bofors, que tenía mejores prestaciones que el pom pom. Estas unidades fueron más satisfactorias y sirvieron durante toda la guerra.
Para los cruceros clase Danae, mayores y más modernos que los anteriores, se disponía de la nueva versión del 115 mm, en torres semiautomáticas cerradas. Los barcos fueron completamente transformados, sustituyendo su maquinaria, instalando nuevas superestructuras, y el armamento pasó a ser de ocho cañones de 115 mm en cuatro torres dobles y doce Vickers de 40 mm en montajes cuádruples. Aunque la línea de estos barcos resultó muy moderna, similar a los cruceros antiaéreos clase Dido que se construían simultáneamente, los pesos altos afectaron a la estabilidad, como demostró la pérdida del Dunedin tras ser torpedeado, por lo que se les añadió un bulge y 600 tn de lastre. Su velocidad quedó limitada a 25 – 27 nudos y quedaron relegados a la escolta de acorazados lentos, convoyes y fuerzas anfibias.
Los cruceros pesados de la clase Hawkins habían sido diseñados para el control de los mares, pero su armamento estaba obsoleto. Su reconversión en la línea de los cruceros clase Town resultaría demasiado costosa. Debido a la necesidad de disponer de más aviación naval se les transformó en portahidroaviones, instalando catapultas a popa. El armamento quedó reducido a ocho cañones de 115 mm, en montajes abiertos simples y dobles. Estos cruceros se destinaron a la caza de corsarios alemanes, para lo que usaban sus aviones: una vez detectados tenían que ser destruidos por otros buques, como ocurrió con el Graf Spee y el Penguin. En 1943 esta amenaza había desaparecido, por lo que se desembarcaron grúas y catapultas y se instaló armamento antiaéreo adicional, con el que protegieron las invasiones en aguas europeas. En 1944 las unidades supervivientes pasaron a la reserva.
El resultado de todas estas reformas fue cuestionado en los años siguientes: a pesar de los recursos empleados, eran barcos viejos que sufrieron graves pérdidas en los años siguientes. Además mientras duraban las obras hubo un importante déficit de cruceros, que se agravó especialmente tras la derrota francesa, y que permitió a los corsarios alemanes conseguir grandes éxitos en 1940 y 1941.
Posteriormente estas conversiones han sido mejor valoradas. Durante los primeros años de la guerra fueron las victorias aeronavales conseguidas por los portaaviones británicos los que mantuvieron la moral inglesa, y se cree que fueron posibles gracias a la gran potencia de la defensa antiaérea de la flota. En palabras del famoso piloto de torpederos italianos Buscaglia, “por culpa de los antiaéreos ingleses la Regia Aeronautica no tiene pilotos veteranos: pasan de alumnos a héroes”.
Como en otras entregas, el libro es real pero el texto es inventado.
La cuestión que se plantea aquí es la modernización, un aspecto sobre el que no hay consenso: aunque una unidad modernizada tiene capacidad de combate comparable con una nueva, el precio de la reconstrucción puede suponer dos tercios del de una nueva. Y siguen siendo unidades viejas con pocos años por delante. Por ejemplo, cuando el ejército español remotorizó los tanques M47 se encontró con que aparecían grietas en la barcaza.
En los barcos, los años de navegación afectan al casco. Además sus máquinas suelen tener consumo alto y escasa fiabilidad. Sustituirlas es muy complejo, sobre todo si el barco tiene cubierta blindada. En la práctica, la experiencia con las modernizaciones suele ser desfavorable, tanto que las marinas “pudientes” como la norteamericana no suelen emprenderlas, sino que sustituyen el barco.
Hay excepciones. Una, la de los barcos con gran valor cuya sustitución sería carísima: portaaviones o acorazados. Otra, cuando un cambio tecnológico deja obsoleta a una unidad bastante moderna: tras la aparición de los misiles antiaéreos se rearmó con ellos a bastantes barcos. También es frecuente que se añada a toda prisa equipos sencillos pero que aumentan mucho la capacidad del barco: radares y sistemas electrónicos, armamento antiaéreo adicional. También se da el caso del del barco que ha sufrido tan graves daños que va a tener que ser reconstruido, y se hace con un diseño más moderno. Y, claro está, las emergencias son las emergencias, de ahí las modificaciones a toda prisa efectuadas durante la SGM o durante la guerra fría.
En los treinta hubo otro factor: las limitaciones de los tratados navales que prohibían botar nuevos acorazados y que permitían las modernizaciones. Por ello muchos acorazados de la Gran Guerra sufrieron reformas que en algunos casos fueron reconstrucciones completas (los Cavour italianos o los Kongo japoneses). El resultado no fue bueno, pues costaron casi tanto como construir un barco nuevo, para obtener resultados mediocres. La Royal Navy modernizó unos cuantos de sus acorazados, y probablemente se arrepintió de ello.
Un factor más fue que en el rearme febril de finales de los treinta los astilleros estaban saturados, y había bastantes barcos antiguos a los que les quedaban varios años de vida. La Royal Navy había planeado reconstruir casi todos sus cruceros antiguos (el London de la clase County hizo de prototipo) pero el comienzo de la guerra hizo que solo unos pocos fuesen modernizados. Durante la guerra bastantes de los cruceros de la numerosa clase ‘C’ de la guerra anterior fueron modificados como antiaéreos. Las obras fueron limitadas: cambiar los cañones de 152 mm por otros de 102 mm (que como antiaéreo era medianejo) en montajes simples, poner direcciones de tiro de gran elevación, plantarles algunos pom pom, y radar cuando lo hubo. Hicieron un buen papel, pero sin olvidar que la capacidad antiaérea (real) de estos barcos era apenas superior a la de un destructor de la US Navy. De los Danae, solo el Delhi fue reconstruido (con armas americanas) tras ser dañado en combate.
En este escenario se dispone de un cañón mejor, y hay urgencia por tener armamento antiaéreo. Hay más fondos (no se han modernizado apenas los acorazados) y los astilleros están hasta la bandera, luego… No se pueden esperar maravillas de estos barcos, pero un Danae reconvertido (como los que presento) sí tiene algo que decir.
Notas:
(1) Por “dominio del mar” se refiere a la escolta de convoyes, patrulla en busca de corsarios, etcétera. Hasta la Gran Guerra esa misión, que requiere gran autonomía (y por tanto, gran tamaño), la habían desempeñado los cruceros acorazados. Durante la guerra se construyeron los Hawkins para eso, finalmente (en la realidad) los cruceros pesados más antiguos, y algunos pocos de los ligeros, se destinaron a esa misión.
(2) El cañón de 102 mm, que en la realidad era el arma antiaérea principal de cruceros y destructores hasta mediados de la guerra, podía elevarse hasta 70º, pero solo podía cargarse en elevación de hasta 50º, lo que disminuía la cadencia de tiro. Durante la guerra se desarrolló un montaje más adecuado, pero demasiado tarde como para instalarlo en muchos buques.
(3) Se trataba (en la realidad) de una numerosa clase de cruceros, construidos a partir de 1914. Había cuatro subseries. Todos los supervivientes de la primera subserie habían sido retirados (en la realidad). De los otros, parte fueron convertidos en antiaéreos con el cañón de 102 mm. Usados sobre todo en el Mediterráneo y en el Atlántico, se perdieron varias unidades sobre todo por ataques aéreos.
Saludos
History of the Royal Navy in the 20th Century. Anthony Preston. Ed. Presidio, 1987 (1)
Las modernizaciones
El programa de expansión naval de 1937 llevó al límite la capacidad constructiva de los astilleros británicos. Aunque se construyeron nuevas gradas y se ampliaron las existentes, las instalaciones estaban sobrecargadas por los encargos de la Royal Navy. Por otra parte, los diversos ejercicios habían mostrado la vulnerabilidad de la flota a los ataques aéreos. Había necesidad urgente de buques de gran capacidad antiaérea, cuya entrega podría demorarse, por lo que se decidió la transformación de varios tipos de barcos construidos durante la década anterior.
La mayor parte de los cruceros previos a la clase County se habían diseñado para operar con la flota en acciones contra la flota alemana, por lo que aunque su armamento era respetable, la autonomía era limitada, y eran inadecuados para las misiones de control del mar (1). El casco y maquinaria de la mayoría de estos barcos estaba en buen estado, lo que los convertía en candidatos para una reconstrucción.
Como armamento se seleccionó el nuevo cañón de 4,5 pulgadas (115 mm), que suplía al de 4,7 pulgadas (120 mm) en el tiro de superficie, y al de 4 pulgadas (102 mm) como antiaéreo. Este cañón era un arma moderna, que podía cargarse en cualquier grado de elevación, al contrario que el cañón de 4’ (2), de buenas prestaciones y elevada cadencia de fuego, pero que sufrió problemas de desarrollo, especialmente en los sistemas que permitían su acople a sistemas mecánicos de control de tiro. En 1937 se habían solucionado las dificultades iniciales y la producción alcanzó buen ritmo, por lo que se decidió rearmar con él las unidades más antiguas.
Las primeras unidades en ser modernizadas fueron varios cruceros ligeros de la numerosa clase ‘C’ (3), que pasaron a formar la clase Calcutta. La urgencia hizo que la reconstrucción fuese limitada: se sustituyó el mástil de trípode de proa por uno de celosía, en el que se instalaron posteriormente radares de descubierta. Se instalaron directores de tiro de gran elevación, y el armamento fue sustituido por dos montajes simples y dos dobles de 115 mm, más 8 cañones Vickers de 40 mm (llamados pom pom) en un montaje cuádruple y en dos dobles. Entre 1937 y 1939 fueron convertidas seis unidades, que prestaron servicio de primera línea los primeros tres años de la guerra. Su uso intensivo causó gran desgaste a la maquinaria, por lo que a partir de 1943 las unidades supervivientes pasaron a la reserva o fueron transferidas a marinas aliadas. Aunque la reconstrucción no se consideró enteramente satisfactoria, la experiencia adquirida se demostró muy valiosa.
El segundo grupo de cruceros clase ‘C’ reconstruidos, la clase Colombo, aprovechó las lecciones de los barcos anteriores. Se modificó el puente aumentando su capacidad. El armamento, aunque era solo de seis cañones de 115 mm en tres montajes dobles, tenía mejores arcos de tiro. El armamento secundario se potenció, pasando a ser de 16 cañones de 40 mm. Fueron los primeros barcos en ser equipados con el nuevo cañón Bofors, que tenía mejores prestaciones que el pom pom. Estas unidades fueron más satisfactorias y sirvieron durante toda la guerra.
Para los cruceros clase Danae, mayores y más modernos que los anteriores, se disponía de la nueva versión del 115 mm, en torres semiautomáticas cerradas. Los barcos fueron completamente transformados, sustituyendo su maquinaria, instalando nuevas superestructuras, y el armamento pasó a ser de ocho cañones de 115 mm en cuatro torres dobles y doce Vickers de 40 mm en montajes cuádruples. Aunque la línea de estos barcos resultó muy moderna, similar a los cruceros antiaéreos clase Dido que se construían simultáneamente, los pesos altos afectaron a la estabilidad, como demostró la pérdida del Dunedin tras ser torpedeado, por lo que se les añadió un bulge y 600 tn de lastre. Su velocidad quedó limitada a 25 – 27 nudos y quedaron relegados a la escolta de acorazados lentos, convoyes y fuerzas anfibias.
Los cruceros pesados de la clase Hawkins habían sido diseñados para el control de los mares, pero su armamento estaba obsoleto. Su reconversión en la línea de los cruceros clase Town resultaría demasiado costosa. Debido a la necesidad de disponer de más aviación naval se les transformó en portahidroaviones, instalando catapultas a popa. El armamento quedó reducido a ocho cañones de 115 mm, en montajes abiertos simples y dobles. Estos cruceros se destinaron a la caza de corsarios alemanes, para lo que usaban sus aviones: una vez detectados tenían que ser destruidos por otros buques, como ocurrió con el Graf Spee y el Penguin. En 1943 esta amenaza había desaparecido, por lo que se desembarcaron grúas y catapultas y se instaló armamento antiaéreo adicional, con el que protegieron las invasiones en aguas europeas. En 1944 las unidades supervivientes pasaron a la reserva.
El resultado de todas estas reformas fue cuestionado en los años siguientes: a pesar de los recursos empleados, eran barcos viejos que sufrieron graves pérdidas en los años siguientes. Además mientras duraban las obras hubo un importante déficit de cruceros, que se agravó especialmente tras la derrota francesa, y que permitió a los corsarios alemanes conseguir grandes éxitos en 1940 y 1941.
Posteriormente estas conversiones han sido mejor valoradas. Durante los primeros años de la guerra fueron las victorias aeronavales conseguidas por los portaaviones británicos los que mantuvieron la moral inglesa, y se cree que fueron posibles gracias a la gran potencia de la defensa antiaérea de la flota. En palabras del famoso piloto de torpederos italianos Buscaglia, “por culpa de los antiaéreos ingleses la Regia Aeronautica no tiene pilotos veteranos: pasan de alumnos a héroes”.
Como en otras entregas, el libro es real pero el texto es inventado.
La cuestión que se plantea aquí es la modernización, un aspecto sobre el que no hay consenso: aunque una unidad modernizada tiene capacidad de combate comparable con una nueva, el precio de la reconstrucción puede suponer dos tercios del de una nueva. Y siguen siendo unidades viejas con pocos años por delante. Por ejemplo, cuando el ejército español remotorizó los tanques M47 se encontró con que aparecían grietas en la barcaza.
En los barcos, los años de navegación afectan al casco. Además sus máquinas suelen tener consumo alto y escasa fiabilidad. Sustituirlas es muy complejo, sobre todo si el barco tiene cubierta blindada. En la práctica, la experiencia con las modernizaciones suele ser desfavorable, tanto que las marinas “pudientes” como la norteamericana no suelen emprenderlas, sino que sustituyen el barco.
Hay excepciones. Una, la de los barcos con gran valor cuya sustitución sería carísima: portaaviones o acorazados. Otra, cuando un cambio tecnológico deja obsoleta a una unidad bastante moderna: tras la aparición de los misiles antiaéreos se rearmó con ellos a bastantes barcos. También es frecuente que se añada a toda prisa equipos sencillos pero que aumentan mucho la capacidad del barco: radares y sistemas electrónicos, armamento antiaéreo adicional. También se da el caso del del barco que ha sufrido tan graves daños que va a tener que ser reconstruido, y se hace con un diseño más moderno. Y, claro está, las emergencias son las emergencias, de ahí las modificaciones a toda prisa efectuadas durante la SGM o durante la guerra fría.
En los treinta hubo otro factor: las limitaciones de los tratados navales que prohibían botar nuevos acorazados y que permitían las modernizaciones. Por ello muchos acorazados de la Gran Guerra sufrieron reformas que en algunos casos fueron reconstrucciones completas (los Cavour italianos o los Kongo japoneses). El resultado no fue bueno, pues costaron casi tanto como construir un barco nuevo, para obtener resultados mediocres. La Royal Navy modernizó unos cuantos de sus acorazados, y probablemente se arrepintió de ello.
Un factor más fue que en el rearme febril de finales de los treinta los astilleros estaban saturados, y había bastantes barcos antiguos a los que les quedaban varios años de vida. La Royal Navy había planeado reconstruir casi todos sus cruceros antiguos (el London de la clase County hizo de prototipo) pero el comienzo de la guerra hizo que solo unos pocos fuesen modernizados. Durante la guerra bastantes de los cruceros de la numerosa clase ‘C’ de la guerra anterior fueron modificados como antiaéreos. Las obras fueron limitadas: cambiar los cañones de 152 mm por otros de 102 mm (que como antiaéreo era medianejo) en montajes simples, poner direcciones de tiro de gran elevación, plantarles algunos pom pom, y radar cuando lo hubo. Hicieron un buen papel, pero sin olvidar que la capacidad antiaérea (real) de estos barcos era apenas superior a la de un destructor de la US Navy. De los Danae, solo el Delhi fue reconstruido (con armas americanas) tras ser dañado en combate.
En este escenario se dispone de un cañón mejor, y hay urgencia por tener armamento antiaéreo. Hay más fondos (no se han modernizado apenas los acorazados) y los astilleros están hasta la bandera, luego… No se pueden esperar maravillas de estos barcos, pero un Danae reconvertido (como los que presento) sí tiene algo que decir.
Notas:
(1) Por “dominio del mar” se refiere a la escolta de convoyes, patrulla en busca de corsarios, etcétera. Hasta la Gran Guerra esa misión, que requiere gran autonomía (y por tanto, gran tamaño), la habían desempeñado los cruceros acorazados. Durante la guerra se construyeron los Hawkins para eso, finalmente (en la realidad) los cruceros pesados más antiguos, y algunos pocos de los ligeros, se destinaron a esa misión.
(2) El cañón de 102 mm, que en la realidad era el arma antiaérea principal de cruceros y destructores hasta mediados de la guerra, podía elevarse hasta 70º, pero solo podía cargarse en elevación de hasta 50º, lo que disminuía la cadencia de tiro. Durante la guerra se desarrolló un montaje más adecuado, pero demasiado tarde como para instalarlo en muchos buques.
(3) Se trataba (en la realidad) de una numerosa clase de cruceros, construidos a partir de 1914. Había cuatro subseries. Todos los supervivientes de la primera subserie habían sido retirados (en la realidad). De los otros, parte fueron convertidos en antiaéreos con el cañón de 102 mm. Usados sobre todo en el Mediterráneo y en el Atlántico, se perdieron varias unidades sobre todo por ataques aéreos.
Saludos