Publicado: Dom Dic 11, 2011 12:24 am
Al borde del abismo II
Reunión en el Almirantazgo; 13 de Diciembre de 1938
- Caballeros, gracias por quedarse – dice Backhouse – Ustedes tienen experiencia en el Mediterráneo. Nuestra estrategia en el Mar del Norte no permite muchas opciones: bloquear a Alemania, cazar a sus submarinos (1) y proteger las vías de comunicación. Pero el Mediterráneo es un problema diferente. Vicealmirante Cunningham, le encargué que estudiase la situación ¿ha llegado a alguna conclusión?
- He considerado varios escenarios, según nos enfrentemos a los italianos junto con lso franceses, o solos. Y he considerado que gran parte de nuestra flota sería retenida en otros escenarios: el Mar del Norte, el Atlántico y el Extremo Oriente.
- Correcto – dice Backhouse – Italia no irá a la guerra por su cuenta, y no se puede descartar una intervención japonesa. Pero ¿qué le preocupa de Francia? ¿cree que los alemanes serán capaces de derrotarla?
- No lo creo. De lo que no me fío es de los vaivenes de su política. Ahora mismo su gobierno del Frente Popular está en la cuerda floja. Y, por absurdo que parezca, no descartaría que llegasen a la guerra civil (2). Si hubiese una guerra civil en Francia, en la que nos viésemos implicados, no podríamos contar ni con la flota francesa, ni con sus bases.
- Eso sería una catástrofe. La flota francesa es tan potente como la italiana (3). Si no podemos contar con ella, tendríamos que dedicar grandes recursos al Mediterráneo. Y se alineasen las flotas italiana, francesa y alemana, nos enfrentaríamos a un gravísimo problema – responde Backhouse.
El ánimo de la reunión se hizo aun más sombrío – Está hablando de la vuelta a los tiempos de Napoleón, el Reino Unido contra el mundo – dice Pound (4).
- Eso mismo, pero con una gran diferencia: en 1805 nuestra flota duplicaba a todas las marinas del mundo juntas. Hoy estaría en inferioridad – responde Cunningham.
Pound está pálido – en ese caso, nuestra mejor estrategia sería abandonar el Mediterráneo, que no es vital para nuestros intereses, y concentrarnos en el Mar del Norte.
Ahora es Fraser el que cambia de color, pero no palidece sino que se acalora – Almirante ¿está diciendo que debemos rendirnos sin combatir? Abandonar el Mediterráneo es dejar a los Balcanes, a Grecia y a Turquía a su suerte. La revuelta árabe de Palestina se extendería a todo Oriente Medio. Incluso peligraría nuestra posición en la India…
Pound responde – Antes nuestra patria que las colonias ¿de qué sirve conservar Suez si perdemos Londres?
- Perdiendo Suez es como perderemos Londres – contesta Fraser.
- Caballeros, serénense – interrumpe Backhouse – Dejemos al almirante Cunningham que siga exponiendo la situación.
- Como les decía, he estado considerando diferentes escenarios. Pero permítanme que les resuma el problema italiano. Su posición central divide el Mediterráneo en dos, y en cada mitad sus intereses son diferentes. En esta región su principal interés, a parte de asegurar sus costas, es mantener la comunicación con España, al menos mientras dure la guerra. Parece muy improbable que puedan conseguirlo dada la cercanía de las bases francesas, y nuestra superioridad local. Por tanto, lo correcto sería que abandonasen a los franquistas, y simplemente, se defendiesen. Porque para Italia, lo primordial es el Mediterráneo Oriental. Italia se haya enredada en los Balcanes desde la anterior guerra. Además, tiene su colonia libia, desde la que puede amenazar nuestra posición en Egipto y Suez. Por ello creo que lo correcto sería mantenerse a la defensiva en occidente, basándose en aviación y en fuerzas ligeras, y en Oriente mantener sus comunicaciones con Libia. Desde allí podrían expulsarnos de Egipto. Una vez controlasen Suez, podrían volverse contra nosotros en el Mediterráneo Occidental.
- Luego en este escenario, el problema es Egipto – comenta Backhouse - ¿Y qué podríamos hacer nosotros?
- Si contamos con Francia – responde Cunningham – lo mejor sería dejarles a ellos el Mediterráneo Occidental, simplemente apoyarles desde Gibraltar. Y concentrar nuestra fuerza en el Mediterráneo Oriental. En él, conseguir la superioridad y cortar sus comunicaciones con Libia.
Pound interviene – lo de cortar las comunicaciones está muy bien pero ¿Cómo piensa hacerlo? Italia dispondrá de cinco o seis acorazados en poco tiempo, y su base principal, Tarento, está a pie de obra.
Cunningham responde –Malta y Bizerta están todavía más cerca.
- Ya ha visto lo que han hecho los italianos en Barcelona. Si hay guerra, la aviación italiana aplastará las bases. Y detrás llegarán sus acorazados, y su enorme ejército libio.
- Poco confía en nuestras fuerzas – insiste Cunningham.
- Sir Dudley, por favor, deje seguir Cunningham – interviene Backhouse.
- Como les decía, esa podría ser nuestra estrategia si Francia está con nosotros. Pero si no es así, la situación se hace crítica. La posición central italiana les permitiría combatir con nosotros en el Mediterráneo Occindental o en el Oriental, según prefiriesen. Para conseguir simplemente la paridad, habría que destinar dos tercios de nuestra fuerza al Mediterráneo, y eso significa desproteger Inglaterra. Y si Francia se une a Italia, conseguirán una superioridad abrumadora. En ese caso, lo más que podremos hacer es cerrar las salidas del Mediterráneo, e intentar atacar sus comunicaciones, sobre todo con submarinos. Y rezar para que el previsible ataque a Egipto fracase. Peor aun sería lo de Gibraltar, esa base solo tiene utilidad si España no interfiere.
Dudley repite – Luego nuestra situación es insostenible, y lo mejor sería retirarse.
- No necesariamente – responde Cunningham – Esa situación solo se produciría si la flota italiana domina el mar, especialmente si se une a la francesa. Pero si la derrotamos, serían ellos los que se encontrarían en el disparadero: sus operaciones dependen de líneas marítimas que podríamos cortar.
- Con mantenerse dentro del radio de acción de sus aviones, les bastaría – dice Pound.
- Sir Dudley, por favor, deje seguir al vicealmirante.
- Gracias. Por tanto, incluso en el peor de los escenarios, nuestros problemas se aliviarían si derrotamos a la flota italiana. El problema es como hacerlo. Porque no creo que se pongan a tiro de nuestros cañones, y si lo hacen será con superioridad local. Pero hay otra opción que, si no les importa, les explicará el comodoro Fraser.
Toma la palabra Fraser – Gracias, vicealmirante. El Almirante Pound nos ha estado recordando la potencia de la aviación italiana, pero ha olvidado que nosotros también tenemos aviación.
- Mucho menos numerosa – interrumpe Pound.
- Menos numerosa, pero moderna, y que acompaña a nuestra flota. Aunque sus acorazados se refugien en sus aguas, no pueden escapar de nuestros aviones. Tras una conversación con el almirante Lykes, que estuvo destinado en Tarento en al anterior guerra, he estado planeando un ataque con nuestros portaaviones a la flota italiana.
- ¿Y qué piensa hacer con sus cazas? – Insiste Pound.
- Fácil: concentrar nuestra flota. Si reunimos cuatro portaaviones, y atacamos, dispondríamos de superioridad. Podríamos conseguir la sorpresa si nos acercamos y atacamos de noche. Dependiendo de los resultados se podría rematar al día siguiente a los barcos supervivientes. Y lo mismo podríamos hacer con la flota francesa.
- Luego propone asignar cuatro portaaviones al Mediterráneo – dice Pound – Serán bienvenidos, pero si se les necesita en casa, tardarán dos o tres meses en volver.
- Salvo si mantenemos la libertad de navegación en el estrecho de Sicilia. Y eso significa conservar Malta.
- Malta es indefendible – salta Pound.
- ¿Está seguro? Si situamos unas decenas de cazas en la isla, podríamos causarles muchos problemas. Ya hemos visto las dificultades que han tenido en España en cuanto tenían oposición.
- Eso lo dice usted. Avión en Malta, avión perdido.
- En el peor de los casos, habremos perdido unas docenas de aviones. Apenas la dotación de un portaaviones. En el mejor, derrotaremos a los italianos y les pondremos contra las cuerdas ¿no vale la pena arriesgarse?
Cansado de las discusiones, Backhouse interrumpe de nuevo – Gracias, caballeros. Aun con las objeciones del almirante Pound, el plan presentado por Cunningham y Fraser parece bastante mejor que simplemente retirarse. Seguiremos estudiándolo pero, por ahora, ordenaré reforzar las defensas de Malta.
El ataque a Tarento se había gestado ya durante la crisis de Abisinia. En este caso, simplemente se concreta. Pero con dos diferencias: hay muchos más portaaviones disponibles, con mejores aviones, y se decide defender Malta. En la realidad, lo de Malta quedó un poco en el aire, porque se enviaron muchos cañones antiaéreos (muy necesarios en Londres) pero no aviones. Claro que eso dependía de la RAF, con mentalidad terrestre.
Notas:
(1) En esa época se pensaba que los portaaviones y los barcos de escolta debían salir a perseguir a los submarinos enemigos. Eso costaría la pérdida del Courageous (el Ark Royal se libró por los pelos) en Septiembre del 39.
(2) Real. La situación política en la Francia de los treinta era crítica. No tanto como la española, pero el gobierno de izquierdas había tomado decisiones que fueron muy contestadas. La mejor prueba, el amplio apoyo que tuvo Petain al principio. Aparte, en esa época hubo suficientes insurrecciones, golpes de estado y demás (no en Francia) como para no fiarse de alianzas.
(3) Eran casi calcos: el mismo número de acorazados, de acorazados modernos, de cruceros, destructores, etcétera.
(4) Sir Dudley Pound, al mando de la flota del Mediterráneo y que posteriormente ocupó el puesto de Primer Lord del Mar tras la muerte de Backhouse por un tumor cerebral. La actuaciónd e Pound durante la guerra fue muy criticada y, salvo porque se enfrentó a Churchill con lo del Báltico, se considera que fue demasiado acomodaticio. Por otra parte, la enfermedad de Backhouse hizo que el vicealmirante Cunningham, que tras su ascenso solo ocupaba puestos burocráticos, adquiriese protagonismo.
Reunión en el Almirantazgo; 13 de Diciembre de 1938
- Caballeros, gracias por quedarse – dice Backhouse – Ustedes tienen experiencia en el Mediterráneo. Nuestra estrategia en el Mar del Norte no permite muchas opciones: bloquear a Alemania, cazar a sus submarinos (1) y proteger las vías de comunicación. Pero el Mediterráneo es un problema diferente. Vicealmirante Cunningham, le encargué que estudiase la situación ¿ha llegado a alguna conclusión?
- He considerado varios escenarios, según nos enfrentemos a los italianos junto con lso franceses, o solos. Y he considerado que gran parte de nuestra flota sería retenida en otros escenarios: el Mar del Norte, el Atlántico y el Extremo Oriente.
- Correcto – dice Backhouse – Italia no irá a la guerra por su cuenta, y no se puede descartar una intervención japonesa. Pero ¿qué le preocupa de Francia? ¿cree que los alemanes serán capaces de derrotarla?
- No lo creo. De lo que no me fío es de los vaivenes de su política. Ahora mismo su gobierno del Frente Popular está en la cuerda floja. Y, por absurdo que parezca, no descartaría que llegasen a la guerra civil (2). Si hubiese una guerra civil en Francia, en la que nos viésemos implicados, no podríamos contar ni con la flota francesa, ni con sus bases.
- Eso sería una catástrofe. La flota francesa es tan potente como la italiana (3). Si no podemos contar con ella, tendríamos que dedicar grandes recursos al Mediterráneo. Y se alineasen las flotas italiana, francesa y alemana, nos enfrentaríamos a un gravísimo problema – responde Backhouse.
El ánimo de la reunión se hizo aun más sombrío – Está hablando de la vuelta a los tiempos de Napoleón, el Reino Unido contra el mundo – dice Pound (4).
- Eso mismo, pero con una gran diferencia: en 1805 nuestra flota duplicaba a todas las marinas del mundo juntas. Hoy estaría en inferioridad – responde Cunningham.
Pound está pálido – en ese caso, nuestra mejor estrategia sería abandonar el Mediterráneo, que no es vital para nuestros intereses, y concentrarnos en el Mar del Norte.
Ahora es Fraser el que cambia de color, pero no palidece sino que se acalora – Almirante ¿está diciendo que debemos rendirnos sin combatir? Abandonar el Mediterráneo es dejar a los Balcanes, a Grecia y a Turquía a su suerte. La revuelta árabe de Palestina se extendería a todo Oriente Medio. Incluso peligraría nuestra posición en la India…
Pound responde – Antes nuestra patria que las colonias ¿de qué sirve conservar Suez si perdemos Londres?
- Perdiendo Suez es como perderemos Londres – contesta Fraser.
- Caballeros, serénense – interrumpe Backhouse – Dejemos al almirante Cunningham que siga exponiendo la situación.
- Como les decía, he estado considerando diferentes escenarios. Pero permítanme que les resuma el problema italiano. Su posición central divide el Mediterráneo en dos, y en cada mitad sus intereses son diferentes. En esta región su principal interés, a parte de asegurar sus costas, es mantener la comunicación con España, al menos mientras dure la guerra. Parece muy improbable que puedan conseguirlo dada la cercanía de las bases francesas, y nuestra superioridad local. Por tanto, lo correcto sería que abandonasen a los franquistas, y simplemente, se defendiesen. Porque para Italia, lo primordial es el Mediterráneo Oriental. Italia se haya enredada en los Balcanes desde la anterior guerra. Además, tiene su colonia libia, desde la que puede amenazar nuestra posición en Egipto y Suez. Por ello creo que lo correcto sería mantenerse a la defensiva en occidente, basándose en aviación y en fuerzas ligeras, y en Oriente mantener sus comunicaciones con Libia. Desde allí podrían expulsarnos de Egipto. Una vez controlasen Suez, podrían volverse contra nosotros en el Mediterráneo Occidental.
- Luego en este escenario, el problema es Egipto – comenta Backhouse - ¿Y qué podríamos hacer nosotros?
- Si contamos con Francia – responde Cunningham – lo mejor sería dejarles a ellos el Mediterráneo Occidental, simplemente apoyarles desde Gibraltar. Y concentrar nuestra fuerza en el Mediterráneo Oriental. En él, conseguir la superioridad y cortar sus comunicaciones con Libia.
Pound interviene – lo de cortar las comunicaciones está muy bien pero ¿Cómo piensa hacerlo? Italia dispondrá de cinco o seis acorazados en poco tiempo, y su base principal, Tarento, está a pie de obra.
Cunningham responde –Malta y Bizerta están todavía más cerca.
- Ya ha visto lo que han hecho los italianos en Barcelona. Si hay guerra, la aviación italiana aplastará las bases. Y detrás llegarán sus acorazados, y su enorme ejército libio.
- Poco confía en nuestras fuerzas – insiste Cunningham.
- Sir Dudley, por favor, deje seguir Cunningham – interviene Backhouse.
- Como les decía, esa podría ser nuestra estrategia si Francia está con nosotros. Pero si no es así, la situación se hace crítica. La posición central italiana les permitiría combatir con nosotros en el Mediterráneo Occindental o en el Oriental, según prefiriesen. Para conseguir simplemente la paridad, habría que destinar dos tercios de nuestra fuerza al Mediterráneo, y eso significa desproteger Inglaterra. Y si Francia se une a Italia, conseguirán una superioridad abrumadora. En ese caso, lo más que podremos hacer es cerrar las salidas del Mediterráneo, e intentar atacar sus comunicaciones, sobre todo con submarinos. Y rezar para que el previsible ataque a Egipto fracase. Peor aun sería lo de Gibraltar, esa base solo tiene utilidad si España no interfiere.
Dudley repite – Luego nuestra situación es insostenible, y lo mejor sería retirarse.
- No necesariamente – responde Cunningham – Esa situación solo se produciría si la flota italiana domina el mar, especialmente si se une a la francesa. Pero si la derrotamos, serían ellos los que se encontrarían en el disparadero: sus operaciones dependen de líneas marítimas que podríamos cortar.
- Con mantenerse dentro del radio de acción de sus aviones, les bastaría – dice Pound.
- Sir Dudley, por favor, deje seguir al vicealmirante.
- Gracias. Por tanto, incluso en el peor de los escenarios, nuestros problemas se aliviarían si derrotamos a la flota italiana. El problema es como hacerlo. Porque no creo que se pongan a tiro de nuestros cañones, y si lo hacen será con superioridad local. Pero hay otra opción que, si no les importa, les explicará el comodoro Fraser.
Toma la palabra Fraser – Gracias, vicealmirante. El Almirante Pound nos ha estado recordando la potencia de la aviación italiana, pero ha olvidado que nosotros también tenemos aviación.
- Mucho menos numerosa – interrumpe Pound.
- Menos numerosa, pero moderna, y que acompaña a nuestra flota. Aunque sus acorazados se refugien en sus aguas, no pueden escapar de nuestros aviones. Tras una conversación con el almirante Lykes, que estuvo destinado en Tarento en al anterior guerra, he estado planeando un ataque con nuestros portaaviones a la flota italiana.
- ¿Y qué piensa hacer con sus cazas? – Insiste Pound.
- Fácil: concentrar nuestra flota. Si reunimos cuatro portaaviones, y atacamos, dispondríamos de superioridad. Podríamos conseguir la sorpresa si nos acercamos y atacamos de noche. Dependiendo de los resultados se podría rematar al día siguiente a los barcos supervivientes. Y lo mismo podríamos hacer con la flota francesa.
- Luego propone asignar cuatro portaaviones al Mediterráneo – dice Pound – Serán bienvenidos, pero si se les necesita en casa, tardarán dos o tres meses en volver.
- Salvo si mantenemos la libertad de navegación en el estrecho de Sicilia. Y eso significa conservar Malta.
- Malta es indefendible – salta Pound.
- ¿Está seguro? Si situamos unas decenas de cazas en la isla, podríamos causarles muchos problemas. Ya hemos visto las dificultades que han tenido en España en cuanto tenían oposición.
- Eso lo dice usted. Avión en Malta, avión perdido.
- En el peor de los casos, habremos perdido unas docenas de aviones. Apenas la dotación de un portaaviones. En el mejor, derrotaremos a los italianos y les pondremos contra las cuerdas ¿no vale la pena arriesgarse?
Cansado de las discusiones, Backhouse interrumpe de nuevo – Gracias, caballeros. Aun con las objeciones del almirante Pound, el plan presentado por Cunningham y Fraser parece bastante mejor que simplemente retirarse. Seguiremos estudiándolo pero, por ahora, ordenaré reforzar las defensas de Malta.
El ataque a Tarento se había gestado ya durante la crisis de Abisinia. En este caso, simplemente se concreta. Pero con dos diferencias: hay muchos más portaaviones disponibles, con mejores aviones, y se decide defender Malta. En la realidad, lo de Malta quedó un poco en el aire, porque se enviaron muchos cañones antiaéreos (muy necesarios en Londres) pero no aviones. Claro que eso dependía de la RAF, con mentalidad terrestre.
Notas:
(1) En esa época se pensaba que los portaaviones y los barcos de escolta debían salir a perseguir a los submarinos enemigos. Eso costaría la pérdida del Courageous (el Ark Royal se libró por los pelos) en Septiembre del 39.
(2) Real. La situación política en la Francia de los treinta era crítica. No tanto como la española, pero el gobierno de izquierdas había tomado decisiones que fueron muy contestadas. La mejor prueba, el amplio apoyo que tuvo Petain al principio. Aparte, en esa época hubo suficientes insurrecciones, golpes de estado y demás (no en Francia) como para no fiarse de alianzas.
(3) Eran casi calcos: el mismo número de acorazados, de acorazados modernos, de cruceros, destructores, etcétera.
(4) Sir Dudley Pound, al mando de la flota del Mediterráneo y que posteriormente ocupó el puesto de Primer Lord del Mar tras la muerte de Backhouse por un tumor cerebral. La actuaciónd e Pound durante la guerra fue muy criticada y, salvo porque se enfrentó a Churchill con lo del Báltico, se considera que fue demasiado acomodaticio. Por otra parte, la enfermedad de Backhouse hizo que el vicealmirante Cunningham, que tras su ascenso solo ocupaba puestos burocráticos, adquiriese protagonismo.