Publicado: Mié Mar 23, 2016 5:02 pm
Pocas celebraciones hubo para los hombres de la Leona, entre ellos Nazario Ballarín. Apenas acabados los combates la división recibió la orden de volver a España. Aunque en Portugal iban a quedar importantes fuerzas españolas, que tenían que garantizar la seguridad del país vecino hasta que se pudiese reconstituir el ejército luso, los cuerpos de ejército de Navarra, marroquí y del Maestrazgo —los que habían llevado el peso de la campaña— iban a volver a territorio español para descansar y reponer sus bajas.
Nazario pensó que, aunque no viese Lisboa, podría pegarse un buen permiso en Sevilla e incluso, si se terciaba, un buen revolcón. Pero no. La 74 no solo era considerada la mejor división del cuerpo del Maestrazgo, sino que era la que había sufrido las menores bajas, y el mando le tenía reservado otro papelón: iba a ser trasladada a las Canarias. En las islas afortunadas los británicos solo resistían en la isla de Lanzarote —donde estaban sometidos a bombardeos hispanoalemanes continuos— y en el norte de Gran Canaria. Pero el caótico relieve de la gran isla, que tanto había favorecido a los defensores meses antes, ahora jugaba a favor de los británicos, que a pesar de tener pocas tropas y menos suministros podían resistir apoyados en los riscos. Se necesitaban más tropas, y a una división veterana y casi al completo no se le iba a dar el lujo de unas vacaciones.
El sargento se resignó a su mala suerte. Al menos no tuvo que desandar todo el camino, pues camiones alemanes les llevaron hasta Badajoz, y luego un tren hasta Algeciras. Allí tuvieron unos días de reposo, esperando el transbordador que les llevaría a Tánger, para proseguir su largo viaje.
Nazario pensó que, aunque no viese Lisboa, podría pegarse un buen permiso en Sevilla e incluso, si se terciaba, un buen revolcón. Pero no. La 74 no solo era considerada la mejor división del cuerpo del Maestrazgo, sino que era la que había sufrido las menores bajas, y el mando le tenía reservado otro papelón: iba a ser trasladada a las Canarias. En las islas afortunadas los británicos solo resistían en la isla de Lanzarote —donde estaban sometidos a bombardeos hispanoalemanes continuos— y en el norte de Gran Canaria. Pero el caótico relieve de la gran isla, que tanto había favorecido a los defensores meses antes, ahora jugaba a favor de los británicos, que a pesar de tener pocas tropas y menos suministros podían resistir apoyados en los riscos. Se necesitaban más tropas, y a una división veterana y casi al completo no se le iba a dar el lujo de unas vacaciones.
El sargento se resignó a su mala suerte. Al menos no tuvo que desandar todo el camino, pues camiones alemanes les llevaron hasta Badajoz, y luego un tren hasta Algeciras. Allí tuvieron unos días de reposo, esperando el transbordador que les llevaría a Tánger, para proseguir su largo viaje.