Publicado: Mar Mar 29, 2016 2:42 pm
por Domper
Los soldados habían recorrido el poblado Potemkin una y otra vez, de día y de noche, hasta aprenderse las callejuelas y los rincones. Sabían dónde estaba cada casa y cada puerta, habían estudiado los campos de tiro y los ángulos muertos. Luego tenían que estudiar fotografías —se veía que eran muy recientes— de las calles de una ciudad. No hizo falta que les dijesen que se trataba de su objetivo: pudieron reconocer las fachadas que habían sido reproducidas en los lienzos que cubrían las paredes del poblado, y el trazado de las calles.

No era su única tarea. Durante horas se familiarizaron con sus nuevas armas en el campo de tiro, hasta conocerlas mejor que a las de su propio ejército. En los bosques cercanos al poblado se entrenaron una y otra vez con sus compañeros, de día y de noche, hasta saber instintivamente como actuar. Entonces pasaron a prepararse en la lucha urbana. Un veterano de la guerra civil española, que había luchado en la Ciudad Universitaria de Madrid y en Teruel, les enseñó las mañas del combate callejero. Luego tuvieron que probarlas en unos barracones cercanos, que asaltaron una y otra vez. Los ejercicios eran con fuego real y varios observadores juzgaban su actuación. Cuando en otra escuadra una bomba de mano —lanzada intempestivamente por otro compañero— causó tres bajas, los supervivientes, incluyendo al teniente que la mandaba, fueron detenidos: era un fallo del equipo. Otra escuadra fue apartada cuando no mostró suficiente resolución.

Cuando la noche caía era el momento de las lecciones. Idiomas, formación política, pero también muchas horas estudiando fotografías de personajes a los que tenían que conocer como si fuesen sus hermanos. Iban a ser sus blancos.