Publicado: Mié Feb 06, 2008 11:26 pm
por Roul Wallenberg
CAPITULO III




Venganza del 7 de Diciembre, "El Día de la Infamia"


<center>Imagen</center>



El ataque a Pearl Harbour sacudió a la nación americana como un violento terremoto. Al comienzo fue la sorpresa, luego vino la indignación y luego, acicateada por las publicaciones en la prensa y la radio, los discursos patrióticos empezando por el del presidente Roosvelt y de cuanto político que quiso hacerse ver y escuchar, vinieron la sed de venganza y el odio. El "Día de la Infamia" daría lugar a años de violento rencor.


Joanna mantuvo un inquieto silencio. Dos días más tarde ya de noche y en cama le preguntó a su marido - Albert, ¿crees que será larga la guerra? - No, no lo creo mi amor, los japoneses tienen muy poco petróleo, sin él un país es como un animal sin sangre. Si les destruyen sus fuentes de suministro y los submarinos les hunden sus buques petroleros no podrán durar mucho. - Joanna siguió - ¿Y crees que habrá guerra con Alemania? - Albert acariciándole la mano le respondió - No, Joanna, Hitler será todo lo que queramos, pero no es tan imbécil como para desafiar a los EE.UU. Sabe que si los ataca, éstos le echarán encima todo su potencial industrial. Las guerras se ganan con dinero y con petróleo amor, y ya te has dado cuenta lo rico que es este país. Los EE.UU. en ese caso les repartirán armas y suministros a los ingleses y a los rusos. Recuerda que en Europa las distancias son cortas, no como acá y le bombardearán sus plantes de carbón-petróleo que están muy expuestas y los pozos rumanos y así los famosos tanques alemanes quedarán paralizados por falta de combustible y si quieren usarlos para pelear van a tener que empujarlos. Yo creo que van a hacer todo lo posible por evitar una guerra contra nosotros (Albert se sorprendió a sí mismo al decir "nosotros", ya pensaba como americano y no como alemán). Los generales de su E.M. deben tenerlo muy claro, además que todos ellos estuvieron en la Primera Guerra Mundial y deben recordar muy bien lo que pasó cuando los americanos llegaron a Europa. - ¿Porqué tu pregunta? - dijo mirándola a los ojos - Frank ya tiene dieciséis años y no quiero que vaya a la guerra y me maten a mi hijo, le respondió su mujer devolviéndole la mirada. Esa noche a Albert le costó muchísimo quedarse dormido.

Dos días más tarde el Ministro del Exterior alemán, Joachim von Ribbentropp (von Ribbensnob para sus adversarios) citó a su despacho al encargado de negocios de la embajada norteamericana (el embajador se encontraba en Washington) y sin ofrecerle asiento ni saludarlo le entregó la nota en la cual Alemania se declaraba en guerra con los EE.UU. Le gritó: "Ihr Präsident hat diesen Krieg gewollt, jetz hat er ihn!" (su presidente ha querido esta guerra, ahora la tiene) y dándole vuelta la espalda abandonó la habitación.




John Rockefeller, fundador de la Standard Oil


<center>Imagen</center>



Una imagen satírica de la empresa


Imagen





Etilo-plomo para la Wehrmacht

Otro ejemplo notorio de ayuda de Standard Oil a Alemania nazi - en cooperación con General Motors - fue como abastecedora de etilo plomo. El fluido de etilo es un compuesto anti-golpe usado en aviación y combustibles de automóvil para eliminar el golpe de las piezas, y para mejorar la eficacia del artefacto; sin tal anti-golpe los componentes de la guerra móvil moderna serían totalmente ineficaces.

En 1924 se formó en la ciudad de Nueva York Ethyl Gasoline Corporation, de propiedad compartida entre Standard Oil de New Jersey Company y General Motors Corporation, para controlar y utilizar las patentes americanas para fabricar y distribuir el tetraetil plomo y fluido de etilo en EEUU y en el extranjero. Para 1935 la fabricación de estos productos sólo se emprendió en los Estados Unidos.

La Ethyl Gasoline Corporation transfirió su tecnología a Alemania a contar de 1935 contribuyendo al programa del rearme nazi. Este traslado se emprendió aún sobre las protestas del Gobierno americano. La intención de Ethyl al transferir su tecnología anti-golpe a Alemania nazi llamó a la atención de la Fuerza Aérea del Ejército y en Washington, DC, el 15 de diciembre, 1934, EW Webb, presidente de Ethyl Gasoline, fue aconsejado que Washington había sabido de la intención de "formar una compañía alemana con IG para fabricar etilo plomo en ese país." El Departamento de Guerra indicó que había una oposición considerable a este traslado tecnológico que puede "tener ]las más graves repercusiones" para EEUU; "que la demanda comercial para etilo plomo en Alemania era demasiado pequeña para ser de interés; y ... se ha dicho que Alemania se está armando en secreto [y] el etilo plomo sería indudablemente una valiosa ayuda para la industria de aeroplanos militares."

Ethyl Company fue aconsejada entonces por el Cuerpo Aéreo americano que

"bajo ninguna condición si usted o la Mesa de Directores de la Ethyl Gasoline Corporation deben descubrir cualquier secreto o 'capacidad ' en relación con la fábrica de tetraetil plomo para Alemania."

El 12 de enero, 1935 Webb mandó por correo al Jefe del Army Air Corps una "Declaración de Hechos", que era en efecto una negación a que se transmitiría cualquier conocimiento técnico; él ofreció insertar tal cláusula en el contrato para cuidarse contra cualquier transferencia de ese contenido. Sin embargo, contrariamente a su garantía al Army Air Corps, Ethyl firmó a continuación un acuerdo de producción conjunta con IG Farben en Alemania para formar Ethyl G.m.b.H. y con Montecatini en Italia fascista para el mismo propósito.

Vale la pena hacer notar que los directores de Ethyl Gasoline Corporation en el momento de la transferencia eran: EW Webb, presidente y director; CF Kettering; RP Russell; WC Teagle, de Standard Oil of New Jersey y fideicomisario de Georgia Warm Springs Foundation de Franklin Delano Roosvelt; FA Howard; EM Clark, Standard Oil of New Jersey; AP Sloan, Jr.; D Brown; JT Smith; y WS Parish de Standard Oil de New Jersey.



Saludo de Adolfo Hitler al presidente de IG. Farben con motivo del año nuevo 1941


<center>Imagen</center>



Los archivos de IG Farben capturados al final de la guerra confirman la importancia de este particular traslado técnico para la Wehrmacht :

"Desde el principio de la guerra nosotros hemos estado en posición de producir tetraetil plomo solamente porque, poco antes del inicio de la guerra, los americanos habían establecido para nosotros plantas listas para la producción y nos habían proporcionado toda la experiencia disponible. De esta manera nosotros no tuvimos necesidad de realizar el trabajo difícil de desarrollo y así pudimos empezar la producción enseguida sobre la base de toda la experiencia que los americanos habían adquirido por años".

En 1938, la Luftwaffe alemana tenía una necesidad urgente de 500 toneladas de tetraetil plomo. Ethyl fue advertida por un funcionario de DuPont que tales cantidades de etilo serían usadas por Alemania para propósitos militares. Estas 500 toneladas fueron prestadas por Ethyl Export Corporation of New York a Ethyl G.m.b.H. de Alemania, en una transacción colocada por el Ministerio del Aire del Reich con el director de IG Farben Mueller-Cunradi. La seguridad colateral se colocó en una carta datada el 21 de septiembre de 1938 a través de la aseguradora norteamericana Brown Brothers, Harriman & Co. de Nueva York.




<center>Imagen</center>


Para Albert lo que siguió fue una reminiscencia de lo que él había visto y vivido en la Alemania nacista, sólo que aquí se había reemplazado a lo judíos por los japoneses. Los americanos eran también muy capaces de menospreciar y someter racialmente a otros grupos, tenían una larga práctica con los negros. Grotescas caricaturas de unos hombrecillos amarillos y dientudos con amenazadoras espadas y cuchillos aparecieron en todos lados.

Ahora no fue posible sustraer a los niños de los acontecimientos, les llegó de lleno la oleada de ardiente y vengativo rencor que envolvía a los EE.UU. Albert y Joanna conversaron el tema largamente y muy a pesar de las protestas de ella tuvieron que concluir que sus hijos, especialmente Frank no podían, de ninguna manera, aparecer con una actitud distinta a la del resto de los niños, ya que correrían el peligro de convertirse en blanco de las crueles represalias que los niños son capaces de tomar cuando son afectados sus sensibles sentimientos por fuerzas negativas.

Se habló con ellos para darles valor y transmitirles que jamás los japoneses podrían poner pie en los EE.UU. y que los soldados, buques y aviones americanos se encargarían de darles su merecido. Les respondieron todas sus preguntas infundiéndoles confianza en el poderío de su país.

En su trabajo, para su gran sorpresa las cosas siguieron prácticamente igual. Claro, se hablaba del asunto, pero casi siempre referido a las necesidades de combustible de la Armada para poner en acción a sus unidades existentes y las que necesariamente se construirían aceleradamente.



Afiche contra el mercado negro de la gasolina



<center>Imagen</center>



Se les citó a una reunión y Harris les informó que la Compañía les retiraría los automóviles por economía. De esa forma, les dijo, vayan a comprarse un automóvil nuevo ahora, ya que los chicos de Detroit dejarán de fabricar automóviles y se dedicarán a la producción militar; la Compañía les ayudará con los créditos y será su aval. Les dio el nombre del funcionario que los atendería para esos efectos y les advirtió que ni soñaran en Cadillacs o cosas por el estilo. Les dijo también que el racionamiento también era para ellos, pero luego en confianza les contó que él manejaría un talonario de vales para "fines especiales", como salir con la familia, y que si necesitaban se los pidieran a su secretaria. La empresa no iba a ser cicatera con sus colaboradores de rango.

Se reunieron en un alegre grupo y salieron a ver automóviles a las tiendas. Albert se decidió por un Chevrolet coupé que enloqueció a sus hijos. Frank miraba fijamente a su padre quien entendió el mensaje, sí, le dijo sí, te enseñaré a manejar, pero déjame aprender a mí primero cómo se usa esta cosa; y el auto será para que transportes a tu madre y tu hermano cuando lo necesiten y para que vayas a comprar (por fin alguien lo relevaría de esa lata), no para que andes tonteando por allí. Sabía que no podría negárselo los sábados por la noche para salir con alguna chica, todos los padres americanos lo hacían.


Imagen



Al conducir su nuevo coche Albert sentía la sensación del poder americano. El ronquido del poderoso motor, la exactitud de relojería de su caja de cambios, la perfecta sincronización de sus sistemas y el balance peso-tamaño-fuerza no dejaba de impresionarlo. Si acá se hacen estos autos, los mejores para el público medio del mundo pensó, los aviones, tanques y buques serán de esta calidad, nadie podrá vencerlos.


Súbitamente uno de los ingenieros americanos, Martin Helms, del mismo equipo de Albert se convirtió muy a pesar en una celebridad, había servido en la Marina y era oficial de reserva. Fue acosado con un sinfín de preguntas acerca del consumo de portaviones, destructores, submarinos etc. etc. y más etc., ante su desesperación la persecución llegaba hasta su casa a la cual llegaban sus colegas y amigos para preguntarle de todo.

Harris vino en su rescate y obtuvo algunos catálogos los que circularon por manos y ojos ávidos de información. Se organizaron algunas charlas informativas ofrecidas por los de producción a las que asistieron algunos oficiales navales y se hizo generalizada la certeza que la industria petrolera americana podría solventar las necesidades de una larga guerra sin mayores inconvenientes. Se impondría sí un drástico racionamiento civil y se racionalizaría al máximo el consumo industrial. De Alemania se habló muy, pero muy poco.


(sólo para escuchar mientras se sigue la lectura)

<object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ZJE-onnw2gM&rel=1"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/ZJE-onnw2gM&rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object>


Entrado ya Enero de 1942, habían ya terminado las precipitadas improvisaciones de los primeros días de guerra. Toda el área del Golfo de México con su vital contenido en yacimientos e instalaciones fue objeto de especial protección por parte de las fuerzas armadas norteamericanas. Naves de guerra patrullaban intensamente la zona, era muy raro no escuchar el sonido de aviones en el aire y se edificaron rápidamente campamentos de marines, aviadores y cuarteles de la Guardia Nacional. Se empezaron a ver muchos uniformes en las calles y los bares, cantinas y lugares de entretención aumentaron sus ventas mucho más allá de los más optimistas sueños de sus propietarios. En la atmósfera se respiraba la inquietud de un ataque japonés, todos sabían que esa zona de los EE. UU. y de Texas eran el blanco más importante para el enemigo y una forma de disipar la tensión la constituía el alcohol en buena compañía.

Las plantas tuvieron que soportar el súbito abandono de ellas de empleados y operarios jóvenes que acudían entusiastas a enrolarse a las distintas oficinas de reclutamientos de los diferentes servicios armados y cortos de personal tuvieron que recurrir a mano de obra alternativa. Muchos mexicanos, la mayoría provenientes de la industria del petróleo de su país cruzaron la frontera y se incorporaron a la fuerza de trabajo iniciándose con una rápida e intensiva capacitación y comenzaron a integrar los turnos de trabajo en las refinerías que no paraban ni un momento del día ni de la noche, la industria trabajaba a plena capacidad.

Albert estaba por una parte entusiasmado. Desde su llegada le había tomado el pulso a la enorme estructura de la industria petrolera americana. Ahora vería al coloso desplegar todo su vigor peleando. Se sentía como tripulando una poderosa locomotora que se lanzaría a toda velocidad cubriendo una larga distancia. Sería una prueba al máximo, a lo que sólo una guerra puede exigir a la industria.


Frank reaccionó como todos los chicos, tenía ya 16 años. Empezó con encargarse de poner la bandera todos los días en la mañana en su casa, tarea que tuvo que delegar en su hermano ante los incesantes ruegos de éste. En la escuela pública su rendimiento aumentó notoriamente, su alianza con Arón rendía sus frutos, la mente de Frank haciendo una carambola estaba apuntando hacia el Lee Collage, el mejor high school de la zona, el que además de su prestigio académico y considerado puerta obligatoria hacia la soñada Universidad de Texas contaba con estupendas instalaciones deportivas y tenía un equipo de lucha olímpica imbatible.


Con la inapreciable asesoría de Jimmy, con quien no dejaba de practicar en su colchoneta y que lo proveía de sus inagotables contactos con chicas empezó a alternar con algunas y tuvo que recurrir de urgente emergencia a su madre para que lo iniciara en los secretos del baile, ante el burlón regocijo de su hermano menor. Glenn Miller y Benny Goodman hacían bailar a los americanos distrayéndolos de las incertidumbres de la guerra. Las pulidos pisos de las canchas de básquetbol de las escuelas acogían a los mismos adolescentes que durante el día sudorosos hacían esfuerzos por encestar el balón al anochecer de los fines de semana , ahora muy bañados y acicalados haciendo otros esfuerzos de coordinación muscular al compás de la música para lograr el interés y aprobación de sus amiguitas.


Benjamín Mandelsaft , el padre de Arón acostumbraba a visitar a Albert, aprovechando que su hijo estudiaba con Frank , mientras los muchachos estaban en la habitación de éste dedicados a resolver laberínticos ejercicios de álgebra los dos mayores se sentaban en el jardín a beber una cerveza.

Alb, ¿cómo ves esto? le preguntó a su colega y amigo - Siempre tus preguntas son complejas, Ben, lo veo mal por una lado, es la guerra, y bien por otro, ya están alineadas la fuerzas, esto será el fin de Hitler y de los nazis. - No va a ser fácil replicó Benjamín , los EE. UU. no estaban preparados para una guerra mundial, sabes como yo que todo lo necesario para derrotar a los japoneses y a los alemanes aún hay que fabricarlo.

- Pues se hará Ben, no serán capaces de llegar a Norteamérica, las industrias y fábricas podrán trabajar a toda máquina y sin mayores problemas y si faltan hombres por los que se irán al frente, se reclutará a mujeres para que ocupen sus puestos, se pondrán insoportables dijo, bajando la voz para que no lo fuera a escuchar su mujer, y cuando los hombres vuelvan no querrán dejar sus trabajos.

Albert sabía que Benjamín estaba muy angustiado por la suerte de sus padres y hermanos en Alemania, había cuñados y cuñadas y sobrinos también y dos ancianos abuelos, por ello trataba de alivianar sus conversaciones. ¿No has sabido nada de tu gente aún? preguntó más por cortesía - Benjamín meneó la cabeza - nada, nada en absoluto y están llegando muy malas noticias. Albert lo miró levantando las cejas. - Ha habido asesinatos, continuó Benjamín, están asesinando judíos. - Sí replicó Albert, pero eso ya debe haber pasado. Tú me contaste que muchos judíos están en campos de internamiento, como los que están haciendo acá para los americano-japoneses, con custodia de la policía. Ahí nada les puede pasar, no están como antes en las calles expuestos al populacho y a los matones de las S.A.

Es dentro de esos campos Alb, hay trabajos forzados y también se sabe de ejecuciones y no están custodiados por la policía, sino por las SS, la fuerza más radical y fanática de los nazis. - Ben, ahora con la guerra con los EE.UU. los nazis tendrán cosas mucho más importantes y urgentes que hacer que estar maltratando a tu pueblo.

Benjamín no se dejaba convencer - parece que es parte de la guerra. A nuestro centro hebreo en Austin llegaron comunicados desde Nueva York . Hay noticias muy malas de Rusia, los alemanes han realizado masacres muy grandes de judíos. Son testimonios irrefutables de testigos muy calificados. - Albert reflexionó antes de seguir, - pero no en Alemania Ben, los nazis no las emprenderán así como así contra judíos a-le-ma-nes, subrayó, hay hasta veteranos condecorados de la IGM.

-Los judíos somos judíos; no importa de donde provengamos le refutó Benjamín, basta con que hayan matado al primero, es resto ya se les hizo fácil. - No, no Ben dijo Albert echándose hacia atrás en su silla y poniéndose ambas manos en la nuca, no puedo aceptarlo tan así como así. Mira, ambos nacimos en Alemania, el país más culto de Europa, tiene raíces humanistas muy profundas, acuérdate solamente de donde estudiamos. Bajó la voz y se inclinó hacia su amigo - Alemania tiene bastante más cultura en ese sentido que….e indicó el suelo con su dedo índice. No resistiría ni aceptaría un crimen de ese calibre. Benjamín era un adversario difícil. - Los alemanes están cautivos de una ideología perversa Alb y les gusta estarlo, por favor no es por molestarte, pero tu hijo mayor estaba en la Hitlerjunge


Albert se revolvió sí molesto en su silla, tomó un largo sorbo de cerveza y respondió. - Sí Ben, así fue, pero déjame seguir con mi idea, tú me contaste que en Europa hay algo más de catorce millones de judíos. ¿Crees tú que los nazis pretenden matarlos A TODOS? - Ben, por favor, eso es imposible y más aún peleando una guerra mundial. Es mucha, muchísima gente, tendrían que montar instalaciones industriales ad-hoc para poder llevar a cabo una matanza a esa escala. Piénsalo como ingenieros que somos, una operación como esa involucra muchas cosas, agrupamientos masivos de personas, transportarlas a largas distancias, ocultar sus restos, guardias armados que deberían estar en el frente, armas, etc etc. Una cosa muy grande y no hay nadie en Alemania capaz y menos ahora con una guerra tremenda encima capaz de montar una estructura semejante.

- Si hay Alb, dijo Benjamín después de terminar su cerveza e incorporándose para irse, su hijo le hacía señas que el estudio había terminado - Sí las hay siguió, para una de ellas hemos trabajado ambos, IG Farben. - Albert lo quedó mirando con la boca abierta - Sí Alb, tienen los medios, lo sabes tan bien como yo, los otros son las SS, entre ambos lo pueden hacer, pueden empezar mañana mismo si quieren, si es que ya no han empezado.



"Jochy" como le decían al menor de los Smith, de nueve años se las había arreglado para hacerse su mundo, tenía unos cuantos amigos muy leales y revoloteaba con ellos por el vecindario. Al comienzo había tenido problemas por su carácter. Joanna temía que molestara a sus nuevos amiguitos. Un día llegó su hijo algo corrido y ella notó que la evitaba, intrigada lo llamó y se percató que el chico evitaba mirarla. Joacham, le dijo severa, mírame a la cara, así tuvo que hacerlo y su madre estupefacta vió que tenía un ojo morado. Mientras le aplicaba un trozo de carne trató de transmitirle algunas formas de convivencia para que no volviera a tener ese tipo de percances.

Aburrido de las pullas de su hermano mayor por no interesarse por algún deporte y obligado por el reglamento de la escuela tuvo que decidirse por alguno y fue el básquetbol. Además le gustó y resultó que tenía aptitudes. Se unió a un equipo de principiantes y tras un tiempo de exhaustivas prácticas pudieron jugar sus primeros partidos. Afortunadamente los resultados iniciales no fueron tan malos, perdían por márgenes decorosos e incluso lograron unos triunfos muy estrechos pero triunfos al fin. Jochy y sus compañeros de equipo se divertían mucho viendo el desencanto y la a veces hasta lacrimosa desilusión de sus vencidos oponentes. Perder con ellos ya era lo último.

Su familia lo acompañaba en pleno a verlo jugar, así como lo hacían a los torneos de lucha en que participaba Frank. Éste no cesaba de alentarlo y quedaba ronco de tanto gritar. Al final de un partido en el que se impusieron sobre su desconsolado rival, mientras los chicos iban a las duchas, los Smith se aproximaron al entrenador para felicitarlo. El espigado D.T. , ex jugador profesional, los identificaba como la familia de su pupilo. - Su hijo es bueno, les comentó, pero por una razón muy distinta al común de los jugadores; el básquetbol es ritmo e ilustró su frase boteando la pelota que tenía entre sus manos, miren, dijo, y la pelota golpeó el suelo pam, pam- pam pam. ¿lo sienten? es ritmo, invierto mucho tiempo en meterles el ritmo en la cabeza a los chicos, su hijo lo tiene y no lo pierde jamás porque es músico. No va a ser una estrella porque no le interesa, pero como lo vieron ustedes siempre va a ser un problema para sus rivales. Se excusó y despidiéndose se dirigió a los camarines llevando la pelota en alto sobre su cabeza.

Esa noche, después de cenar, Frank se desprendió de uno de sus tesoros, una camiseta del equipo "senior" de básquetbol de la Universidad de Texas que se había ganado en una rifa y se le regaló a su hermano, que la ambicionaba secretamente. Reunidos en el jardín comentaron el partido que habían visto. Jochy de pronto se levantó y fue a la sala y abrió el piano. Por insinuación de la maestra se había terminado la restricción horaria de acceso al instrumento, para no coartar la inclinación del niño. Sus padres y hermano lo escucharon con interés, el que se transformó en agrado a medida que el chico interpretaba algunas conocidas melodías populares de moda, remató con dos compuestas por él y una improvisación.

Frank lo había escuchado porque vivía allí, no había escapatoria, pero ahora se dio cuenta que su hermano era capaz de hacer algo muy especial y como buen deportista sabía reconocer esas cosas y comenzó a mirarlo de una forma distinta, con el cariñoso desdén de hermano mayor mezclado con algo de admiración y un poco de respeto.



Edificio de la época de la Standard Oil en Brodway, NY

<center>Imagen</center>



Hermann Schmit (a la izquierda), cabeza de la IG. Farben con unos amigos


<center>Imagen</center>




Standard Oil de New Jersey y el Caucho Sintético

El traslado de tecnología de etilo para la máquina de guerra nazi se repitió en el caso de caucho sintético. No hay duda que la capacidad de la Wehrmacht para combatir la Segunda Guerra Mundial dependía en forma importante del caucho así como del petróleo sintético, porque Alemania no tiene caucho natural, y la guerra le habría sido imposible sin la producción del caucho sintético de IG.Farben. La empresa tenía un monopolio virtual de este campo y el programa para producir tal requisito en grandes cantidades fue financiado por el Reich:

"El volumen de producción planeada en este campo estaba lejos más allá de las necesidades de la economía en período de paz. Los grandes costos involucrados sólo eran consistentes con consideraciones militares en que la necesidad por la autosuficiencia sin tener en cuenta el costo era decisiva. "

Como en la transfiere de tecnología de etilo, Standard Oil de New Jersey estaba íntimamente asociado con el caucho sintético de IG Farben. Una serie de acuerdos conjuntos de cartel se hizo a fines de los 1920 apuntados a un monopolio conjunto mundial de caucho sintético. El Plan Cuiatrienal de Hitler entró en funciones en 1937 y en 1938 Standard proporcionó a IG Farben su novedoso y estratégico proceso de caucho de butyl. Por otro lado la Standard mantuvo en secreto los procesos alemanes de buna dentro de los Estados Unidos y no fue hasta Junio de 1940 que se permitió a Firestone y US Rubber participar probando el butyl y se concedieron licencias industriales a la buna alemana. Incluso entonces Standard intentó que el gobierno americano financiara un programa de producción de buna de gran alcance - reservando sus propios fondos para el más prometedor proceso butyl.

Por consiguiente, la ayuda de Standard en Alemania nazi no estaba limitada al petróleo obtenido del carbón, aunque éste era el traspaso más importante. No sólo fue transferido el proceso para tetraetil a IG Farben a una planta construida en Alemania de propiedad compartida por IG Farben, General Motors y las subsidiarias de Standard Oil, una de ellas en 1939 diseñó una planta para elaborar gasolina de aviación. El tetraetil se envió sobre la base de la emergencia que tenía la Wehrmacht y la ayuda mayor se dió en la producción de caucho del butyl, mientras mantenía en secreto en EEUU el proceso Farben para la buna. En otras palabras, Standard Oil de New Jersey (primero bajo el presidente WC Teagle y luego bajo WS Farish) en forma consistente ayudó a la máquina de guerra de la Alemania nazi mientras se negaba a ayudar a los Estados Unidos.

Esta sucesión de eventos no era un accidente. El Presidente WS Farish sostuvo que no haberle concedido tal ayuda técnica a la Wehrmacht "... habría sido injustificado". La ayuda fué conocida por más de una década, y fué tan grande su significado e importancia que sin ella el Wehrmacht no habría podido ir a la guerra en 1939.




Martin Helms era el oficial naval de reserva que había sufrido el febril acoso de sus colegas, le agradaba conversar con Albert, ya que este le daba una visión de Europa, la que él no conocía y disfrutaba conociendo cosas a través de su amigo. Un sábado lo llamó por la vía interna. Alb, le dijo ¿tienes algo que hacer hoy por la noche? - No, respondió éste, ¿por? - ¿Por? porque podrías darte una vuelta por mi casa. Albert era muy renuente a dejar su casa y menos sin Joanna, prefería salir de noche con ella. - Martin, le dijo, cuando llego a casa no me dejan salir, salvo que me manden a comprar algo o a buscar a alguno de mis hijos, ven tú a la mía mejor, puedo recibir visitas una vez al mes y este mes no ha venido nadie.

Martin dejó oír su sonora risa. Ok, estaré ahí a las 1900 (siempre usaba el horario naval) con mucha hambre y sed, pero las botellas las llevo yo - te espero gustoso, vienes con Maggie? - No, fue la respuesta, tiene que juntarse con sus amigas del club de no se qué.


Se instalaron en el jardín e iniciaron la conversación con el obligado intercambio de chismes del trabajo. Por él Albert se había enterado que Harris su Jefe de Area odiaba su trabajo de escritorio, era hombre de acción, de planta, de casco plateado yendo y viniendo por las pasarelas de la industria. Por su habilidad en dirigir su equipo, el más eficiente lo habían trasladado y ascendido y había demostrado su habilidad al dirigir a los profesionales que habían llegado de Europa a los cuales les sacaba un rendimiento importante. Se había traído consigo a "cabeza" que a la inversa quería estar en oficinas y no seguir con turnos, especialmente los de noche, ya que se había casado hace poco.

Albert abrió el fuego, se había percatado que no era del todo una visita social. - Martin ¿qué harás?, ¿te reincorporas a la Marina? - No lo sé Alb, me presenté, claro, y no me rechazaron, soy un nene de 43 años. Me preguntaron de todo. Tienen que decidir. Yo creo que voy a ir a parar a un escritorio quien sabe dónde y no a la sala de máquinas de un acorazado como hubiera querido. Me preguntaron mucho por lo que hago aquí. La Marina va a tener que transportar millones de toneladas de combustibles y aceites por todo el Pacífico y cruzando el Atlántico, sabes que en eso he estado yo acá, así que no me hago muchas ilusiones.

- Tienes razón, y se llevarán un especialista de primer orden, me tranquiliza, no escasearán los combustibles ni lubricantes para las fuerzas americanas, le dijo Albert. ¿Qué grado te darán? - Soy capitán de corbeta de la reserva naval, la costumbre es que lo reincorporen ascendido, sería fragata, comandante.

Albert se llevó la mano derecha extendida hacia una imaginaria visera. - Mi comandante le dijo, como ves las cosas con Alemania? - Costará Albert, pasará tiempo. Estos bribones están en un programa acelerado de construcción de submarinos. Los hacen muy buenos y saben moverlos, en la IGM lo hicieron muy bien, tienen un jefe, un tal Doenitz que es muy capaz, en la otra guerra comandó uno.

- Mmmmm gruñó Albert y cortarán el paso en el Atlántico. - Así es Alb y de momento no tenemos como solucionarlo, habrá que construir toda una flota antisubmarina y compartirla con los británicos, además de aviones, muchos aviones navales. Detectar un submarino moderno no es nada de fácil, se necesita electrónica muy especial y en eso estamos atrasados, los ingleses tendrán que darnos una mano. Solo una vez que tengamos asegurado el Atlántico podremos pasar nuestros cachivaches a Inglaterra, llevar combustible e invadir con ellos Europa para tumbar a los alemanes. - Así veo, no será una guerra corta, dijo el anfitrión, dime que has venido a decirme y lo miró a los ojos.

- Ok, a eso venía, me pillaste. Sabes que Standard Oil ha estado muy metida con IG Farben. - Si no lo sabré yo, por eso estoy acá, por suerte, rió Albert.

- Así es, la Secretaría de Guerra y ahora la de Marina están preocupadas por eso, no le han quitado el ojo de encima y ahora estarán muy atentas.

- ¿Traición? Dijo Albert en voz baja - Puede ser dijo Helms, tú sabes que de acá se financió a los nazis para que llegaran al poder y todo el traspaso tecnológico que les hemos hecho……

¿Y? ¿hacia dónde vamos?, le interrumpió Albert - Vamos hacia que yo he estado en ello desde hace tiempo y quería saber si puedo dar tu nombre para que te encargues de observar el …ejem…ambiente. - Martin, exclamó Albert, porqué yo, ni siquiera nací acá, y simulando le decía un secreto murmuró, nací en Alemania y levantó su brazo derecho haciendo el saludo hitleriano, le encantaba hacer reír a su amigo - La carcajada no se hizo esperar, sí, precisamente por eso, por tu escritorio pasa todo lo que llega en alemán, o llegaba, los conoces, sabes cómo y lo que piensan los señorones de Frankfurt. - No tanto, no tanto Martin , las cosas importantes llegaban a Brodway y Nueva Jersey, a las oficinas centrales, esto es un conjunto de plantas, una unidad operativa, no decisional. - Aún así es importante estar ojo atento dijo Martin, ¿vienes o no? - ¿Me reclutarán, me darán uniforme, qué grado me darán? le preguntó Albert - Marinero de primera clase,¿ te parece?, te verás muy monono de uniforme - Me desilusionas, le dijo su amigo mientras llenaba los vasos, pensaba en algo más solemne para mí, algo así como Comodoro, bueno Martín, sí, si voy.

- Ok, ellos se comunicarán contigo, quizás yo ya ni esté aquí, esta incertidumbre me descompone. Maggie estaba nerviosa, le contó, sin yo pedírselo le sacó a los uniformes la naftalina y los limpió y planchó, me tiene una maleta lista por si acaso. - ¿Está más tranquila ahora? preguntó Albert, - Sí, tuve que empeñarme y administrarle el mejor sedante para las mujeres en estos casos, está en el manual de la Marina, añadió sonriendo con malicia. - Y en el de la Compañía también replicó Albert conteniendo la risa, lo bueno es que además de efectivo es gratis y muy agradable de aplicarlo, yo también he estado ocupado en ello estas noches. Los dos varones entrechocaron sus vasos intercambiando sonrisas.

Joanna les llevó una bandeja con sándwiches, que Martín celebró alborozado. Tu mujer es una artista exclamó y dirigiéndose a ella le dijo en secreto…¿los hacías "allá"? - No respondió ella riendo, "acá" aprendí en las fiestas de la escuela de los chicos. Maggie no los hace, dijo Martin haciendo un puchero - Pues dile que venga a verme cuando quiera dijo Joanna y la pongo al día, miró a Alb y este le puso una silla para que se sentara, ya la conversación de ellos había terminado.

Su mujer había cambiado en algunas cosas. Sus nuevas amigas americanas la habían llevado a una peluquería y cambiaron su "look". Combinó muy bien la discreta forma de vestir europea con la más estridente americana usando colores más opacos y el resultado fué excelente. Sus amigas procuraban imitar su elegante estilo y Albert se percataba en las reuniones y fiestas cuya asistencia era prácticamente obligatoria, que los hombres siempre le dedicaban su atención. Un día ella le comentó que los hombres en la calle le decían "cosas" que ella no entendía y le silbaban. ¿Te molesta?, le preguntó - Me molestará cuando me cuentes que ya no lo hacen, le respondió él acariciándola.

Conversaron alegremente de todo mientras comían, hasta que su invitado miró la hora, cielos dijo, debo irme, me dieron sólo una hora de permiso, Albert miró su reloj, pues te cuento que ya van a ser dos, - Si, pero me lo extendieron a dos horas cuando le dije que venía donde ustedes.

- Me alegro de estar en la lista de "gente de confianza" de tu mujer Martin - éste replicó mirando hacia otro lado - y de otras personas también Alb.

Vinieron los hijos del matrimonio a despedir al visitante. Albert miró comprensivo como su amigo bromeaba con los muchachos acariciándoles el pelo y zamarreándolos suavemente. Martin no tiene hijos hombres pensó Albert, pero a cambio tiene tres hijas que son un encanto, no sabiendo que compartía la misma opinión sobre la mayor de ellas con su hijo Frank.

Las vidas de los Smith y de quienes los rodeaban siguieron al compás de la sucesión de acontecimientos derivados de la guerra y de los de generación propia en una familia y en una comunidad. Permanentemente bombardeados por noticias, malas algunas, buenas otras, pésimas de vez en cuando, a todos se les hacían necesarias una o más vías de escape, más aún para aquellos que algún ser querido en el frente. Por una parte había una lógica ansiedad por tener noticias de ellos, pero aparejada al temor de enfrentarse a una tragedia.

La comunidad de Cedar Bayou se vió conmovida por la despedida de los muchachos mayores, cuatro americanos nativos, el mayor de los polacos Olzevsky se fue al Ejército, el de los rumanos Lopescu ingresó a la aviación naval y los dos mellizos Martonffy, del matrimonio húngaro partieron, Zoltan a la marina, quería ser submarinista y Bernabé a los marines. El resto de los muchachos, menores, Frank entre ellos tenían que esperar su turno para cuando les llegara la edad de conscripción. Nadie hablaba de ello, era demasiado agobiante.

Los jóvenes tenían sus cosas, sus estudios, los deportes, las entretenciones, sus romances, les era más fácil huír de la realidad.

Frank pagó un doloroso tributo a la guerra. Martin Helms partió de un día para otro a la gran base de San Diego, California, de la Marina. No alcanzó a despedirse de nadie y no pasó más de un mes y Maggie y sus tres hijas partieron tras él. Hubo una fiesta de despedida, muy amarga para Frank y tuvo que resignarse a perder a la chica que había empezado a querer. Sólo su hermano se enteró, ya que a veces se veía con las dos hermanitas menores, pero nada podía hacer para consolarlo.

Un domingo en la mañana Frank lavaba el automóvil familiar, liturgia reproducida en todos los EE.UU. y requisito esencial para poder aspirar a las llaves del vehículo en algún momento. Su hermano le ayudaba y de pronto le habló. - Frank, ¿te puedo pedir algo? - Dime, respondió, temiendo una petición de algo latoso o cercano a lo imposible - Enséñame a pelear - ¿A pelear…y porqué? - Un chico me molesta, y es más grande que yo. - Acá no podemos, le dijo Frank, mamá se enojará, tú sabes como es, pero hablaré con Jim para que vayamos a su casa.

Durante el mes siguiente Joanna vió con agrado salir juntos a sus dos hijos, cosa muy rara, no sabiendo que Frank llenaba sus horas libres para no acordarse de su pena y que Jochy estaba dedicado a las mismas funciones que las fuerzas armadas de los EE. UU.: preparándose para atacar.

Los dos amigos mayores improvisaron la enseñanza como mejor pudieron y se les sumó el pelirrojo Tom , que estaba en el equipo de boxeo de la escuela. Esos días de práctica Jochy llegaba molido a casa y luego de cenar se desplomaba en la cama, doliente de todo el cuerpo.

Frank y Jim no estaban muy satisfechos con los progresos de su pupilo. Tom se empeñaba en que el chico aprendiera a colocar toda su fuerza en sus puñetazos. El chico tenía que practicar con ellos, con mucha desventaja, le llevaban siete años, mucho, hasta que de un día para otro los tres entrenadores tuvieron que empezar a poner cuidado tras recibir sorpresivos y violentos golpes de su alumno.

Un día en que sus padres habían salido, Frank sintió que llegaba su hermano menor, tenía que servirle la cena. Jochy se demoraba en el baño, lo llamó, nada, subió a verlo y lo encontró frente al espejo tratando de aplicarse Mertiolathe en la cara. - Déjame a mí, dijo Frank ¿qué te pasó? Tienes machucones y varias peladuras, te caíste de la bicicleta? - No, dijo su hermano, peleamos. - ¿Con él? - Sí con él, fue la respuesta. - Frank empezó a confortarlo, vaya, como te dejó, trata que la mamá no te vea, bueno, pero ¿te defendiste algo siquiera, no? - Más que eso dijo Jochy, con el rostro crispado por la ardiente tintura, le rompí la nariz, le salió mucha sangre y …le volé un diente, y se puso a reír.




Compre bonos


<center>Imagen</center>



<center>Imagen</center>


Las mujeres estaban organizadas en varias actividades, desde la recolección de objetos metálicos pasando por la Cruz Roja, preparación de vendas y cajas sanitarias, salían en grupos a las campañas de recolección de sangre y la permanente venta de bonos de guerra.

En ocasiones algunas personas escuchaban hablar a Joanna en la calle mientras procuraba convencerlos que compraran bonos y con el ceño fruncido le preguntaban de dónde provenía odirectamente si era alemana. Algunos la interpelaban con el "sprechen sie Deutsch?" Con Albert habían preparado dos embustes uno más sencillo que consistía en contarles que su niñez la habían vivido en la Suiza alemana con sus padres y que se les había quedado el acento, para otros que eran austriacos y que "por culpa de los nazis" y el Anchluss habían tenido que huír de su país. Esta ultima a Albert le jugó una mala pasada con alguien más informado que el resto - ¿Austríaco? le dijo un hombre mayor abriendo mucho los ojos, ¡pero si ese canalla de Hitler nació en Austria! y se apartó de él con una mirada de desprecio.

Albert divirtió a sus amistades con la anécdota pero se guardó muy bien para sí algo que no sabía ni su mujer ni nadie, que así como no había nacido en Austria, tampoco había nacido en Alemania.

Vino 1943, los alemanes tuvieron que soportar su primera dura derrota en Stalingrado, los japoneses después de Midway y el Mar del Coral empezaron a recibir duro castigo, los días de gloria del Eje se eclipsaban y aparecieron profundas grietas en las fortalezas que se habían levantado al comienzo de la guerra. Ya eran divisables algunas esperanzas basadas en realidades y no solo en quimeras.

Albert evitaba hablar de la guerra en casa y los demás lo siguieron en ello, así el hogar era su refugio, la radio era para la música y no las noticias. Él estaba mejor informado que el promedio por su trabajo, las necesidades de combustible y lubricantes eran las luces indicadoras de dónde se estaban realizando operaciones de importancia y cuándo éstas terminaban, para iniciarse otras. En Junio de 1944 se encendieron las primeras luces indicadoras en Francia con los desembarcos aliados, la cuenta regresiva se aceleraba por fin. En el Pacífico ya había muchas luces encendidas, los japoneses resistían desesperadamente ante la fatalidad que los acosaba implacable.

El cine era una buena distracción, aunque había que ver los noticiarios. A veces toda la platea estallaba en aplausos ante alguna buena nueva. También la guerra seguía a los creyentes, en todos los distintos templos se oraba por los que se encontraban lejos y emocionadamente por los que habían caído.

Lo mejor era escaparse y salir de la ciudad. Disfrutaron de excursiones de pesca y conocieron lugares de pintoresca belleza de Texas en su fiel y eficiente Chevrolet conducido alternadamente por Albert o Frank.

Las fiestas eran otro escape, nadie rehuía los cocktails, asados y cenas, motivos no faltaban. Uno de ellos fueron los 18 años de Frank, ya estaba en el Lee Collage y con muchos condiscípulos y amigos se les llenó la casa, chicos y chicas entraban y salían sin cesar. Sus padres se sentían contentos al ver que su hijo era respetado y estimado por sus iguales.





<center>Imagen</center>



Días después estaba la familia en casa, poco antes de la cena llegó Frank y los saludó. Albert no estaba de buen humor, por la tarde había tenido una larga reunión, áspera y difícil, los polémicos temas habían hecho subir el tono de las discusiones y no se había llegado a ninguna parte. Levantó su mirada hacia su hijo enarcando una ceja. Llegas tarde, dijo con voz seca ¿dónde has estado, qué has hecho todo el día? - En el gimnasio en la tarde papá, estamos entrenando para el torneo de lucha del mes que viene, en la mañana tuvimos clases y después fuimos al centro con Jim, Arón, Henry y Tom…bueno, mejor se los digo ahora, fuimos a la oficina de reclutamiento y me enlisté en el Ejército de los Estados Unidos, me tomaron el juramento. Y se quedó mirándolos sonriendo.





Fin del Capítulo III




Salu-2