Publicado: Mié Jun 03, 2009 3:09 pm
por Anibal clar
Hola a todos.

Procederemos pues con la quinta parte.

En el sector norte, el capitán Millermann tendría que lidiar con lo que él consideraba el hueso más duro de la batalla que se avecinaba. Millermann cosideraba que el mayor esfuerzo ruso vendría por esa zona, y sobre el dominio de la colina norte (C1) giraría gran parte de la batalla. Como esta colina estaba expuesta al fuego enemigo desde varias posiciones, sólo se estacionó allí un pequeño puesto de observación con una radio, mientras que el grueso de la compañía estaba a la derecha de la colina, protegida por un campo de minas.

El capitán había preparado un repliegue a las primeras casas del publo, caso que los rusos consiguieran penetrar por la colina, evidentemente a pie, pues era impracticable para carros y semiorugas. Para retrasar el posible avance enemigo por el interior de la boscosa elevación, Millermann hizo que se pusieran trampas y alambradas de espino, pues retrasar ese avance le permitiría recolocar sus unidades donde fuese preciso y activar el Pak 40, el Maultier 42 y los 3 semiorugas que tenía a su disposición.

El veterano de Stalingrado no pensaba dejarse sorprender. Gustaba de fumar cigarrillos, según él "el único vicio que tengo", y no pensaba dejarlo hasta que terminase la guerra. Había hecho una promesa de dejar de fumar si acababan las hostilidades y él seguía con vida.
Por lo general era una persona optimista, de buen humor y con indudables dotes de mando. Había empezado la guerra en el personal del cuartel general del Führer, pero aquel ambiente no le gustaba mucho, y pidió el traslado a una unidad de combate.
A partir de ahí siempre estuvo en primera línea, hasta la presente situación. Estaba claro que no iba a dejarse arredrar bajo ningún motivo.

Von Tiersmann había dejado junto a su puesto de mando en el centro del pueblo, una reserva móvil compuesta por el Panzer IV, el Panther y un Stug III dispuestos a ser enviados a aquel lugar donde surgiese una crisis.
Llamó a su ordenanza.
- Dani, tengo preparada una misión para ti.
- Lo que usted ordene, mi coronel.
- Necesito que se salven, poniéndonos en el peor de los casos, el libro de notas de la unidad, la máquina de claves, y el cifrado especial. También quiero que se evacúe a los 2 enfermos que tenemos, los soldados Miers y Klein. Tú conducirás el Kübelwagen con el material que te he dicho y con los enfermos hacia el oeste. A unos 37 kms te encontrarás con el puesto de mando del hospital de campaña. Cuando llegues allí espera mis órdenes.
- Con todos mis respetos, mi coronel, no pienso cumplir esas órdenes.
- ¿Cómo?
- No pienso dejarle sólo aquí, cuando es muy posible que necesite mi ayuda. Mi ayuda y la de todos. Sabe usted muy bien que esos 2 soldados que me ha dicho no están tan enfermos. No pienso salir de aquí y cargar sobre mi conciencia los hechos que puedan ocurrir. Yo me quedo aquí con usted, mi coronel.
Von Tiersmann miró condescendientemente a Daniel. Su plan para salvar de la posible muerte a su ordenanza había fallado, pero en el fondo se sentía orgulloso de él. Estarían juntos hasta el final de aquello, pasase lo que pasase.
El coronel se levantó y se dirigió a su ordenanza.
- De acuerdo Dani, de acuerdo.

(continuará)