Publicado: Mié Jun 03, 2009 9:43 pm
por Anibal clar
Hola a todos.

Ahí va la parte sexta.

Sector oeste y sur.

El capitán Grognardheim se adentró en el bosque por donde salía la carretera que venía de la ciudad (B1). Había decidido y consensuado con el coronel, que 2/3 de su compañia se atrincherarían en el bosque y cortarían la carretera.
Entre los árboles se encontraban con todo tipo de armas sus muchachos, había trampas por todos sitios, y el bosque se podría convertir en una trampa mortal para sus enemigos.
Y es que Grognardheim, que entre otras cosas podía presumir de haber estado en Eben Emael y en el asalto en Creta, de haberse curtido en el grupo Ramcke en Africa y de haber estado en Cassino, era un oficial sumamente eficiente y poco tenía ya que aprender de la guerra.
Lamentaba la desaparición de la Luftwaffe de los cielos de Europa, pero en esa batalla que ahora le ocupaba, el parte meteorológico había anunciado cielos encapotados y techo muy bajo de nubes, por lo que ninguno de los dos bandos podría usar su aviación.
No sabía si eso sería mejor o peor, pues la aviación soviética contaba ahora con buenos aparatos y cada vez mejores aviadores, y la Luftwaffe ya no tenía fuerza para realizar muchas salidas.
En su sector sur, el capitán de los fallschirmjaeger disponía de dos Stug III, un pak 40 y un semioruga, amén del resto de su compañía perfectamente atrincherada.

En general se habían cubierto todas las entradas posibles a la zona para vehículos con campos de minas, los soldados habían trabajado como animales preparando el despliegue, las trampas y los posibles despliegues posteriores según fuesen los acontecimientos.

Grognarheim sabía que si era frenado el primer y poderoso envite del enemigo, se tendría bastante ganado.
Se había hecho de noche y después de todo un agotador día de trabajo, estaba muy cansado. se sentó al pie de un árbol y empezó a comerse una manzana. Había un silencio sepulcral y hacía bastante frío. Se le cerraban los ojos. Se le cerraban...
Vió un puerto de mar. Había alguien pescando ahí delante. Se acercó a la persona sentada sobre el cantil del muelle que sujetaba una caña.
La persona se volvió. Gerd (el nombre de pila de Grognardheim) conocía aquella cara.
- Papá... ¡papá! cuanto tiempo. ¿qué haces aquí?
- Gerd, sientate aquí.
- Papá pero tú estás muerto.
- ja ja. ¿muerto?
- Si. Cuanto me alegro de verte. Hacía tanto tiempo...
- Los sentimientos nunca mueren, Gerd. Por eso me ves.
- Y yo... ¡ Si soy un niño !
- Claro, siempre serás un niño Gerd.
- El pueblo papá. Tengo que estar con mis compañeros.
- ¿te vas, Gerd?
- Papá, mis compañeros...
- Yo también estaré en el pueblo contigo, hijo mío.

En ese momento se le cayó la media manzana que aún no había comido de la mano, y Grognarheim abrió bruscamente los ojos, contemplando la opresora oscuridad que le rodeaba.

(continuará)