Publicado: Mié Jul 15, 2009 11:49 pm
por Anibal clar
Hola a todos.

Adelante con el

CAPITULO 2

Hans Wiesse siempre había sobresalido en cuantas cosas había emprendido. En la escuela fue el primero de su clase, en los deportes sobresalió especialmente desde edad muy temprana.
Era un atleta en 100 y 200 metros, lo cual le había valido entrar en el equipo olímpico alemán en las olimpiadas de Berlín.
Se alistó en el ejército con 19 años, pasó todas las pruebas con sobresaliente, y cuando se presentó voluntario en los comandos Brandemburgo, fue admitido sin problemas, destacando en múltiples acciones de comandos y operaciones especiales de sumo riesgo.
Ahora tenía 27 años y era Hauptmann, contaba con diversas medallas y condecoraciones de las más destacadas del ejército alemán, y sobra decir que gozaba de muchísima fama en su unidad, donde era considerado un auténtico "as".
Físicamente venía a medir 1'88 metros, pero no era rubio como los clásicos alemanes, sino moreno. Era bastante fuerte y siempre tenía una sonrisa en los labios.
Ahora que la guerra estaba terminando, Wiesse no sabía que hacer para poder revertir la situación. Había visto morir a casi todos sus antiguos camaradas, y lamentaba que después de ese sacrifio, encima se fuese a perder la guerra, con lo cual todo habría sido en vano.
Le pilló por sorpresa cuando le llamaron y le contaron lo de aquella extraña misión. Al fin y al cabo, estaban prácticamente dejando sobre sus hombros el futuro de Alemania, estaba seguro que no defraudaría la confianza que ponían en él, pero tendría que atravesar solo múltiples peligros, llegar al destino, coger el mineral y volver a su pais sin novedad.
Sin ninguna duda era el mayor reto de su vida con mucha diferencia.
Pero lo aceptó.
Se fué con lo puesto, ya tendría posibilidad de cambiar de ropa por el camino, porque lo que si llevaba era bastante dinero, tanto en libras esterlinas como en dólares americanos.
Un submarino le llevaría hasta Santa Cruz de Tenerife, y una vez allí, tendría que buscarse la vida hasta lograr su objetivo.
Se le dió un contacto, un número de teléfono al que llamar. Allí siempre tendría "a álguien con quien hablar" cuando fuese estrictamente necesario.
Así que se puso un traje de paisano y embarcó en el submarino.
Sin otra novedad llegó a Santa Cruz de Tenerife, donde desembarcó en una playa cercana y por la noche.
En aquella isla española, la situación había dado un vuelco terrible desde el inicio de la guerra. En un primer momento, España se alineaba con las potencias del Eje, y la situación llegó a estar muy tensa a finales del año 42.
De hecho, se envió a la isla como comandante desde la Capitanía de Melilla al General Rafael García Valiño, ante la posibilidad de un inminente desembarco aliado para cubrir las espaldas de la Operación Torch, y éste competente General fortificó el lugar de tal forma, que convenció a los aliados de que ese desembarco sería costoso y estaría prácticamente condenado al fracaso.
Con lo cual, Tenerife esquivó la guerra.
Pero la isla seguía totalmente militarizada, y aquel ambiente en un pais neutral sorprendió un poco a Hans Wiesse.
Decidió hacerse pasar por un tal Harry Milles, arqueólogo británico, para conseguir un pasaje hasta Marruecos.
Así que se dirigió al gobierno militar con el fin de que le dijesen qué tenía que hacer para obtener tal pasaje.
Cuando llegó al lugar, todo estaba con un movimiento frenético, porque habia habido una alarma de invasión.
Era la enésima falsa alarma, pero el personal estaba con los pelos de punta.
Un general gritaba a voz en cuello mientras andaba hacia atrás sin mirar. Tanto retrocedía este buen honbre, que llegó a la altura de Wiesse, al que lógicamente no vio, y tropezó con él.
El general se volvió con muy mal genio, y se encontró de cara con aquel hombre moreno tan alto, con un traje impecable y un pequeño maletín en la mano.
Como había refunfuñado algo en inglés al recibir el empellón, el general español maldijo la situación, al fin y al cabo por culpa de ingleses y americanos se vivían aquellos momentos de tensión.
le espetó al extranjero:
-¿quién es usted, que hace aquí?
El hombre no endendía las palabras, y le miró con cara de extrañeza.
Sin ningún motivo salvo aquel tonto incidente, el general ordenó al cabo de guardia detener a aquel hombre que se encontraba en el Hall del Gobierno Militar.
Las cosas inesperadamente no empezaban bien para Hans Wiesse.
Pero es que había tenido la mala suerte de tropezarse cara a cara precisamente con Rafael García Valiño.

Continuará.