Publicado: Lun Ago 17, 2009 9:37 pm
por Bitxo
III.

Las últimas luces de la tarde se depositaban ya sin fuerza sobre la alfombra de hojas muertas, ramitas y setas que comenzaban a transpirar humedad. Los cinco soldados volvía a estar reunidos para debatir lo que parecía imposible.

- La situación es esta… -quiso repetirse Anatoli.
- La situación es la misma que la de esta mañana, Anatoli –le interrumpió Alexandr, impaciente.
- Vayamos hacia donde vayamos nos matarán –comentó Boris.
- Quizás pudiéramos mantenernos escondidos hasta que la guerra termine –propuso Mijaíl.
- ¿Hasta que la guerra termine? ¿Y cuándo sucederá eso? –inquirió Iliá.
- Por lo que he visto de lo que sois capaces de hacer, pronto, muy pronto –contestó desafiante Mijaíl.

Iliá se puso rojo de vergüenza e ira.

- ¿Acaso el zar lo hizo mejor en la anterior guerra? –preguntó a la defensiva.
- Ciertamente no sois mejores que el zar.

Todos callaron ante el enfrentamiento entre Mijaíl e Iliá. El politruk estaba visiblemente enfadado, pero sabía que aquél no era el mejor momento para una discusión que no iba a solucionar nada. La situaciónal igual que él… Era cierto que él, a través del cual juzgaban al Partido, había huído como los demás. Iliá se preguntaba hasta qué punto resultaba justo que le juzgasen por actuar de la misma manera. Pero Boris ya le había dado la solución al problema. Escapar de la guerra resultaba imposible, por más que un desesperado Mijaíl soñase con ello. Debían regresar a sus filas y él les resultaba necesario pues podía interceder por ellos si deseaban fusilarles por cobardía. Pero él también dependía de ellos y no sólo para poder defenderse en caso de topar con una patrulla alemana, sino porque no sabía orientarse y no se sentía capaz de encontrar por sí mismo a la unidad del Ejército Rojo más cercana.

- Yo voy a deciros cuál es la situación –les dijo, en un arranque de fuerza-. La situación es que estamos aquí atrapados. Vosotros no queréis la guerra y yo tampoco, pero la guerra está aquí. No hemos sido los del Partido los que la han comenzado, y hacemos lo que podemos para ganarla. Esperar a que termine la guerra es una tontería. No tenemos nada para comer y antes o después tendremos que acudir a una granja que estará infestada de alemanes. Cuanto más tardemos en encontrar a los nuestros, más alemanes tendremos por todas partes. Comprendo que tengáis miedo a regresar por temor a que os fusilen. Pero yo puedo informar sobre vosotros y evitarlo. Si nos mantenemos juntos y regresamos, quizás tengamos una oportunidad de sobrevivir. Y si no lo conseguimos, al menos habremos muerto por defender nuestra tierra.

Ni el propio Iliá se creía que hubiese pronunciado tal discurso. Aquellas palabras, nacidas de una profundidad olvidada, no tenían mucho que ver con sus habituales charlas sobre los progresos en las fábricas de tractores. No había hablado ni pedido ardor revolucionario. Había ido directamente al corazón de aquellos cuatro soldados abandonados que sentían el hambre y el temor a perder sus granjas. Pero Iliá no podía dejar de percatarse que aquel discurso también removía sus propias entrañas. Realmente el Partido era ahora lo de menos. Por lo que he visto que sois capaces de hacerPronto, muy pronto… los alemanes alcanzarían su ciudad natal donde residía su familia.

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