Publicado: Lun Ago 17, 2009 9:39 pm
VI.
Todos se habían quedado helados. La respiración, el sudor y hasta la sangre se habían detenido tan bruscamente como sus piernas. De inmediato aparecieron más hombres que les rodeaban, todos armados con fusiles.
- ¿Sois soviéticos, verdad? –inquirió Anatoli con voz temblorosa.
- Pues claro que somos soviéticos –respondió uno de los hombres-. ¿Sois desertores?
- ¡No somos desertores! –exclamó Iliá.
- ¿No? ¿Y qué haceis vagabundeando solos por el bosque?
- Nos perdimos. Durante la batalla los alemanes rompieron la línea en nuestro sector y, con tanta confusión creada, nos separamos de nuestra unidad y nos perdimos en el bosque. Mi nombre es Iliá y soy politruk del 56º de rifles.
Iliá enseñó su documentación y el soldado esbozó un rostro de mayor respeto hacia él, al tiempo que ordenaba a sus hombres que dejaran de encañonarles.
- Sí, el 56º resultó muy dañado. Hace unas horas encontramos a otro desertor. Dijo que estaba llevando a cabo una misión de reconocimiento para un pelotón perdido, pero no le creímos.
- ¿Se llamaba Mijaíl?
- Sí, ¿le conoces?
- Os dijo la verdad. Le envié yo delante para que nos asegurara de que el bosque estaba limpio de alemanes. ¿Le habéis…?
- Oh, no. Bueno, aún no. Tendrá que hablar con el General Vasili de eso para que anule la orden de fusilamiento. Él está al mando de la unidad.
- Démonos prisa, pues. ¿Qué unidad es esta? ¿El 48º?
- No, no. Bueno, sí y no. Aquí nos hemos reunido restos de diferentes unidades que quedaron deshechas tras el asalto alemán. Estamos aquí atrapados en el bosque.
- ¿Atrapados?
- Sí. Los alemanes nos rodearon antes de que pudiéramos escapar. Maldita sea, no se qué ha pasado con los tanques. Debieron aparecer y nadie sabe nada de ellos. Tampoco los aviones. ¿Qué podíamos hacer sin el apoyo necesario?
- ¿Y qué pasará ahora?
- Dicen que el General Vasili quiere intentar romper el cerco. Se lo han ordenado desde arriba. Aquí en el bosque estamos relativamente seguros. Podemos aguantar aquí a los alemanes pues no pueden meter sus tanques y aviones. Pero el problema es que si no rompemos el cerco, los alemanes seguirán avanzando y nos quedaremos aquí aislados sin comida.
- Pero, recibiremos ayuda del Frente, ¿no?
- Supongo que sí. Nuestros tanques tendrán que aparecer antes o después.
El grupo atravesó la unidad hacia donde había una tienda de campaña. Los soldados formaban pequeños grupos y hablaba sobre los suceso del día anterior. En todos aquellos rostros no podía percibirse otra cosa que no fuera la derrota. Muchos de ellos presentaban arañazos inflingidos por las ramas e Iliá se preguntaba si habría alguien allí que realmente no hubiese huído. Ciertamente el combate verdadero había durado poco tiempo. El resto había sido una carrera alocada hacia el bosque, escuchando disparos que no iban a ninguna parte, carreras que se podían adivinar con los gritos, el crujir de ramas, los bufidos o un alarido corto cuando alguien tropezaba con alguna raíz o tronco y se hacía daño en el tobillo.
- Dentro de la tienda está el General Vasili. Hable con él sobre su amigo. Usted es politruk. Igual puede hacer algo por él.
A Iliá le sorprendieron aquellas palabras. El soldado que hace unos minutos le encañonaba y le preguntaba si era un desertor, dispuesto a arrestarle, demostraba una comprensión la cual, implícitamente, indicaba que él también había huído. Con una mecánica absurda pero imparable, unos desertores fusilaban a otros. Los últimos en llegar ya no recibían la indulgencia y servían de ejemplo para que la deserción no fuese masiva, para que un oficial de una unidad no tuviera que informar que su unidad al completo había desertado, o para evitar que sus hombres le asesinaran. Se fusilaban a unos cuantos desgraciados y se regresaba al status quo haciendo borrón y cuenta nueva. Todos aquellos hombres que hablaban en voz baja de la derrota formando pequeños grupos bajo los árboles, debían sentirse igual de mezquinos y al mismo tiempo aliviados de haber tenido la suerte de haber llegado a tiempo, probablemente porque habían iniciado su huída antes que los demás. Todos ellos, al susurrar, al esconder la mirada, estigmatizados por las ramas en su alocada carrera, conocían muy bien cuál era la situación.
- A sus órdenes mi General. Se presenta el Teniente Iliá, politruk del 56º de rifles.
El General Vasili, corto de estatura y regordente, no parecía muy marcial pese a que se esforzara en ello. Probablemente la contemplación de ver a toda su División dispersarse le había agotado en extremo. Iliá trató de imaginárselo tratando de hacer llegar órdenes que ya no tenían otro sentido que el de salvar su vida si es que él y su politruk adjunto lograban escapar de allí. Órdenes a los regimientos para que aguantasen una línea que se evaporaba, y peticiones al Frente para que enviaran a los tanques y aviones de una maldita vez.
- ¿Dónde está el politruk de la División?
Vasili soltó un bufido. Sin duda la presencia de un politruk de Compañía no le impresionaba gran cosa. Al menos no en aquellas circunstancias.
- Debe estar aún buscando a los tanques, si es que está vivo.
Iliá consideró que aquella era una buena noticia. Eran los politruki de mayor graduación los que decidían si un soldado o un oficial debía vivir o morir. Un politruk de Compañía no hacía más que dar charlas e informar sobre el estado de ánimo de los hombres.
- Camarada General, ordené a uno de mis hombres que se adelantara para reconocer el camino, pues no sentíamos perdidos en el bosque. Según he podido enterarme, ha sido arrestado como desertor y desearía interceder por él.
- ¿Un tal Mijaíl?
- Sí camarada General.
- La verdad es que me pareció un buen soldado, pero no un buen bolchevique.
- ¿Le interrogó usted, camarada General?
- Sí, no hace mucho. Su historia es la misma que me ha contado usted, así que supongo que será cierta. Pero hay algo en él que no me gusta, no sabría decirle el qué.
- Camarada General, yo soy el politruk de esa Compañía y conozco a mis hombres. Mijaíl no es un hombre del Partido, pero es útil como soldado. Sabe orientarse y manejar un fusil, y por ello le mandé a él en busca de nuestras filas. Considero que sería un error castigarle por ello.
- Entiendo. La verdad es que me hacen falta soldados capaces, y si su politruk intercede por él… -el General Vasili firmaba una orden mientras hablaba-. Tome usted la orden de liberación y reúna a sus soldados. Dentro de un par de horas anochecerá y trataremos de romper el cerco, así que descansen.
- Camarada General, ¿recibiremos ayuda del Frente?
- Eso espero, camarada politruk. Pero no podemos quedarnos aquí aislados.
- Por supuesto, camarada General.

Todos se habían quedado helados. La respiración, el sudor y hasta la sangre se habían detenido tan bruscamente como sus piernas. De inmediato aparecieron más hombres que les rodeaban, todos armados con fusiles.
- ¿Sois soviéticos, verdad? –inquirió Anatoli con voz temblorosa.
- Pues claro que somos soviéticos –respondió uno de los hombres-. ¿Sois desertores?
- ¡No somos desertores! –exclamó Iliá.
- ¿No? ¿Y qué haceis vagabundeando solos por el bosque?
- Nos perdimos. Durante la batalla los alemanes rompieron la línea en nuestro sector y, con tanta confusión creada, nos separamos de nuestra unidad y nos perdimos en el bosque. Mi nombre es Iliá y soy politruk del 56º de rifles.
Iliá enseñó su documentación y el soldado esbozó un rostro de mayor respeto hacia él, al tiempo que ordenaba a sus hombres que dejaran de encañonarles.
- Sí, el 56º resultó muy dañado. Hace unas horas encontramos a otro desertor. Dijo que estaba llevando a cabo una misión de reconocimiento para un pelotón perdido, pero no le creímos.
- ¿Se llamaba Mijaíl?
- Sí, ¿le conoces?
- Os dijo la verdad. Le envié yo delante para que nos asegurara de que el bosque estaba limpio de alemanes. ¿Le habéis…?
- Oh, no. Bueno, aún no. Tendrá que hablar con el General Vasili de eso para que anule la orden de fusilamiento. Él está al mando de la unidad.
- Démonos prisa, pues. ¿Qué unidad es esta? ¿El 48º?
- No, no. Bueno, sí y no. Aquí nos hemos reunido restos de diferentes unidades que quedaron deshechas tras el asalto alemán. Estamos aquí atrapados en el bosque.
- ¿Atrapados?
- Sí. Los alemanes nos rodearon antes de que pudiéramos escapar. Maldita sea, no se qué ha pasado con los tanques. Debieron aparecer y nadie sabe nada de ellos. Tampoco los aviones. ¿Qué podíamos hacer sin el apoyo necesario?
- ¿Y qué pasará ahora?
- Dicen que el General Vasili quiere intentar romper el cerco. Se lo han ordenado desde arriba. Aquí en el bosque estamos relativamente seguros. Podemos aguantar aquí a los alemanes pues no pueden meter sus tanques y aviones. Pero el problema es que si no rompemos el cerco, los alemanes seguirán avanzando y nos quedaremos aquí aislados sin comida.
- Pero, recibiremos ayuda del Frente, ¿no?
- Supongo que sí. Nuestros tanques tendrán que aparecer antes o después.
El grupo atravesó la unidad hacia donde había una tienda de campaña. Los soldados formaban pequeños grupos y hablaba sobre los suceso del día anterior. En todos aquellos rostros no podía percibirse otra cosa que no fuera la derrota. Muchos de ellos presentaban arañazos inflingidos por las ramas e Iliá se preguntaba si habría alguien allí que realmente no hubiese huído. Ciertamente el combate verdadero había durado poco tiempo. El resto había sido una carrera alocada hacia el bosque, escuchando disparos que no iban a ninguna parte, carreras que se podían adivinar con los gritos, el crujir de ramas, los bufidos o un alarido corto cuando alguien tropezaba con alguna raíz o tronco y se hacía daño en el tobillo.
- Dentro de la tienda está el General Vasili. Hable con él sobre su amigo. Usted es politruk. Igual puede hacer algo por él.
A Iliá le sorprendieron aquellas palabras. El soldado que hace unos minutos le encañonaba y le preguntaba si era un desertor, dispuesto a arrestarle, demostraba una comprensión la cual, implícitamente, indicaba que él también había huído. Con una mecánica absurda pero imparable, unos desertores fusilaban a otros. Los últimos en llegar ya no recibían la indulgencia y servían de ejemplo para que la deserción no fuese masiva, para que un oficial de una unidad no tuviera que informar que su unidad al completo había desertado, o para evitar que sus hombres le asesinaran. Se fusilaban a unos cuantos desgraciados y se regresaba al status quo haciendo borrón y cuenta nueva. Todos aquellos hombres que hablaban en voz baja de la derrota formando pequeños grupos bajo los árboles, debían sentirse igual de mezquinos y al mismo tiempo aliviados de haber tenido la suerte de haber llegado a tiempo, probablemente porque habían iniciado su huída antes que los demás. Todos ellos, al susurrar, al esconder la mirada, estigmatizados por las ramas en su alocada carrera, conocían muy bien cuál era la situación.
- A sus órdenes mi General. Se presenta el Teniente Iliá, politruk del 56º de rifles.
El General Vasili, corto de estatura y regordente, no parecía muy marcial pese a que se esforzara en ello. Probablemente la contemplación de ver a toda su División dispersarse le había agotado en extremo. Iliá trató de imaginárselo tratando de hacer llegar órdenes que ya no tenían otro sentido que el de salvar su vida si es que él y su politruk adjunto lograban escapar de allí. Órdenes a los regimientos para que aguantasen una línea que se evaporaba, y peticiones al Frente para que enviaran a los tanques y aviones de una maldita vez.
- ¿Dónde está el politruk de la División?
Vasili soltó un bufido. Sin duda la presencia de un politruk de Compañía no le impresionaba gran cosa. Al menos no en aquellas circunstancias.
- Debe estar aún buscando a los tanques, si es que está vivo.
Iliá consideró que aquella era una buena noticia. Eran los politruki de mayor graduación los que decidían si un soldado o un oficial debía vivir o morir. Un politruk de Compañía no hacía más que dar charlas e informar sobre el estado de ánimo de los hombres.
- Camarada General, ordené a uno de mis hombres que se adelantara para reconocer el camino, pues no sentíamos perdidos en el bosque. Según he podido enterarme, ha sido arrestado como desertor y desearía interceder por él.
- ¿Un tal Mijaíl?
- Sí camarada General.
- La verdad es que me pareció un buen soldado, pero no un buen bolchevique.
- ¿Le interrogó usted, camarada General?
- Sí, no hace mucho. Su historia es la misma que me ha contado usted, así que supongo que será cierta. Pero hay algo en él que no me gusta, no sabría decirle el qué.
- Camarada General, yo soy el politruk de esa Compañía y conozco a mis hombres. Mijaíl no es un hombre del Partido, pero es útil como soldado. Sabe orientarse y manejar un fusil, y por ello le mandé a él en busca de nuestras filas. Considero que sería un error castigarle por ello.
- Entiendo. La verdad es que me hacen falta soldados capaces, y si su politruk intercede por él… -el General Vasili firmaba una orden mientras hablaba-. Tome usted la orden de liberación y reúna a sus soldados. Dentro de un par de horas anochecerá y trataremos de romper el cerco, así que descansen.
- Camarada General, ¿recibiremos ayuda del Frente?
- Eso espero, camarada politruk. Pero no podemos quedarnos aquí aislados.
- Por supuesto, camarada General.