Publicado: Sab Oct 03, 2009 4:49 pm
II.
- Hola Iliá, Demin me ha dicho que querías contarme algo.
Iliá sonrió. Era la primera vez que había abordado a Demin para decirle quiero hablar con Vasili y no al revés.
- Camarada General, según la información de Petrenko ahora es relativamente sencillo acabar con Rogov.
- ¿Sí? ¡Qué interesante! Siéntese y cuénteme.
- Rogov se ha enamorado de una actriz de una especie de teatro que ha montado para los alemanes en Baranavichy.
- Sí, he oído algo de ese teatro. La mayoría de las chicas trabajan allí para evitar la deportación.
- ¿La deportación?
- Parece ser que a los alemanes les falta mano de obra en sus fábricas, así que obligan a los jóvenes a ir a Alemania para trabajar allí.
- ¡Es increíble! Encima tenemos que fabricarles nosotros las armas con que nos invaden…
- Así es. Pero es una noticia que debe alegrarnos, pues es un síntoma de su debilidad.
- Cierto.
- Y bien, ¿qué tiene que ver eso con que resulte fácil acabar con él?
- Pues resulta muy gracioso. Rogov teme que su esposa se entere de su lío con la actriz, así que va y viene sólo de ese teatro, sin sus milicianos.
Vasili le miró primero asombrado para estallar en una carcajada. Luego le miró fijamente.
- ¿Piensas que puedes hacerte cargo de esa misión?
- Para mí sería un honor eliminar a uno de nuestros peores enemigos, camarada General.
- Estoy seguro de ello. Pero pienso que Baranov debería ir también con su grupo.
- Tantos partisanos en Baranavichy, camarada General…
- No irán allí. Harán ruido fuera de allí para que los alemanes salgan de Baranavichy.
- Eso sería perfecto, camarada General.
Iliá salió de la isba de Vasili en busca de sus compañeros de salida. Mijaíl, Kuchma y Babkin le esperaban impacientes tratando de calentarse al lado de una pequeña hoguera. La nieve cubría el campamento y la vida allí se había endurecido tantos grados como había descendido la temperatura. Los partisanos solían encerrarse en las tiendas, en los agujeros cavados en el suelo techados con ramas y pinocha desde donde emergían pequeñas columnas de humo. Los más afortunados se amontonaban en la enfermería o el almacén, y los más desafortunados hacían guardia bien aprovisionados de vodka para combatir el frío.
- ¿Qué ha dicho Vasili? –preguntó de inmediato un ansioso Kuchma.
- Lo haremos nosotros. Baranov distraerá a los alemanes para que salgan de Baranavichy.
- ¡Estupendo! Por fin acabaremos con ese cerdo.
- Babkin, ¿aún tienes ese reloj alemán?
- Si, claro. ¿Por qué?
- Llévalo contigo. No debemos entrar en Baranavichy antes de la hora convenida. A esa hora Baranov hará ruido y nosotros debemos observar si los alemanes acuden a su zona.
Mijaíl abandonó con Iliá a los muchachos. Una vez alejados, le preguntó muy seriamente:
- ¿Qué te dijo el viejo?
Iliá también se puso serio. Aquel tema le preocupaba casi más que eliminar a Rogov.
- Que mantenga apartado a Kuchma de su hermana.
- ¿Piensas lo mismo que yo?
- Vasili me ha habaldo de la deportación. Los alemanes se han llevado a muchas chicas a sus fábricas como obreras. Según me ha dicho, las actrices de ese teatro están allí como medio de evitar ese destino.
- No olvides que Rogov secuestró a la chica.
- ¿Qué quieres decir?
- Quiero decir que probablemente Rogov la haya tratado como te puedes imaginar.
- Entonces tendrá más motivos para odiarle.
- En cambio está en el teatro de Rogov divirtiendo a los alemanes. Y lo más importante, no la han deportado.
- No la han deportado porque está en el teatro, ¿no? No entiendo qué quieres decir.
- Pues que Petrenko sabe algo que no quiso contar. Algo lo suficientemente doloroso para recomendar al chico que no busque a su hermana.
- Claro, si Rogov la violó y además la ha prostituído o vete tú a saber qué…
- Eso cuadra, pero falta algo. Estos mujiks están acostumbrados a las vejaciones. Ello no sería motivo para que aconsejara a Kuchma olvidarse de su hermana. Ello sería un motivo más para ir a por ella. Falta algo, Iliá. Y cuando estemos en Baranavichy rodeados de enemigos, mejor será para nosotros no tener sorpresas.
Iliá sopesó las palabras de Mijaíl. Pero, ¿qué podía faltar en aquel rompecabezas? Era normal que Kuchma quisiera tener noticias de su hermana. Incluso de que tratase de rescatarla. No obstante no era buena idea que el chico pusiera la vida de todos en peligro por su hermana. Era un partisano. Un soldado en la retaguardia enemiga cuya misión era el sabotaje del suministro alemán. Tenía una historia dolorosa como cualquier otro, y por tanto ningún derecho a anteponer su dolor a su misión.

- Hola Iliá, Demin me ha dicho que querías contarme algo.
Iliá sonrió. Era la primera vez que había abordado a Demin para decirle quiero hablar con Vasili y no al revés.
- Camarada General, según la información de Petrenko ahora es relativamente sencillo acabar con Rogov.
- ¿Sí? ¡Qué interesante! Siéntese y cuénteme.
- Rogov se ha enamorado de una actriz de una especie de teatro que ha montado para los alemanes en Baranavichy.
- Sí, he oído algo de ese teatro. La mayoría de las chicas trabajan allí para evitar la deportación.
- ¿La deportación?
- Parece ser que a los alemanes les falta mano de obra en sus fábricas, así que obligan a los jóvenes a ir a Alemania para trabajar allí.
- ¡Es increíble! Encima tenemos que fabricarles nosotros las armas con que nos invaden…
- Así es. Pero es una noticia que debe alegrarnos, pues es un síntoma de su debilidad.
- Cierto.
- Y bien, ¿qué tiene que ver eso con que resulte fácil acabar con él?
- Pues resulta muy gracioso. Rogov teme que su esposa se entere de su lío con la actriz, así que va y viene sólo de ese teatro, sin sus milicianos.
Vasili le miró primero asombrado para estallar en una carcajada. Luego le miró fijamente.
- ¿Piensas que puedes hacerte cargo de esa misión?
- Para mí sería un honor eliminar a uno de nuestros peores enemigos, camarada General.
- Estoy seguro de ello. Pero pienso que Baranov debería ir también con su grupo.
- Tantos partisanos en Baranavichy, camarada General…
- No irán allí. Harán ruido fuera de allí para que los alemanes salgan de Baranavichy.
- Eso sería perfecto, camarada General.
Iliá salió de la isba de Vasili en busca de sus compañeros de salida. Mijaíl, Kuchma y Babkin le esperaban impacientes tratando de calentarse al lado de una pequeña hoguera. La nieve cubría el campamento y la vida allí se había endurecido tantos grados como había descendido la temperatura. Los partisanos solían encerrarse en las tiendas, en los agujeros cavados en el suelo techados con ramas y pinocha desde donde emergían pequeñas columnas de humo. Los más afortunados se amontonaban en la enfermería o el almacén, y los más desafortunados hacían guardia bien aprovisionados de vodka para combatir el frío.
- ¿Qué ha dicho Vasili? –preguntó de inmediato un ansioso Kuchma.
- Lo haremos nosotros. Baranov distraerá a los alemanes para que salgan de Baranavichy.
- ¡Estupendo! Por fin acabaremos con ese cerdo.
- Babkin, ¿aún tienes ese reloj alemán?
- Si, claro. ¿Por qué?
- Llévalo contigo. No debemos entrar en Baranavichy antes de la hora convenida. A esa hora Baranov hará ruido y nosotros debemos observar si los alemanes acuden a su zona.
Mijaíl abandonó con Iliá a los muchachos. Una vez alejados, le preguntó muy seriamente:
- ¿Qué te dijo el viejo?
Iliá también se puso serio. Aquel tema le preocupaba casi más que eliminar a Rogov.
- Que mantenga apartado a Kuchma de su hermana.
- ¿Piensas lo mismo que yo?
- Vasili me ha habaldo de la deportación. Los alemanes se han llevado a muchas chicas a sus fábricas como obreras. Según me ha dicho, las actrices de ese teatro están allí como medio de evitar ese destino.
- No olvides que Rogov secuestró a la chica.
- ¿Qué quieres decir?
- Quiero decir que probablemente Rogov la haya tratado como te puedes imaginar.
- Entonces tendrá más motivos para odiarle.
- En cambio está en el teatro de Rogov divirtiendo a los alemanes. Y lo más importante, no la han deportado.
- No la han deportado porque está en el teatro, ¿no? No entiendo qué quieres decir.
- Pues que Petrenko sabe algo que no quiso contar. Algo lo suficientemente doloroso para recomendar al chico que no busque a su hermana.
- Claro, si Rogov la violó y además la ha prostituído o vete tú a saber qué…
- Eso cuadra, pero falta algo. Estos mujiks están acostumbrados a las vejaciones. Ello no sería motivo para que aconsejara a Kuchma olvidarse de su hermana. Ello sería un motivo más para ir a por ella. Falta algo, Iliá. Y cuando estemos en Baranavichy rodeados de enemigos, mejor será para nosotros no tener sorpresas.
Iliá sopesó las palabras de Mijaíl. Pero, ¿qué podía faltar en aquel rompecabezas? Era normal que Kuchma quisiera tener noticias de su hermana. Incluso de que tratase de rescatarla. No obstante no era buena idea que el chico pusiera la vida de todos en peligro por su hermana. Era un partisano. Un soldado en la retaguardia enemiga cuya misión era el sabotaje del suministro alemán. Tenía una historia dolorosa como cualquier otro, y por tanto ningún derecho a anteponer su dolor a su misión.