Publicado: Sab Oct 03, 2009 4:54 pm
VIII.
Afuera, la intensa helada les galvanizó y les devolvió la serenidad. Las lágrimas de Nadia se escarchaban y el alemán caminaba erguido envuelto por la piel de su abrigo. Mijaíl y Babkin no se separaban de él e Iliá vigilaba a Kuchma y a su hermana. Baranavichy parecía más sombrío que nunca e Iliá temía que Baranov no lograra entretener a los alemanes lo suficiente.
- Es mejor darse prisa. Además, si andamos escondidos llamaremos la atención –les dijo.
- ¿Recogemos las subametralladoras? –preguntó Mijaíl.
- Pienso que será lo mejor. Podemos esconderlas bajo el abrigo.
Llegaron hasta la isba donde habían enterrado las PPD sin que vieran a nadie. Kuchma las desenterró mientras el resto vigilaba. El alemán les miraba sin decir palabra, pero Iliá pensó que admiraba la destreza y valor de los partisanos. Quién sabe. Igual está comprendiendo cómo logramos hacerles la vida imposible. Continuaron sin problemas hasta llegar a la calle donde vivía Rogov. Al fondo se veían dos soldados patrullando. El grupo se escondió tras la esquina y el vaho que salía de sus bocas denotó la velocidad a la que latían sus corazones.
- ¿Qué hacemos? –susurró Babkin-. No podemos continuar sin que nos vean. ¿Damos la vuelta por atrás?
- No. Quiero salir de aquí cuanto antes. No se cómo le va a Baranov. Si ese camión cargado de tropas llega aquí, será nuestro fin.
Acto seguido Iliá sacó su Tokarev y la amartilló en la sien de Nadia. Kuchma abrió más los ojos, pero no dijo nada. Iliá hizo una seña a Babkin y este se colocó tras su amigo. No era momento para nada más que obedecer órdenes. Todos eran conscientes de que Iliá se la jugaba y de que el tiempo era un factor en su contra. ¿Hasta qué punto apreciaría aquél alemán la vida de la muchacha?
- Alemán, será mejor que te deshagas de ellos. A la menor sospecha la mato. Mijaíl, procura tener a tiro a él también. Si nos traicionas, te doy mi palabra de que caerás con nosotros.
- ¿De oficial a oficial?
Iliá no parpadeó ante la mofa del Capitán.
- De oficial a oficial.
El alemán se dirigió con paso seguro hacia sus soldados. Llamó su atención y se puso a hablar con ellos. Los dos soldados parecían contarle algo y todos temieron lo peor. ¿Habrían descubierto el cadáver de Rogov?
- ¿Le tienes a tiro?
- Sí, no te preocupes que él caerá también.
Pero los soldados se marcharon en dirección contraria y el Capitán les hizo una seña para que saliesen. No sin dudar, doblaron la esquina y le alcanzaron.
- ¿Habéis matado a Rogov? –les preguntó.
- ¿Han descubierto su cadáver? –preguntó a su vez Iliá.
- No, pero le están buscando. Su mujer alertó a mis hombres de que aún no había regresado a casa. Les he mandado a buscarlo a otra casa donde tiene a su amante.
- Debemos darnos prisa, entonces.
- No se preocupen. También les he dicho que salgo del pueblo hacia una granja para la supuesta fiesta, tal y como quedamos. Como ves, estoy cumpliendo con mi parte.
Iliá no dijo nada. Se limitó a continuar la marcha. No quería tener nada que agradecerle.

Afuera, la intensa helada les galvanizó y les devolvió la serenidad. Las lágrimas de Nadia se escarchaban y el alemán caminaba erguido envuelto por la piel de su abrigo. Mijaíl y Babkin no se separaban de él e Iliá vigilaba a Kuchma y a su hermana. Baranavichy parecía más sombrío que nunca e Iliá temía que Baranov no lograra entretener a los alemanes lo suficiente.
- Es mejor darse prisa. Además, si andamos escondidos llamaremos la atención –les dijo.
- ¿Recogemos las subametralladoras? –preguntó Mijaíl.
- Pienso que será lo mejor. Podemos esconderlas bajo el abrigo.
Llegaron hasta la isba donde habían enterrado las PPD sin que vieran a nadie. Kuchma las desenterró mientras el resto vigilaba. El alemán les miraba sin decir palabra, pero Iliá pensó que admiraba la destreza y valor de los partisanos. Quién sabe. Igual está comprendiendo cómo logramos hacerles la vida imposible. Continuaron sin problemas hasta llegar a la calle donde vivía Rogov. Al fondo se veían dos soldados patrullando. El grupo se escondió tras la esquina y el vaho que salía de sus bocas denotó la velocidad a la que latían sus corazones.
- ¿Qué hacemos? –susurró Babkin-. No podemos continuar sin que nos vean. ¿Damos la vuelta por atrás?
- No. Quiero salir de aquí cuanto antes. No se cómo le va a Baranov. Si ese camión cargado de tropas llega aquí, será nuestro fin.
Acto seguido Iliá sacó su Tokarev y la amartilló en la sien de Nadia. Kuchma abrió más los ojos, pero no dijo nada. Iliá hizo una seña a Babkin y este se colocó tras su amigo. No era momento para nada más que obedecer órdenes. Todos eran conscientes de que Iliá se la jugaba y de que el tiempo era un factor en su contra. ¿Hasta qué punto apreciaría aquél alemán la vida de la muchacha?
- Alemán, será mejor que te deshagas de ellos. A la menor sospecha la mato. Mijaíl, procura tener a tiro a él también. Si nos traicionas, te doy mi palabra de que caerás con nosotros.
- ¿De oficial a oficial?
Iliá no parpadeó ante la mofa del Capitán.
- De oficial a oficial.
El alemán se dirigió con paso seguro hacia sus soldados. Llamó su atención y se puso a hablar con ellos. Los dos soldados parecían contarle algo y todos temieron lo peor. ¿Habrían descubierto el cadáver de Rogov?
- ¿Le tienes a tiro?
- Sí, no te preocupes que él caerá también.
Pero los soldados se marcharon en dirección contraria y el Capitán les hizo una seña para que saliesen. No sin dudar, doblaron la esquina y le alcanzaron.
- ¿Habéis matado a Rogov? –les preguntó.
- ¿Han descubierto su cadáver? –preguntó a su vez Iliá.
- No, pero le están buscando. Su mujer alertó a mis hombres de que aún no había regresado a casa. Les he mandado a buscarlo a otra casa donde tiene a su amante.
- Debemos darnos prisa, entonces.
- No se preocupen. También les he dicho que salgo del pueblo hacia una granja para la supuesta fiesta, tal y como quedamos. Como ves, estoy cumpliendo con mi parte.
Iliá no dijo nada. Se limitó a continuar la marcha. No quería tener nada que agradecerle.