Publicado: Dom Jun 27, 2010 2:40 am
por Bitxo
VI.

- ¿Has logrado averiguar algo?

Mijaíl no había tardado ni dos segundos en preguntarle al verlo de nuevo entre ellos.

- Que es un huérfano de Slonim y que no conoce al Capitán alemán.
- ¿Nadia a actuado a espaldas de él?
- ¿Y qué esperabas, que un alemán nos ayudara?
- Ya, eso es evidente. Es de suponer que se preocupa por su hermano.
- Ese niño no debería estar aquí -cambió de tema Iliá.
- Cierto, pero ni sueñes con que Vasili nos permita devolverlo. Primero pensaría que queremos desertar justo antes de que nos ataquen. Luego sería una locura porque fuera del bosque estará todo infectado de alemanes. Y Vasili no se la jugará a perder partisanos cuando le hacen falta, y menos un oficial, y menos aún cuando pueden interrogarlos y descubrir que estamos avisados.
- Lo se. Pero si salimos de esta lo primero que debemos hacer es sacar a esa criatura de aquí.
- Saldremos de esta, Iliá. Estamos avisados y el bosque nos ofrece muy buena cobertura.
- Eso espero, Mijaíl. Eso espero.

Kuchma y Babkin se acercaron también. Kuchma estaba visiblemente nervioso y musitó como excusa que ya habían terminado de emplazar la Maxim donde les había indicado Mijaíl.

-Tranquilo, Kuchma. De momento está todo bajo control.
- Camarada politruk... No se si temo más al ataque alemán o a que Vasili se entere de lo de mi hermana.

Iliá observó un momento al mujik con la cabeza gacha. La congoja y la vergüenza se apoderaban de él y roían su temprana hombría cual legión de termitas los troncos caídos de Gutka.

- Kuchma, tú y yo no hemos hablado aún de lo de tu hermana.
- No, camarada politruk...
- ¿Quieres que hablemos ahora?
- Lo que desee, camarada politruk...

Iliá frunció el ceño. Resultaba evidente que Kuchma no deseaba hablar de ello. Desde aquella noche había tratado de mantener una charla con el muchacho para tratar de ayudarle, pero este se había zafado siempre de una manera u otra. Lo cierto es que al propio Iliá le incomodaba tener que hablar de aquello, entre otras cosas porque no sabía muy bien qué decirle.

- Está bien. No quiero presionarte. Mañana nos espera un día muy duro y quiero que estés descansado y concentrado para el combate. Así que no pienses más en ello, no sea que los nervios no te dejen dormir esta noche. ¿De acuerdo?
- Gracias, camarada politruk...

¿Y quién habría de dormir aquella noche? Los hombres habían enmudecido durante la tarde y para cuando el sol se dejaba vencer no sólo su tono anaranjado presagiaba un ocaso anunciado. ¿Sobrevivirían? Iliá se preguntaba qué pensaban aquellos partisanos que daban vueltas sobre sí mismos en nidos improvisados junto a las defensas construidas, incapaces de soñar con algo agradable que les ayudase a dormir. Iliá se lo preguntaba porque cada vez que trataba de escarbar en su propio cerebro le resultaba más fácil hacerlo a través de los demás. Los veteranos temían una reiteración de la batalla de la división cuando los alemanes penetraron en su sector hacía ya un año. Los mujiks que se habían sumado a la aventura partisana temían su primer combate en toda regla. Lo de mañana no iba a ser una escaramuza con una patrulla que los hubiese avistado mientras saboteaban o se avituallaban. Iba a ser una batalla en toda la extensión de la palabra. Los mujiks habían aprendido a manejar armas ligeras, pero no se habían enfrentado nunca a la presión de una ametralladora ni a una granizada de morteros. Y lo que era peor, los veteranos, los soldados de verdad supervivientes a la matanza del cerco tampoco podían presumir de ello, pues su primeros y únicos dos contactos con la guerra de verdad fueron tan cortos como caóticos. Correr por el bosque como perseguidos por el diablo, o deambular cual almas en pena entre montones de cadáveres no había sido precisamente una buena escuela de batalla. Pero, al menos, contaban con el adiestramiento en los cuarteles. Un adiestramiento que el politruk dudaba que compensase las penosas experiencias y los negros presagios que debían atormentar a todos sin excepeción aquella noche.

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