Publicado: Lun Jun 28, 2010 7:02 pm
por Bitxo
II.

Iliá notaba hervir su sangre y fue derecho hacia la isba del General. Pero el bueno de Mijaíl estaba al acecho y le interceptó a mitad de camino, algo que no podía lograr otra cosa más que molestarle.

- ¿Qué quieres, Mijaíl?
- ¡Eh! No quiero que vayas a ver al General estando tan enfadado. Prefiero que vayas más sereno y con la sangre fría.

Pero Iliá pensaba justo lo contrario. Sentía precisar aquella energía provocada por la ira que le hacía sentir la idea de haberse convertido en un asesino.

- Ahora no estoy para sus bromas, soldado.
- Soy tu soldado, Iliá, pero también tu amigo. Y no bromeo en absoluto.

Iliá se serenó un poco, no sin soltar un bufido.

- Mira, ahora estás agotado. Nosotros hemos comido y bebido mientras tú hacías de niñera. Y me parece muy noble por tu parte, pero debes descansar un poco. No estás en condiciones de jugártela ante el General. Te conozco un poco y se que tu carácter te puede, nos puede, jugar una mala pasada.

Mijaíl había recalcado nos puede. Si antes había apelado a su amistad, ahora lo hacía a su responsabilidad. Vasili era más zorro de lo que parecía y muy bien podía aprovechar su estado de ánimo para tratar de averiguar por qué una misteriosa muchacha de Baranavichy había enviado un mensaje a Iliá y a Kuchma, una simple mujik, cuando afirmaban no conocerla.

- Está bien, está bien. Tienes razón.
- Vamos a sentarnos allí. Tengo comida y bebida. Incluso tabaco. Vasili ha soltado prenda para recompensarnos. Dicen que no cabe en sí de alegría.
- No es para tanto. Hemos tenido muchas bajas, y más habrán por falta de atención sanitaria.
- ¿Y qué esperabas? Muchos de nosotros son mujiks sin entrenamiento. No disponemos de tantas ametralladoras ni de munición como los alemanes. Para mí que no ha estado tan mal.
- ¿No ha estado tan mal? -Iliá tenía la cabeza en su penitencia personal- Mira, no se lo que esperaba. Pero desde luego que no era lo que ha pasado.
- ¿Y qué es lo que ha pasado?

Era evidente que Mijaíl no le entendía. Iliá pendulaba entre su deseo de desahogarse y su deseo de ocultar su vergüenza.

- No lo se... Yo estaba allí y... no se por qué...
-¿...qué?

Iliá soltó otro bufido. Se sentía al borde del llanto y el nudo en la garganta le bloqueaba el paso del aire.

- ¿Tú también lo has hecho, Mijaíl?

Iliá adivinó sus ojos desorbitados en la mueca de extrañeza de su amigo.

- ¿Hacer el qué?
- Asesinarles. Asesinarles en el suelo, cuando estaban heridos y desarmados.

Iliá recuperó entonces ese instante en el que apoyaba el peso de su cuerpo en la culata del Mosin para hundir la bayoneta. Ese preciso instante en el que los ojos del desdichado dejaban de mirarle para desviarse a un infinito que parecía cercano. Mijaíl ensombreció su rostro y asintió.

- Todos lo hemos hecho, Iliá. Todos. Los partisanos no podemos mantener prisioneros.
- No creo que pensara en ello en ese momento.
- Lo se. No pensabas en nada. Estabas enloquecido por el miedo, como cualquier otro. Pero consuélate pensando en que cumpliste con tu deber.
- ¿Ahora vuelves a ser tú el politruk?
- No. Pero no puedo decirte nada más ni nada mejor. La guerra es así. Nos convierte en animales. Mi padre combatió en la pasada guerra y en la civil. Él ya me lo había explicado.
- ¿Por eso querías huir? ¿Para quedar ajeno a todo esto?
- Sí. Pero tú tenías razón. No se puede huir. La guerra nos alcanza a todos. Incluso a esa criatura.
- Tenemos que sacarle de aquí, Mijaíl. Este no es lugar para él.
- Ya sabes que te doy la razón en eso y que te acompañaré con gusto.
- Gracias, Mijaíl. En cuanto descanse un poco hablaré con el General.

:arrow: