Publicado: Lun Jun 28, 2010 7:04 pm
III.
- Dile al General que deseo hablar con él.
Denin se sobresaltó al oir al politruk. No había podido dormir mucho al verse obligado a compartir la histeria de Vasili y alzó la cabeza con brusquedad, avergonzado y enfadado a la vez por resultar sorprendido en su cabezadita.
- Sí, sí... -zozobró- Ahora se lo comunico.
Iliá escudriñó la isba del General. La fachada estaba ennegrecida y los troncos presentaban magulladuras blancas. Un desgarro en la hierba indicaba que un proyectil de mortero había impactado muy cerca de la base, pero no había logrado causar daños de importancia. Dentro, en las sombras, se adivinaba a un Denin enturbiar el sueño de su General.
- Un momento, Iliá. Ahora le atiende el General.
Denin se colocó lo más marcialmente posible que le permitía su estado de fatiga. Estoy de suerte, pensó Iliá, Vasili estará igual o peor que este. Al poco un sonido desconocido por excesivamente gutural emergió de la garganta del General y Denin dio paso al politruk. El rostro de Vasili reflejaba su agotamiento. Dispuso con torpeza dos vasos para el vodka y ofreció papirosi a su invitado.
- ¡Una gran victoria! -exclamó esbozando una sonrisa descomunal e inesperada en su rostro- ¡Su táctica dio resultado! ¡Me dio usted un buen consejo!
Vasili había separado los brazos del cuerpo como si se dispusiera a abrazarle pero, en lugar de ello, se sentó y le hizo ademán para que le siguiera. Una vez sentados frente a frente, se observaron unos instantes. Vasili parpadeó.
- No parece usted muy contento, camarada politruk.
- Verá, camarada General, pienso que nos hemos librado por los pelos.
- Pues a mí me parece que le hemos dado una buena zurra a esos alemanes.
- Cierto, pero hemos sufrido muchas bajas y sufriremos más entre los heridos a los que no podemos atender debidamente.
Vasili asintió. Estaba claro que el politruk venía dispuesto a amargarle la fiesta.
- Camarada General, si recuerda, mi idea era que los alemanes no sabían de cuántos efectivos disponíamos. Pienso que no han atacado con todas sus fuerzas. Y no sabemos si están en condiciones de poder hacerlo ahora que ellos también han sufrido muchas bajas. Lo único que sabemos es que por aquí están pasando muchas tropas últimamente. Y serán para el frente, no lo dudo, pero preocupa el hecho de que nos haya querido borrar del mapa. Repito que no sabemos sus intenciones ahora.
- Tiene usted razón, Iliá. Me doy cuenta de que es un hombre inteligente. Y bien, ¿qué sugiere? No podemos hacer gran cosa más allá de estar atentos.
- Podemos intentar informarnos de sus intenciones.
- ¡Buf! Una salida del bosque resulta muy peligroso ahora. Lo único que me falta es que capturen a unos partisanos y los alemanes puedan averiguar más de nosotros que al revés. ¿Cómo íbamos, en todo caso, a averiguar las intenciones de los alemanes? Lo único de lo que nos pueden informar los granjeros es lo que ya sabemos: que han aumentado en número y que el tráfico de tropas hacia el frente es más importante que antes.
Iliá llegó a dudar de que Vasili fuese realmente tan torpe. ¿Acaso le gustaba que se lo explicasen todo? Tenía cierta pericipa militar, sí, y la prueba de ello la había dado ese mismo día al reservarse sus escasos morteros para el momento preciso. Pero desde luego no estaba a la altura como jefe de partisanos.
- Camarada General, olvida usted que un niño nos trajo un mensaje de alguien que me conoce a mí y a Kuchma. No sabemos quién es ni a qué se dedica para poder obtener una información tan precisa de los alemanes. Quizás sea un mujik que trabaje para ellos y pueda oirles hablar o, por qué no, un miliciano de Stepanchuk.
- ¿Del starosta que ha sustituído a Rogov?
- Sí, lo considero lo más probable por facilidad para estar en contacto con los alemanes. Sería raro que un granjero o un mujik se enterase de algo así.
- Pero Stepanchuk no se mete con nosotros a no ser que desee lavar la cara ante los alemanes. Nos tiene miedo tras lo de Rogov. Además, el crío mencionó a una muchacha, ¿no lo recuerda?
- Es cierto, pero ello no impide que uno de sus milicianos haya simpatizado con nuestra causa y utilice a su novia o a su hermana.
Vasili asintió. Iliá comprobaba que le iba convenciendo, al tiempo que alejaba una sospecha sobre él por el misterioso mensajero.
- Camarada General, déjeme que salga esta noche con el niño para tratar de averiguar algo.
- ¿Con el niño? -Vasili desorbitaba sus ojos y arqueaba las cejas- ¿Está usted loco? ¿Cómo va a cargar con un crío en una peligrosísima misión a Baranavichy y justo tras una batalla? ¡Los alemanes estarán en guardia! Habrá habido allá una bronca descomunal por el fracaso de esta mañana, y cada oficial habrá ladrado lo suyo a sus soldados. Ni sueñe con que anden despistados. ¡Y en verano! ¡Siendo la noche tan corta y estando todo infestado de esos malnacidos!
- No iré a Baranavichy, camarada General.
Vasili mantenía las facciones desencajadas, pero por asombro ahora.
- ¿Entonces?
- Iré a la granja de Petrenko y dejaré el niño a su cuidado. Cuando Petrenko vaya al mercado de Baranavichy, tratará de averiguar quién le envió. Con un poco de paciencia, y a través de Petrenko, podremos obtener información preciosa de los alemanes y sin poner en peligro ni a un partisano, ni a ese informador.
- Es buena idea. Pero ello no nos supondrá saber nada en un plazo corto. No veo por qué arriesgarnos precisamente esta noche.
- Sí, pero no podemos dormirnos. Puede que los alemanes nos ataquen mañana mismo otra vez, pero puede que precisen unos días para ello y pasado mañana hay mercado en Baranavichy.
Vasili dudaba.
- ¿Y cómo es que ese informador o informadora le conoce a usted?
Iliá tembló al comprobar que no había sido más zorro que su General. No le cabía le menor duda de que Vasili sospechaba algo, sin poder hacerse una idea concreta. Algo escapaba a su control y ello azuzaba su natural cobardía. Y nada resultaba más peligroso que un líder de partisanos cobarde.
- No lo se. Quizás sea por lo de Rogov. Petrenko sabe que fuimos nosotros. Su hijo fue uno de los que le apuñalaron.
- Suena posible -Vasili le clavaba la mirada-. Lo que no acabo de ver es qué necesidad tiene de cargar con ese crío si Petrenko conoce al informador.
- ¿Y si no lo conoce? El informador nos mandó a ese niño directamente a nosotros.
El General volvió a escarbar en su mente. Resopló y se movió nervioso en el taburete.
- Está bien -dijo finalmente-. Le dejaré partir esta noche pero con una condición.
- La que usted mande, camarada General.
- Que no se dejarán atrapar vivos por los alemanes. No puedo permitirme el lujo de que les interroguen y averigüen nuestra debilidad ahora, especialmente en cuanto a munición se refiere.
- Tiene usted mi palabra, camarada General. Y respondo por mis hombres.
- Pues buena suerte, entonces.
- Dile al General que deseo hablar con él.
Denin se sobresaltó al oir al politruk. No había podido dormir mucho al verse obligado a compartir la histeria de Vasili y alzó la cabeza con brusquedad, avergonzado y enfadado a la vez por resultar sorprendido en su cabezadita.
- Sí, sí... -zozobró- Ahora se lo comunico.
Iliá escudriñó la isba del General. La fachada estaba ennegrecida y los troncos presentaban magulladuras blancas. Un desgarro en la hierba indicaba que un proyectil de mortero había impactado muy cerca de la base, pero no había logrado causar daños de importancia. Dentro, en las sombras, se adivinaba a un Denin enturbiar el sueño de su General.
- Un momento, Iliá. Ahora le atiende el General.
Denin se colocó lo más marcialmente posible que le permitía su estado de fatiga. Estoy de suerte, pensó Iliá, Vasili estará igual o peor que este. Al poco un sonido desconocido por excesivamente gutural emergió de la garganta del General y Denin dio paso al politruk. El rostro de Vasili reflejaba su agotamiento. Dispuso con torpeza dos vasos para el vodka y ofreció papirosi a su invitado.
- ¡Una gran victoria! -exclamó esbozando una sonrisa descomunal e inesperada en su rostro- ¡Su táctica dio resultado! ¡Me dio usted un buen consejo!
Vasili había separado los brazos del cuerpo como si se dispusiera a abrazarle pero, en lugar de ello, se sentó y le hizo ademán para que le siguiera. Una vez sentados frente a frente, se observaron unos instantes. Vasili parpadeó.
- No parece usted muy contento, camarada politruk.
- Verá, camarada General, pienso que nos hemos librado por los pelos.
- Pues a mí me parece que le hemos dado una buena zurra a esos alemanes.
- Cierto, pero hemos sufrido muchas bajas y sufriremos más entre los heridos a los que no podemos atender debidamente.
Vasili asintió. Estaba claro que el politruk venía dispuesto a amargarle la fiesta.
- Camarada General, si recuerda, mi idea era que los alemanes no sabían de cuántos efectivos disponíamos. Pienso que no han atacado con todas sus fuerzas. Y no sabemos si están en condiciones de poder hacerlo ahora que ellos también han sufrido muchas bajas. Lo único que sabemos es que por aquí están pasando muchas tropas últimamente. Y serán para el frente, no lo dudo, pero preocupa el hecho de que nos haya querido borrar del mapa. Repito que no sabemos sus intenciones ahora.
- Tiene usted razón, Iliá. Me doy cuenta de que es un hombre inteligente. Y bien, ¿qué sugiere? No podemos hacer gran cosa más allá de estar atentos.
- Podemos intentar informarnos de sus intenciones.
- ¡Buf! Una salida del bosque resulta muy peligroso ahora. Lo único que me falta es que capturen a unos partisanos y los alemanes puedan averiguar más de nosotros que al revés. ¿Cómo íbamos, en todo caso, a averiguar las intenciones de los alemanes? Lo único de lo que nos pueden informar los granjeros es lo que ya sabemos: que han aumentado en número y que el tráfico de tropas hacia el frente es más importante que antes.
Iliá llegó a dudar de que Vasili fuese realmente tan torpe. ¿Acaso le gustaba que se lo explicasen todo? Tenía cierta pericipa militar, sí, y la prueba de ello la había dado ese mismo día al reservarse sus escasos morteros para el momento preciso. Pero desde luego no estaba a la altura como jefe de partisanos.
- Camarada General, olvida usted que un niño nos trajo un mensaje de alguien que me conoce a mí y a Kuchma. No sabemos quién es ni a qué se dedica para poder obtener una información tan precisa de los alemanes. Quizás sea un mujik que trabaje para ellos y pueda oirles hablar o, por qué no, un miliciano de Stepanchuk.
- ¿Del starosta que ha sustituído a Rogov?
- Sí, lo considero lo más probable por facilidad para estar en contacto con los alemanes. Sería raro que un granjero o un mujik se enterase de algo así.
- Pero Stepanchuk no se mete con nosotros a no ser que desee lavar la cara ante los alemanes. Nos tiene miedo tras lo de Rogov. Además, el crío mencionó a una muchacha, ¿no lo recuerda?
- Es cierto, pero ello no impide que uno de sus milicianos haya simpatizado con nuestra causa y utilice a su novia o a su hermana.
Vasili asintió. Iliá comprobaba que le iba convenciendo, al tiempo que alejaba una sospecha sobre él por el misterioso mensajero.
- Camarada General, déjeme que salga esta noche con el niño para tratar de averiguar algo.
- ¿Con el niño? -Vasili desorbitaba sus ojos y arqueaba las cejas- ¿Está usted loco? ¿Cómo va a cargar con un crío en una peligrosísima misión a Baranavichy y justo tras una batalla? ¡Los alemanes estarán en guardia! Habrá habido allá una bronca descomunal por el fracaso de esta mañana, y cada oficial habrá ladrado lo suyo a sus soldados. Ni sueñe con que anden despistados. ¡Y en verano! ¡Siendo la noche tan corta y estando todo infestado de esos malnacidos!
- No iré a Baranavichy, camarada General.
Vasili mantenía las facciones desencajadas, pero por asombro ahora.
- ¿Entonces?
- Iré a la granja de Petrenko y dejaré el niño a su cuidado. Cuando Petrenko vaya al mercado de Baranavichy, tratará de averiguar quién le envió. Con un poco de paciencia, y a través de Petrenko, podremos obtener información preciosa de los alemanes y sin poner en peligro ni a un partisano, ni a ese informador.
- Es buena idea. Pero ello no nos supondrá saber nada en un plazo corto. No veo por qué arriesgarnos precisamente esta noche.
- Sí, pero no podemos dormirnos. Puede que los alemanes nos ataquen mañana mismo otra vez, pero puede que precisen unos días para ello y pasado mañana hay mercado en Baranavichy.
Vasili dudaba.
- ¿Y cómo es que ese informador o informadora le conoce a usted?
Iliá tembló al comprobar que no había sido más zorro que su General. No le cabía le menor duda de que Vasili sospechaba algo, sin poder hacerse una idea concreta. Algo escapaba a su control y ello azuzaba su natural cobardía. Y nada resultaba más peligroso que un líder de partisanos cobarde.
- No lo se. Quizás sea por lo de Rogov. Petrenko sabe que fuimos nosotros. Su hijo fue uno de los que le apuñalaron.
- Suena posible -Vasili le clavaba la mirada-. Lo que no acabo de ver es qué necesidad tiene de cargar con ese crío si Petrenko conoce al informador.
- ¿Y si no lo conoce? El informador nos mandó a ese niño directamente a nosotros.
El General volvió a escarbar en su mente. Resopló y se movió nervioso en el taburete.
- Está bien -dijo finalmente-. Le dejaré partir esta noche pero con una condición.
- La que usted mande, camarada General.
- Que no se dejarán atrapar vivos por los alemanes. No puedo permitirme el lujo de que les interroguen y averigüen nuestra debilidad ahora, especialmente en cuanto a munición se refiere.
- Tiene usted mi palabra, camarada General. Y respondo por mis hombres.
- Pues buena suerte, entonces.