Publicado: Lun Jun 28, 2010 7:09 pm
VI.
Estaban al sur de Zherebilovichi y habían esquivado ya un par de patrullas alemanas. Todos habían temido que el niño provocara algún ruido o hablase en voz alta en el peor momento, pero lo cierto es que Vova se había portado muy bien y la aventura proseguía sin mayores dificultades. Iliá se percataba de que las obligadas paradas para otear eran agradecidas por el niño al borde de sus fuerzas.
-Ya falta poco.
Avanzaron a través de los campos, siempre agazapados, hasta que llegaron al camino que llevaba a la isba de Petrenko. Decidieron que irían sólo los dos mujiks con el niño para llamar lo menos posible la atención. Iliá se agachó para ponerse a la altura del crío y le puso las manos sobre los hombros.
- Vamos a dejarte en casa de unos amigos. Son buenas personas. Ellos te llevarán a Baranavichy muy pronto, cuando vayan al mercado. Entonces podrás ver a esa muchacha que te envió al bosque. ¿Contento?
Vova asintió varias veces.
- Babkin, se que es tu padre, pero entretente lo menos posible. Corremos mucho peligro aquí. Ya le diré a tu padre lo bien que te has comportado hoy en otra ocasión.
- No se preocupe, camarada politruk.
Iliá observó cómo se alejaban los muchachos con el chiquillo, siempre vigilantes y cuidando no hacer ruido. Luego se volteó hacia Mijaíl.
- Esperemos que no tengan problemas.
- Me ha extrañado que los mandases solos. Pensé que iría yo con Babkin.
- Ya tienen experiencia como partisanos. Incluso ya saben lo que es un combate. Pienso que es mejor que nos quedemos tú y yo a vigilar por si vienen los alemanes. Y ellos llaman la atención menos que nosotros.
- Sí, en parte tienes razón. En realidad, se mire como se mire, no hay una solución perfecta. Te confesaré que nunca antes he pasado tanto miedo en una salida.
- Será porque esto está infestado de alemanes. Está claro que sus mandos están enfadados por la derrota de esta mañana, y no quieren ninguna acción partisana que les acabe de humillar.
- Correcto. Pero me parece que, después de haberme salvado milagrosamente hoy en la batalla, la idea de morir ahora cuando podría haberme quedado en el bosque me choca un poco.
- Siento mucho haberte metido en este lío, Mijaíl.
- ¡No lo sientas! Estoy orgulloso de ayudarte en esto. Es la mejor misión hasta ahora y con diferencia. Por una vez nos la jugamos por una cuestión de humanidad, y no por la patria.
- La verdad es que necesito salvar a ese crío. No me preguntes por qué, pues ni yo mismo alcanzo a verlo con claridad. Sólo se que si le miro a los ojos, me dan ganas de llorar y siento la necesidad de ponerlo lo más lejos posible de todo esto. Si pudiera sacarlo de Rusia, lo haría.
- Estoy seguro de ello, Iliá. ¿Sabes? A veces me preocupas. Eres demasiado buena persona. No vivimos tiempos para el idealismo.
- ¿Y tú qué?
- Yo no soy tan idealista como tú. Soy más práctico.
- ¿Que tú no eres tan idealista? ¡Si pretendías quedar al margen de la guerra!
- Por eso mismo. Pretendía quedar al margen de la guerra. Me importan un rábano Stalin y Hitler. Nunca entenderé que esos dos hayan podido entrometerse en mi vida de esta manera. Pero tú eres peor. Mucho peor. A tí sí te importa esta guerra. Quieres ganar esta guerra y, además, pretendes hacerlo manteniendo intacta tu humanidad. Y eso, te lo advierto, es imposible. Ya lo has comprobado esta mañana.
Iliá agachó la cabeza. ¿Cuánto tardaría en olvidar, si es que podía, sus terribles acciones al final de la batalla? ¿Podría algún día superar la vergüenza que sufría ahora?
- ¿Y tú no pretendes salvaguardar tu humanidad? ¿Qué haces aquí, entonces?
- Lo mismo que tú, Iliá. Me estoy resarciendo por el hecho de haber visto cómo se me arrancaba una porción de mi ser. Pero soy consciente de que lo he perdido. Es más, antes del combate ya era consciente de lo que iba a pasar. A mí me resulta más fácil digerirlo que a tí. Quizás porque yo no pretendo cambiar el mundo, como tú. Porque eso es lo que tú quieres. Sueñas con un mundo mejor. Yo me conformo con que el mundo no me cambie a mí. Y, a estas alturas, ya ni eso.
Iliá escudriñó a su amigo en la oscuridad. Mijaíl, sin duda, no era un comunista. Su manera de pensar le resultaba egoísta pero, en cambio, no podía dejar de admirar su sentido para mantener el equilibrio entre el realismo y la ética. No pretendía cambiar el mundo, pero era muy capaz de arriesgar su vida por sus compañeros o por un niño huérfano que, probablemente, no volvería a ver. Puede que Mijaíl no fuese un idealista, pero su humanidad resultaba tan inamovible como la del soñador más alocado. ¿Y él? ¿Hasta qué punto el realismo se confrontaría con su idealismo sin hacer mella? ¿Hasta qué punto podría cambiar el mundo sin que se viera arrollado por la viceversa? Allí, atrapado en el bosque, poco podía cambiar. ¿Era esta aventura tan arriesgada una pretensión de cambiar las cosas? Trataba de escarbar en su interior, pero todo era más oscuro y enmarañado que las noches de Gutka.
- Es interesante lo que dices. Tengas más razón o no, y pase lo que pase, lo cierto es que estamos en las mismas. Hoy hemos combatido juntos, hemos asesinado por igual y ahora aquí estamos por un niño que cuando te mira parece decirte lo mal que lo has hecho todo.

Estaban al sur de Zherebilovichi y habían esquivado ya un par de patrullas alemanas. Todos habían temido que el niño provocara algún ruido o hablase en voz alta en el peor momento, pero lo cierto es que Vova se había portado muy bien y la aventura proseguía sin mayores dificultades. Iliá se percataba de que las obligadas paradas para otear eran agradecidas por el niño al borde de sus fuerzas.
-Ya falta poco.
Avanzaron a través de los campos, siempre agazapados, hasta que llegaron al camino que llevaba a la isba de Petrenko. Decidieron que irían sólo los dos mujiks con el niño para llamar lo menos posible la atención. Iliá se agachó para ponerse a la altura del crío y le puso las manos sobre los hombros.
- Vamos a dejarte en casa de unos amigos. Son buenas personas. Ellos te llevarán a Baranavichy muy pronto, cuando vayan al mercado. Entonces podrás ver a esa muchacha que te envió al bosque. ¿Contento?
Vova asintió varias veces.
- Babkin, se que es tu padre, pero entretente lo menos posible. Corremos mucho peligro aquí. Ya le diré a tu padre lo bien que te has comportado hoy en otra ocasión.
- No se preocupe, camarada politruk.
Iliá observó cómo se alejaban los muchachos con el chiquillo, siempre vigilantes y cuidando no hacer ruido. Luego se volteó hacia Mijaíl.
- Esperemos que no tengan problemas.
- Me ha extrañado que los mandases solos. Pensé que iría yo con Babkin.
- Ya tienen experiencia como partisanos. Incluso ya saben lo que es un combate. Pienso que es mejor que nos quedemos tú y yo a vigilar por si vienen los alemanes. Y ellos llaman la atención menos que nosotros.
- Sí, en parte tienes razón. En realidad, se mire como se mire, no hay una solución perfecta. Te confesaré que nunca antes he pasado tanto miedo en una salida.
- Será porque esto está infestado de alemanes. Está claro que sus mandos están enfadados por la derrota de esta mañana, y no quieren ninguna acción partisana que les acabe de humillar.
- Correcto. Pero me parece que, después de haberme salvado milagrosamente hoy en la batalla, la idea de morir ahora cuando podría haberme quedado en el bosque me choca un poco.
- Siento mucho haberte metido en este lío, Mijaíl.
- ¡No lo sientas! Estoy orgulloso de ayudarte en esto. Es la mejor misión hasta ahora y con diferencia. Por una vez nos la jugamos por una cuestión de humanidad, y no por la patria.
- La verdad es que necesito salvar a ese crío. No me preguntes por qué, pues ni yo mismo alcanzo a verlo con claridad. Sólo se que si le miro a los ojos, me dan ganas de llorar y siento la necesidad de ponerlo lo más lejos posible de todo esto. Si pudiera sacarlo de Rusia, lo haría.
- Estoy seguro de ello, Iliá. ¿Sabes? A veces me preocupas. Eres demasiado buena persona. No vivimos tiempos para el idealismo.
- ¿Y tú qué?
- Yo no soy tan idealista como tú. Soy más práctico.
- ¿Que tú no eres tan idealista? ¡Si pretendías quedar al margen de la guerra!
- Por eso mismo. Pretendía quedar al margen de la guerra. Me importan un rábano Stalin y Hitler. Nunca entenderé que esos dos hayan podido entrometerse en mi vida de esta manera. Pero tú eres peor. Mucho peor. A tí sí te importa esta guerra. Quieres ganar esta guerra y, además, pretendes hacerlo manteniendo intacta tu humanidad. Y eso, te lo advierto, es imposible. Ya lo has comprobado esta mañana.
Iliá agachó la cabeza. ¿Cuánto tardaría en olvidar, si es que podía, sus terribles acciones al final de la batalla? ¿Podría algún día superar la vergüenza que sufría ahora?
- ¿Y tú no pretendes salvaguardar tu humanidad? ¿Qué haces aquí, entonces?
- Lo mismo que tú, Iliá. Me estoy resarciendo por el hecho de haber visto cómo se me arrancaba una porción de mi ser. Pero soy consciente de que lo he perdido. Es más, antes del combate ya era consciente de lo que iba a pasar. A mí me resulta más fácil digerirlo que a tí. Quizás porque yo no pretendo cambiar el mundo, como tú. Porque eso es lo que tú quieres. Sueñas con un mundo mejor. Yo me conformo con que el mundo no me cambie a mí. Y, a estas alturas, ya ni eso.
Iliá escudriñó a su amigo en la oscuridad. Mijaíl, sin duda, no era un comunista. Su manera de pensar le resultaba egoísta pero, en cambio, no podía dejar de admirar su sentido para mantener el equilibrio entre el realismo y la ética. No pretendía cambiar el mundo, pero era muy capaz de arriesgar su vida por sus compañeros o por un niño huérfano que, probablemente, no volvería a ver. Puede que Mijaíl no fuese un idealista, pero su humanidad resultaba tan inamovible como la del soñador más alocado. ¿Y él? ¿Hasta qué punto el realismo se confrontaría con su idealismo sin hacer mella? ¿Hasta qué punto podría cambiar el mundo sin que se viera arrollado por la viceversa? Allí, atrapado en el bosque, poco podía cambiar. ¿Era esta aventura tan arriesgada una pretensión de cambiar las cosas? Trataba de escarbar en su interior, pero todo era más oscuro y enmarañado que las noches de Gutka.
- Es interesante lo que dices. Tengas más razón o no, y pase lo que pase, lo cierto es que estamos en las mismas. Hoy hemos combatido juntos, hemos asesinado por igual y ahora aquí estamos por un niño que cuando te mira parece decirte lo mal que lo has hecho todo.