Publicado: Lun Jun 28, 2010 7:20 pm
por Bitxo
XI.

Un poco de luz entraba por la ventana y desde allí, sobre la mancha negra con forma de manzano, podía ver las estrellas si se sentaba sobre la cama. La babushka le había dado un cuenco con borsch y una hogaza de pan acompañada de un trozo de panceta. Él lo había devorado todo ofreciendo un espectáculo de migas y fibras machacadas desde donde se escabullía un hilo de sopa por la comisura de los labios. El abuelo lo miraba con curiosidad y no cesó de repetirle que allí estaría bien y que muy pronto lo llevaría a Baranavichy. Y cada vez que mencionaba Baranavichy, él abría la boca de alegría y caían las migas y la panceta triturada hasta chapotear en un charquito verdoso sobre la mesa. Eran buenas personas, no le cabía duda. Y gracias a ellos recuperaría sus fuerzas y podría volver junto a la guapa muchacha que le había dado aquel extraño muñeco. ¿Por qué le había enviado a aquel lugar tan horrible donde los adultos reñían con tanta ferocidad? No lo sabía. Pero estaba contento porque ahora podría presumir de haber estado allí y haber vuelto. ¡Sin duda la aventura que acababa de vivir era increíble!. Le diría que había cumplido con su encargo y que no tuvo miedo al escuchar los estampidos y ver cómo los hombres eran impulsados hacia atrás y ya no se levantaban. Le diría que se había atrevido a cruzar la noche con aquellos hombres del bosque, y que lo había hecho para poder regresar cuanto antes y volverla a ver. No, no. Eso último no se lo diría. Le diría que se había esforzado en regresar pronto para saber si podía ayudarla en algo más. Eso era mejor. De todas formas lo otro no sería capaz de decírselo. Se turbaría cuando ella le mirase con sus ojos de fino cristal, y su sonrisa agolpara las pecas en dos montículos tan dulces como la miel. Vova quería volver a verla y, pese a su agotamiento, se sentía ansioso y hasta consideraba la posibilidad de escapar por la ventana y reanudar su camino hacia Baranavichy. Pero tenía miedo y no sólo de perderse. ¿Y si encontraba a esos hombres enfadados con los del bosque? ¿Estarían enfadados también con él por haberse juntado con ellos? No, no. Se quedaría allí con aquellos abuelos tan amables y esperaría con paciencia a que lo llevaran. Además, ¿podría encontrar él a la muchacha en Baranavichy? ¡Habían muchas casas allí!

Se oyeron unos golpes. Habían sonado tenues pero, estaba seguro, habían llamado a la puerta. Vova se alarmó sobremanera y sintió que su piel se erizaba al derramar un sudor frío. ¿Quién podía ser? ¿Y si eran aquellos hombres que se habían peleado con tanta violencia? Oyó voces susurrantes de los abuelos y vio los pies moverse bajo la cortina que separaba su cama del resto de la casa. ¡No, no! Quiso gritar. ¿Y si son ellos y entran con sus gritos, haciendo tronar sus armas? La puerta se abrió y oyó una voz de sorpresa. Ahora era la babushka quien se levantaba e iba hacia la puerta. Vova trató de agudizar el oído, pero las voces resultaban muy débiles y no lograba entender qué decían. Se tranquilizó un poco al comprobar que nadie gritaba y que no se oía ningún estampido. Luego la cortina se corrió y Vova se sorprendió mucho al ver que la babushka hacía entrar a una niña de la mano.

- ¿Te has despertado tú también?

Vova miraba a la niña empañada de la luz de la ventana. Su blancura resultaba espectral enmarcada como era por sus cabellos negros, y acompañada por una fragilidad que despertó una compasión olvidada por un niño acostumbrado a ser maltratado.

- Tendrás que hacerle un hueco a esta niña. La llevaremos contigo a Baranavichy.

La babushka se retiró y Vova se levantó y cogió a la niña de la mano, tal y como había visto hacer a la abuela. Ella temblaba de pies a cabeza y escondía la mirada.

- Ven, acuéstate aquí y descansa. Yo dormiré en el suelo.

Vova se sentó junto a la pared y la niña, tras alguna duda, lo hizo en la cama.

- No te preocupes. Estoy acostumbrado a dormir en el suelo -le dijo y se sintió extrañamente mayor al hacerlo.

La niña se recostó en la cama, encogiéndose de tal manera que no podía vérsele la cara. Aún temblaba y Vova se preguntó si tendría frío pues la noche refrescaba. Se levantó cuidando de no resultar brusco para no asustarla, y la tapó con la colcha. Así, escondida tras ese universo de colores anudados, le resultó más grata a la vista y supuso que ella también se sentiría mejor.

- No tengas miedo. Pronto estaremos en Baranavichy. Conocozco a una muchacha que te va a encantar -Vova asomaba sus dos dientes en una sonrisa que exageraba sus rasgos- ¡Ya lo verás!

FIN