Publicado: Mié Mar 24, 2021 8:29 pm
Voy por la mitad del libro y juro que me está costando horrores seguir con la lectura, porque el autor es un fullero descarado.
La introducción parece interesante. Promete explicar algo nunca visto, mostrar a Hitler bajo una nueva luz con pruebas incontrovertibles. Luego resulta que ni hay pruebas tangibles o creibles y que faltan por pagar varios recibos y nos van a cortar la luz.
Utiliza las técnicas más burdas para probar sus puntos. Cuando aparecen ambiguedades en los testimonios, si éstas favorecen su toería de que Hitler era homosexual, él ve claras insinuaciones que confirman su tesis. Cuando hay indicios que apuntan en la dirección contraria, los desestima porque los considera "ambiguos". Es decir, la ley del embudo para argumentar. Un caso claro pasa con Leni Riefenshtal, que le para los pies a Hitler cuando se le insinua. Según el autor, "no lo dice en serio". Supongo que tenía que haberle hecho una llave de judo al Führer y hacerle sangrar para tomarselo en serio el autor.
En otra ocasión, pone en tela de juicio la opinión de un testigo u otro dependiendo de su relación con Hitler (amigo o enemigo político), pero cuando su base principal sobre su homosexualidad es un chantajista y presunto pederasta, entonces lo afirmado por el testigo va a misa, y no cabe duda alguna sobre la veracidad de su testimonio simplemente porque tenga una reputacion lamentable ni lleve a cabo una vendetta personal contra Hitler (aunque el mismo autor reconozca que es así). Eso sin citar que el caballero en cuestión tenga unos momentos de delirio persecutorio (vale, vive en los comienzos de la Alemania hitleriana, que también es para tener miedo hasta de tu propia sombra).
Luego están inconsistencias extrañas, que, conociendo el modo de funcionar del III Reich, no casan, como por ejemplo el citado caso. Viendo como Hitler ajustó cuentas con von Lossow y compañía, me sorprende mucho que un presunto compañero de armas que pueda probar su homosexualidad no termine en Dachau de la noche a la mañana. Añado más: se supone que un general "anómino" del Reichswehr tiene pruebas "incontrovertibles" sobre la homosexualidad de Hitler que pueden destruirle sólo con que él las haga llegar a la prensa. Curioso que esas pruebas no aparezcan por ningún lado, aunque en un momento el autor cite que una copia de las mismas fue enviada a Moscú. También hace referencia a supuestos archivos policiales respecto a este tema que, misteriosamente, desaparecen. Y, curiosamente, para haber desaparecido, de repente el autor cita a cuatro supuestos testigos que afirman a la policía que un hombre les pagó por tener sexo con él. Lo más raro es que, de los cuatro, sólo uno describe al hombre (el famoso flequillo) y da su nombre, Adolf Hitler. Leyendo los testigos de los otros, simplemente no hay manera de ver que hagan referencia a Hitler, salvo el contexto y las insinuaciones del autor. Este es el nivel de manipulación que se mantiene a lo largo de todo el libro.
Añado a esta una curiosa tendencia que tiene el autor. Cada hombre influyente que aparece en la vida de Hitler (Rohm, Eckhardt, Hangstaffel, Hess, Goebbels) es amante de Hitler en un momento u otro. No falla uno. Miedo me da llegar al capítulo del Pacto Ribbentropp-Molotov, porque me veo a Adolf teniendo un vis-a-vis con Stalin, visto lo visto. A tenor de este tema, una pequeña anécdota. El autor se pasa todo el libro comentando la supuesta misoginia de Hitler y su supuesta rechazo a las mujeres debido a su supuesta homosexualidad citando una anecdota ocurrida en la Navidad de 1924-25, que, si ocurrió como el autor indica, puede interpretarse como un ataque de pudor ridículo por parte de Hitler o, también, como una cierta misognia. Para Machtan, es un claro caso de misoginia provocada por la homosexualidad de Hitler y que no sabía tratar a las mujeres.
Entonces, ¡tachán! ¡Milagro! El autor nos describe dos años despuès a Hitler como un consumado manipulador, cuando no un seductor nato, de toda mujer que se ponga a tiro, eso sí, igual de misógino que antes, aunque a veces se comporte como Casanova y otras como Mr. Bean. Y otra cosa extraña. El caso Geli Raubal lo despacha en tres o cuatro páginas, cuando ha dedicado una veintena a las supuestas pruebas de homosexualidad del compañero de armas de Hitler cuyo nombre ahora mismo se me escapa.
En resumen, que me cuesta seguir con la lectura. Una cosa es que el autor se crea que escribe para imbéciles que se dejan engañar. Otra osa es que yo sea tan imbécil para tragarme su chapuceras maneras, que me recuerdan un poco al modus operandi de Pio Moa: cito como me da la gana las fuentes originales y las interpreto como me sale de las orejas para hacerlas casar con mi punto de vista. Porque este es un vicio que tiene el autor: agarra al lector por el pescuezo y le lleva a trancas y barrancas por su teoría.
Y a mi se me da fatal comulgar con ruedas de molino.
La introducción parece interesante. Promete explicar algo nunca visto, mostrar a Hitler bajo una nueva luz con pruebas incontrovertibles. Luego resulta que ni hay pruebas tangibles o creibles y que faltan por pagar varios recibos y nos van a cortar la luz.
Utiliza las técnicas más burdas para probar sus puntos. Cuando aparecen ambiguedades en los testimonios, si éstas favorecen su toería de que Hitler era homosexual, él ve claras insinuaciones que confirman su tesis. Cuando hay indicios que apuntan en la dirección contraria, los desestima porque los considera "ambiguos". Es decir, la ley del embudo para argumentar. Un caso claro pasa con Leni Riefenshtal, que le para los pies a Hitler cuando se le insinua. Según el autor, "no lo dice en serio". Supongo que tenía que haberle hecho una llave de judo al Führer y hacerle sangrar para tomarselo en serio el autor.
En otra ocasión, pone en tela de juicio la opinión de un testigo u otro dependiendo de su relación con Hitler (amigo o enemigo político), pero cuando su base principal sobre su homosexualidad es un chantajista y presunto pederasta, entonces lo afirmado por el testigo va a misa, y no cabe duda alguna sobre la veracidad de su testimonio simplemente porque tenga una reputacion lamentable ni lleve a cabo una vendetta personal contra Hitler (aunque el mismo autor reconozca que es así). Eso sin citar que el caballero en cuestión tenga unos momentos de delirio persecutorio (vale, vive en los comienzos de la Alemania hitleriana, que también es para tener miedo hasta de tu propia sombra).
Luego están inconsistencias extrañas, que, conociendo el modo de funcionar del III Reich, no casan, como por ejemplo el citado caso. Viendo como Hitler ajustó cuentas con von Lossow y compañía, me sorprende mucho que un presunto compañero de armas que pueda probar su homosexualidad no termine en Dachau de la noche a la mañana. Añado más: se supone que un general "anómino" del Reichswehr tiene pruebas "incontrovertibles" sobre la homosexualidad de Hitler que pueden destruirle sólo con que él las haga llegar a la prensa. Curioso que esas pruebas no aparezcan por ningún lado, aunque en un momento el autor cite que una copia de las mismas fue enviada a Moscú. También hace referencia a supuestos archivos policiales respecto a este tema que, misteriosamente, desaparecen. Y, curiosamente, para haber desaparecido, de repente el autor cita a cuatro supuestos testigos que afirman a la policía que un hombre les pagó por tener sexo con él. Lo más raro es que, de los cuatro, sólo uno describe al hombre (el famoso flequillo) y da su nombre, Adolf Hitler. Leyendo los testigos de los otros, simplemente no hay manera de ver que hagan referencia a Hitler, salvo el contexto y las insinuaciones del autor. Este es el nivel de manipulación que se mantiene a lo largo de todo el libro.
Añado a esta una curiosa tendencia que tiene el autor. Cada hombre influyente que aparece en la vida de Hitler (Rohm, Eckhardt, Hangstaffel, Hess, Goebbels) es amante de Hitler en un momento u otro. No falla uno. Miedo me da llegar al capítulo del Pacto Ribbentropp-Molotov, porque me veo a Adolf teniendo un vis-a-vis con Stalin, visto lo visto. A tenor de este tema, una pequeña anécdota. El autor se pasa todo el libro comentando la supuesta misoginia de Hitler y su supuesta rechazo a las mujeres debido a su supuesta homosexualidad citando una anecdota ocurrida en la Navidad de 1924-25, que, si ocurrió como el autor indica, puede interpretarse como un ataque de pudor ridículo por parte de Hitler o, también, como una cierta misognia. Para Machtan, es un claro caso de misoginia provocada por la homosexualidad de Hitler y que no sabía tratar a las mujeres.
Entonces, ¡tachán! ¡Milagro! El autor nos describe dos años despuès a Hitler como un consumado manipulador, cuando no un seductor nato, de toda mujer que se ponga a tiro, eso sí, igual de misógino que antes, aunque a veces se comporte como Casanova y otras como Mr. Bean. Y otra cosa extraña. El caso Geli Raubal lo despacha en tres o cuatro páginas, cuando ha dedicado una veintena a las supuestas pruebas de homosexualidad del compañero de armas de Hitler cuyo nombre ahora mismo se me escapa.
En resumen, que me cuesta seguir con la lectura. Una cosa es que el autor se crea que escribe para imbéciles que se dejan engañar. Otra osa es que yo sea tan imbécil para tragarme su chapuceras maneras, que me recuerdan un poco al modus operandi de Pio Moa: cito como me da la gana las fuentes originales y las interpreto como me sale de las orejas para hacerlas casar con mi punto de vista. Porque este es un vicio que tiene el autor: agarra al lector por el pescuezo y le lleva a trancas y barrancas por su teoría.
Y a mi se me da fatal comulgar con ruedas de molino.