Publicado: Vie May 02, 2014 8:17 am
Ampliación de la noticia, aunque lo siguiente casi se podría llamar biografía más que noticia:
Fuente: http://www.zoomnews.es/272375/actualida ... -roosevelt
Jan Karski, el mensajero del Gueto de Varsovia, al que no creyó Roosevelt
2 DE MAYO DE 2014
- Una exposición en el Centro Sefarad de Madrid rememora la gesta del hombre que suplicó a Inglaterra y Estados Unidos que bombardearan Polonia
- Kaya Mirecka-Ploss, última compañera y albacea de Jan Karski, recorre el mundo para evitar que se pierda la memoria de aquella misión suicida
A sus 90 años Maya Mirecka-Ploss exhibe la fuerza de la convicción. Esta mujer menuda, de flameantes ojos azules, fue la última amiga íntima, compañera sentimental y albacea de Jan Karski, el protagonista de una extraordinaria misión durante la Segunda Guerra Mundial. Como mensajero del Estado Clandestino, creado por la Resistencia Polaca, atravesó el continente europeo en guerra, recorrió toda la Península Ibérica de Port Bou a Gibraltar, con el fin de llegar a Londres y Washington para informar a los líderes aliados occidentales sobre las prácticas abominables del Holocausto.
La Resistencia introdujo al entonces joven católico Jan Karski en el gueto de Varsovia y en un campo de tránsito para los judíos destinados a ser enviados a las cámaras de gas. Así conoció de primera mano las atrocidades que los nazis estaban cometiendo en los campos de concentración habilitados en suelo polaco. Pudo exponer su relato personalmente al ministro de Asuntos Exteriores de Inglaterra, Anthony Eden, al presidente norteamericano, Franklin D. Roosevelt, y a otros dirigentes aliados. Sus interlocutores entonces no dieron suficiente crédito a su exposición sobre la tragedia que estaba ocurriendo en la Polonia ocupada.
La audacia de aquella peripecia es explicada en los 22 paneles que componen la exposición "Jan Karski, una misión inacabada", que alberga el Palacio de Cañete en Madrid, organizada conjuntamente por el Instituto Polaco de Cultura y el Centro Sefarad.
Karski, cuyo verdadero nombre era Jan Kozielewski, era el octavo y último hijo de una familia modesta de Lodz, una ciudad liberal y multicultural. Dotado de una memoria prodigiosa, estudió y se licenció con brillantez en Derecho y Diplomacia. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Polonia le hizo pasar sucesivamente por los consulados en Ucrania, Rumania y Alemania. En este último destino fue testigo de la celebración del Día del Partido Nazi en Nüremberg en 1935.
Aquel primer contacto directo con la propaganda nazi le marcó para siempre. "Lo que más le impresionó - afirma Kaya, su última gran amiga y confidente- fue el fanatismo de la multitud congregada en aquel evento".
De los nazis a los soviéticos
El 1 de septiembre de 1939 Polonia fue invadida por las tropas alemanas, y el 17 de septiembre, por el ejército soviético, consecuencia práctica del Pacto Ribbentrop-Molotov, el acuerdo entre nazis germanos y comunistas soviéticos para repartirse el país, maniobra que dejó sin aliento y la boca abierta de incredulidad a todos los comunistas y socialistas de Europa, incluidos los exilados republicanos españoles.
Hecho prisionero por los rusos, Karski, pese a su condición oficial, se hizo pasar por soldado raso, jugada que le evitó ser asesinado, como sus compañeros oficiales, en la masacre del Bosque de Katyn. Las buenas relaciones entonces entre Hitler y Stalin propiciaron que fuera enviado a un campo de trabajo en Alemania, pero durante su traslado Karski logró fugarse saltando del tren en marcha.
Logró llegar a Varsovia y contactar con la Resistencia, que le convirtió en emisario del denominado Estado Clandestino Polaco. Como tal realizó tres misiones, pero en la última de ellas, cuando estaba cruzando Eslovaquia con un guía, fue delatado y capturado por las SS alemanas. Sus torturadores le arrancaron uno a uno todos los dientes. Creyendo que acabaría por sucumbir logró hacerse con una cuchilla de afeitar, que escondió en el tacón de sus zapatos, y se cortó las venas con ánimo de suicidarse. La Gestapo no se resignaba a que resistiera los interrogatorios, de manera que lo trasladó a un hospital en Nowy Sacz, en espera de que se recuperara para seguir intentando arrancarle los nombres de sus correligionarios. No lo lograron porque la Resistencia organizó su fuga del hospital.
Un hombre con una misión
Apenas recuperado, en el verano de 1942 Karski recibió el encargo de su histórica misión: Llevar primero a Londres, y después a Washington, la información de primera mano sobre lo que había visto con sus propios ojos en el gueto de Varsovia y en el campo de tránsito, desde donde los judíos eran enviados a los campos de exterminio nazis, especialmente al de Treblinka. Su informe se convertiría así en una de las fuentes más importantes de la historia de la ocupación de Polonia.
Aquellos muertos vivientes del gueto le mostraron escenas que le perseguirían durante el resto de su vida: "Por favor -le suplicaban- describa a los aliados lo que está viendo. Dígales que empiecen a bombardear ciudades alemanas inmediatamente; que arrojen bombas e inutilicen las líneas de ferrocarril que conducen a los campos de exterminio; que abran las fronteras a nuestros hermanos que buscan refugio, y que movilicen a los judíos de Occidente para que exijan el fin del genocidio".
Karski emprendió su viaje clandestino en otoño de 1942. Toda la información la portaba grabada en un microfilm, que escondió en una llave hueca. Atravesó la Polonia ocupada y toda Alemania, hubo de dar un rodeo por Bélgica y recorrer Francia de norte a sur hasta Perpiñán, antes de entrar en España por Port Bou. En Barcelona y Madrid, auténticos nidos de espías entonces, hubo de sortear las sospechas de la policía del régimen franquista, utilizando decenas de pasaportes falsos, pero sobre todo una formidable capacidad dialéctica, que le permitía fabular historias y relatos relativos a su presunta adhesión a la Alemania nazi.
Por fin, Roosevelt
No sería hasta un año después, en junio de 1943, que el presidente Roosevelt le recibiría en la Casa Blanca durante más de una hora. A la salida Karski estaba eufórico, convencido de que los aliados emprenderían acciones de inmediato. Pero Roosevelt no actuó. Antes que él, Anthony Eden, el secretario de Defensa norteamericano Henry Stimson, además de numerosos intelectuales, periodistas, sacerdotes y obispos católicos oyeron su dramático informe. La mayoría lo recibió con escepticismo. Les resultaba imposible creer que nadie, ni siquiera los nazis, fuera capaz de intentar exterminar un pueblo entero.
El espionaje germano descubrió la identidad falsa de Karski en septiembre de 1943. Los alemanes le describieron entonces como un agente bolchevique al servicio de los judíos americanos. Estaba, pues, claro que no podía volver a Polonia. El gobierno en el exilio decidió entonces enviarlo de nuevo de Londres a Estados Unidos, con la misión de escribir un guión y conseguir que Hollywood rodara una película sobre su gesta, con ánimo de ganar el apoyo de los americanos a la causa polaca. La Meca del cine no se interesó por el proyecto, y su guión se convirtió en su libro "La Historia de un Estado Clandestino".
Vida en Estados Unidos
Debido a los cambios geopolíticos, después de la Segunda Guerra Mundial Jan Karski se quedó en Estados Unidos con Pola, su mujer judía, a la que convenció de convertirse al catolicismo para casarse con él. El matrimonio conocería en 1968 a Kaya Mirecka-Ploss, confidente y amiga íntima de ambos hasta el final de sus días. Fue la propia Kaya la que enterraría a una Pola que lograba finalmente suicidarse arrojándose por la ventana desde un undécimo piso tras cinco intentos fallidos. Fue Kaya también la que enterraría también a los pies de Pola a su perro, que apenas sobrevivió cuatro días más a la ausencia de su ama. Y fue también Kaya la que dispondría el entierro y los funerales de Jan Karski, al morir éste en 2000.
"Tras la muerte de Pola - rememora Kaya- Jan me pidió que me fuera a vivir con él. Así lo hice. Era 1992. Creo que le hice pasar los años más felices de su vida, según contaba él mismo a todo el que quería oirle. Ni él ni yo teníamos que fingir. Quiso casarse conmigo, pero yo, tras una infancia y adolescencia llena de penalidades, no quería unirme en matrimonio a una persona mucho más pobre que yo, que había heredado mucho dinero de un marido rico y disponía de una pensión considerable".
La intimidad con Kaya
"No, no fuimos amantes -me contesta a la pregunta de cómo se puede tener tanta intimidad sin relaciones sexuales-, pero tuvimos un grado de compenetración completo. Nos aceptamos como éramos, él con su dentadura postiza, y yo con mi peluca. Eso sí, le oculté deliberadamente que me habían descubierto un cáncer de pecho, aprovechando que él emprendía un largo viaje a Australia para entrevistarse con el doctor Landau, que fuera jefe de la insurreción en el gueto de Varsovia".
Exhibiendo un torrente de vitalidad Kaya narra que se desmoronó al contemplarse en el espejo y verse sin uno de sus senos. Pidió al hospital que se lo reconstruyeran, pero volvió a disgustarse cuando vió "una teta turgente y la otra obedeciendo a la ley de la gravedad". "Volví al hospital y pedí que también me pusieran la otra teta igual de turgente, pero cuando ví la maravilla de mis dos senos no me gustó mi cara de vieja, así que me hice un lifting. Cuando al cabo de varios meses Jan volvió de Australia me encontró guapísima. ¡Cómo no me iban a dejar bien si me gasté 12.000 dólares!, le respondí".
Esta mujer tiende a subrayar el coste de cada una de las acciones e iniciativas que ha emprendido: Por ejemplo, el Premio Karski a la labor personal e ininterrumpida de carácter humanitario, galardón dotado con 10.000 dólares, que ya han recibido sucesivamente Janina Ochojsa (se ocupaba de los niños de la guerra), Susan Pollack (logró sacar a 18.000 judíos etiopes y se enfrentó y doblegó a las autoridades de Israel por no querer admitirlos so pretexto de que eran negros), Irene Sendler (sacó a 2.500 niños del gueto de Varsovia ocultándoles en ataudes y en cubos de basura), y el cubano Dagoberto Valdés, al que el régimen castrista le impidió salir de Cuba durante 16 años.
Kaya ha creado el Instituto Karski, al que ha donado todos los derechos de autor de su amigo, tras haberlos adquirido por 50.000 dólares. "El Instituto ya ha ganado más de 100.000 euros con ellos", recalca con una sonrisa visiblemente satisfecha. Y también dota con un mínimo de 5.000 dólares una docena de becas anuales para que estudiantes polacos titulares de impecables expedientes académicos concluyan su carrera en Estados Unidos.
La exposición en el Centro Sefarad se prolongará hasta el próximo 30 de junio. España es la cuarta etapa en este año, tras Washington, Londres y París. Después de Madrid, seguirá su ruta por Italia, Bélgica, República Checa, Japón, Canadá y Chile. "Ya no hago otra cosa que viajar presentando este legado", concluye Kaya, que enseguida ha medido el estado de conocimiento de figuras polacas en España. "En tan solo una semana -concluye- han consagrado ustedes a Elena Poniatowska con el Premio Cervantes, han celebrado la canonización de Karol Wotyla (Juan Pablo II), y ahora descubren, por si no lo conocían, a Jan Karski, Justo entre las Naciones del Mundo".
Como reza uno de sus propios libros, Kaya Mirecka-Ploss es "Una mujer que vio demasiado"
Fuente: http://www.zoomnews.es/272375/actualida ... -roosevelt