Publicado: Vie Sep 14, 2007 10:41 pm
Acerca del tema , adjunto un reportaje aparecido en el diario "La Nación", Chile.
Viernes 14 de septiembre de 2007
Por Víctor Corcoba Herrero
MUNDO BLOGAL
Museo en Jerusalén
Premiar la ejemplaridad, aparte de ser un acto de justicia, es también un modo de hacer camino. La vida, un colador que clarifica, se mueve bajo ese trayecto de memoria purgante, de conciencia colectiva. El Museo del Holocausto de Jerusalén, recuerdo vivo de una gran tragedia histórica, ha vuelto a ser rememorada y conciliadora estampa, una vez ya depuradas todas las bilis de hostilidad, racismo e intolerancia, y merced al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2007 y al valor de Angela Merkel que lo ha presentado como lección.
El Museo de Jerusalén es una ventana a la meditación que viene muy bien para estos tiempos en los que el caminante a veces no considera el camino primero, que es el de la salvaguardia y promoción de la dignidad de la persona y de sus derechos, en todas las etapas de su vida y en toda circunstancia política, social, económica o cultural. Aún hoy se puede verificar el abismo entre "los andares" reconocidos a nivel internacional en numerosos documentos, y "el andar" obligado, sin libertad ninguna. Por desgracia, son innumerables las personas cuyos derechos son despreciados. El premio refrenda la letra y el espíritu de los derechos humanos.
La memoria de los seis millones de judíos víctimas del Holocausto nos deja sin palabras. El silencio evoca una riada de llantos. El respeto a la vida no tiene precio. Es bueno recordar, sobre todo para que se desgasten los males y el bien pueda respirar un poco más. El ejercicio de la evocación no debe ir vestido de venganza. Sólo un camino en paz, con sombras de justicia para todos, puede evitar que se repitan los terribles golpes de muerte.
Viernes 14 de septiembre de 2007
Por Víctor Corcoba Herrero
MUNDO BLOGAL
Museo en Jerusalén
Premiar la ejemplaridad, aparte de ser un acto de justicia, es también un modo de hacer camino. La vida, un colador que clarifica, se mueve bajo ese trayecto de memoria purgante, de conciencia colectiva. El Museo del Holocausto de Jerusalén, recuerdo vivo de una gran tragedia histórica, ha vuelto a ser rememorada y conciliadora estampa, una vez ya depuradas todas las bilis de hostilidad, racismo e intolerancia, y merced al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2007 y al valor de Angela Merkel que lo ha presentado como lección.
El Museo de Jerusalén es una ventana a la meditación que viene muy bien para estos tiempos en los que el caminante a veces no considera el camino primero, que es el de la salvaguardia y promoción de la dignidad de la persona y de sus derechos, en todas las etapas de su vida y en toda circunstancia política, social, económica o cultural. Aún hoy se puede verificar el abismo entre "los andares" reconocidos a nivel internacional en numerosos documentos, y "el andar" obligado, sin libertad ninguna. Por desgracia, son innumerables las personas cuyos derechos son despreciados. El premio refrenda la letra y el espíritu de los derechos humanos.
La memoria de los seis millones de judíos víctimas del Holocausto nos deja sin palabras. El silencio evoca una riada de llantos. El respeto a la vida no tiene precio. Es bueno recordar, sobre todo para que se desgasten los males y el bien pueda respirar un poco más. El ejercicio de la evocación no debe ir vestido de venganza. Sólo un camino en paz, con sombras de justicia para todos, puede evitar que se repitan los terribles golpes de muerte.