Publicado: Vie Abr 11, 2008 1:35 am
por Joaquin Garcia Morato
Eduardo Berti, en "Crítica Digital.com", el 08/04/2008 escribió:<center> Alexander Pechersky, héroe de Sobibor</center>

En octubre de 1941 un joven oficial del ejército rojo, Alexander Aronowicz Pechersky, fue apresado por los nazis y conducido al ghetto de Minsk apenas se descubrió que era judío. De allí pasó, en septiembre del 43, al campo de Sobibor. Llegado a su nuevo destino -esta vez, un campo de exterminio- lo intrigó una densa humareda más allá de un alambrado.

Otro prisionero le dijo, mirándolo fijamente: "La gente que llega aquí se va hecha humo". Los días siguientes, Pechersky organizó y lideró la mayor revuelta en la historia de los campos nazis: en ella, una veintena de prisioneros judíos mató a hachazos a 16 oficiales alemanes, cortó la electricidad y permitió la escapatoria de unos 300 hombres.

Nacido en 1909, en Kremenchuk, Ucrania, antiguo estudiante de música y literatura, "Sasha" Pechersky -o Peczerski en los papeles polacos- sabía que dos motines ya habían fracasado en Sobibor, donde hoy se estima que fueron aniquiladas 250 mil personas.

Su plan fue diferente: persuadir a los alemanes de que debía edificarse una nueva barraca para los carpinteros; de este modo habría más hachas disponibles. Los alemanes aceptaron y el operativo se puso en marcha. Pechersky y compañía escogieron el 14 de octubre porque en esa fecha muchos oficiales estarían ausentes y sólo habría dieciséis guardias.

El episodio de la fuga se hizo masivamente conocido cuando Thomas "Toivi" Blatt -sobreviviente del campo- escribió el libro Desde las cenizas de Sobibor, llevado a cine por Jack Gold en 1987. Más tarde, en 2001, el director francés Claude Lanzmann, célebre por Shoah, estrenó un documental basado en un extenso reportaje a uno de los principales secuaces de Pechersky: Yehuda Lerner. El motín de Sobibor, a ojos de Lanzmann, fue "un ejemplo de reapropiación de la fuerza" y una forma de desmentir el "mito de la pasividad judía".

Lerner le contó a Lanzmann que el día de la revuelta, como estaba convenido, todos los oficiales de Sobibor fueron convocados por los artesanos bajo diversos pretextos y en dos tandas: la primera a las 4 de la tarde y la segunda a las 4 y 5 minutos. Los prisioneros conocían la obsesión de los alemanes por la puntualidad. "Todo el plan, de hecho, dependía de esta extraordinaria puntualidad. Si un solo oficial hubiese llegado antes o después, habríamos fracasado", dijo Lerner, que debió matar con un hacha a dos nazis.

Tras la fuga, en 1945, otro de sus líderes, Leon Feldhandler, fue asesinado en Polonia, en la puerta de su domicilio, por una banda antisemita. En cuanto a Pechersky, se reincorporó al ejército rojo, sufrió una herida grave en una pierna, recibió una medalla por su valor y volvió a la vida civil. Bajo el régimen de Stalin, no obstante, fue acusado de colaborar con los nazis y hasta pasó un tiempo en un gulag soviético. Quienes lo condenaron se negaban a creer su versión de los hechos, y es coherente: los cobardes desconfían de los actos de valentía.

"Nunca supe por qué mis compañeros de Sobibor me aceptaron como líder. Tal vez porque seguía usando mi gorra de oficial", le dijo a "Toivi" Blatt la única vez que se volvieron a ver, allá por 1980 en la entonces declinante URSS. En esa entrevista "Toivi" le prometió a "Sasha" que le conseguiría una visa para Estados Unidos, pero el primer pedido fue denegado. En 1987, fecha del estreno de la película de Jack Gold, las autoridades soviéticas fueron más permisivas. Sin embargo, Pechersky ya estaba demasiado enfermo para viajar. Murió en enero de 1990 en Rostov, al sur de Rusia.

"Toivi" no obtuvo la visa pero pudo leer los diarios íntimos de "Sasha" y ahí descubrió múltiples menciones a Luka, cierta chica holandesa de 18 años, prisionera como ellos en Sobibor. "Aunque la vi sólo dos semanas, fue mi musa inspiradora", escribió Pechersky sobre su amor platónico. Para protegerla, sólo le habló del plan minutos antes de su inicio. Al enterarse, ella le obsequió "una camisa de la buena suerte" y le pidió que se la pusiera. Él obedeció y escapó a salvo. Luka, en cambio, se perdió de vista en el remolino del motín y Sasha nunca pudo averiguar su paradero.

¡Qué historia!, ¿verdad, amigos ?. Y qué triste tiene que ser sobrevivir a Sobibor, para que tus propios compatriotas te manden a un gulag
por colaborador de los nazis. ¡Es tremendo!
:D Un saludo cordial.
García-Morato.