Publicado: Vie Oct 03, 2008 5:47 pm
por Simon dice
El estreno de 'El niño con el pijama de rayas' devuelve al primer plano el acercamiento del séptimo arte al mayor horror de la historia de la Humanidad
03.10.08 -


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EJEMPLAR. Fotograma de la recién estrenada 'El niño con el pijama de rayas'. / SUR

VIERNES noche. La sala del cine está llena. Los espectadores charlan en las butacas bajo las luces encendidas. Es el día del estreno de 'El niño con el pijama de rayas', película de Mark Herman basada en la novela de John Boyne que ha vendido, en todo el mundo, tres millones de ejemplares. La película comienza, con el consabido coro de palomitas de maíz y sorbos de refrescos. El drama, que irá in crescendo en la pantalla hará que esos sonidos se detengan, que se contenga el aliento y el drama se consuma como una ópera. La incongruencia de comer palomitas y golosinas como si se tratara de un parque de atracciones mirando en la pantalla monolíticos nazis y un niño que se intuye, se sabe, condenado a la muerte sin por qué, ha quedado redimida por la congoja triunfante. Esta película ejemplar y ejemplarizante, destinada a convertirse en un éxito similar al que consiguió el libro en el que se basa, es el ejemplo más actual del cine sobre el Holocausto, que cuenta con interpretaciones y una nutrida historia. Una historia y unas opiniones que es especialmente adecuado repasar ahora, cuando se da la elocuente coincidencia del estreno de 'El niño con el pijama de rayas' y el inicio del nuevo año judío (hoy, 3 de octubre, es el cuarto día, el 4 de Tishrí de 5769, según el calendario hebreo), de forma que hasta el día de Yom Kipur (el 9 de octubre) se considera abierto el libro de la vida para que quienes hagan propósito de enmienda sean inscritos en él y así tener abierta la posibilidad de vivir un nuevo año. Las películas que aquí comentamos tratan de los que no pudieron ver sus nombres en el libro de la vida. Seis millones de personas. Seis millones de inocentes.

Infamia

Curiosamente, la primera película sobre el Holocausto es una realización nazi, 'El Führer regala una ciudad a los judíos' (1944), un documental que tal vez sea la película más infame de la Historia. Rodada en el campo de Theresienstadt (actual Terezin), en Polonia, fue dirigida por una antigua estrella judía de la productora UFA, Kurt Gerron, internado en el propio campo. La orden era mostrar el lugar como una colonia casi de vacaciones en la que los judíos eran felices, cuidados por el benévolo régimen de Hitler. Obra maestra de la mentira y el cinismo, de esta producción se han conservado sólo 23 minutos. Su imagen de felicidad fingida nutrirá más adelante tanto 'La vida es bella' de Roberto Benigni como la propia 'El niño con el pijama de rayas', en la que se reconstruye una proyección de la película de 1944. Estrenada el 6 de abril de 1944 ante una comisión de la Cruz Roja Internacional, es significativo el hecho de que el director de la película moriría en la cámara de gas en noviembre de aquel año en el campo de exterminio de Auschwitz. No es difícil conjeturar el destino de los forzados actores de su película. No muy posterior es una de las primeras películas de ficción que incluyen dentro de su trama los campos de concentración nazis: 'El hebreo errante' (Goffredo Alessandrini, 1948) con un joven Vittorio Gassman en la que el campo, reflejado de forma poco naturalista pero valiosa dada la época de pleno neorrealismo, es el castigo para los que traicionan a su propio pueblo y, a la vez, un lugar de redención. A pesar de la tardía asimilación del Holocausto por parte del cine, considerado un tema demasiado excesivo, que sólo podía abordarse desde sus márgenes, como en la exitosa película de George Stevens 'El diario de Ana Frank' que data de fecha tan tardía como 1959, su presencia en la ficción no sería muy habitual en las primeras décadas de la posguerra. Sirva como ejemplo que el propio director de 'El diario de Ana Frank' dejó pasar 14 años para este tratamiento tras haber realizado en 1945 el documental 'El plan nazi' que llegó a proyectarse como evidencia en el juicio de Nuremberg. La verdadera magnitud del drama histórico para un público amplio sería manifestada con el documental, de sólo media hora, de Alain Resnais 'Noche y niebla' (1955). En esta película terrible e inolvidable, a través de la unión de una locución, imágenes de archivo y vistas actuales de los campos, se construye un réquiem y a la vez un grito, plena de escenas perturbadoras de las que arañan, sin posibilidad de cicatrizar, la sensibilidad del espectador. Este camino para el cine sería puesto en discusión por la llegada de la serie de televisión 'Holocausto' y la polémica ocasionada por Eli Wiesel.

Eli Wiesel y Holocausto

Wiesel, escritor nacido en Rumanía en 1928 y Premio Nobel de la Paz en 1986, fue detenido por los nazis cuando sólo tenía 16 años y llevado a los campos de Birkenau, Auschwitz y Buchenwald. En la foto que ilustra este artículo se le puede ver el 12 de abril de 1945, el día siguiente a la liberación del campo de concentración de Buchenwald (téngase en cuenta que los campos situados en territorio alemán, como es el caso, no fueron tan duros y extremos como los que se establecieron fuera del país), tendido en la segunda fila de literas, es el séptimo hombre, justo detrás del que con barba tiene más elevada la cabeza. El adolescente envejecido y famélico que nos observa desde la foto, llegaría a formular una severa sentencia acerca del primer gran éxito de las ficciones audiovisuales sobre el Holocausto: la serie de televisión 'Holocausto' (1978). Vista por 500 millones de personas, sirvió para convertir el genocidio en algo que ya no sería ajeno a nadie. Wiesel, en un artículo en 'The New York Times' tildaba la serie como "un insulto a quienes perecieron y a quienes sobrevivieron", alegando que "el Holocausto debe ser recordado pero no como serie de televisión". Los años han ido atenuando la razón que podía tener Wiesel, ya que la banalización del hecho histórico tiene la contraprestación de servir para que no se olvide su gravedad, creando así una cierta educación del público en los riesgos de las ideologías totalitarias y racistas. El mayor esfuerzo por contar el Holocausto, la película 'Shoah', en cambio, sí tendría el beneplácito de Wiesel e incluso podría afirmarse que se basa en sus convicciones: sí a la memoria, no a la invención.

Shoah

El general Eisenhower, responsable de la liberación de Buchenwald, y por tanto de Eli Wiesel, dio una orden a los fotógrafos y camarógrafos que documentaban su avance: "Grabad bien todo esto, filmadlo todo. Es necesario que ningún hijo de puta pueda decir en el futuro que nada de esto ocurrió". Ese mismo afán de veracidad es el que guió a Claude Lanzmann a dirigir, en 1985, la que se considera la obra cumbre sobre el genocidio judío en el cine: 'Shoah', que no es sino el nombre hebreo del Holocausto y que significa catástrofe, destrucción. Se trata de un documental de nueve horas y media en el que no se recurre a ninguna escenificación. Es el testimonio de los supervivientes (y de algún escaso funcionario nazi), que a veces acompañan al director al lugar de los hechos para narrar sus recuerdos. Más allá de la desaforada duración, es una película abrumadora que apenas puede contemplarse sin eludir el llanto. En ella hay escenas inolvidables, como la de Michael Podchlebnik, un superviviente que tras responder a la cámara que sonríe todo el tiempo por la alegría de estar vivo, de haber sobrevivido, estalla fulminantemente en lágrimas al contar el instante en que descubrió a su mujer y sus hijos gaseados, cómo pidió la muerte a un soldado alemán tras descargar los cuerpos de un camión y obtener la condena de vivir porque aún era útil como trabajador esclavo. El otro único superviviente del campo de Chelmno, en el que murieron 340.000 personas, comparece también en el filme e igualmente conmueve. Abundante en tristezas pero también en serenidades, tal vez no exista, no puede existir, una película tan llena de verdades y emociones.

La lista de Schindler

Un superviviente salvado por Oskar Schindler, Moshe Bejski, formuló lo que el Holocausto le había enseñado de forma concisa y admirable: "Lo único que aprendí es que no hay nada que un ser humano no puede hacerle a otro, nada que un ser humano no pueda hacer por otro". Es lo que, en suma, hace que 'La lista de Schindler' (Steven Spielberg, 1994) sea el gran éxito del cine sobre el Holocausto. Frente al desgarro de otras producciones, aquí se mantiene la existencia del "bien absoluto" según llama a la lista de los salvados el personaje de Itzhak Stern, ejemplarmente interpretado por Ben Kingsley, frente al mal absoluto de la verdad histórica. El esteticismo de la realización, junto a la música emotiva, el final feliz, la ausencia de crudeza o la escena del milagro que supone que en las duchas salga agua en vez del consabido gas, es algo que ha sido sometido a debate y que sigue provocando controversia. Muy distinta es, en cambio, 'El pianista' (Roman Polansky, 2002), que puede ser la única producción reciente capaz de medirse a la de Spielberg: aquí no hay sentimentalismos sino una mirada desnuda y en primera persona que aunque sobreviva a la destrucción no desvanece el dolor infinito y eterno. No muy lejos en espíritu, al que se une una intención política, está 'Amén' (Costa-Gavras, 2002), en la que se incluye la aterradora escena en la que el personaje protagonista, Kurt Gerstein, presencia el gaseamiento de 3.000 judíos en el campo de Belzec. Detenido por los aliados tras la derrota de Alemania, aquellos hechos le hicieron elaborar un informe denunciando las atrocidades antes de suicidarse en su celda. Tal vez aquí convenga convocar la voz de otro superviviente como lo fue Wiesel: Jorge Semprún. Al ser entrevistado más adelante sobre la licitud de 'La vida es bella', de Roberto Benigni, el escritor español, que conoció los horrores de Buchenwald y que es amigo de Claude Lanzmann, realizó una síntesis superadora: "Lo importante es la memoria. Por eso hay que ver una y otra vez 'La vida es bella', 'La lista de Schindler', 'Shoah', etc.".

La vida es bella

Charles Chaplin, que aunque no era judío ("si reconociera que lo soy estaría jugando a favor de los antisemitas") provenía de una familia judía, afirmaba sobre su película 'El gran dictador' (1940): "Si hubiera sabido de los campos de concentración alemanes, no podría haber hecho 'El gran dictador'. Nunca hubiera tomado a broma la demencia homicida de los nazis. Pero sí estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura". El paso que Chaplin no dio, lo daría en 1997 el italiano Roberto Benigni con 'La vida es bella'. Con un componente sentimental tan intenso como el cómico, provocó reacciones tan airadas como las que en su día despertó 'Holocausto'. Violeta Friedman, superviviente de Auschwitz residente en España, fue tajante: "Creo que se puede hacer humor sobre muchas cosas, pero este es un capítulo muy duro de nuestra historia y con el que no se debería jugar. No puedo negar que la película está rodada con muy buen gusto, que el tema está tratado con el mayor de los respetos. Pero para nosotros, los supervivientes de la Shoah, es muy doloroso ver en la pantalla algo que no se parece en nada a lo que fue la realidad". Aunque el tratamiento irreal, humorístico y sensiblero ya estaba presente en otra película sobre el Holocausto interpretada por Jerry Lewis, 'El día que el payaso lloró' (1972), es la calidad indudable la que convirtió la película de Benigni en piedra de toque. Si ya Spielberg había parecido indigno a algunos, esta vez el escándalo era inevitable. Incluso durante su pase en el festival de Cannes, un periodista francés acusó a Benigni, a gritos, de "haber manchado la memoria de miles de judíos". La ironía y el sentido del humor, no olvidemos, pueden ser también eficaces armas contra la barbarie. Pero también la exposición de los hechos, su denuncia fría o emocionada. Aunque después el presidente de Irán, Ahmadineyad, lo niegue. Y eso que ya nos había avisado Eisenhower.

Fuente originaria : http://www.diariosur.es/20081003/cultur ... 81003.html