Publicado: Lun Jun 08, 2009 12:03 pm
A mí también me dejó el final un poco helado, pero creo que lo entendí. Si lo recuerdas, Halder tiene una especie de sistema de autodefensa sicológica -una alucinación sonora, como dice el crítico- que puede resultar curioso o hasta increíble, no se. Ese "truco" de la mente le sucede tanto cuando está agobiado cuando vive con su madre y con su esposa; desaparece cuando se refugia en las ventajas del régimen; y le reaparece cuando se tiene que enfrentar a las desventajas. Y ese es el final, es más, tenía que ser ese el final: Halder utilizó el régimen como refugio de un tipo de opresión, y acaba oprimido por el régimen teniendo que refugiarse en ese extraño "truco" de la mente. En realidad, el personaje es el mismo, lo que han cambiado son las circunstancias y estas ahora son peores. Si antes Halder se sentía presionado por su vida personal y su fracaso como escritor, sintiéndose incluso culpable por no ser capaz de remediar sus problemas y los de sus allegados; al final se siente culpable por su fracaso a la hora de dejarse embaucar por el régimen y no ser capaz de remediar los mismos problemas y los que ocasiona el régimen.
Para postre Halder, a fin de cuentas, utiliza el mismo refugio que su esposa (la primera). La esposa toca el piano sin parar para eludir la carga de su vida, y él, bueno, tiene las alucinaciones sonoras que no entiende el primer crítico aquí expuesto. Sin embargo hay una diferencia de peso entre Halder y su primera esposa: la mujer reconoce haber eludido sus responsabilidades y alcanza a comprender. Halder no, él se separa y trata de encontrar la felicidad en el seno del régimen, y al final sucumbe ante la cruda realidad y se entrega de lleno a la tarea de eludirla (que es el final). Es una alegoría del alemán medio de la época: oye música y no los gritos de terror; ve las ventajas y no quiere ver las desventajas. Son pocas las películas donde se retrata tan magistralmente esa parte de nuestra humanidad que llamamos cobardía.
Hay varias escenas que son impresionantes. La cena con un Maurice que le suplica ayuda para poder escapar de Alemania es muy fuerte, especialmente cuando su amigo judío logra reconvertir su estatus de subhumano en otro de dignidad, una dignidad que ya está fuera del alcance de Halder. Ello se plasma mucho mejor cuando Maurice lanza furioso la tarta al suelo y Halder, de cuclillas ante él, comienza a recoger los pedazos del suelo. Es como si Halder, el alemán ario, tratase de recoger el desmoronamiento de su amigo, el alemán judío; pero también como si con ello lo apartase, lo limpiase del suelo de su conciencia.
Otra es cuando su ex suegro le abronca en la fiesta y recibe el apoyo de la nueva élite. El suegro le pedía que se apuntara en la corriente nazi, pero luego resulta que ello supone el abandono de su hija y con ello se retrata perfectamente cómo la vieja élite conservadora pierde su puesto ante la nueva nazi. Es desbancada por la fuerza transgresora tras ser utilizada y se siente traicionada.
La imagen del espejo, donde no se ve a Halder vestido de SS, sino cómo se siente Halder vestido de SS, justo cuando está decidido a ayudar a su amigo judío. Y la nueva esposa se arrodilla ante él para hacerle el sexo oral no ya como el colmo del oportunismo, sino como retrato de una sociedad nueva que suplica a lo que queda de la vieja para que mire a otro lado. Después, un Halder SS se mueve desorientado, desgarbado, con una torpeza que parece buscar un punto medio entre un coraje difícilmente reunido para salvar a su amigo y su habitual cobardía frente a lo que está sucediendo (la Noche de los Cristales Rotos).
Halder trata de salvar a Maurice, ello es innegable. Pero Halder no lo consigue porque Halder ya no tiene la base que precisa para ello: su egoísmo o cobardía le impulsó a colocarse en una posición en la que no podía hacerlo. El hecho de quién traiciona realmente a su amigo mientras lo buscaba representa eso: Halder cambió la base de su vida y ello impidió un rescate de sí mismo. El régimen anuló los cimientos, le cambió el tablado. De la misma manera pierde a su madre. Y quizás lo más fuerte de la película es que todas esas personas fundamentales de su vida, que son sus cimientos, le perdonan y no dejan de apreciarle porque son las únicas que comprenden su cobardía, y las únicas donde encontraría un verdadero refugio o consuelo. Y todas las pierde de una manera u otra y el único consuelo que le queda es ese "truco" de la mente el cual, en lugar de remitir, va a más.
Para postre Halder, a fin de cuentas, utiliza el mismo refugio que su esposa (la primera). La esposa toca el piano sin parar para eludir la carga de su vida, y él, bueno, tiene las alucinaciones sonoras que no entiende el primer crítico aquí expuesto. Sin embargo hay una diferencia de peso entre Halder y su primera esposa: la mujer reconoce haber eludido sus responsabilidades y alcanza a comprender. Halder no, él se separa y trata de encontrar la felicidad en el seno del régimen, y al final sucumbe ante la cruda realidad y se entrega de lleno a la tarea de eludirla (que es el final). Es una alegoría del alemán medio de la época: oye música y no los gritos de terror; ve las ventajas y no quiere ver las desventajas. Son pocas las películas donde se retrata tan magistralmente esa parte de nuestra humanidad que llamamos cobardía.
Hay varias escenas que son impresionantes. La cena con un Maurice que le suplica ayuda para poder escapar de Alemania es muy fuerte, especialmente cuando su amigo judío logra reconvertir su estatus de subhumano en otro de dignidad, una dignidad que ya está fuera del alcance de Halder. Ello se plasma mucho mejor cuando Maurice lanza furioso la tarta al suelo y Halder, de cuclillas ante él, comienza a recoger los pedazos del suelo. Es como si Halder, el alemán ario, tratase de recoger el desmoronamiento de su amigo, el alemán judío; pero también como si con ello lo apartase, lo limpiase del suelo de su conciencia.
Otra es cuando su ex suegro le abronca en la fiesta y recibe el apoyo de la nueva élite. El suegro le pedía que se apuntara en la corriente nazi, pero luego resulta que ello supone el abandono de su hija y con ello se retrata perfectamente cómo la vieja élite conservadora pierde su puesto ante la nueva nazi. Es desbancada por la fuerza transgresora tras ser utilizada y se siente traicionada.
La imagen del espejo, donde no se ve a Halder vestido de SS, sino cómo se siente Halder vestido de SS, justo cuando está decidido a ayudar a su amigo judío. Y la nueva esposa se arrodilla ante él para hacerle el sexo oral no ya como el colmo del oportunismo, sino como retrato de una sociedad nueva que suplica a lo que queda de la vieja para que mire a otro lado. Después, un Halder SS se mueve desorientado, desgarbado, con una torpeza que parece buscar un punto medio entre un coraje difícilmente reunido para salvar a su amigo y su habitual cobardía frente a lo que está sucediendo (la Noche de los Cristales Rotos).
Halder trata de salvar a Maurice, ello es innegable. Pero Halder no lo consigue porque Halder ya no tiene la base que precisa para ello: su egoísmo o cobardía le impulsó a colocarse en una posición en la que no podía hacerlo. El hecho de quién traiciona realmente a su amigo mientras lo buscaba representa eso: Halder cambió la base de su vida y ello impidió un rescate de sí mismo. El régimen anuló los cimientos, le cambió el tablado. De la misma manera pierde a su madre. Y quizás lo más fuerte de la película es que todas esas personas fundamentales de su vida, que son sus cimientos, le perdonan y no dejan de apreciarle porque son las únicas que comprenden su cobardía, y las únicas donde encontraría un verdadero refugio o consuelo. Y todas las pierde de una manera u otra y el único consuelo que le queda es ese "truco" de la mente el cual, en lugar de remitir, va a más.