Publicado: Mar Nov 07, 2006 11:08 am
El 30 de Julio de 1945 el crucero CA-35 USS Indianápolis fue torpedeado pro el submarino japonés I-58, cuando se dirigía desde Tinian hacia Leyte. Alcanzado por dos torpedos, zozobró en 12 minutos, sin poder emitir un S.O.S. ni lanzar sus botes salvavidas. De sus 1196 tripulantes al menos 900 quedaron en el agua, pero no fueron avistados hasta tres días después y, cuando se finalizó la operación de rescate el ocho de agosto, sólo fueron rescatados 316 tripulantes. La catástrofe del Indianápolis fue la segunda peor sufrida por la US Navy en la guerra, tan sólo por detrás de la del Arizona, y peor que las del Juneau, del Liscombe Bay o del Princeton.
Pero el Indianápolis no debía haberse hundido así. Era un buque, sobre el papel, potentísimo. Montaba diez cañones de 203 mm de más de 30 Km de alcance y ocho de 127 mm de tiro rápido. Era capaz de poner en el aire un centenar de proyectiles pesados antes que el primero llegase a su objetivo. Superaba los 32 nudos (59 Km/h) y su desplazamiento era mayor que el de muchos acorazados del siglo anterior. Estaba compartimentado para resistir explosiones submarinas. Montaba con la mejor electrónica (acababa de ser modernizado).
En combate, el fuego de estos buques era casi tan devastador como el de un acorazado. Cruceros pesados como el Indianápolis participaron en casi todas las batallas de acorazados de la guerra, con alta efectividad. El gemelo del Indianápolis, el Portland, junto con el medio hermano San Francisco, dejaron fuera de combate al crucero de batalla japonés Hiei en Guadalcanal (el Hiei era superior a cualquier crucero de batalla de Jutlandia). El Norfolk dejó "ciego" al Scharnhorst en la batalla del Mar de Barents. En Surigao el fuego de los cruceros fue más destructivo que el de los acorazados. En el Estrecho de Dinamarca el Admiral Hipper estuvo a punto de hundir al Prince of Wales (un proyectil suyo se alojó en un pañol de municiones pero no estalló). La dirección de tiro del Bismarck fue destruida por un proyectil del Dorsetshire. Y cuando se enfrentaban a barcos menores eran demoledores. Los espectros del Almirante Ferrándiz, del Pinguin, del Java o del Glowworm podrían contarlo.
Pero esos barcos fueron casi peores con sus dotaciones. Cerca de la mitad de los cruceros pesados construidos se hundieron durante la guerra. Varios, con gran pérdida de vidas: barcos como el Baleares, Trento, el Suyuza, el Cornwall o el Indianápolis se llevaron consigo a la mayor parte de su dotación ¿qué había pasado?
La respuesta es simple y compleja a la vez: no se puede enviar a un niño a hacer el trabajo de un hombre. Y hay que retroceder cuarenta años para saber que pasó.
En 1905, con la aparición del Dreadgnouth, se inició una carrera naval, en el que los países, especialmente Alemania e Inglaterra, intentaban construir más acorazados y más potentes. Esa carrera naval supuso una enorme carga económica, y fue factor primordial en el origen de la Gran Guerra.
Pero tras la guerra la carrera recomenzó, pero con otros participantes. Japón y Estados Unidos, con marinas potentes pero secundarias en 1914, querían hacerse con el cetro de Poseidón. Inglaterra, Francia e Italia se sumaron a la competición. Se inició la construcción de decenas de unidades pesadas pero, con el recuerdo de la Gran Guerra, nadie quería volver a las trincheras. Finalmente, los países implicados decidieron autolimitarse y marcar un límite en el tratado de las flotas: el tratado de limitación de armamentos navales de Washington de 1923.
En este tratado se prohibía la construcción de nuevos acorazados (con algunas excepciones), se imponía el desguace de decenas de barcos antiguos, y se ponía un límite al tamaño de las futuras construcciones. Pero como no se quería una carrera de construcción de cruceros, de guardacostas acorazados o qué sé yo, se impusieron límites a los otros tipos de barcos.
Así "acorazado" pasó a ser cualquier buque con cañones mayores de 203 mm o de más de 10.000 toneladas (inglesas) de desplazamiento estándar. Los buques menores serían considerados cruceros (o destructores si eran aún menores), aunque había excepciones como los portaaviones, o los monitores.
De repente, las marinas se encontraron con que podían construir un determinado tonelaje de cruceros que no pasasen de 10.000 Ton y con cañones de hasta 203 mm. Se truncaron las líneas de desarrollo de cruceros, y apareció el crucero tipo Washington, o crucero pesado.
Hasta entonces, había dos tipos principales de crucero en construcción: uno relativamente pequeño, de unas 5.000 Tn y con cañones de 152 mm, destinado a la exploración o a liderar flotillas de destructores, como los Emerald ingleses, el Reina Victoria Eugenia español o los Nagara japoneses. Y otro de mayor tamaño, destinado a operar en los océanos, como los Hawkins ingleses, los Omaha norteamericanos o los Kako japoneses. Las misiones "duras", es decir, el combate, quedaba encomendado a los acorazados, que tenían cañones y coraza suficientes.
Pero ahora no quedaban suficientes acorazados. Los cruceros deberían hacer su papel. Había que construir el barco más potente que se pudiese con esas limitaciones. Y empezaron los problemas.
Normalmente, al diseñar un barco, hay que conseguir un compromiso entre tamaño (desplazamiento), velocidad (no sólo en nudos, sino que sea más o menos marinero), potencia de fuego, protección, y precio. Pero si se limitan algunos de esos factores, los otros se sobredimensionan.
Por de pronto, no era aceptable que un crucero no superase los 30 nudos. Los destructores llegaban a los 35, y los cruceros de batalla llegaban a los 30 nudos. Eso imponía una forma del casco (gran eslora y escasa manga) y un gran tamaño a su maquinaria.
Por otra parte, se debían poner los cañones pesados que se pudiese. Si se montaban siete cañones de 190 mm (como los Hawkins) serían inferiores a barcos con diez cañones de 203 mm: había que poner cañones de 203 mm, todos los que se pudiesen y de la mayor potencia posible, ya que el tratado limitaba los calibres pero no la velocidad inicial: un cañón de 203/35 tenía menos alcance y precisión que uno de 203/50, aunque pese menos. Luego se diseñaron cañones potentes y pesados montados en complejas torres múltiples: como las de los County ingleses (torres dobles de 203 mm con 70° de elevación, capaces de fuego antiaéreo) o las torres triples de los Pensacola norteamericanos. El límite estuvo en los Salem norteamericanos de la posguerra, con tres torres triples automáticas de cañones de 203/55.
Había que poner armamento antiaéreo, pues la amenaza aérea se esperaba que aumentase. Si eran cañones potentes que sirviesen para combatir con otros buques, mejor. La del Indianápolis era bastante pesada, con ocho cañones de 127/25 de doble acción en montajes simples.
Estas elecciones resultaron funestas. Si se ponía todo eso en un barco, no quedaba sitio para nada más. Ni siquiera llegaba. Clásicamente, se consideraba que un barco debía estar protegido contra su propia artillería: un crucero de este tipo debiera haber llevado una coraza de 150 mm por lo menos, mejor 200 mm. Pero eso era imposible: los citados Salem, con coraza de 203 mm, desplazaban 17.000 Tn, las mismas que los acorazados de Jutlandia. La tecnología no era solución, se podían poner calderas ligeras de alta presión, pero era garantía de averías, y se llevaba mal con las misiones de largo alcance de esos barcos: eso pasó con los cruceros pesados alemanes (Hipper, Prinz Eugen).
Luego una de tres: o se prescindía de la coraza, o de las cualidades del barco, o se hacía trampa.
Trampa fue lo que hicieron los italianos con sus Zara (12.000 Ton) o los japoneses con los Myoko (13.000 Ton). Pero eso era menos factible en una sociedad abierta. Luego Inglaterra y Estados Unidos tuvieron que aguantarse, y decidieron diseñar barcos de papel. Carentes de coraza, o con coraza que sólo cubría las máquinas (no los pañoles). Y con escasa compartimentación.
En el caso del Indianápolis, peor aún. Los japoneses habían empezado a botar sus Myoko con cinco torres dobles de 203 mm: superaban a los Pensacola en un cañón. Se diseñó un nuevo buque, disminuyendo el francobordo, sin castillo de proa, pero con dos torres triples y dos dobles: el Portland y el Indianápolis. Estos barcos resultaron un diseño fallido: con pesos altos y mal protegidos, eran considerados los peores cruceros pesados de la US Navy.
Posteriormente retornó el sentido común. Los estados mayores navales se empezaron a cuestionar si se necesitaba un cañón tan potente, a las distancias normales de empleo: un cañón de 152 mm tendría una eficacia similar (la diferencia entre los efectos de un proyectil perforante de 152 mm y 203 mm no es muy grande), mayor cadencia de tiro, y sobre todo quedaría desplazamiento disponible para hacer barcos mejores, mejor protegidos, tal vez no tan rápidos pero más marineros, y que aguantasen mejor los daños. Nació el crucero ligero o tipo Londres (por un posterior tratado) que podía tener el mismo desplazamiento, pero con cañones de 152 mm. Dieron bastante buen resultado: barcos como los Garibaldi italianos, La Galissoniere franceses, Town ingleses o Brooklyn norteamericanos fueron excelentes. Sólo los japoneses decidieron seguir con las suyas, y construyeron los Mogami con cinco torres triples de 155 mm… que poco antes de la guerra sustituyeron por cinco dobles de 203 mm (y se arrepintieron). Los yanquis, a la vista de lo de los japoneses, aunque siguieron con cruceros ligeros (los Denver, los mejores cruceros de la guerra) siguieron con cruceros pesados: Wichita, Baltimore, Oregon City y al final los Salem.
Pero eso de poco valía a los diseños anteriores. Había pocos barcos y había que tirar con ellos. Y los pobres cruceros de papel tenían que hacer el trabajo de los acorazados. Y todo podía empeorar. El progreso no paraba. Había que "modernizarlos". Se les montó hangares y catapultas para hidros, direcciones de tiro mejoradas, luego decenas de cañones automáticos antiaéreos, la guinda los radares de todo tipo. Todo pesos altos que disminuían la estabilidad del barco. Cuando habléis con un capitán, preguntadle que le parecería montar un superradar en una torre de 15 metros de alta.
Finalmente, el 30 de Julio de 1945, el pobre, mal diseñado y sobrecargado Indianápolis encontró su cita con el destino.
Saludos
Pero el Indianápolis no debía haberse hundido así. Era un buque, sobre el papel, potentísimo. Montaba diez cañones de 203 mm de más de 30 Km de alcance y ocho de 127 mm de tiro rápido. Era capaz de poner en el aire un centenar de proyectiles pesados antes que el primero llegase a su objetivo. Superaba los 32 nudos (59 Km/h) y su desplazamiento era mayor que el de muchos acorazados del siglo anterior. Estaba compartimentado para resistir explosiones submarinas. Montaba con la mejor electrónica (acababa de ser modernizado).
En combate, el fuego de estos buques era casi tan devastador como el de un acorazado. Cruceros pesados como el Indianápolis participaron en casi todas las batallas de acorazados de la guerra, con alta efectividad. El gemelo del Indianápolis, el Portland, junto con el medio hermano San Francisco, dejaron fuera de combate al crucero de batalla japonés Hiei en Guadalcanal (el Hiei era superior a cualquier crucero de batalla de Jutlandia). El Norfolk dejó "ciego" al Scharnhorst en la batalla del Mar de Barents. En Surigao el fuego de los cruceros fue más destructivo que el de los acorazados. En el Estrecho de Dinamarca el Admiral Hipper estuvo a punto de hundir al Prince of Wales (un proyectil suyo se alojó en un pañol de municiones pero no estalló). La dirección de tiro del Bismarck fue destruida por un proyectil del Dorsetshire. Y cuando se enfrentaban a barcos menores eran demoledores. Los espectros del Almirante Ferrándiz, del Pinguin, del Java o del Glowworm podrían contarlo.
Pero esos barcos fueron casi peores con sus dotaciones. Cerca de la mitad de los cruceros pesados construidos se hundieron durante la guerra. Varios, con gran pérdida de vidas: barcos como el Baleares, Trento, el Suyuza, el Cornwall o el Indianápolis se llevaron consigo a la mayor parte de su dotación ¿qué había pasado?
La respuesta es simple y compleja a la vez: no se puede enviar a un niño a hacer el trabajo de un hombre. Y hay que retroceder cuarenta años para saber que pasó.
En 1905, con la aparición del Dreadgnouth, se inició una carrera naval, en el que los países, especialmente Alemania e Inglaterra, intentaban construir más acorazados y más potentes. Esa carrera naval supuso una enorme carga económica, y fue factor primordial en el origen de la Gran Guerra.
Pero tras la guerra la carrera recomenzó, pero con otros participantes. Japón y Estados Unidos, con marinas potentes pero secundarias en 1914, querían hacerse con el cetro de Poseidón. Inglaterra, Francia e Italia se sumaron a la competición. Se inició la construcción de decenas de unidades pesadas pero, con el recuerdo de la Gran Guerra, nadie quería volver a las trincheras. Finalmente, los países implicados decidieron autolimitarse y marcar un límite en el tratado de las flotas: el tratado de limitación de armamentos navales de Washington de 1923.
En este tratado se prohibía la construcción de nuevos acorazados (con algunas excepciones), se imponía el desguace de decenas de barcos antiguos, y se ponía un límite al tamaño de las futuras construcciones. Pero como no se quería una carrera de construcción de cruceros, de guardacostas acorazados o qué sé yo, se impusieron límites a los otros tipos de barcos.
Así "acorazado" pasó a ser cualquier buque con cañones mayores de 203 mm o de más de 10.000 toneladas (inglesas) de desplazamiento estándar. Los buques menores serían considerados cruceros (o destructores si eran aún menores), aunque había excepciones como los portaaviones, o los monitores.
De repente, las marinas se encontraron con que podían construir un determinado tonelaje de cruceros que no pasasen de 10.000 Ton y con cañones de hasta 203 mm. Se truncaron las líneas de desarrollo de cruceros, y apareció el crucero tipo Washington, o crucero pesado.
Hasta entonces, había dos tipos principales de crucero en construcción: uno relativamente pequeño, de unas 5.000 Tn y con cañones de 152 mm, destinado a la exploración o a liderar flotillas de destructores, como los Emerald ingleses, el Reina Victoria Eugenia español o los Nagara japoneses. Y otro de mayor tamaño, destinado a operar en los océanos, como los Hawkins ingleses, los Omaha norteamericanos o los Kako japoneses. Las misiones "duras", es decir, el combate, quedaba encomendado a los acorazados, que tenían cañones y coraza suficientes.
Pero ahora no quedaban suficientes acorazados. Los cruceros deberían hacer su papel. Había que construir el barco más potente que se pudiese con esas limitaciones. Y empezaron los problemas.
Normalmente, al diseñar un barco, hay que conseguir un compromiso entre tamaño (desplazamiento), velocidad (no sólo en nudos, sino que sea más o menos marinero), potencia de fuego, protección, y precio. Pero si se limitan algunos de esos factores, los otros se sobredimensionan.
Por de pronto, no era aceptable que un crucero no superase los 30 nudos. Los destructores llegaban a los 35, y los cruceros de batalla llegaban a los 30 nudos. Eso imponía una forma del casco (gran eslora y escasa manga) y un gran tamaño a su maquinaria.
Por otra parte, se debían poner los cañones pesados que se pudiese. Si se montaban siete cañones de 190 mm (como los Hawkins) serían inferiores a barcos con diez cañones de 203 mm: había que poner cañones de 203 mm, todos los que se pudiesen y de la mayor potencia posible, ya que el tratado limitaba los calibres pero no la velocidad inicial: un cañón de 203/35 tenía menos alcance y precisión que uno de 203/50, aunque pese menos. Luego se diseñaron cañones potentes y pesados montados en complejas torres múltiples: como las de los County ingleses (torres dobles de 203 mm con 70° de elevación, capaces de fuego antiaéreo) o las torres triples de los Pensacola norteamericanos. El límite estuvo en los Salem norteamericanos de la posguerra, con tres torres triples automáticas de cañones de 203/55.
Había que poner armamento antiaéreo, pues la amenaza aérea se esperaba que aumentase. Si eran cañones potentes que sirviesen para combatir con otros buques, mejor. La del Indianápolis era bastante pesada, con ocho cañones de 127/25 de doble acción en montajes simples.
Estas elecciones resultaron funestas. Si se ponía todo eso en un barco, no quedaba sitio para nada más. Ni siquiera llegaba. Clásicamente, se consideraba que un barco debía estar protegido contra su propia artillería: un crucero de este tipo debiera haber llevado una coraza de 150 mm por lo menos, mejor 200 mm. Pero eso era imposible: los citados Salem, con coraza de 203 mm, desplazaban 17.000 Tn, las mismas que los acorazados de Jutlandia. La tecnología no era solución, se podían poner calderas ligeras de alta presión, pero era garantía de averías, y se llevaba mal con las misiones de largo alcance de esos barcos: eso pasó con los cruceros pesados alemanes (Hipper, Prinz Eugen).
Luego una de tres: o se prescindía de la coraza, o de las cualidades del barco, o se hacía trampa.
Trampa fue lo que hicieron los italianos con sus Zara (12.000 Ton) o los japoneses con los Myoko (13.000 Ton). Pero eso era menos factible en una sociedad abierta. Luego Inglaterra y Estados Unidos tuvieron que aguantarse, y decidieron diseñar barcos de papel. Carentes de coraza, o con coraza que sólo cubría las máquinas (no los pañoles). Y con escasa compartimentación.
En el caso del Indianápolis, peor aún. Los japoneses habían empezado a botar sus Myoko con cinco torres dobles de 203 mm: superaban a los Pensacola en un cañón. Se diseñó un nuevo buque, disminuyendo el francobordo, sin castillo de proa, pero con dos torres triples y dos dobles: el Portland y el Indianápolis. Estos barcos resultaron un diseño fallido: con pesos altos y mal protegidos, eran considerados los peores cruceros pesados de la US Navy.
Posteriormente retornó el sentido común. Los estados mayores navales se empezaron a cuestionar si se necesitaba un cañón tan potente, a las distancias normales de empleo: un cañón de 152 mm tendría una eficacia similar (la diferencia entre los efectos de un proyectil perforante de 152 mm y 203 mm no es muy grande), mayor cadencia de tiro, y sobre todo quedaría desplazamiento disponible para hacer barcos mejores, mejor protegidos, tal vez no tan rápidos pero más marineros, y que aguantasen mejor los daños. Nació el crucero ligero o tipo Londres (por un posterior tratado) que podía tener el mismo desplazamiento, pero con cañones de 152 mm. Dieron bastante buen resultado: barcos como los Garibaldi italianos, La Galissoniere franceses, Town ingleses o Brooklyn norteamericanos fueron excelentes. Sólo los japoneses decidieron seguir con las suyas, y construyeron los Mogami con cinco torres triples de 155 mm… que poco antes de la guerra sustituyeron por cinco dobles de 203 mm (y se arrepintieron). Los yanquis, a la vista de lo de los japoneses, aunque siguieron con cruceros ligeros (los Denver, los mejores cruceros de la guerra) siguieron con cruceros pesados: Wichita, Baltimore, Oregon City y al final los Salem.
Pero eso de poco valía a los diseños anteriores. Había pocos barcos y había que tirar con ellos. Y los pobres cruceros de papel tenían que hacer el trabajo de los acorazados. Y todo podía empeorar. El progreso no paraba. Había que "modernizarlos". Se les montó hangares y catapultas para hidros, direcciones de tiro mejoradas, luego decenas de cañones automáticos antiaéreos, la guinda los radares de todo tipo. Todo pesos altos que disminuían la estabilidad del barco. Cuando habléis con un capitán, preguntadle que le parecería montar un superradar en una torre de 15 metros de alta.
Finalmente, el 30 de Julio de 1945, el pobre, mal diseñado y sobrecargado Indianápolis encontró su cita con el destino.
Saludos