Durante las conversaciones de armisticio entre la Unión Soviética y Finlandia, la señalización de la nueva línea fronteriza planteó muchas discusiones y vivas polémicas entre ambas partes. A este propósito se cuenta aún en Finlandia una anécdota:
Durante las conversaciones, a las que asistía Stalin, el diálogo recayó sobre la suerte de la ciudad finesa de Enso, que los soviéticos querían incorporar a la URSS y que los representantes finlandeses no querían conceder. Al final el mariscal Stalin hizo traer un mapa y colocó el dedo índice sobre la ciudad discutida y luego, sin levantar el dedo, dió a entender que acogía la propuesta de los finlandeses, los cuales, satisfechos del modesto éxito, llegaron a un acuerdo definitivo sobre las nuevas fronteras. En seguida actuaron los oficiales cartógrafos para trazar la nueva línea, pero cuando el delineante encargado de marcar la raya roja de la frontera llegó al dedo de Stalin, no tuvo el valor de apartarlo y giró alrededor con el lápiz, de modo que la ciudad discutida acabó incorporada a la Unión Soviética.
Desde entonces, en la zona de Enso la línea de frontera hace una extraña curva muy parecida a la punta de un dedo y que la ciudad finesa de Enso se convirtió en la ciudad soviética de Svetogorosk.
Fuente: "La Segunda Guerra Mundial" Editorial Sarpe (enciclopedia 6 volúmenes)











