Publicado: Vie Mar 14, 2008 2:24 pm
por Kurt_Steiner
El estallido de la guerra de Corea permite que el Centurión debute en combate, cuando el 17 de junio de 1950 Corea del Norte invade el sur de la peninsula. Ante esta agresión la ONU pidió a sus países miembros el envío de una fuerza multinacional para defender el estado surcoreano. A este llamamiento responden los británicos con el envío inicial de una brigada de infantería desde Hong Kong y otros elementos desde el Reino Unido. Entre estos elementos se incluyen el 8ú King's Royal Irish Hussars, equipado con tres escuadrones de Centurions Mk 3 y un escuadrón de reconocimiento dotad de Cromwells. Llegan a la peninsula el 14 de noviembre de 1950, desembarcando en Pusan como parte de la 29ª Brigada Independiente Británica. Como parte del avance aliado, llegan a Pyongyang unas semanas después de que intervenga China en el conflicto, forzando a las tropas aliadas a retirarse por debajo del paralelo 38.

En el duro invierno coreano las tripulaciones del Centurion tienen que aprender a manejar su vehículo en unas condiciones que no se asemejan para nada a las de las llanuras alemanas y que se asemejaban más a las de Barbarroja. Pese a ello el Centurion se comporta admirablemente.

Durante el repliegue el 8ú de Húsares se cubrirá de gloria en el río Imjim protegiendo el repliegue de la Brigada frente a la increible superioridad numérica china y encabezará el empuje acorazado durante el avance hacia el norte en octubre. Pese al difícil terreno montañoso, que se cobrará no pocas víctimas entre los tanques, casi tantas como las causadas por las minas, proporcionarán un preciso fuego con sus cañones y ametralladoras que harán que el tanque se gane fama mundial.

Es el comienzo de la leyenda.

Finalizada la guerra de movimientos, los tanques son usados como posiciones estáticas de artillería, aunque aún se lanzan algunas limitadas incursiones acorazadas. En estas condiciones, los Centurions demuestran ser letales a la hora de destruir los ataques masivos enemigos con el preciso fuego de sus cañones y sus letales ametralladoras. Conscientes de este peligro, los chinos lanazan bombardeos masivos sobre las poscioines de los tanques, que, a pesar de recibir impactos directos, no sufren graves daños. Cuando la guerra llega al final, el Centurion goza de una fama inmejorable.