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La pugna. Continuación de "El visitante"

Historias, relatos... escritos por los usuarios del foro

Moderador: grognard

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956 mensajes • Página 31 de 32 • 1 ... 28, 29, 30, 31, 32

Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Vie Mar 18, 2016 7:32 pm

Por cortesía de Apvid, del Foro Militar General, que es quien ha escrito el siguiente capítulo (aunque luego he modificado algún detalle).

Saludos
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Vie Mar 18, 2016 7:34 pm

Undécima parte

Capítulo 51

McGregor, Robert Stuart. De Hannover a Windsor, auge y caída de una dinastía de Robert Stuart MacGregor. Ediciones Loch. Dùn Èideann, 1963.

…. a las 15:30 terminó la reunión en la que se estudió la idea del Primer Ministro W. Churchill de un desembarco en Francia que atrajese a los reservas alemanas y aliviase la crítica situación del ejército en Portugal. Tanto el nuevo comandante del Cuartel General de Operaciones Combinadas como los demás miembros de la Royal Navy y del Ejército concluyeron que un desembarco en Francia necesitaría mayores recursos y fuerzas que las usadas en Portugal y que no era factible en el momento actual, recomendando que fuese estudiado en un momento posterior de la guerra. Se decidió que por el momento tan solo se harían planes para un futuro desembarco, y que las operaciones se limitarían a operaciones con comandos.

De acuerdo con los testimonios de los presentes, durante la despedida el almirante Bruce Fraser comentó que el HMS Kelly, el antiguo destructor de Mountbatten, se encontraba en el Clyde para realizar reparaciones. Parece que Lord Louis Mountbatten ordenó a su chófer que efectuase un pequeño desvío antes de volver a Glasgow, posiblemente para realizar una breve visita....
Última edición por Domper el Sab Mar 19, 2016 12:40 am, editado 1 vez en total
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Vie Mar 18, 2016 7:37 pm

Actas del Consejo de Guerra al Mayor Maxwell Page, de los Archivos Militares Británicos de la Guerra de Supremacía, Tomo 3156, Legajo 438, Berlín.

...

Brigadier Francis Tuker: Mayor Page ¿podría entonces aclararnos cuál era la situación en los muelles de Dumbarton?

Mayor Maxwell Page: Como ya he indicado, en el puerto se encontraban varios barcos del convoy HX167, procedente de Halifax, incluyendo al Salacia y al City of Florence, cuya carga incluía explosivos. Durante el ataque aéreo de la noche anterior los alemanes no se dejaron engañar por las luces en las colinas Kilpatrick ni por los señuelos, y los aviones causaron ciertos daños en las instalaciones portuarias.

FT: ¿Pero aun así las instalaciones del puerto podían operar?

MP: Sí, aunque su capacidad se había visto reducida provocando retrasos en la carga de los buques y que se acumulasen los cargamentos en el muelle.

FT: Mayor, siendo así ¿no hubiera sido mejor hacer salir los barcos del Clyde?

MP: Desgraciadamente, no. Los ataques a convoyes en el Canal de Bristol habían demostrado que la aviación alemana atacaba deliberadamente a los buques en aguas confinadas. Además se había cursado una alerta sobre la posible presencia de minas de fondo en el estuario, ya que varios aviones alemanes habían efectuado vuelos a baja altura durante la noche. También se había alertado sobre la el posible avistamiento de un submarino alemán en el Mar de Irlanda.

FT:¿Por ese motivo se ordenó la descarga de los transportes de munición en el puerto?

MP: Si, ante la posible presencia de minas en el canal y con la posibilidad de nuevos ataques aéreos, se consideró que los cargueros corrían peligro.

FT: Díganos, mayor ¿es práctica habitual que se almacenen explosivos y municiones en esa zona de los muelles?

MP: Habitualmente no. Pero los bombardeos de las noches anteriores habían hecho que se considerase que la carga y descarga de explosivos en Port Glasgow o en Clydebank era peligrosa. Además el ataque de la noche anterior había causado un incendio cercano al muelle dedicado a la carga de explosivos que no había podido ser completamente extinguido.

FT: Una vez que se permitió que se acumulasen cargas en el mismo muelle que incluían explosivos ¿no se adoptaron mayores medidas de seguridad?

MP: Sí, pero el personal de la base naval había sido enviado a vigilar los accesos al Clyde para detectar nuevos lanzamientos de minas o incursiones por comandos alemanes. No era frecuente que los submarinos alemanes se adentrasen en el Mar de Irlanda, y se temía que se tratase de una incursión con comandos. Por otra parte, el personal de tierra mantenía la vigilancia antiaérea.

FT: ¿No esperaban una amenaza en el mismo puerto?

MP: No, señor.

...
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Ramcke el Vie Mar 18, 2016 10:09 pm

¿Mountbatten sale a escena? Pues... con la fama de incompetente en asuntos militares que tenía el último Virrey británico de la India, no sé yo si les va a salir a cuenta a Churchill y compañía el darle muchas atribuciones al bueno de "Dickie".

Saludos
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Sab Mar 19, 2016 12:44 am

Sebastian Haffner. El nacimiento de Europa. Op. cit.

El activista irlandés Andrews O’Higgins “Ojiños” no estaba encuadrado en ningún comando operativo del IRA, ni tampoco mantenía contactos con dicha organización desde la muerte de su progenitor. Su padre, Ciaran O’Higgins, había sido un veterano del conflicto angloirlandés y de la guerra civil irlandesa, en la que había servido bajo las órdenes de Michael Collins, pero tras el asesinato de Collins se desentendió del IRA. Andrews O’Higgins tampoco tenía contactos con agentes de otras potencias, y su única relación con extranjeros había sido durante la temporada en la que trabajó con pescadores de altura gallegos, que le dieron el apodo por el que era conocido.

Los testimonios de sus compañeros marineros coinciden en que O’Higgins era pendenciero y un bebedor habitual. Al prohibirse la salida al mar del mercante Clan Macdonald, el barco en el que estaba enrolado, el marinero estuvo bebiendo en un pub cercano al puerto. Enfurecido por su permanencia en tierra, estuvo injuriando a los ingleses hasta que fue expulsado del local, del que salió en estado de embriaguez. No se sabe cómo pudo acceder O’Higgins a los muelles, pero probablemente se debió a que la alerta ante una posible incursión alemana desde el mar hizo que se descuidase la vigilancia de los accesos terrestres. Los centinelas no detectaron a O’Higgins hasta que intentó salir llevando una caja que había sustraído.

Tanto los centinelas como O’Higgins hicieron declaraciones contradictorias sobre lo sucedido posteriormente. Según O’Higgins, había recogido unas herramientas que había dejado olvidadas. Intentó explicar a los centinelas su presencia en los muelles, pero estos le dispararon al escuchar su acento irlandés. Los dos vigilantes que sobrevivieron a la cadena de explosiones afirmaron que O’Higgins había robado una caja de municiones y que llevaba un arma con la que les disparó cuando trataron de darle el alto. El arma no fue encontrada, aunque el estado en el que quedó el muelle dificultó la investigación. Fuese cual fuese la causa, se produjo un tiroteo durante el cual el cabo Roger Rush lanzó una bomba de mano hacia el lugar en el que se había escondido O’Higgins, que causó al irlandés heridas de cierta gravedad. El incidente no hubiese tenido mayor trascendencia si no hubiese sido porque en el muelle se había acumulado gran cantidad de polvo de carbón, procedente de un buque que había descargado el día anterior. La granada incendió el polvo y se produjo una pequeña deflagración y un incendio, que se extendió a unas cajas de municiones que habían sido dejadas descuidadamente en el muelle. Por desgracia los daños causados por los bombarderos alemanes en Clydebank habían hecho que se descargasen explosivos y municiones en un muelle que no tenía experiencia en el manejo de sustancias peligrosas, y buen número de cajas quedaron expuestas, excesivamente cercanas unas de otras, y sin protección.

Parece ser que el vehículo de Lord Mountbatten se encontraba en las cercanías, y al ver el resplandor de las llamas el almirante se dirigió hacia los muelles para investigar lo que ocurría. En ese momento el incendio alcanzó las cajas de municiones, iniciándose una serie de explosiones en cadena que alcanzaron al vehículo de Mountbatten.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor kaiser-1 el Sab Mar 19, 2016 1:09 am

Si es que no hay nada que mejore el estar en el lugar equivocado en el momento equivocado y no ser John McLain :twisted:
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Sab Mar 19, 2016 5:54 pm

Extracto de “Great Troubles” de Andrew Finegan, Editorial Rugers, Belfast 1972.

Desde el primer momento tanto Scotland Yard como los servicios de inteligencia consideraron que la gran explosión de Dumbarton había sido accidental y que no se debía a una acción del IRA. Pero el Primer Ministro Churchill tenía una estrecha relación con el comodoro Louis Mountbatten, fallecido en la explosión, y tomó medidas que a la postre resultaron desastrosas. Al saber que se había detenido a un irlandés que podía estar relacionado con la explosión, el Primer Ministro decidió que la explosión no había sido un accidente sino un atentado del IRA, y ordenó el envío de tropas de refuerzo al Ulster sin convocar al Gabinete de Guerra ni informar al resto del gobierno.

Como la campaña de Portugal estaba reclamando la mayoría de las tropas instruidas, fueron desplazados al Ulster los batallones 6º, 9º y 10º del Loyal North Lancashire Regiment y el 2/4 batallón del South Lancashire Regiment (The Prince of Wales's Volunteers), que estaban efectuando maniobras en Cumberland. Por orden directa del Primer Ministro los cuatro batallones embarcaron en buques de la armada y llegaron a Belfast al día siguiente. Parece que el Primer Ministro solo quería hacer una demostración, y que la estancia de las tropas debía ser solo temporal, como se recoge en la carta que Churchill envió a John Andrews, Primer Ministro de Irlanda del Norte. La orden fue revocada a la mañana siguiente por el gobierno, y posiblemente hubiera quedado como una exhibición de la capacidad de reacción rápida frente a cualquier agresión y de la garantía británica sobre el Ulster.

Sin embargo la apresurada selección de las tropas enviadas se reveló como un grave error. Se trataba de batallones recientemente organizados, formados con reservistas y con miembros de la Home Guard llamados al servicio activo. El traslado urgente al Ulster sin permitirles despedirse de sus familias tuvo efectos deplorables sobre la moral de las tropas. Los oficiales de los regimientos eran también reservistas con escasa experiencia en el mando de tropas. El jefe de la fuerza era el coronel Michael Willoughby, barón de Middleton, un veterano de la Primera Guerra Mundial que al comienzo de la Guerra de Supremacía se había incorporado al ejército territorial. Willoughby era un ordenancista que durante su estancia en la Cámara de los Lores había destacado por su oposición a la creación del Estado Libre Irlandés.

Ya durante el desembarco en Belfast se produjo un enfrentamiento entre algunos soldados y un campesino de Carnmoney al que los militares habían oído hablar en gaélico. Pero los incidentes más graves se produjeron en el barrio católico de Portadown. Tras la muerte de Mountbatten y los rumores que atribuían al IRA su asesinato, un grupo de orangistas, dirigidos por antiguos miembros de los Ulster Imperial Guards, atacaron varias casas en Obins Street. La respuesta de los católicos acabó en una pelea multitudinaria en la que hubo dos muertos y varios heridos, que acabó requiriendo la intervención de la policía y los bomberos.

Al día siguiente se repitieron los altercados, que coincidieron con el paso de los batallones británicos que se dirigían hacia Armagh. El coronel Willoughby, a pesar de las instrucciones que tenía de mantenerse al margen, ordenó a sus hombres que se desplegasen por la ciudad en apoyo de la policía y de los unionistas. Los disturbios fueron ganando en intensidad, y varios comercios católicos de Garvaghy Road fueron saqueados e incendiados. Parece que algún propietario católico intentó defender su propiedad con una escopeta de caza. Al oír los disparos, Willoughby ordenó que se respondiese al fuego. En una serie de confusos incidentes los bisoños soldados abrieron fuego contra la multitud e incluso se dispararon unos a otros. Lo que había comenzado como una algarada pasó a convertirse en una matanza cuando unos radicales unionistas condujeron a una sección de soldados a la iglesia de Saint John the Baptist, en la que se estaba celebrando el funeral por los fallecidos el día anterior. Incitados por los radicales, que decían que en la inglesa se refugiaban los asesinos de Mountbatten, los soldados entraron en el templo y dispararon indiscriminadamente contra los feligreses. Hubo al menos veintitrés muertos (parece que varios fueron rematados a bayonetazos), incluyendo el sacerdote que oficiaba la ceremonia, y decenas de heridos.

Aunque el gobierno del Ulster intentó ocultar el alcance de la matanza, los rumores sobre los saqueos y la masacre se extendieron. Algunos sectores de la sociedad norirlandesa, sobre todo los protestantes, reaccionaron con incredulidad o acusaron a los católicos de ser los responsables. Pero la comunidad católica protestó violentamente contra la violencia unionista y británica. Manifestantes católicos se enfrentaron con manifestantes protestantes o con las fuerzas del ejército. La policía (de mayoría protestante) y el ejército, desbordados por la magnitud de los altercados, reaccionaron violentamente, produciéndose tiroteos en Belfast y Derry con el resultado de otros diez católicos muertos y varias decenas de heridos.

Parece que el IRA también fue sorprendido por los acontecimientos. Aunque algunos de sus miembros se alinearon con los manifestantes católicos, la organización no fue capaz de una reacción organizada. Pero un pequeño grupo de activistas hizo detonar un camión cargado de combustible y explosivos al paso de una patrulla británica, en las cercanías de Omagh. Los oficiales perdieron el control de sus asustadas e inexpertas tropas, que estaban sufriendo muchas bajas, la mayoría por fuego propio. Los soldados reaccionaron brutalmente, y el conflicto se extendió por Irlanda del Norte, en lo que sería llamada la “Semana Negra de Portadown” que culminaría en Lifford.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor grognard el Sab Mar 19, 2016 8:10 pm

Parece que a Mr. Churchill se le va a abrir un "segundo frente" en la retaguardia
Todo soldado lleva en su mochila el bastón de mariscal.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor kaiser-1 el Sab Mar 19, 2016 8:46 pm

El típico axioma inglés: "El Imperio debe prevalecer", sólo que esta vez no parece que los oponentes sean tontos, o débiles o indecisos sobre como y cuando golpear, como tantas veces en su historia.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Capitan Miller el Sab Mar 19, 2016 9:28 pm

Lo que está claro es que Lord Mountbatten, directa o indirectamente, en la ucronía o en la historia real, se las iba a tener con el IRA.

Saludos.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor kaiser-1 el Sab Mar 19, 2016 10:12 pm

¿En la vida real no se lo cargaron los del INLA?
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Ramcke el Sab Mar 19, 2016 10:17 pm

Churchill cometiendo otra torpeza más, provocando una rebelión en Irlanda del Norte en el peor momento para Gran Bretaña en la Guerra de Supremacía. Visto lo visto, Mountbatten queda fuera de juego y ya no arriará la Union Jack delante de Nehru y compañía. ¿Churchill cometerá otra insensatez de las suyas que provoque el levantamiento de la India, Birmania o alguna otra colonia del maltrecho Imperio? Esto pinta muy mal para los "casacas rojas".

Saludos
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Dom Mar 20, 2016 7:26 pm

Sullivan Clark. El final de las Magdalenas. Republic Editions. Dublín, 1993.

… al margen de la situación que vivía Irlanda del Norte, en la ciudad irlandesa de Lifford, cercana a la frontera, se estaba celebrando la inauguración de la Lavandería de Lifford, una dependencia del Asilo de las Magdalenas de la localidad. Durante la celebración, a la que asistía el obispo Harris de Raphoe y otras personalidades, se estaba grabando un documental con el objetivo de recaudar fondos. El obispo pronunció un discurso en favor de las trabajadoras, pero la superiora de la congregación y varias de las “madres” (monjas a cargo de las internas) hicieron comentarios despectivos sobre las acogidas. Sus palabras fueron recogidas por los micrófonos y tuvieron gran repercusión en los sucesos posteriores.

A mediodía se produjo en la cercana localidad de Strabane, en el Ulster, un atentado del IRA. Una bomba estalló al paso de una compañía, que sufrió varias bajas. Un comando de insurgentes disparó contra los supervivientes, pero los soldados repelieron la agresión y salieron en persecución de los guerrilleros nacionalistas, que intentaron refugiarse cruzando la frontera irlandesa, a solo unos centenares de metros. Los soldados ingleses cruzaron la línea fronteriza y llegaron a la cercana Lifford. Dos policías irlandeses intentaron detener a los británicos, pero los militares les dispararon. Los policías respondieron con sus armas antes de caer abatidos. Parece que el tiroteo hizo creer a los ingleses que se estaban enfrentando a los guerrilleros del IRA, y los soldados se adentraron en las calles de la población, disparando indiscriminadamente. Algunos viandantes se refugiaron en el asilo, y una patrulla lo asaltó, creyendo que allí se escondían los miembros del IRA.

Las cámaras grabaron la entrada de los soldados británicos en la lavandería, y como las “madres” salieron corriendo, atropellando al obispo, internas y niños. Una interna, Anna R. O’Brian, madre soltera cuya familia acababa de enviarla al asilo, se dirigió hacia la puerta de dos hojas y la mantuvo cerrada aunque los ingleses dispararon a través de la madera, causándole graves heridas. A pesar de ello Anna se mantuvo apoyada contra la puerta hasta que fue volada por una carga explosiva. Algunos asistentes que no habían podido escapar fueron fusilados por los británicos, que incendiaron el local antes de escapar. Un cámara consiguió rescatar la cinta en la que se recogió la tenaz resistencia de Anna y su heroica muerte. Los minutos ganados por esa “mujer perdida” (como unos minutos antes la habían llamado las “madres” ante las cámaras) permitieron la salvación de decenas de internas y de huérfanos.

La difusión del documental no solo causó una gravísima crisis entre Irlanda y el Reino Unido, sino que provocó un brusco cambio en la imagen que de la mujer y de la Iglesia había en toda Irlanda. La publicación de testimonios de abusos sufridos por madres solteras desacreditó a las Hermanas de la Misericordia, obligando a la intervención del gobierno de la República y llevando finalmente al cierre de la red de asilos.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Lun Mar 21, 2016 6:24 pm

De Globalpedia, la Enciclopedia Total.

Aunque la figura del Primer Ministro Churchill todavía conservaba su prestigio ante el hombre de la calle, que lo seguía considerando el líder que dirigía la nación en el momento más difícil de su historia, cada vez tenía menos crédito no solo en ambas cámaras sino en el ejército.

Se acusaba al Primer Ministro de sus iniciativas personales, como la intervención en Grecia, la negativa a la retirada en Palestina o la malhadada invasión de Portugal, que habían sido la causa de la sucesión de derrotas que estaban sufriendo las fuerzas imperiales. De manera contradictoria también se acusaba a Churchill de haber ordenado un repliegue innecesario en Sudán. La destitución de Wilson, las acusaciones de cobardía de Churchill contra el general Simonds y su intento de llevarlo ante un consejo de guerra empañaron aun más la imagen del Primer Ministro ante el ejército. La inesperada crisis irlandesa, que había sido desencadenada por una decisión personal, agotó la escasa autoridad que Churchill aun pudiera conservar. En el Partido Conservador había cada vez más voces discrepantes que apoyaban las tesis de Lord Halifax, partidario de llegar a un entendimiento con la Unión Paneuropea.

Incluso entre la población civil, que había adorado a Churchill, empezaban a levantarse protestas a consecuencia de los bombardeos aéreos, el desabastecimiento y los cortes de electricidad. Además el cambio político en la Unión Paneuropea y sobre todo en Alemania hacía sospechar a amplias capas de la población que la guerra ya no tenía motivación ideológica, sino que era tan solo una pelea por la supremacía y los mercados del mundo. Paradójicamente, solo el Partido Laborista siguió apoyando al Primer Ministro, probablemente influenciado por su ala más extremista, que recibía instrucciones secretas de Moscú.

La oposición a Churchill empezó a concretarse aprovechando el regreso del Duque de Windsor a Londres para el funeral de su primo Louis Mountbatten. Varias personalidades solicitaron al duque que intermediase ante Jorge VI, para que presionase al Gabinete para que modificase su política exterior y tratase de reanudar los contactos que se habían mantenido con el ministro de exteriores alemán Von Papen en Estocolmo.

Algunos historiadores han denominado este movimiento la “Nueva Rebelión de los Barones”, y la han considerado el desencadenante de la serie de acontecimientos que llevó a la disolución del Imperio Británico.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Capitan Miller el Lun Mar 21, 2016 11:57 pm

Ya que me temo que mis ojos no verán al Atleti ganar la Champions, que por lo menos vean a los británicos comerse su imperio con patatas panaderas y a Winnie escribir sus memorias para las gaviotas desde su retiro en la Isla Desolación.

Saludos.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor UlisesII el Mar Mar 22, 2016 9:58 am

Hola amgos:
Desde el movil.
No se yo si Churchill, en esa situcion, hubiera permitido que el zascandil de Eduardo VIII apareciese por Inglaterra por mucho que Mountbatten fuese primo suyo. Si hubiera estado en su mano lo habria mandado de gobernador a Marte no a las Bahamas.
Hasta otra><>
Dios con nosotros ¿Quien contra nosotros? (Romanos 8:31)

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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Ramcke el Mar Mar 22, 2016 2:10 pm

Teniendo en cuenta los contactos que el Duque de Windsor tenía con Walther Schellenberg y el espionaje alemán, además su bien conocida simpatía por Alemania y el apaciguamiento, no me extrañaría nada que a partir de ahora, Eduardo VIII comience a tener un protagonismo estelar en esta Historia Alternativa, aun a costa de desmantelar el Imperio británico, algo que como Miller dice, será digno ver y leer.

Saludos
"Una salus victis nullam sperare salutem."

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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Mar Mar 22, 2016 3:30 pm

Capítulo 52

Jules Bayac era un luchador por la libertad.

Era poco más que un niño cuando en 1933 consiguió el carnet del Partido, recompensa por su lucha contra la tiranía y la opresión. En 1936 había escuchado la llamada de la Internacional y había acudido a España, donde había luchado durante dos años en el batallón Louise Michel, con el que había combatido por toda España. Había sido ascendido a teniente, siendo considerado uno de los mejores hombres del batallón, excelente comandante y mejor comunista, destacando por ser uno de los más concienciados brigadistas del batallón.

Pero al volver a Francia Jules había roto con sus antiguos camaradas. No había vuelto a reunirse con sus compañeros, no se presentaba en las reuniones del Partido, e incluso llegó a presentar su renuncia. Luego desapareció. Ni su familia, ni sus antiguos amigos —a los que repugnaba el comportamiento de Jules tras su vuelta de España— habían mantenido contacto con el brigadista, que parecía haber desaparecido de la faz de la tierra. Porque Jules Bayac ya no se llamaba así. El Partido le había ordenado que pasase a la clandestinidad y le había proporcionado nueva documentación, y ahora se llamaba Jacques Lernel, un obrero en una fábrica de cerveza en la pequeña ciudad de Saint-Dizier. Allí tampoco tenía amigos y no se relacionaba con mujeres. Hasta había sido considerado un esquirol que desoía las órdenes del Partido de oponerse a la participación en la guerra. Sin embargo, el supuesto belicista, como buen traidor, había conseguido eludir la movilización aduciendo una enfermedad pulmonar —se había entrenado en toser muy convincentemente, y un pequeño corte le había ayudado a escupir sangre—. Tras el armisticio había seguido trabajando en la fábrica.

Jules, ahora Jacques, se había convertido en un empleado de confianza que recorría las localidades cercanas para adquirir el cereal y el lúpulo que aromatizaba la bebida. Tarea que le iba que ni pintada, porque a Jacques solo se le conocía una afición: recorrer las carreteras cercanas a Saint-Dizier con su baqueteada bicicleta. Hiciese el tiempo que hiciese, los domingos dejaba a primera hora el cuartucho en el que vivía como realquilado, llevando un zurrón con un poco de pan, queso y vino, y no volvía hasta el anochecer.

Lo que nadie sabía era que muchas de sus excursiones finalizaban en una granja perdida en uno de los extensos bosques que había al sur de la ciudad. Una vez en la espesura, tomaba un mal camino, realmente un antiguo cortafuegos cubierto de maleza, hasta llegar a una granja en la linde de la espesura. En la granja les recibía Pierrot, un hombre entrado en años al que Jacques no conocía, pero al que le suponía un pasado parecido al suyo. Como también lo tendrían los otros ex brigadistas —a varios de los cuales Jacques conocía de España, habiendo recomendado al Partido su selección— que también habían recibido la orden de pasar a la clandestinidad, y que los días festivos acudían a la granja.

Jacques, a pesar de su juventud, era el líder de la célula, que se entrenaba en el bosque en luchar con armas y sin ellas, en el sabotaje y en el empleo de explosivos. Al final del día dejaban las armas ocultas en un hueco bajo el piso de una leñera, y tras dejar marcas ocultas que les alertarían de visitas intempestivas, se despedían hasta la semana siguiente.

Un mal día Jacques llegaba de su recorrido por las granjas de las cercanías, tras haber pasado el día discutiendo con campesinos que ponían precios imposibles a la cebada que tenían en sus graneros. Pasaba por delante de la cantina —en la que raramente se detenía— cuando un desconocido le saludó.

—Jacques ¿cómo puedes pasar sin saludarme? ¿No te acuerdas de mí? Soy André Courteline. Fui tu compañero en la escuela.

El interpelado detuvo su bicicleta y saludó alegremente a André.

—André, perdóname porque no te había visto, pero es que hay tan poca luz ¿Cómo no iba a reconocer a mi amigo de Dijon? Qué tiempos los de la escuela…

—Volvemos a juntarnos los de la Champolion —dijo André. Jacques siguió la insustancial charla, pero asintió silenciosamente. Los nombres de la ciudad y de la escuela eran las claves con las que reconocería a los enviados del Partido. Los dos entraron en la cantina y tras tomar un poco de vino, el llamado André le invitó a visitarlo en el hotelito en el que se encontraba con el pretexto de ser un vendedor de vinos.

—Camarada —dijo el emisario tras comprobar que no había oídos indiscretos—, se acerca el momento de la verdad. Mañana llegará otro compañero al que debes buscar un alojamiento seguro. Llevará una radio e instrucciones para actuar.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Mié Mar 23, 2016 5:02 pm

Pocas celebraciones hubo para los hombres de la Leona, entre ellos Nazario Ballarín. Apenas acabados los combates la división recibió la orden de volver a España. Aunque en Portugal iban a quedar importantes fuerzas españolas, que tenían que garantizar la seguridad del país vecino hasta que se pudiese reconstituir el ejército luso, los cuerpos de ejército de Navarra, marroquí y del Maestrazgo —los que habían llevado el peso de la campaña— iban a volver a territorio español para descansar y reponer sus bajas.

Nazario pensó que, aunque no viese Lisboa, podría pegarse un buen permiso en Sevilla e incluso, si se terciaba, un buen revolcón. Pero no. La 74 no solo era considerada la mejor división del cuerpo del Maestrazgo, sino que era la que había sufrido las menores bajas, y el mando le tenía reservado otro papelón: iba a ser trasladada a las Canarias. En las islas afortunadas los británicos solo resistían en la isla de Lanzarote —donde estaban sometidos a bombardeos hispanoalemanes continuos— y en el norte de Gran Canaria. Pero el caótico relieve de la gran isla, que tanto había favorecido a los defensores meses antes, ahora jugaba a favor de los británicos, que a pesar de tener pocas tropas y menos suministros podían resistir apoyados en los riscos. Se necesitaban más tropas, y a una división veterana y casi al completo no se le iba a dar el lujo de unas vacaciones.

El sargento se resignó a su mala suerte. Al menos no tuvo que desandar todo el camino, pues camiones alemanes les llevaron hasta Badajoz, y luego un tren hasta Algeciras. Allí tuvieron unos días de reposo, esperando el transbordador que les llevaría a Tánger, para proseguir su largo viaje.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Mié Mar 23, 2016 5:09 pm

El poblado Potemkin ya había sido reparado de los daños causados por la tormenta. Los presos políticos que habían participado en la construcción fueron recluidos en un campo cercano, del que ya solo saldrían para reparar las casas de madera y lonas. Porque se trataba de enemigos del pueblo considerados irrecuperables, que así hacían un último servicio a la Patria antes de ser recompensados con un tiro en la nuca.

Con los presos a buen recaudo, un coronel arengó a ochenta hombres con uniformes verdes.

—¡Camaradas! El destino del mundo depende de nosotros. Nuestra Sección Especial ya hirió a la bestia fascista en Jerusalén, y ahora nosotros vamos a tener la oportunidad de rematarla.

Los soldados permanecieron firmes y en silencio, aunque en el interior se regocijaron, pues coronel oficial les había confirmado lo que hasta ahora solo era un rumor: había sido un equipo como el suyo el que había acabado con Goering y Mussolini en Jerusalén.

—¡Compañeros! Sois hombres inteligentes y sabréis que la misión que la Patria va a encomendarnos no será nada fácil. La bestia fascista ha conocido el poder de nuestras garras, y ahora vamos a atacarla en su guarida, donde se refugia y se defiende con todo su poder. Va a ser una misión difícil que lograremos, pues daremos nuestro mejor esfuerzo para el triunfo de la Revolución Mundial. No nos será fácil escapar, pero todos entregaremos nuestra vida con gusto si la Patria nos la pide.

Los agentes habían sido seleccionados cuidadosamente por sus antecedentes proletarios sin tacha y por su entusiasmo político, pero también por su inteligencia. Siguieron en silencio, pues eran tropas de élite que no se entregaban a entusiasmos inútiles. Siguieron escuchando al coronel mientras pensaban en la manera de cumplir mejor su misión.

El coronel presentó a los oficiales que dirigirían los grupos de asalto, y luego los hizo pasar a un cobertizo donde se proyectó una corta película. No era ni un filme de propaganda ni siquiera un noticiario, sino que se veía el plano de una pequeña ciudad y varias fotografías de sus calles. Reproducciones de ese plano y de las fotografías estaban en las paredes del edificio y permanecerían allí hasta que se ejecutase la operación. Los soldados tenían que conocerlos al dedillo pero, para que se fuesen ambientando, el jefe, actuando como un vulgar cicerone —daba idea de la importancia de la misión que un coronel se rebajase a hacer de guía— acompañó a sus hombres por el “poblado”. Era muy burdo: en su mayoría, simples bastidores con lienzos pintados, que simulaban fachadas como las de las fotos que habían visto. Pero en el centro había varios edificios que habían sido reproducidos con mayor exactitud. Aunque las paredes seguían siendo de maderas y telas, se podía entrar en ellos, subir a los pisos y mirar por las ventanas.

Olexiy Aksakov era uno de los soldados. Hijo de un obrero ferroviario de Leningrado que había muerto luchando contra los blancos, había destacado en la escuela, en el Komsomol y el ejército, antes de ser llamado por la NKVD para sus grupos de acciones especiales. Con ellos había participado en la Guerra de Invierno contra los traidores fineses —que habían abandonado a la Madre Patria en el momento de la Revolución— y había efectuado varias incursiones en las líneas enemigas. Incursiones muy difíciles de las que pocos volvieron, pero que endurecieron a los supervivientes. Como Olexiy, sus nuevos compañeros Viktor, Arkhip, Savely, Emelyan, mandados por el teniente Sviatoslav, pertenecían a la flor y nata del proletariado y tenían experiencia de combate adquirida en Mongolia, Polonia y Finlandia.

El teniente renunció a aleccionar a sus hombres. Los sabía más entusiastas que él mismo, y cualquier arenga sonaría falsa. Dejaría los discursos para el zampolit que iba a darles la lata todas las noches, y preparó a su equipo para la operación.

En primer lugar distribuyó las armas que iban a utilizar. Sorprendentemente, no eran armas rusas, sino alemanas y francesas: subfusiles M38 y fusiles Máuser —con alza telescópica—, fusiles ametralladores MAC 24/29, bombas de mano F1, y cantidades ingentes de munición. Durante los días siguientes la escuadra hizo miles de disparos, pues tenían que conocer a fondo las tres armas. También se entrenaron en la lucha cuerpo a cuerpo y con arma blanca, y en demoliciones, haciendo caer cientos de árboles del bosque mediante pequeñas cargas.

Más sorprendentemente, los soldados tuvieron que dedicar horas al estudio de idiomas. No se pretendía que en tan poco tiempo llegasen a dominar el alemán y el francés; pero tenían que ser capaces de responder a saludos sencillos, y poder interrumpir a cualquier preguntón incómodo. Si no bastaba, sería el turno de los cuchillos.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Jue Mar 24, 2016 7:05 pm

Era una ciudad demasiado pequeña para semejante acontecimiento. Como tantas otras capitales provincianas, solo contaba con unos pocos hoteles más apropiados para viajantes de comercio que para diplomáticos. Había algunas mansiones señoriales pero no eran ni por asomo los palacetes a los que estaban acostumbrados las personalidades que se iban a dar cita en la pequeña urbe.

Pero el honor que se hacía a la localidad era demasiado grande y no podía ser rechazado. Durante unos días iba a ser el centro de Europa y, si sabía cumplir con lo que se le pedía, a la ciudad se le ofrecía un futuro esplendoroso. Con la promesa de la prosperidad futura poco costó al alcalde convencer a sus ciudadanos para que cediesen las mejores casas como residencia para las delegaciones, que darían a conocer la ciudad a todo el mundo por un motivo mejor que la muerte. No solo el alcalde buscaba alojamientos: las delegaciones más pudientes buscaban no ya comprar sin adquirir propiedades que en un futuro pudieran ser embajadas, ofreciendo cantidades tan importantes que el valor de las viviendas se multiplicó.

No solo eran precisos alojamientos sino también un local que pudiera admitir a la asamblea. Pero no fue necesario buscarlo: sería el gran palacio episcopal, que ya no mostraba las cicatrices de los grandes obuses que poco más de veinte años antes habían martirizado la ciudad.

Entre los delegados que pululaban por la pequeña urbe varios llevaban cámaras con las que fotografiaban los edificios que creyeron interesantes. Tenían que mostrárselas a sus jefes, que aprobarían o no las adquisiciones. Sin embargo, más de una foto encontró un destino insospechado.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor UlisesII el Dom Mar 27, 2016 7:10 pm

Hola amigos:
Asi que Tormenta Roja va a empezar con un gran atentado... ¿Nuestro amigo el Comisario Dietrich ya se ha recuperado o es el que está desenredando la red?
Hasta otra.><>
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor kaiser-1 el Dom Mar 27, 2016 7:36 pm

Creo que no se llama así, creo que es Operación Rassvet (Amanecer). Aunque como no sabemos nada de Meretskov que fue el que había propuesto el nombre, habrá que esperar a que el SH nos informe. :roll:
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Lun Mar 28, 2016 1:58 pm

Tras inspeccionar los alrededores, Jacques y Pierrrot decidieron que la granja sería el lugar más seguro para alojar al nuevo compañero. Estaba algo apartada, y un bosquecillo la ocultaba de los ocasionales viajeros que transitaban por la carretera. Además del edificio principal, había un establo y dos graneros de grandes dimensiones, y el cercano bosque permitía seguir con los entrenamientos clandestinos.

Valery llegó al día siguiente, como había predicho André, cargado con un gran baúl en cuyo fondo estaba la radio. Era un aparato bastante sencillo que se alimentaba de la red eléctrica o de baterías de coche —que Pierrot tuvo que conseguir—. Un alambre en el techo de la granja servía como antena. La instalación no llevó muchas horas, y al día siguiente Valery pudo enviar un mensaje de prueba, que fue respondido por su controlador, que estaba en la no lejana Suiza. La central aprobó las decisiones de Jacques, pero le ordenó que preparase alojamientos en el bosque para más camaradas que llegarían en los días siguientes.

No costó mucho buscarles un lugar siempre que no fuesen muy exquisitos con sus condiciones de vida. Parte del bosque era de la granja y estaba cercado, y había una hondonada fuera de las vistas de los caminos. Allí instalaron cables entre los árboles de los que colgar lonas, que mancharon con barro para que fuesen menos conspicuas. Si el tiempo empeoraba siempre podrían refugiarse temporalmente en un granero de la granja, medida que no gustaba mucho a Pierrot porque podría llamar la atención de algún vecino. Pero Jacques sabía que un soldado cansado y enfermo no servía para nada, e impuso su criterio.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Lun Mar 28, 2016 2:02 pm

Federico Artigas Lorenzo

¿Y ahora qué? Eso le diría al coronelín de mis amores si me lo echaba a la cara. Le soltaría “ya me has mandado a darme puñadas a montón a Badajoz, Guarda, Ciudad Rodrigo, Montemor, Lisboa y Cascáis. Pero ya no quedan herejes en Portugal, y los de Canarias tienen suficiente entrenamiento ¿A qué ya no encuentras ningún purito que dedicarme?”.

Aun estaba en la sexta panzer, que estaba haciendo las maletas para volverse hacia el norte. La red de ferrocarriles portugueses había quedado bastante perjudicada —esos chiquillos de los Messer— pero no era problema para nosotros que estábamos motorizados. En lugar de volvernos hacia Badajoz, tomamos la carretera del norte, que por Abrantes y Castelo Branco nos llevó a Guarda y Ciudad Rodrigo. No hará falta que le cuente la tristeza que sufrí al ver las ruinas de la gloriosa ciudad, pensando en los compañeros que había dejado atrás; pero al menos volvía con las palmas de la victoria.

La línea ferroviaria había sido reparada y nos esperaba un tren con destino a Francia. Yo no sabía qué hacer, pues tras el fin de la campaña suponía que me llamarían para buscarme algún trabajillo bajo la rojigualda; pero al oficial de enlace le habían dicho que por ahora teníamos que seguir con los alemanes. Ya me salía hasta el Guten morgen y había empezado a tomarle el tranquillo a las wurst, e incluso tragaba las kartoffen; pero la verdad era que me apetecía meterme un buen cocido entre pecho y espalda. Pero nada: vuelta patrás, como si tuviésemos prisa. No sé qué órdenes habían llegado a los alemanes, pero los oficiales azuzaban a los soldados como si Tamerlán estuviese a punto de caer sobre Viena.

Claro está que si tienes prisa no uses los trenes españoles. El viajecito fue de esos en los que te sale barba —revuelta de tanto traqueteo—, y tardamos un par de días en llegar a la frontera, donde había un atasco de narices. Otro par de días de espera hasta que pudimos cruzar y volver a embarcar. Ya en Francia fue todo coser y cantar, y al día siguiente estábamos —otra vez— en Versalles.
Última edición por Domper el Mar Mar 29, 2016 2:40 pm, editado 2 veces en total
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor kaiser-1 el Lun Mar 28, 2016 3:22 pm

Artigas de nuevo en acción. Hasta que se gane la Laureada y la cruz de caballero con hojas de roble en oro y espadas de diamante. (Esperemos que no sea póstuma :mrgreen: )
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Mar Mar 29, 2016 2:42 pm

Los soldados habían recorrido el poblado Potemkin una y otra vez, de día y de noche, hasta aprenderse las callejuelas y los rincones. Sabían dónde estaba cada casa y cada puerta, habían estudiado los campos de tiro y los ángulos muertos. Luego tenían que estudiar fotografías —se veía que eran muy recientes— de las calles de una ciudad. No hizo falta que les dijesen que se trataba de su objetivo: pudieron reconocer las fachadas que habían sido reproducidas en los lienzos que cubrían las paredes del poblado, y el trazado de las calles.

No era su única tarea. Durante horas se familiarizaron con sus nuevas armas en el campo de tiro, hasta conocerlas mejor que a las de su propio ejército. En los bosques cercanos al poblado se entrenaron una y otra vez con sus compañeros, de día y de noche, hasta saber instintivamente como actuar. Entonces pasaron a prepararse en la lucha urbana. Un veterano de la guerra civil española, que había luchado en la Ciudad Universitaria de Madrid y en Teruel, les enseñó las mañas del combate callejero. Luego tuvieron que probarlas en unos barracones cercanos, que asaltaron una y otra vez. Los ejercicios eran con fuego real y varios observadores juzgaban su actuación. Cuando en otra escuadra una bomba de mano —lanzada intempestivamente por otro compañero— causó tres bajas, los supervivientes, incluyendo al teniente que la mandaba, fueron detenidos: era un fallo del equipo. Otra escuadra fue apartada cuando no mostró suficiente resolución.

Cuando la noche caía era el momento de las lecciones. Idiomas, formación política, pero también muchas horas estudiando fotografías de personajes a los que tenían que conocer como si fuesen sus hermanos. Iban a ser sus blancos.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Jue Mar 31, 2016 5:35 pm

Nicole, te quiero. Te quiero tanto que te tengo que pedir que no vengas, que sigas en esa aldea aburrida pero segura en sus montañas. Quiero verte pero no quiero tenerte aquí. Deseo estar contigo, pero debo seguir en mi puesto.

Ya no tengo ninguna duda de lo que va a ocurrir. Ayer llegó un mensaje del controlador de Jutta, y la pobre mujer, que todavía tiene metido el miedo en el cuerpo, ha corrido a explicarme lo que quiere decir.

No conocía las actividades de Justus. Jürgen me ocultó su existencia y Jutta también se calló, creyendo que así tenía una baza con la que jugar. Le tuve que explicar que esos juegos habían llevado a su marido a la guillotina, y no me temblaría la mano si tenía que descabezarla a ella también. Nicole, entiéndeme. Sabes que no disfruto con la sangre, pero consagré mi vida a defender a nuestro pueblo a nuestra patria, y Jutta es una enemiga mucho más peligrosa que el soldado que se agazapa con un fusil. En este juego mortal no caben medias tintas, y he tenido que pasar un rato aleccionándola. Nicole, no me gusta lo que he hecho pero tengo que serte sincero: la cara de Jutta llevará para siempre el recuerdo de nuestra conversación.

Jutta me ha explicado quién es Justus y a qué se dedica. Ese tal Justus es otro renegado que en su día se unió a los bolcheviques, pero que aleccionado por sus jefes ha permanecido en silencio. Aparentemente es un policía que cumple como el mejor, defendiendo la patria de criminales. Justus hace alarde ante sus compañeros de sus viajes por toda Alemania durante sus vacaciones. Por ahora he dejado a Justus en paz, sometiéndole a una vigilancia muy discreta. Me ha llevado a un rincón perdido en los bosques, que luego he revisado ayudado por los guardabosques, con los que he encontrado un claro con marcas de disparos en los árboles.

Al mismo tiempo Jens ha vuelto a las andadas. Esta vez ha traído otros regalos: parece que ha adquirido en Budapest unos muebles que pretende importar. Como podrás imaginar, poco me ha costado revisarlos-En su interior encontré armas que como supondrás no eran escopetas de caza. Nicole, he estado pensando en Justus. Es policía y tiene una pistola ¿Para qué necesitará un fusil ametrallador? No me ha durado mucho la duda porque Jutta, que ya no se atreve a guardar secretos, me ha mostrado la orden que acaba de recibir y que tiene que transmitir a Justus: asesinar a mi jefe.

También me preocupa que no ha sido el único envío de Jens. Al investigar en la empresa de importación y exportación que utilizaba, me han dicho que cada pocos meses Jens adquiere unos muebles, un arcón, unas alfombras, y los envía a un punto u otro de nuestra patria. Revisar esos registros es peligroso, porque podría alertar a los traidores. He tenido que hacer visitas clandestinas. Nicole, lo digo y parece absurdo, pero he entrado en oficinas usando ganzúas como un criminal, para ver unos archivos que me hubiesen entregado con solo pedirlos. Pero si un policía como Justus es un traidor ¿Cuántos otros Justus podrá haber?

Nicole, tengo otro motivo para preocuparte. No sé quién ha recibido los paquetes de Justus, y tampoco conozco como se comunican con sus jefes. El tiempo apremia, pero voy a tener que efectuar otra de esas investigaciones minuciosas, buscando deslices y cabos sueltos. Mientras he alertado a mi jefe. Aunque voy a tener vigilado a Justus, va a tener que aumentar su seguridad. Me imagino lo molesto que será para un Casanova tener que interrumpir sus salidas nocturnas.

Pero no es ese mi temor. Nicole, sería absurdo que los enemigos de la Patria se limiten a descabezarla. Su maldad solo puede ser la contribución a algo aún peor. Algo que te amenaza a ti, a Marcel, y a todos los niños alemanes.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Vie Abr 01, 2016 6:07 pm

Capítulo 53

Sebastian Haffner. El Nacimiento de Europa. Op.cit.

Hasta la Gran Guerra el principal recurso energético europeo había sido el carbón, pero posteriormente las grandes ventajas que suponía el petróleo por su gran eficiencia energética, por el ahorro de trabajadores al no ser preciso alimentar los hornos manualmente, y por poderse utilizar para vehículos automotores, hizo que sustituyese al carbón como fuente de energía. Sin embargo la transformación del carbón al petróleo supuso que muchas potencias, hasta entonces autosuficientes energéticamente, corriesen riesgo de desabastecimiento, pues los yacimientos de petróleo estaban menos distribuidos que los de carbón y en su mayoría se encontraban en otros continentes. En Europa tan solo tenían importancia los campos petrolíferos de Ploiesti, en Rumania, y los de Transcaucasia, controlados por la Unión Soviética. En los años treinta la mayor parte del petróleo consumido en Alemania era importado por vía marítima. Cuando el conflicto entre el Reich alemán y el irredentismo polaco desencadenó la Guerra de Supremacía, Inglaterra utilizó su superioridad naval para bloquear las importaciones europeas.

Aunque se aumentó la producción de Ploiesti, el petróleo rumano no bastaba para las economías de la Unión Paneuropea ni siquiera con un férreo racionamiento. La URSS pasó a ser el principal suministrador de Alemania, pero la alianza con Stalin implicaba tener que hacer concesiones políticas que amenazaban a la estabilidad de la Unión. La suspensión temporal de suministros decidida por Stalin durante la primavera de 1941 causó gran alarma en Berlín al mostrar el riesgo que suponía la dependencia alemana de los recursos soviéticos.

La falta de combustible llevó a un apreciable deterioro de las condiciones de vida, especialmente en los estados periféricos en situación más vulnerable, como España, Italia, Yugoslavia y, paradójicamente, Rumania. También tuvo repercusión sobre las operaciones militares, especialmente las navales, y durante el verano de 1941 la carencia de combustible impidió que las flotas de la Unión Paneuropea pudiesen aprovechar la favorable coyuntura que se les ofrecía tras la derrota británica en el Mediterráneo. Aunque el descubrimiento de inmensas reservas petrolíferas en la colonia italiana de Libia y posteriormente en Argelia prometían paliar la escasez, y las muestras extraídas indicaban que el petróleo de excelente calidad, estaba situado en bolsas a gran profundidad y su explotación suponía un gran reto técnico. No parecía probable que Libia empezase a producir cantidades apreciables de fuel hasta finales de 1942.

El favorable curso de las operaciones bélicas remedió la carencia de petróleo. En Egipto había varios campos petrolíferos que fueron abandonados por los británicos durante el pánico de febrero de 1941, siendo capturados casi intactos por los italoalemanes. Parte de los yacimientos estaban demasiado próximos al Canal de Suez, y hasta que los ingleses no fueron expulsados de Palestina no pudo iniciarse su reparación, pero los situados al oeste del Nilo empezaron su producción en marzo de 1941. Tras la derrota británica se encontraron nuevos yacimientos en las cercanías de Suez y en la Península del Sinaí que estaban a menor profundidad que los libios, por lo que se pudo empezar la extracción de petróleo en un plazo breve. En noviembre de 1941 la producción de petróleo egipcio bastaba para las necesidades energéticas de Italia y de las flotas del Pacto desplegadas en el Mediterráneo. Al mismo tiempo la rebelión iraquí, seguida por la llegada de fuerzas alemanas, hizo que los campos del norte de Irak, de gran riqueza, cayesen intactos en manos alemanas. El vital oleoducto entre Kirkuk y Haifa solo sufrió daños moderados que pudieron ser solventados rápidamente. En julio de 1941 el fuel de Mosul empezó a manar hacia Haifa, y en noviembre llegaban a Haifa más siete mil toneladas de petróleo cada día.

Paradójicamente, la captura del petróleo egipcio hizo que Stalin comprendiese que los cortes de suministro no solo no estaban perjudicando a la Unión Paneuropea, sino que suponían el riesgo de un enfrentamiento que en ese momento no convenía a la Unión Soviética. El suministro de fuel se restableció en verano, y se mantuvo a pesar de las dificultades políticas experimentadas por Alemania tras la muerte del Statthalter Goering. La URSS también entregó grandes cantidades de cereal que procedían en su mayoría de las reservas ucranianas y de Asia Central. La incautación del grano destinado a la exportación provocó una grave hambruna que fue conocida como el segundo holodomor, que se estima causó unas 600.000 muertes en Ucrania (predominantemente en los distritos occidentales), 100.000 en Crimea y 400.000 en las repúblicas de Asia Central. También se cedieron importantes cantidades de fibras textiles (lana y algodón), minerales estratégicos, etcétera.

La energía barata y la llegada de cereal egipcio y soviético acabaron con la carestía que sufrían varios países de la Unión Paneuropea. La disponibilidad de grandes cantidades de petróleo hizo que las medidas económicas establecidas por el equipo del ministro de Economía Albert Speer tuviesen efecto mucho antes de lo esperado, consiguió que Italia olvidase sus veleidades antigermanas, e incluso logró cierto reconocimiento por parte del gobierno francés. En el campo interno la calidad de vida de los ciudadanos de la Unión mejoró gracias al pleno empleo debido al aumento de la producción industrial (sobre todo de armamentos), a la elevación de los salarios, al cese de la inflación (al finalizar las medidas monetarias alemanas que habían causado la crisis inflacionaria de algunos de sus aliados como Italia o Rumania) y a la suavización del racionamiento.

Una medida muy atrevida tomada por Speer fue la autorización de la venta libre de ciertas categorías de artículos, que incluían algunos alimentos (inicialmente el pan y sus derivados, seguido por los lácteos) y textiles. Aunque inicialmente se elevaron los precios, se consiguió que saliesen al mercado grandes existencias que anteriormente se reservaban para el mercado negro, llevando a la postre a la estabilización de los precios. Esta medida fue imitada primero por Francia y España, y finalmente por Italia y el resto de los aliados.

Como consecuencia la calidad de vida en algunas regiones llegó a ser superior a la de la preguerra, especialmente en las regiones industriales españolas que habían estado sufriendo las consecuencias de su Guerra Civil. La propaganda germana utilizó esos logros, junto con las victorias militares en Irak, Sudán, el Mediterráneo y Portugal, para conseguir el apoyo de la población tanto alemana como de los países aliados.
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Re: La pugna. Continuación de "El visitante"

Notapor Domper el Dom Abr 03, 2016 9:40 pm

Diario de Von Hoesslin

Normalmente no hubiese molestado al mariscal. Von Manstein creía que el descanso era indispensable, y que un jefe agotado acababa cometiendo errores que costaban vidas. El mariscal intentaba finalizar las tareas al atardecer para gozar de un rato de asueto durante la cena, durante la que conversaba afablemente con sus invitados, entre los que me solía incluir. En esas charlas se hablaba de lo divino y de lo humano, y con ellas el mariscal conseguía mantener una relación cada vez más estrecha con sus colaboradores. Luego Von Manstein se acostaba, esperando que no se le avisase por nada menos serio que un desembarco en Berlín.

Pero el asunto era grave y me pareció que requería acción inmediata. Fui a despertar al genera Hoth para indicarle que el mariscal casi con total seguridad saldría hacia Berlín al amanecer. También alerté a la Luftwaffe para que tuviese dispuesto un Condor en Beja y un avión ligero en Benavente. Asimismo ordené que se dispusiese un coche con escolta, y que se preparase el equipaje de Von Manstein. Me arrogué una autoridad que no tenía, pero pensé que si me equivocaba me arriesgaba era a una reprimenda, pero si acertaba ganaría para el mariscal unas horas vitales.

Dejé descansar al mariscal un par de horas más mientras hacía los preparativos, y luego llamé a su puerta. No me costó mucho despertarle; mis órdenes habían causado un ajetreo capaz de despertar a un muerto.

—¿Qué demonios está ocurriendo, capitán? —Que no me llamase por mi nombre era indicio de cuanto le disgustaba que le molestasen con tonterías.

—Discúlpeme, mariscal, pero ha llegado este mensaje desde Berlín y juzgué que era importante. —Le entregué el mensaje descifrado. Von Manstein, todavía en pijama, leyó el papel, se sentó en la cama y me miró a los ojos.

—Otra vez ¿Es que esto no acabará nunca? Roland, tenemos que volver a Berlín inmediatamente. Disponlo todo.

—Me he permitido la libertad de hacerlo. El coche ya está esperando en la puerta, y le llevará al aeropuerto, donde ya estará dispuesto un avión. He hecho que le preparen un desayuno.

—Gracias, Roland. No sé qué haría sin ti ¿Has hecho tus maletas? Porque te vienes conmigo.

—A sus órdenes, mariscal.

—Bien, corre a recoger tus cosas. En veinte minutos saldremos.

Ya había preparado mi petate, y utilicé ese tiempo para confirmar que todo estaba listo. Ordené que se silenciase la partida del mariscal: aunque con la campaña tan avanzada ya no era precisa su presencia, imaginé que no querría que corriesen rumores.

Veinte minutos después, ni uno más ni uno menos, el mariscal montaba en el Mercedes que esperaba en la puerta. Era un coche de campaña normal, y la escolta no era de motoristas, sino de dos coches blindados: parecía un vehículo de mando más. Salimos inmediatamente y recorrimos las calles lisboetas, que a pesar del oscurecimiento aun seguían llenas de juerguistas. Con tanto jaleo no llamó la atención nuestra comitiva, y sin especiales incidentes llegamos al aeródromo, donde esperaba una avioneta Messerschmitt. Volamos un poco apretados, pero una hora después aterrizamos, con las primeras luces, en Beja. Durante el vuelo el mariscal permaneció en silencio, pero lo conocía lo bastante como para saber que estaba meditando sobre el papel que le había entregado.

El mensaje estaba cifrado con una clave de uso único que el general Schellenberg me había entregado antes de salir de Berlín, y era imposible de interceptar. Apenas contenía una línea:


ERIC VUELVE BERLIN INMEDIATAMENTE EL CANCILLER SE MUERE
Última edición por Domper el Mar Abr 05, 2016 12:55 pm, editado 1 vez en total
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Traducción al español por Huan Manwë